“Cuando
la costumbre puede ratificar una violación de la humanidad, cabe imaginar que
no hay ninguna práctica que no sea capaz de autorizar.”(Adam Smith)
Inicio el presente curso político en este
Blog abordando un tema tan actual como polémico: la celebración del “Torneo del Toro de la Vega”
Posturas irreconciliables se enfrentan en
una lucha que, cada año, vierte ríos de tinta con un enconamiento cada vez
mayor.
De la razón hace mucho que se está pasando
al puro debate visceral en el que, las luces del entendimiento, se apagan en
favor de las oscuras pasiones que muchas veces llevan incluso a la violencia.
Trato pues en este escrito de dar las
razones que me llevan a considerar que el “Toro
de la Vega”, como reliquia del medievo, es en nuestros días un estandarte
del inhumano salvajismo de aquellos tiempos oscuros en los que el hombre vivía
sometido a las más tenebrosas supersticiones.
Como bien escribió un filósofo de la Ilustración: “Es suficiente que los principios originales
de censura o condena sean uniformes y que las conclusiones erróneas puedan
corregirse mediante razonamientos más sólidos y una experiencia más amplia”
De esta forma, la crítica debe ir contra la
costumbre y no contra las personas, pues al final, nada es más contraproducente
para eliminar esa costumbre que el hacer de ella una afrenta personal.
Debemos buscar la base más profunda de esta
costumbre, y una vez analizada, es cuando podremos condenarla y pedir en el
ejercicio de nuestros derechos su erradicación y supresión.
En este escrito no voy a entrar en la
crítica sobre la base argumental de los “derechos de los animales”, y no porque
crea que esté camino no pueda ser el correcto, sino porque conceptualmente es un
debate demasiado abierto.
Me centraré pues en el análisis de este “Torneo”
respecto a la costumbre como fundamento del mismo y la dignidad y libertad
humanas a la hora de convertirlo en un espectáculo.
La frase de Adam Smith con la que abro este texto creo que es elocuente a la
hora de señalar que una costumbre por el simple hecho de serlo, no se justifica
cuando atenta contra los principios superiores de una sociedad.
Un buen termómetro para entender si una
costumbre es socialmente aceptable, con independencia de los principios generales
que puede atacar, está en los conceptos de utilidad y agrado.
Analicemos este “Torneo” en el momento de
la Edad Media en la que se crea y después, actualicemos esas bases al tiempo
actual donde se continúa desarrollando.
En la Edad Media, los principios por los
que se regía aquella sociedad eran muy
diferentes a los actuales y en aquel contexto el “Torneo del Toro de la Vega” si puede ser entendido como útil y agradable.
Un Torneo en el que los hombres demuestran su valor y el diestro manejo de la
lanza en un contexto medieval es tan útil a los participantes como agradable a
los espectadores; estos podían admirar a los valientes guerreros que se enfrentaban
con riesgo evidente de sus vidas al diabólico toro. La dignidad y el honor de
quien lograba matar al animal era un premio a todas luces envidiable.
La pregunta ahora sería: ¿Es útil y
agradable a los vecinos de Tordesillas lancear un Toro?
En 2015 no encuentro sentido a saber
manejar una lanza, más que nada porque quien sienta interés por esta disciplina,
creo que tiene muchas otras maneras de aprenderla. Hoy quien mate al Toro de la
Vega se cubrirá de indignidad y deshonor,
Respecto al agrado, ver como se maltrata a
un animal contradice actualmente los principios más elementales de compasión,
sensibilidad y moralidad.
Decía Emmanuel Kant: “El trato violento y cruel a los animales se
opone más íntimamente al deber del hombre hacía sí mismo, porque con ello se
embota en el hombre la compasión por el sufrimiento, debilitándose así y
destruyendo paulatinamente una predisposición natural muy útil a la moralidad
en relación con los demás hombres.”
Los hombres que crearon este “Torneo” nunca
pudieron considerar ni tan siquiera que el ser humano, por el mismo hecho de
serlo, tenía una dignidad; para un hombre medieval que aceptaba plenamente la
servidumbre y la esclavitud, un hombre poco se diferenciaba de un animal. Ahora
la dignidad humana nos exige respetar a todos los seres vivos y evitar cometer
contra ellos actos crueles de forma gratuita.
Los vecinos de Tordesillas no pueden ni
deben persistir en su supuesto “derecho” a ser medievales, entre otras cosas,
porque necesariamente el “derecho” de una sociedad moderna respetuosa de los
derechos humanos y de su dignidad, terminará imponiendo la prohibición de este “espectáculo
público” tan poco edificante.
No soy partidario de las prohibiciones,
creo en la educación y en la concienciación como los verdaderos y seguros motores
del camino hacia una sociedad más justa y evolucionada; pero cuando el conflicto
ya no atiende a razones, la fuerza de la voluntad general debe imponerse en
forma de Ley.
Las costumbres son respetables y tienen un
innegable valor identitario para la sociedad en la que se desarrollan; un
pueblo no puede ni debe renunciar a sus costumbres sociales, pero no puede ni
debe permitir que continúen vigentes aquellas que atentan contra sus actuales
valores, aquellas que son vestigios de tiempos bávaros y atrasados. La poligamia,
los matrimonios de conveniencia, la ablación, la tortura… son costumbres que
encadenan aún a pueblos enteros.
Ya en el SXVIII, David Hume, señalaba en relación a los animales: “El amor en los animales, no tiene sólo como
objeto propio animales de la misma especie, sino que se extiende más lejos y
comprende casi todo ser sensible y pensante. Un perro, naturalmente, ama al
hombre más que a sus congéneres, y muy frecuentemente encuentra un afecto
recíproco”
Fomentemos entre todos los actos y las
costumbres de amor hacia los animales, evitando continuar haciendo de la
crueldad, la bandera de nuestro entretenimiento.
Educar y no prohibir es el camino, pero hay
ocasiones en las que la doctrina del derecho debe acudir en auxilio de la doctrina
de las costumbres y en el caso del “Torneo
del Toro de la Vega”, lo veo necesario.
El mejor honor que los vecinos de
Tordesillas podrían hacer a este "Torneo" sería recordarlo como una ancestral y
extinta costumbre que un día tuvo esta
villa; revivirlo cada año, lo que hará será cubrirlos de oprobio y vergüenza en
una polémica que no pueden, ni deben ganar.
