domingo, 8 de mayo de 2016

Una falsa confluencia

“No preguntes si estamos plenamente de acuerdo, sino tan solo si marchamos por el mismo camino” (J. W. Goethe)

En pocos días nos será anunciada la ya aclamada confluencia entre Podemos e Izquierda Unida y dada la relevancia del tema, no me resisto a escribir unas líneas sobre mi opinión sobre el asunto.
Precisamente porque soy partidario de una unidad en las fuerzas políticas del cambio, veo el grave error y los peores inconvenientes que este tacticismo confluyente va a ocasionar a los partidos que ahora pactan.
Creo que la confluencia en buena, pero creo que la confluencia que se nos está planteando es horrenda.
Se trata de que unos partidos políticos se unan para hacer unas listas y de esta forma sumar votos sobre una clara base utilitarista más o menos camuflada de principios. Pienso que esto de construir la casa por el tejado tiene muchos riesgos y el resultadismo puede ser un arma de doble filo.
Las prisas no son buenas consejeras  y los acuerdos que ahora se van a materializar, por superficiales, carecen del necesario sustrato capaz de poder mantenerlos en el futuro.
En resumidas cuentas, el pacto que se nos presenta es el necesario para aprovechar al máximo la ley electoral injusta y de esta forma optimizar los resultados; las listas de Izquierda Unida se fusionan con las de Podemos y las Confluencias de forma que en teoría,  se transforma el “voto inútil” en “voto útil” logrando mayor representación.
Así pues, tenemos una unidad programática y unas listas únicas… hasta aquí llegó la confluencia.
El tema del  voto útil/inútil tengo intención de tratarlo en otro escrito, pero mi posición al respecto es que con independencia de los resultados, todo voto es útil con independencia de cualquier resultado.
Incluso asumiendo el punto utilitarista que justifica el acuerdo, no podemos dejar de considerar que en política y en general todos los asuntos relacionados con la conducta humana, 2+2 no son 4. Puede que se sumen votos por un lado pero nadie puede asegurar que por otro no se esfumen; los votos ni se crean ni se destruyen pero pueden terminar en cualquier parte.
Podemos en su corta existencia tiene una ejecutoria de luces y sombras, Izquierda Unida en su largo caminar por la política tiene también sus virtudes y sus defectos; por lo tanto, una confluencia táctica en la que las organizaciones conservan plenamente su idiosincrasia  sumará esas luces pero también muchas sombras.
Otra cosa sería que desde Podemos e IU en unión con otras fuerzas del cambio se construyera un proyecto nuevo sobre una organización nueva; pero no hay ni tiempo ni ganas por parte de unas élites que empiezan a parecerse mucho a las de los llamados partidos de la “casta”.
Siempre me ha gustado de IU la admirable formación política de sus cuadros intermedios y su impresionante capacidad organizativa; por el contrario Podemos, como partido nuevo solo tiene una sólida estructura en sus niveles superiores pues sus cuadros intermedios, formados en un crecimiento rápido y defectuoso, no están a la altura de responsabilidad que ostentan. Mezclar estos elementos sin un proceso constituyente de confluencia es una combinación altamente explosiva; los acuerdos versallescos desde los salones entre Pablo Iglesias y Alberto Garzón pueden sostenerse sobre el papel pero pueden combinar muy mal sobre la realidad social que debe ejecutarlos.
Después del 26 de junio, el sol volverá a salir y los problemas sociales, económicos y políticos estarán ante nosotros,  diputado arriba diputado abajo.
Piense el lector en la siguiente reflexión. Un elector desencantado de Podemos naturalmente sería un potencial votante de IU y un desencantado de IU sería igualmente un potencial votante de Podemos: ¿dónde irá ese votante tras la confluencia proyectada?
Sencillamente en un alto porcentaje a la abstención. Ese votante está claro que apoyaría un partido de confluencia, pero un partido real de confluencia y no la mezcla deforme de dos organizaciones que aparecen juntas pero también claramente diferenciadas.
Una  verdadera confluencia une virtudes y no defectos, la coalición que se nos presenta con fines electoralista suma más defectos que virtudes.
Por mi educación me siento adscrito al idealismo transcendental  y creo que la política necesariamente pasa por el respeto a los principios y a la virtud, con algún toque de necesario pragmatismo es cierto, pero desde luego lejos del utilitarismo carente de alma que se nos pretende vender.
El fin no justifica los medios y no podemos hacer depender nuestras acciones y principios políticos de elementos tan heterónomos como son el resultadismo electoral. Hay que confluir por principios, por encima de egos personales y organigramas partidistas; solo así se puede concurrir ante el electorado con las banderas limpias y la tranquilidad moral de que el resultado será siempre bueno, pues se habrá hecho lo que se debía hacer, sin espacio para el reproche.
Podemos e IU están con esta falsa unión vendiendo su alma al diablo sin tener ni tan siquiera la certeza de que la venta sirva para algo; la obsesión por el sorpasso al PSOE  tiene tintes enfermizos.
Siempre he considerado que en política es más productivo estar a favor de algo y no contra algo; prefiero estar a favor de la paz que estar en contra de la guerra, prefiero estar a favor de la gente que sufre que contra los ricos que disfrutan.  Esto no se puede ni se debe confundir con buenismo, pues hay ocasiones que para defender al que sufre hay que guillotinar al que le oprime.
A todo lo ya mencionado, hay que sumar que en estas elecciones no habrá primarias para confeccionar las listas electorales,  la democracia interna siempre puede ser excepcionada de forma que, si mis principios no te gustan, en un momento los cambio por otros…
Sinceramente considero que estamos perdiendo una oportunidad única de encauzar el cambio social y político que necesita España; me entristece constatar que la “nueva política” en unos pocos meses ha envejecido tanto como para no distinguirse en nada de la “vieja” frente a la que se postulaba. Para este camino no hacían falta estas alforjas.
El espíritu del 15M que estos días conmemoramos vuelve a estar huérfano, veremos quien tiene ahora el valor de adoptarlo.

lunes, 2 de mayo de 2016

Nuevas elecciones y el triunfo de la vieja política

“La política es una casa de putas en la que las pupilas son bastante feas” (Marlene Dietrich)

Si el pasado 20 de diciembre el que suscribe estas palabras acudió a las urnas con la ilusión de  contribuir al final de una mayoría tiránica y al nacimiento de un parlamento plural lleno de caras nuevas y nuevas formas de hacer  y entender la política; el próximo 26 de junio si me acerco  a las urnas lo haré con una sincera sensación de asco.
¿Tanto caminar para esto? ¿Tanto hablar de nueva política y de casta para después mimetizarse con los usos de aquellos a los qué se critica? 
En estas nuevas elecciones, no nos engañemos, ya no hay nuevos ni viejos, eso se ha perdido en estos cuatro meses de lamentable espectáculo;  volvemos a la vieja dicotomía entre izquierda/derecha pero dentro de una ordenada Casta.
A la casta política que viene gobernando durante décadas este país había que derrotarla con un discurso y una ejecutoría intachable, solo con la bandera de la regeneración y la virtud  se podía conformar una nueva mayoría social capaz de enterrar lo viejo y construir con ilusión un nuevo orden de valores y un nuevo modelo institucional.
Yo no voy a luchar por cambiar de amos, me da igual sean hombres o cerdos, yo lucho para que no haya amos, por un sistema de libertad en el que los gobernantes deban rendir cuentas a los gobernados, donde ningún ciudadano pase necesidades y donde se respeten los derechos de todos.
Necesitamos una verdadera revolución social antes de poder acometer la necesaria revolución política; pero la revolución social solo puede nacer del amor por la libertad, la igualdad y la justicia sin la manipulación de ideologías falsamente revolucionarias que huelen a naftalina.
La revolución no radica en destruir al rico sino en dignificar al ciudadano, en hacer que el más humilde obrero pueda sentirse tan satisfecho y feliz como sea capaz en la plenitud de sus derechos sociales y políticos.
No se trata de dar el poder a unos individuos nuevos con ideas viejas, se trata de cambiar el orden institucional para que el poder controle al poder y las ansias de corrupción no puedan realizarse por miedo a la incesante vigilancia del pueblo.
Desgraciadamente hemos visto en los últimos tiempos como algunos líderes se han consolidado como nuevos charlatanes sobre los que no cabe albergar ninguna ilusión. En la política actual considero que faltan líderes y sobran charlatanes.
El 15M ha muerto porque se ha institucionalizado, lo han encapsulado y lo han pervertido poniéndolo bajo el paraguas de banderas excluyentes. El 15M no era en su origen ni de izquierdas ni de derechas, era la manifestación del hartazgo popular respecto a una casta política alejada de toda realidad; el clamor del pueblo en favor de una mayor justicia social y un sistema político más abierto  y democrático.
Pero en las próximas elecciones  ya no nos queda nada nuevo. Tenemos los tradicionales partidos de establiment (PP y PSOE), un partido regeneracionista domesticado (C,s) y un frente de izquierdas clásico del SXIX (Podemos/IU)
¿Tanto nadar para esto? Nihil sub sole novum
Mientras no unamos a la dicotomía pobre/rico la dicotomía virtud/vicio, valores y principios frente a intereses,  inmoralidad y corrupción, estaremos luchando contra una Hidra siempre con nuevas cabezas.
Solo podremos cambiar este país cuando la gente tome conciencia de que hay que dejar de pensar como esclavos para pensar con la libertad de ciudadanos; no se trata de cambiar de amos, se trata de ser libres; no se trata de ser ricos sino de tener lo suficiente para vivir con dignidad. Los bienes materiales son importantes, pero también lo son los morales.
Como decía Adam Ferguson: “No es la manera de alimentarse o en la forma de vestirse que se encuentra el carácter del hombre, sino en las cualidades de la mente”