“Todo
en esta vida es susceptible de mejoras. Toda derrota puede ser la precursora de
una futura victoria; toda guerra perdida puede convertirse en la causa de un
resurgimiento ulterior; toda miseria puede ser el semillero de nuevas energías
humanas y toda opresión puede engendrar también las fuerzas impulsoras de un
renacimiento moral” (M. Robespierre)
En estos días la ciudadanía ha podido
contemplar con una mezcla de estupefacción y asco como se han ido sucediendo
los escándalos de corrupción, con especial aplicación en el PP madrileño.
Hace mucho que vengo señalando que las
relaciones inmorales e ilegales existentes entre el poder político y el poder
económico en este país son ya endémicas y tanto empresarios como políticos, se
necesitan mutuamente porque mutuamente se generan.
Ya no me escandaliza la corrupción
precisamente porque he comprendido que la corrupción política en nuestro país,
no es la causa sino el efecto de un sistema que necesita la corrupción para funcionar.
Igual que una bombilla al dar luz produce calor, nuestro sistema político al
funcionar produce corrupción; será en interés de todos el conseguir cambiar la
vieja e ineficiente bombilla por una nueva que dé más luz y casi no genere calor.
En España, mientras no haya separación de
poderes y no se simplifiquen los cuatro
solapados niveles de la administración (municipal, provincial, autonómico y
estatal), habrá corrupción y esta seguirá siendo una epidemia en tanto en
cuanto la representación política esté secuestrada por los partidos políticos.
La palabra partidocracia define a la perfección la oligarquía senatorial que
nos gobierna y que dirige al Estado como su propiedad particular.
Puedo decir sin temor a equivocarme que la
única diferencia entre lo que está pasando en Madrid y lo que hay en las otras
16 Comunidades Autónomas radica en el nivel de investigación e interés
judicial.
En Castilla y León con más de 20 años de
gobiernos del PP no hay que ser una eminencia para intuir lo que puede haber
debajo de las alfombras. Una red clientelar de este nivel es muy difícil
de poner en evidencia más cuando los
medios de comunicación regionales, que viven gracias al poder, son sumisos y
están tácitamente controlados. Lo señalado es extrapolable a todas y cada una
de las CCAA.
Lo natural en una sociedad madura sería
sustituir el sistema político podrido por otro más eficaz y resistente a la
corrupción; pero todo sistema clientelar en el que prosperan al calor de poder
muchas personas y empresas, es por
naturaleza inmovilista y se defenderá con uñas y dientes de todo cambio.
Mientras el PP chapotea en la pestilente
corrupción, el PSOE se limita a una crítica de baja intensidad sabiendo que
ellos también tienen aguas corruptas que ocultar.
Respecto a los que en su día se llamarón
“partidos nuevos” definitivamente se han mimetizado en el sistema y su
aspiración parece no ir más allá de entrar a formar parte de la oligarquía
partidocrática para compartir sus privilegios y servir sus intereses.
Ciudadanos en su complicado equilibrio en
el centro del tablero político ya no aspira realmente a cambiar el sistema, ni
tan siquiera a una reforma sustancial; simplemente busca apuntalar sus ruinas
mientras trata de heredar al PP.
Podemos por su parte ha perdido su espíritu
transversal y de reforma y después de Vistalegre II, es un típico partido de
izquierdas radical que pretende un cambio hacia un sistema socialista y no hacia una democracia real.
Así las cosas estamos en el mismo punto de
partida de desencanto y frustración que generó el 15M pero con la diferencia de
que por ahora Podemos impide un movimiento espontaneo en la calle.
Resulta curioso que aquello que en sus
inicios dio miedo al sistema, se haya transformado en cómplice del mismo pues con su desmesurada radicalidad, está
ayudando a que nada cambie.
Sabias palabras las de Adam Smith al
señalar: “La vehemencia del partido que rehúsa todo paliativo, toda templanza,
toda razonable adaptación, al exigir demasiado con frecuencia no obtiene nada,
y las molestias y dificultades que con un poco de moderación podrían haber sido
eliminadas y aliviadas, quedan ya sin esperanza de remedio”
Yo creo que la acción política debe basarse
en la eficaz armonía entre los principios y una ejecutoria bien definida, donde
quede de manifiesto que otra forma de hacer política es posible.
Tras el fracaso de Podemos, en el panorama
político español hay un inmenso hueco social y electoral esperando ser ocupado;
es solo cuestión de tiempo el que
conozcamos cómo y por quién será ocupado.
Superado el eje: derecha/izquierda, quien acepte el eje: los de abajo/los de arriba; habrá devuelto a la actualidad
política la idea de que el cambio es posible y que hay posibilidades de un
futuro mejor y más justo.
Toca retirarse durante un tiempo, pero en
ningún modo con ánimo de derrota sino para tomar impulso de cara a las nuevas
ilusiones que están por llegar.
Mientras, siempre nos queda entretenernos
con charlotadas al estilo Podemos en forma de show multimedia y ver con
tristeza como las ilusiones perdidas son verdades halladas.
