sábado, 23 de septiembre de 2017

Cataluña: Game Over



“Frente a ese sentimiento de una Cataluña que no se siente española, existe el otro sentimiento de todos los demás españoles que sienten Cataluña como ingrediente y trozo esencial de España. Sin el sentimiento de los unos es respetable, no lo es menos el de los otros” (Ortega y Gasset)



Con frases como la que abre este texto  en 1932, el filosofo Ortega y Gasset intento acometer el  “problema catalán” en las Cortes Constituyentes de la II República; fracasó y en 1934 la proclamación de independencia de Cataluña asesto un duro golpe al sistema republicano dejándolo indefenso ante el alzamiento de 1936.
Todo terminó en 1939 cuando las tropas Franquistas desfilaron por Barcelona y Cataluña, no solo no ganó la independencia, sino que perdió su autonomía.
Decía Voltaire: “La tierra es un vasto teatro donde la misma tragedia se presenta bajo nombres diferentes”
Una vez más en la historia de España, nos encontramos ante unos acontecimientos transcendentales que marcarán durante muchos años el devenir político nacional.
La locura y la ignorancia se están adueñando de la realidad política, y cualquiera con unos mínimos conocimientos jurídicos, no puede más que sentir vergüenza respecto a los argumentos legales que se están dando por parte de los defensores de la independencia catalana.
De nada sirve señalar que lo que verdaderamente garantiza la libertad es la ley, pues en un sistema democrático la ley es la representación de la voluntad general de todos los ciudadanos y por lo tanto, nosotros mismos por el pacto social estamos obligados por ella.
El respeto a las leyes y más aún a la ley fundamental, la Constitución, es una obligación además de política, moral.
Pero cuando se pone en cuestión la existencia del derecho mismo hacer apelaciones teóricas al fundamento de lo que es el derecho es simple intelectualismo inútil.
Señalar la definición kantiana de que el derecho es el conjunto de condiciones bajo las cuales el arbitrio de uno puede conciliarse con el arbitrio de otro según una ley universal de la libertad, da un toque de erudición que a los que estos días escriben y salen a la calle en defensa del referéndum de Cataluña, les importa más bien un bledo.
El tiempo de la Razón ha muerto, y vivimos en los monstruos de su sueño, donde como Orwell señala: LA GUERRA ES LA PAZ/LA LIBERTAD ES LA ESCLAVITUD/LA IGNORANCIA ES LA FUERZA
Yo, tonto de mí, antes de ponerme a escribir sobre el tema catalán volví a desempolvar mis libros de política, aquellos donde nacen las actuales construcciones teóricas de las instituciones, desde Montesquieu pasando por mi querido Rousseau, por Locke, Kant, Mill, Kelsen, Carl Schmitt, Ortega….
Pero desgraciadamente, llegados  a este punto, es una realidad lo señalado por el ministro de propaganda Nazi, Joseph Goebbels, materializado por los independentistas en todos los medios de comunicación donde hablan: “Miente, miente, miente que algo quedará, cuanto más grande sea la mentira más gente la creerá”
¿Para que sirve exponer principios jurídicos cuando un parlamentario catalán dice sin sonrojarse  que el Parlament es soberano y que en todo caso hay dos legalidades, la del Estado Español y la del Estado Catalán?
Cuando se subvierte e ignora todo un sistema jurídico, los clásicos señalaban que se volvía al estado de naturaleza, una situación que para los independentistas catalanes debe resultar idílica. Un estado donde sus derechos se limitan a hacer lo que sus propias fuerzas te permiten, donde cada individuo es legislador, ejecutor y juez; donde como consecuencia, la inseguridad es total y el mismo derecho a la vida no vale nada.
Por si fuera poco, gente que se considera de izquierdas apoya este disparate, asumiendo que todo vale con tal de lograr atacar al gobierno y al sistema, que los principios son mutables y que el fin justifica cualquier medio.
Yo no soy  marxista, pero he leído a Marx y o soy muy tonto o en el mismo Manifiesto Comunista que el señor Garzón y Pablo Iglesias han dicho leer, se señala de forma inequívoca:
 ”Los obreros no tienen patria. No es posible quitarles lo que no tienen. Puesto que le proletariado aún tiene que conquistar para sí el poder político…
En la medida en que es abolida la explotación de un de una nación por otra.
Con la desaparición de la contradicción de las clases en el seno interno de la nación, desaparece la posición hostil de las naciones entre sí”
Marx señala en su párrafo final:
“Las clases dominantes pueden temblar ante una revolución comunista. Los proletarios no tienen otra cosa que perder en ella que sus cadenas. Tienen un  mundo que ganar. ¡Proletarios de todos los países, uníos!”
Podemos no solo se pone en contra de la ley sino que por atacar el sistema, se pone del lado de los nacionalistas catalanes, destruyendo cualquier principio social que hubieran pretendido enarbolar.
La situación va más allá de un simple referéndum, es un ataque a la Constitución y al sujeto soberano que la aprobó, la soberanía nacional que reside en el pueblo español.
Yo me declaro de izquierdas, pero de una izquierda nacional que busca la igualdad de los ciudadanos y no la desigualdad de los territorios.
Como bien señalaba Robespierre: “¿Qué es la patria sino el país en el que todo ciudadano es participe de la soberanía? Únicamente en un régimen democrático el Estado es verdaderamente la patria de todos los individuos que lo componen y puede contar con tantos defensores interesados en su causa, como ciudadanos haya en su seno”. 
El problema al que nos enfrentamos es gravísimo no tanto por el ataque del separatismo catalán a la unidad sino por el lamentable estado en que se encuentran las instituciones  nacionales sumidas en su gran mayoría en la corrupción y el descrédito.
“La Constitución se sostiene con la bondad de las costumbres con el conocimiento y el profundo sentido de los sagrados derechos del hombre”, dice Rousseau y en España ese sostén no existe.
El gobierno del Partido Popular y del Sr Rajoy representa la corrupción y la defensa de los derechos de una oligarquía financiera que lleva décadas gobernando este país en la sombra y saqueando sus riquezas.
El uso legítimo de la fuerza que requiere la situación de rebelión en Cataluña, será siempre miedoso y acomplejado porque  la autoridad moral del gobierno que debe ordenarlo no existe.
No hay que olvidar que una institución que no tiene ya la decisión de defender por todos los medios su estabilidad, ha claudicado prácticamente. Toda indecisión es una señal visible de ruina interior que debe ser seguida, tarde o temprano por el colapso externo.
En España ya no hay españoles, pues los complejos del pacto que nos llevo desde la Leyes Fundamentales del Régimen Franquista a la Constitución del 78 han llevado a las autoridades a poner acentos al patriotismo cuando el patriotismo no puede ni debe tener acentos en un país sano.
Los Franceses son tan republicanos como patriotas y por eso no son fascistas, simplemente defienden una admirable tradición jacobina que llevo a los ciudadanos a ser libres e iguales.
Señala Montesquieu: “Que los que llamo virtud en la república es el amor a la patria, es decir, el amor a la igualdad. No se trata de una virtud moral no tampoco de una virtud cristiana, sino de la virtud política”
Es muy triste ver estos días la soledad de España;  la soledad de nuestra madre patria en la que sus  propios hijos se avergüenzan de ella.
La patria no es el suelo, es la comunidad de afectos, que hace que, combatiendo por la salud o la libertad de quien le es querido, la patria se encuentra defendida, decía el revolucionario Saint-Just
España, una vez más en su historia, se encuentra ante una crisis de colosales proporciones justo cuando una clase dirigente indigna y corrupta la gobierna; pero tengo la confianza de que los ciudadanos que ahora se refugian en el silencio de la frustración, responderán con valor y coraje cuando el “2 de mayo” que está por venir así se lo exija.
El gobierno de Rajoy junto con el PSOE y Ciudadanos intentarán mantener su régimen corrupto y por ello pactaran con los independentistas catalanes la más deshonrosa de las paces; el régimen y sus partidos ganaran tiempo, pero su traición no quedará impune.
Podemos en su traición a la izquierda y al 15M en su ansia de poder logrará regresar a la marginalidad de donde, visto lo visto, nunca debió salir. 
Hoy los españoles estamos solos pero tengo la esperanza de que lograremos evitar que esta crisis sea el principio de una tragedia y si lo sea de un nuevo renacimiento. 
Para concluir este texto vienen a mi recuerdo las últimas frases del discurso que Manuel Azaña pronunció en Barcelona el 18 de julio de 1938:
“No es verdad eso de que no hay mal que por bien no venga, pero del dolor sufrido procuraremos sacar, como es lógico, el mejor bien posible. Pero cuando los años pasen, las generaciones vengan y la antorcha pase a otras manos y  se vuelvan a enfrentar las pasiones de unos y otros. Pensad en los muertos  que reposan en la madre tierra ya sin ideal, y que nos envían destellos de su luz, de la que la Patria daba a todos sus hijos: paz, piedad y perdón"