sábado, 26 de noviembre de 2016

Adiós Podemos

“Que los tutores del pueblo deban ser a su vez menores de edad constituye un absurdo que termina por perpetuar toda suerte de disparates” (I. Kant)



Muchas personas, incluido yo mismo, vieron con ilusión y esperanza el nacimiento de Podemos como el partido de la gente que venia a traer a la política institucional el espíritu abierto y rebelde del 15M.
Tres años después puedo afirmar ya sin lugar a dudas que las ilusiones perdidas son  verdades halladas, y Podemos se ha transformado en un partido plenamente definido en los roles clásicos de la extrema izquierda.
¿Dónde han quedado las ideas de transversalidad, de empoderamiento de la gente, de trabajo para recuperar la dignidad social mediante la acción política?
Pablo Iglesias ha decidido adoptar la estrategia de las trincheras, de la guerra burda y sangrienta de atacar a todo aquello que no comulgue con sus estrechos principios definidos en la radicalidad neocomunista y anticapitalista.  
La pugna interna entre los “moderados” y los “radicales” ha concluido con la victoria radical defendida desde la cúpula con el inestimable apoyo de la corriente anticapitalista. El próximo Vistalegre II  será la constatación del fin del espíritu de unidad social frente al de la ideologización militante. Si Errejón continua en este proyecto será a costa de tener que abandonar los principios que ahora defiende o sumergirse en las sombras de quien acepta cumplir ciegamente los mandatos que se le presentan.
Precisamente porque creo en la gente y en el cambio, considero que el camino emprendido por Podemos es completamente erróneo y cavando las trincheras, se está cavando también la sepultura del proyecto.
No siento el futuro fracaso que auguro a Podemos pues verdaderamente, los dirigentes que tomaron el mando del partido son gente que invita al terror; yo no les encomendaría ni tan siquiera la presidencia de mi comunidad de vecinos.
Si lamento que las cosas hayan tomado este curso tan excluyente es por la gente de bien que con toda su buena voluntad y sinceras ganas de cambio se unió al proyecto; personas que desde luego merecen mucho la pena pero cuyas voces claman en una falsa democracia interna cuya coartada se sostiene en las votaciones informáticas de “inscritos”. En todo caso les deseo lo mejor.
Yo mismo era un ente informático para esta organización; cuando me he dado de baja simplemente he tenido que dar a un botón en una página web, un número que desaparece y que a nadie importa.
Y es que Podemos en su nacimiento tomó impulso en la red, en un uso magistral de la información y de las redes sociales; simplemente arrasó a los demás partidos en este ámbito y descolocó completamente a los medios de comunicación clásicos.
Pero aquella brillante táctica se ha transformado en una simple saturación propagandística  donde se repiten consignas y se ataca a todo aquel que tiene la desfachatez de pensar de forma diferente; cada día la división de Trolls al servicio del partido lanza la campaña ordenada por el generalato podemita, pero también cada día están más desacreditados y por lo tanto, su impacto es menor.
Como en el libro 1984 repiten su: LA GUERRA ES PAZ/LA LIBERTAD ES LA ESCLAVITUD/LA IGNORANCIA ES LA FUERZA
Por desgracia para ellos, aún existe una minoría ilustrada y una mayoría silenciosa a la que cansan todas estas gilipolleces; ver a Ramón Espinar, el hipócrita líder madrileño, vestido de Superman no solo atenta contra la inteligencia sino también contra la estética.
Como muy bien decía mi admirado Voltaire: “Los que consigan hacerme creer en absurdos podrán hacerme cometer atrocidades”
Toda ideología política que se considera poseedora de la verdad cae en el negro abismo de la intolerancia y el fanatismo pues si yo conozco la verdad y otros mantienen unas ideas diferentes a las mías, no puedo concluir otra cosa más que están equivocados.
Así los fanáticos en política no pueden practicar el diálogo, principio esencial de una democracia parlamentaría, pues solo pueden entender el pleno sometimiento de los demás a sus principios absolutos.
Yo por el contrario como buen neo-ilustrado creo como Diderot  que la única verdad absoluta es que la verdad es relativa y por lo tanto en el campo político me niego a tener enemigos, todo lo más adversarios políticos.
España necesita una reforma institucional radical, pero el principio esencial del cambio debe sostenerse en la tolerancia  y el diálogo. No basta con instaurar un orden de igualdad, libertad, justicia y virtud, hay que asegurar que es viable en el tiempo, pues la imposición solo puede durar lo que dura la fuerza que la sostiene.
La mayoría del cuerpo político español reclama cambios profundos y es necesario que en las instituciones se refleje esta mayoría que en una gran parte vive silente en la abstención; Podemos la despertó pero no han sabido cumplir con sus expectativas.   
Aquel partido que logre volver a poner en el horizonte la esperanza de un país mejor y más justo, y que sea coherente con sus palabras y sus acciones, tendrá mucho ganado.
El cambio será de la “ley a la ley” y para eso necesariamente habrá que hacer parlamentarismo y no simple agitación y propaganda. El parlamento, nos guste más o menos su composición y funcionamiento, es la sede de la soberanía nacional y por lo tanto se le debe un respeto, hacer del mismo un circo simplemente es propio de payasos.
La política se debe hacer en la calle cuando no se puede hacer en las instituciones, siempre defenderé este principio y apoyaré a los que a costa de soportar grandes riesgos, luchan contra un sistema totalitario; pero España con todas sus deficiencias no es un sistema totalitario y en el parlamento se puede y se debe hacer política, convirtiendo las inquietudes sociales en leyes.
Yo no quiero que la sociedad civil de mi país este dividida por trincheras, yo quiero que todos podamos transitar por los puentes de la libertad y la justicia social sobre los pilares de la tolerancia y el respeto.
Soy optimista y creo que tarde o temprano surgirán nuevos proyectos políticos con los que volver a ilusionarse, pueden que fracasen o tengan éxito pero con independencia del resultado lo importante será saber que se está actuando conforme a unos principios y unos valores.

¡Adiós Podemos!

domingo, 6 de noviembre de 2016

Ramón Espinar o principios de una nueva moral política



“En el sistema de la Revolución todo lo inmoral es contrario a la política, todo acto corruptor es contrarrevolucionario” (M. Robespierre)

Dada la situación de degradación moral en la que vive la clase política de nuestro país, el “affaire” sobre el piso de Ramón Espinar no deja de ser una anécdota  pero una anécdota ejemplificadora de lo que la “nueva política” no puede hacer.
Por ahora las informaciones que tenemos no hacen presuponer nada ilegal en la  compra-venta  inmobiliaria que Ramón Espinar realizó; pero como voy a analizar, en el plano moral la situación no parece ser tan inocua.  
Hoy en día en el campo individual cada uno puede y debe tener su propia conciencia moral y ética y poco o nada se pueden entrar a juzgar en este ámbito a los demás. Cosa distinta es la moral política de aquellos que se presentan ante la sociedad como sus líderes y portavoces y cuyo juez no es la propia conciencia moral sino la opinión pública.
La ley marca los principios de justicia y como bien señala Kant se constituyen en obligaciones perfectas al  quedar muy claro que se puede o no hacer conforme a esa legalidad.
Las obligaciones morales son imperfectas desde el momento en que queda en la voluntad del individuo como actuar en el caso concreto,  el imperativo categórico nos marca a priori: “Obra sólo según una máxima tal que puedas querer al mismo tiempo que se torne en ley universal”
En el aspecto privado cada cual puede muy bien amoldar su comportamiento a lo que considere oportuno y libremente el tribunal de su conciencia es el único que ha de juzgarle.
Pero en el campo público el tribunal de la opinión pública tiene su propia competencia a la hora de señalar si las acciones de un político son o no reprobables y conforme a este principio, me atrevo a dar mi opinión sobre el asunto que he comenzado a tratar.
Ramón Espinar  efectivamente hizo  sus negocios inmobiliarios antes de dedicarse a la política y por lo tanto el nivel de exigencia como simple ciudadano solo él lo puede poner, el problema es que su acción política entra en plena contradicción con lo que él hizo y por lo que no se arrepiente.
¿Si no está mal que yo gane algo de dinero vendiendo un piso, por qué lo está que lo hagan los demás?  ¿Si creo que la vivienda es un derecho, por qué hago negocio con ella?
Según el imperativo categórico kantiano, Espinar obró de forma completamente contraria a la máxima que él nos vendió como universal, es decir o fue inmoral entonces  o es inmoral ahora si mantiene  que no hizo nada malo.
En todo caso, su situación como representante público ha quedado ciertamente en entredicho  pues poca confianza puede merecer alguien que dice lo contrario de lo que hace y lo justifica.
Nada reprocharía a Espinar si hubiera defendido la especulación inmobiliaria, pero no se puede ser el paladín de los desheredados, de las personas que sufren y son marginadas haciendo gala de  tan alto grado de hipocresía.
La justificación que lamentablemente se está dando en muchos sitios es aún más terrible porque por salvar a una persona, se está atacando los propios “principios morales” de un movimientos social de cambio. Se dice que lo de Espinar es una minucia y que comparado con lo que han hecho muchos cargos del PP y del PSOE no es nada; una justificación que se resume en el inmoral: “y tú más”
Las cosas o están bien o están mal, con independencia  de lo cuantitativo que supondrá en todo caso un mayor grado de reproche. Yo soy un especulador, lo haga para ganar 200e o lo haga para ganar 2.000.000, otra cosa es el grado de indignidad que lleva unido una u otra cantidad. También puedo ser solo  un especulador o ser especulador  y además un hipócrita.
Si queremos terminar con este sistema putrefacto no nos podemos permitir ninguna debilidad moral, debemos ser inflexibles porque el bien común de la gente que nos apoya así lo exige.
No podemos admitir que se nos aplique la máxima cínica de Voltaire: “Cuando se trata de dinero todos son de la misma religión”
Si para cambiar las cosas necesitamos que nos capitaneen ángeles, busquemos esos ángeles, pero no pervirtamos la pureza de nuestros principios por defender lo que no tiene defensa.
En la nueva política siempre he creído que los principios están por delante de las personas y no al revés, nadie puede estar por encima de ellos, se llame como se llame.