
“Frente a ese sentimiento de una Cataluña que no se siente española, existe el otro sentimiento de todos los demás españoles que sienten Cataluña como ingrediente y trozo esencial de España. Sin el sentimiento de los unos es respetable, no lo es menos el de los otros” (Ortega y Gasset)
Con frases como la que abre este texto en 1932, el filosofo Ortega y Gasset intento acometer el “problema catalán” en las Cortes Constituyentes de la II República; fracasó y en 1934 la proclamación de independencia de Cataluña asesto un duro golpe al sistema republicano dejándolo indefenso ante el alzamiento de 1936.
Todo terminó en 1939 cuando las tropas Franquistas
desfilaron por Barcelona y Cataluña, no solo no ganó la independencia, sino que
perdió su autonomía.
Decía Voltaire: “La tierra es un vasto teatro donde la
misma tragedia se presenta bajo nombres diferentes”
Una vez más en la historia de España, nos encontramos
ante unos acontecimientos transcendentales que marcarán durante muchos años el
devenir político nacional.
La locura y la ignorancia se están adueñando de la
realidad política, y cualquiera con unos mínimos conocimientos jurídicos, no
puede más que sentir vergüenza respecto a los argumentos legales que se están
dando por parte de los defensores de la independencia catalana.
De nada sirve señalar que lo que verdaderamente
garantiza la libertad es la ley, pues en un sistema democrático la ley es la
representación de la voluntad general de todos los ciudadanos y por lo tanto,
nosotros mismos por el pacto social estamos obligados por ella.
El respeto a las leyes y más aún a la ley fundamental,
la Constitución, es una obligación además de política, moral.
Pero cuando se pone en cuestión la existencia del
derecho mismo hacer apelaciones teóricas al fundamento de lo que es el derecho
es simple intelectualismo inútil.
Señalar la definición kantiana de que el derecho es el
conjunto de condiciones bajo las cuales el arbitrio de uno puede conciliarse
con el arbitrio de otro según una ley universal de la libertad, da un toque de
erudición que a los que estos días escriben y salen a la calle en defensa del
referéndum de Cataluña, les importa más bien un bledo.
El tiempo de la Razón ha muerto, y vivimos en los
monstruos de su sueño, donde como Orwell señala: LA GUERRA ES LA PAZ/LA
LIBERTAD ES LA ESCLAVITUD/LA IGNORANCIA ES LA FUERZA
Yo, tonto de mí, antes de ponerme a escribir sobre el
tema catalán volví a desempolvar mis libros de política, aquellos donde nacen
las actuales construcciones teóricas de las instituciones, desde Montesquieu
pasando por mi querido Rousseau, por Locke, Kant, Mill, Kelsen, Carl Schmitt, Ortega….
Pero desgraciadamente, llegados a este punto, es una realidad lo señalado por
el ministro de propaganda Nazi, Joseph Goebbels, materializado por los
independentistas en todos los medios de comunicación donde hablan: “Miente,
miente, miente que algo quedará, cuanto más grande sea la mentira más gente la
creerá”
¿Para que sirve exponer principios jurídicos cuando un
parlamentario catalán dice sin sonrojarse
que el Parlament es soberano y que en todo caso hay dos legalidades, la
del Estado Español y la del Estado Catalán?
Cuando se subvierte e ignora todo un sistema jurídico,
los clásicos señalaban que se volvía al estado de naturaleza, una situación que
para los independentistas catalanes debe resultar idílica. Un estado donde sus
derechos se limitan a hacer lo que sus propias fuerzas te permiten, donde cada
individuo es legislador, ejecutor y juez; donde como consecuencia, la inseguridad
es total y el mismo derecho a la vida no vale nada.
Por si fuera poco, gente que se considera de
izquierdas apoya este disparate, asumiendo que todo vale con tal de lograr
atacar al gobierno y al sistema, que los principios son mutables y que el fin
justifica cualquier medio.
Yo no soy marxista, pero he leído a Marx y o soy muy
tonto o en el mismo Manifiesto Comunista que el señor Garzón y Pablo Iglesias
han dicho leer, se señala de forma inequívoca:
”Los obreros no
tienen patria. No es posible quitarles lo que no tienen. Puesto que le
proletariado aún tiene que conquistar para sí el poder político…
En la medida en que es abolida la explotación de un de
una nación por otra.
Con la desaparición de la contradicción de las clases
en el seno interno de la nación, desaparece la posición hostil de las naciones
entre sí”
Marx señala en su párrafo final:
“Las clases dominantes pueden temblar ante una
revolución comunista. Los proletarios no tienen otra cosa que perder en ella
que sus cadenas. Tienen un mundo que
ganar. ¡Proletarios de todos los países, uníos!”
Podemos no solo se pone en contra de la ley sino que
por atacar el sistema, se pone del lado de los nacionalistas catalanes,
destruyendo cualquier principio social que hubieran pretendido enarbolar.
La situación va más allá de un simple referéndum, es
un ataque a la Constitución y al sujeto soberano que la aprobó, la soberanía
nacional que reside en el pueblo español.
Yo me declaro de izquierdas, pero de una izquierda
nacional que busca la igualdad de los ciudadanos y no la desigualdad de los
territorios.
Como bien señalaba Robespierre: “¿Qué es la patria
sino el país en el que todo ciudadano es participe de la soberanía? Únicamente
en un régimen democrático el Estado es verdaderamente la patria de todos los
individuos que lo componen y puede contar con tantos defensores interesados en
su causa, como ciudadanos haya en su seno”.
El problema al que nos enfrentamos es gravísimo no
tanto por el ataque del separatismo catalán a la unidad sino por el lamentable
estado en que se encuentran las instituciones
nacionales sumidas en su gran mayoría en la corrupción y el descrédito.
“La Constitución se sostiene con la bondad de las
costumbres con el conocimiento y el profundo sentido de los sagrados derechos
del hombre”, dice Rousseau y en España ese sostén no existe.
El gobierno del Partido Popular y del Sr Rajoy
representa la corrupción y la defensa de los derechos de una oligarquía
financiera que lleva décadas gobernando este país en la sombra y saqueando sus
riquezas.
El uso legítimo de la fuerza que requiere la situación
de rebelión en Cataluña, será siempre miedoso y acomplejado porque la autoridad moral del gobierno que debe
ordenarlo no existe.
No hay que olvidar que una institución que no tiene ya
la decisión de defender por todos los medios su estabilidad, ha claudicado
prácticamente. Toda indecisión es una señal visible de ruina interior que debe
ser seguida, tarde o temprano por el colapso externo.
En España ya no hay españoles, pues los complejos del
pacto que nos llevo desde la Leyes Fundamentales del Régimen Franquista a la
Constitución del 78 han llevado a las autoridades a poner acentos al
patriotismo cuando el patriotismo no puede ni debe tener acentos en un país
sano.
Los Franceses son tan republicanos como patriotas y
por eso no son fascistas, simplemente defienden una admirable tradición
jacobina que llevo a los ciudadanos a ser libres e iguales.
Señala Montesquieu: “Que los que llamo virtud en la
república es el amor a la patria, es decir, el amor a la igualdad. No se trata
de una virtud moral no tampoco de una virtud cristiana, sino de la virtud
política”
Es muy triste ver estos días la soledad de
España; la soledad de nuestra madre
patria en la que sus propios hijos se avergüenzan de ella.
La patria no es el suelo, es la comunidad de afectos,
que hace que, combatiendo por la salud o la libertad de quien le es querido, la
patria se encuentra defendida, decía el revolucionario Saint-Just
España, una vez más en su historia, se encuentra ante
una crisis de colosales proporciones justo cuando una clase dirigente indigna y
corrupta la gobierna; pero tengo la confianza de que los ciudadanos que ahora
se refugian en el silencio de la frustración, responderán con valor y coraje
cuando el “2 de mayo” que está por venir así se lo exija.
El gobierno de Rajoy junto con el PSOE y Ciudadanos
intentarán mantener su régimen corrupto y por ello pactaran con los
independentistas catalanes la más deshonrosa de las paces; el régimen y sus
partidos ganaran tiempo, pero su traición no quedará impune.
Podemos en su traición a la izquierda y al 15M en su
ansia de poder logrará regresar a la marginalidad de donde, visto lo visto,
nunca debió salir.
Hoy los españoles estamos solos pero tengo la esperanza
de que lograremos evitar que esta crisis sea el principio de una tragedia y si
lo sea de un nuevo renacimiento.
Para concluir este texto vienen a mi recuerdo las
últimas frases del discurso que Manuel Azaña pronunció en Barcelona el 18 de
julio de 1938:
“No es verdad eso de que no hay mal que por bien no
venga, pero del dolor sufrido procuraremos sacar, como es lógico, el mejor bien
posible. Pero cuando los años pasen, las generaciones vengan y la antorcha pase
a otras manos y se vuelvan a enfrentar
las pasiones de unos y otros. Pensad en los muertos que reposan en la madre tierra ya sin ideal,
y que nos envían destellos de su luz, de la que la Patria daba a todos sus
hijos: paz, piedad y perdón"