jueves, 28 de diciembre de 2017

Las “manadas” de hombres que no amaban a las mujeres

“Obra de tal modo que uses la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre como un fin al mismo tiempo y nunca simplemente como un medio” (I. Kant)

Cada vez que escucho un nuevo caso de agresión sexual en grupo siento unas sinceras ganas de vomitar. ¿Cómo en una sociedad que se dice moderna y avanzada pueden darse estos abusos y esta violencia contra las mujeres de forma tan común?
La violencia contra las mujeres es una terrible plaga que desde la noche de los tiempos asola a la humanidad y de la que sin excusas, los hombres somos responsables.
Quizás sea verdad la frase de Voltaire en la que dice: “La civilización no suprime la barbarie, la perfecciona”
Y es que en nuestro mundo tecnológico unimos a la atrocidad de un abuso sexual el estigma de gravarlo y hacerlo público para constatación de la salvajada.
Si algo me llama la atención en casos como los de la “manada” de San Fermín o el reciente caso de los jugadores de la Arandina, es que los autores de la agresión son  a priori “chicos normales” lejos de un contexto social conflictivo o traumático. Chicos jóvenes en plenitud física que se cuidan y que en nada hacen presagiar el espíritu monstruoso que anida en ellos.
La pregunta inquietante es: ¿Qué lleva a unos hombres aparentemente “normales” a convertirse en depredadores sexuales?
Un elemento importante a considerar respecto a los ejemplos que he puesto es el que actúan en “manada”; en grupo da siempre sensación de seguridad y permita diluir en otros nuestra responsabilidad moral. Con seguridad si estos sujetos hubieran estado solos no hubieran actuado como lo hicieron, más por miedo que por voluntad.
Este escrito no pretende poner excusas a los que repugna al espíritu y ataca la misma esencia moral del ser humano. Pero es necesario buscar respuestas más allá del hecho concreto, saber en que podrido recodo de nuestra sociedad se escanden los motivos que impulsan a la violencia contra las mujeres, en lugar de fomentar la igualdad de géneros y el respeto sagrado entre ellos.
Siempre he considerado que el feminismo y su admirable lucha por la igualdad solo podrá alcanzar unos resultados cada vez mejores haciendo a los hombres, no sus enemigos, sino sus más fieles aliados. Considerar que un hombre por ser hombre es malo y la mujer por ser mujer es buena, es tan infantil e ilógico que exige poco debate.
Pero volviendo al asusto que centra este escrito, creo que si analizamos lo que hay detrás de nuestra luminosa fachada de sociedad avanzada, veremos horrorizados que es una fábrica de machismo y de discriminación.
Políticamente se nos venden leyes de igualdad, observatorios de la mujer, campañas publicitarias… pero la realidad nos muestra que algo no funciona cuando las mujeres asesinadas por violencia machista aumentan año tras año, como los casos de violencia contra las mujeres y agresiones sexuales no remiten sino que se incrementan.
¿Cuándo tendremos una Navidad libre de las terribles noticias de asesinatos de mujeres?
Como bien señalaba Cesaré de Beccaria en su inmortal obra De los delitos y de las penas: “El más seguro, pero más difícil medio de evitar los delitos es perfeccionar la educación”
Los individuos que últimamente están protagonizando actos de violencia contra las mujeres, como ya he señalado,  son chicos jóvenes que se supone han recibido una mayor y mejor educación que la de sus padres y abuelos.
Pero tampoco podemos limitarnos a pensar que la educación en igualdad se limita a al escuela  y a los profesores que en ella enseñan; la primera y más importante educación en valores la enseñan los padres y las familias.
Si un niño no ve igualdad en casa, ¿alguien piensa que en colegio se la van a enseñar?
Por su fuera poco es la misma sociedad la que, frente a la igualdad de género, propugna valores puramente materialistas que llevan intrínsecamente al machismo más descarado y radical.
Es cierto que las cosas no se pueden cambiar de un día para otro, las sociedades evolucionan muy lentamente pero no es menos cierto que cuanto antes empecemos a cambiar, antes llegaremos a nuestro destino.
Antes de hablar de hombres y de mujeres lo principal será hablar de seres humanos, hablar de que todo ser humano por el simple hecho de serlo tiene una dignidad y unos derechos.
Hay que cambiar de perspectiva, los hombres y las mujeres, en cuanto seres biológicos no somos iguales, en cuanto sujetos morales lo somos radicalmente.
Lo importante de los ojos de una persona no radica en que sean marrones o verdes, sino en que gracias a ellos podemos ver.  La verdadera igualdad se alcanzará el día en que ser hombre o mujer no nos definas más que nuestro color de ojos.
Desgraciadamente lejos de estas ensoñaciones de futuro ahora mismo nuestra sociedad esta produciendo monstruos sobre un planteamiento muy simple y terrible: el triunfo del utilitarismo materialista  que justifica todo.
Y es que donde todo se puede comprar y vender, no hay ya normas morales ni limites posibles a la búsqueda de la satisfacción de nuestros apetitos.
Qué lejos estamos de la hermosa y plena de significado frase kantiana: “En el lugar de lo que tiene un precio puede ser colocado algo equivalente; en cambio, lo que se halla por encima de todo precio y no se presta a equivalencia alguna, eso posee una dignidad”
La misma Navidad que estos días estamos viviendo, ha perdido su más mínimo significado religioso para transformarse en una auténtica orgia consumista.
Una vez traspasados los límites de la moral y de cualquier consideración ética, es muy fácil concluir que con dinero se puede comprar incluso la voluntad de las personas y usarlas  como cosas, el salto es ya muy sencillo.
Ya no hay diferencia, por ejemplo, entre comprar una barra de pan y comprar sexo. Por si fuera poco,  nos bombardean de tal manera con publicidad sexual como reclamo, que terminamos considerando que quizás el sexo es más necesario que el pan.
Todos los días se nos muestran hombres y mujeres perfectos pero lejos de serlo, son simples modelos de cartón piedra, fachadas que venden frivolidad sin ningún contenido. Decididamente estamos en una sociedad que valora muchísimo más los modelos físicos que los modelos morales, con ello se ahonda en el principio de “cosificación” del ser humano.
Y cuando un ser humano es una “cosa”, es normal que empiece sobre esta perversión a considerar que tengo derecho a hacer uso de él o ella como me plazca.
Chicos que a priori por educación debían estar en las antípodas del “maté porque era mía” ejecutan por fría determinación asesinatos atroces.
 Así las cosas, se entiende,  la salvaje brutalidad de la “manada”, cinco animales que fueron a Pamplona a beber, comer y follar. Ninguno pensó en que mientras agredía a una chica indefensa estaban agrediendo a todo el género humano, que esa chica además de una vagina y unas tetas era una persona como ellos a la que estaban haciendo sufrir, tanto física como psicológicamente, por satisfacer sus instintos mas brutales y primarios.  
Como he señalado a lo largo de este escrito, no soy optimista respecto a las terribles sombras que se esconden tras nuestra sociedad aparentemente evolucionada.  Podemos tener una tecnología maravillosa pero quienes estamos haciendo uso de ella me temo que somos hombres de la edad de piedra respecto a principios y valores. Una vez más, el sueño de la razón está creando muchos monstruos.
Espero que la ley actué de forma rápida y contundente sobre todos los maltratadores, asesinos y violadores; ahora más que nunca es necesario que la justicia sea ejemplar, contundente y severa. 

sábado, 9 de diciembre de 2017

En defensa de la Constitución

“No atañe a la Asamblea Legislativa el modificar la Constitución que ha jurado mantener. Cualquier cambio hecho hoy no producirá más efecto que el de poner en estado de alarma a los amigos de la libertad” (M. Robespierre)

El día que se “celebra” la Constitución debemos soportar un montón de declaraciones pueriles por parte de políticos de “todos los colores”, mientras disfrutan del cóctel que les pagamos todos los ciudadanos.
Desde hace mucho tiempo, vengo señalando los terribles agujeros que presenta nuestra constitución y gracias a los cuales,  se han filtrado los dos grandes males que aquejan a nuestra democracia: la corrupción y el secesionismo
Pero si la Constitución presenta boquetes, no es menos cierto que esos boquetes se han ampliado gracias a la casta política que ha gobernado este país desde 1978; con grave riesgo para todo el sistema político democrático.
No nos equivoquemos, las propuestas de reforma que aparecen en lontananza no están destinadas a corregir los fallos del sistema constitucional, estableciendo una verdadera separación de poderes, restableciendo la unidad legislativa básica, reformando el sistema de controles legales, eliminando privilegios políticos…
La reforma que se nos va a proponer significa simplemente legalizar  y primar la deslealtad constitucional, concediendo a nuestros políticos un jardín con 17 satrapías donde la igualdad de los españoles desaparezca para siempre, quedando sus derechos unidos al territorio de la taifa donde viven y no a su condición de ciudadanos.
Dos objetivos  fundamentales debe cumplir una constitución, por un lado, ordenar el poder bajo el principio de separación de poderes, por otro, garantizar a los ciudadanos sus derechos y los mecanismos de defensa de los mismos.
Toca pues entender que con todas sus imperfecciones, nuestra Constitución tal cual es, ha garantizado la unidad nacional, los derechos fundamentales de los españoles y un cierto orden institucional que aunque imperfecto, podía haber llevado a una separación real de poderes si hubiera habido voluntad política.
Hoy esta Constitución ha sufrido un duro ataque en forma de Declaración Unilateral de Independencia (DUI); curiosamente es en estos tiempos convulsos cuando ciertos movimientos mediáticos y sociales han comenzado a agitar la bandera de la “reforma constitucional”
Decía San Ignacio de Loyola: “En tiempos de tribulación no hacer mudanza”
Creo sinceramente que hace muchos años que la Constitución debería hacerse reformado sustancialmente para garantizar y perfeccionar los principios que he señalado, pero si hay un tiempo en que no podemos permitirnos la reforma es este.
En plena tormenta no podemos empezar a reordenar la carga del barco, sino todo lo más, centrarnos en asegurar las velas y salvar a la tripulación.
Aún siendo republicano prefiero mil veces una constitución monárquica que garantice la democracia, la unidad nacional y la libertad  que una constitución republicana,  basada en la ruptura de la soberanía nacional y con ello, del fin de la unidad y de la democracia
Donde los ciudadanos dejan de ser iguales y sus derechos solo dependen del lugar en el que nacieron; el ciudadano ha muerto en favor del siervo.
No es difícil de comprender para una persona de entendimiento medio que hoy mis derechos no nacen de mi vecindad, de ser gallego, extremeño, aragonés o castellano; nacen por el hecho de ser ciudadano y formar parte de soberano que conforma la voluntad general de nación española
Todo hombre por naturaleza, quiere para él y sus seres queridos, vivir en un país próspero donde se le garantice su seguridad y las más altas cotas posibles de libertad, igualdad, justicia y virtud.  
  • Una igualdad que no sea solo “formal” para beneficio de los poderosos y ricos, sino una igualdad de oportunidades donde todo hombre por humilde que sea, tenga garantizados sus derechos incluido el primero de todos ellos: el derecho a una subsistencia digna.
  • Una libertad que no consiste en hacer lo que uno quieres sin límites, sino en poder disfrutar de sus derechos sobre la sagrada y segura premisa: “No hagas a otro lo que no quisieras que te hicieran a ti”. Sin olvidar que la libertad solo puede existir donde la ley se cumple y es respetada.
  • Una  justicia que trate a todos los ciudadanos por igual sea cual sea su rango, que sea completamente independiente de poder político  siendo estrictamente imparcial. Una justicia rápida que no caiga en la injusticia de los interminables procesos y  donde el temor sea para los culpables y no para los inocentes.
  • Una virtud pública que permita a los ciudadanos confiar en la integridad de sus magistrados y en que el bien público se impondrá sobre los mezquinos intereses privados y de clase. Una virtud que lleve al amor por los grandes principios y  donde la palabra dada sea ley, mientras que la mentira lleve al ostracismo.
En estas breves pinceladas señalo como yo no me conformo con simples palabras, sino que quiero y sueño con verlas materializadas en realidades.
No se puede negar que nuestra Constitución es más “formal” que “real”, pero no son las palabras las que deben cambiar las cosas, sino son los hombres quienes las deben transformar en acciones.
Se nos está proponiendo que cambiemos las palabras, que cambiemos el texto constitucional, pero no me inspiran confianza quienes hasta ahora han ignorado las normas que quieren cambiar.
En  medio de la actual crisis territorial cuando a los independentistas se les ha dejado el tiempo y los medio para fortalecerse; en medio de la lucha entre partidos fomentada por la intriga y la corrupción, favorecida por la ignorancia, por el egoísmo y la avidez de una casta política indigna, los buenos ciudadanos necesitan un punto de apoyo y una señal para unirse de nuevo. Yo no conozco ninguno, salvo los símbolos nacionales y la Constitución.
La verdadera reforma que necesitamos no requiere modificaciones en el texto constitucional sino una reforma radical en las normas que lo desarrollan incluida la derogación de las leyes orgánicas de delegación y transferencia que han servido de permanente moneda de cambio entre los nacionalistas y los corruptos gobiernos de España necesitados de mayoría parlamentaria.
Hace unos días hemos visto como el gobierno de España en manos del Partido Popular, el partido más corrupto y traidor a la Constitución que presume defender, dio al País Vasco miles de millones a costa de todos los demás españoles. ¿Es este el patriotismo de la derecha? El uso de los mecanismos del gobierno para satisfacer y atacar al pueblo y la nación que dicen defender.
Sueño con que pronto haya una izquierda jacobina capaz de devolver la dignidad a la patria y a sus ciudadanos.
Nada impide que se hagan reformas sustanciales de las leyes orgánicas más importantes, como la de Poder Judicial para despolitizar la justicia o la Ley Orgánica de Régimen Electoral General  para hacer más proporcional, igualitario y justo el voto de los ciudadanos.
Como señalaba mi apreciado Adam Smith: “Se requiere quizá el máximo ejercicio de sabiduría política para determinar cuándo un verdadero patriota debe apoyar y procurar restablecer el viejo sistema y cuándo debe ceder ante el más atrevido pero a menudo peligroso espíritu innovador”

Después de los sucesos de octubre de 2017 en Cataluña, un nuevo espíritu patriótico ha despertado entre los ciudadanos de toda condición e ideología, un sentimiento de unidad y solidaridad entre españoles.
No podemos dejar que un grupo de políticos cobardes, corruptos e ignorantes traicionen al pueblo por medio de una reforma constitucional ignominiosa que solo satisfaga a los enemigos de España y de la Constitución.