“No preguntes si estamos
plenamente de acuerdo, sino tan solo si marchamos por el mismo camino” (J. W.
Goethe)
En pocos días nos será anunciada
la ya aclamada confluencia entre Podemos e Izquierda Unida y dada la relevancia
del tema, no me resisto a escribir unas líneas sobre mi opinión sobre el
asunto.
Precisamente porque soy
partidario de una unidad en las fuerzas políticas del cambio, veo el grave
error y los peores inconvenientes que este tacticismo confluyente va a
ocasionar a los partidos que ahora pactan.
Creo que la confluencia en buena,
pero creo que la confluencia que se nos está planteando es horrenda.
Se trata de que unos partidos
políticos se unan para hacer unas listas y de esta forma sumar votos sobre una
clara base utilitarista más o menos camuflada de principios. Pienso que esto de
construir la casa por el tejado tiene muchos riesgos y el resultadismo puede
ser un arma de doble filo.
Las prisas no son buenas
consejeras y los acuerdos que ahora se
van a materializar, por superficiales, carecen del necesario sustrato capaz de
poder mantenerlos en el futuro.
En resumidas cuentas, el pacto
que se nos presenta es el necesario para aprovechar al máximo la ley electoral
injusta y de esta forma optimizar los resultados; las listas de Izquierda Unida
se fusionan con las de Podemos y las Confluencias de forma que en teoría, se transforma el “voto inútil” en “voto útil”
logrando mayor representación.
Así pues, tenemos una unidad
programática y unas listas únicas… hasta aquí llegó la confluencia.
El tema del voto útil/inútil tengo intención de tratarlo
en otro escrito, pero mi posición al respecto es que con independencia de los
resultados, todo voto es útil con independencia de cualquier resultado.
Incluso asumiendo el punto utilitarista
que justifica el acuerdo, no podemos dejar de considerar que en política y en
general todos los asuntos relacionados con la conducta humana, 2+2 no son 4.
Puede que se sumen votos por un lado pero nadie puede asegurar que por otro no
se esfumen; los votos ni se crean ni se destruyen pero pueden terminar en
cualquier parte.
Podemos en su corta existencia
tiene una ejecutoria de luces y sombras, Izquierda Unida en su largo caminar
por la política tiene también sus virtudes y sus defectos; por lo tanto, una
confluencia táctica en la que las organizaciones conservan plenamente su
idiosincrasia sumará esas luces pero
también muchas sombras.
Otra cosa sería que desde Podemos
e IU en unión con otras fuerzas del cambio se construyera un proyecto nuevo
sobre una organización nueva; pero no hay ni tiempo ni ganas por parte de unas
élites que empiezan a parecerse mucho a las de los llamados partidos de la
“casta”.
Siempre me ha gustado de IU la
admirable formación política de sus cuadros intermedios y su impresionante
capacidad organizativa; por el contrario Podemos, como partido nuevo solo tiene
una sólida estructura en sus niveles superiores pues sus cuadros intermedios,
formados en un crecimiento rápido y defectuoso, no están a la altura de
responsabilidad que ostentan. Mezclar estos elementos sin un proceso
constituyente de confluencia es una combinación altamente explosiva; los
acuerdos versallescos desde los salones entre Pablo Iglesias y Alberto Garzón
pueden sostenerse sobre el papel pero pueden combinar muy mal sobre la realidad
social que debe ejecutarlos.
Después del 26 de junio, el sol
volverá a salir y los problemas sociales, económicos y políticos estarán ante
nosotros, diputado arriba diputado
abajo.
Piense el lector en la siguiente
reflexión. Un elector desencantado de Podemos naturalmente sería un potencial
votante de IU y un desencantado de IU sería igualmente un potencial votante de
Podemos: ¿dónde irá ese votante tras la confluencia proyectada?
Sencillamente en un alto
porcentaje a la abstención. Ese votante está claro que apoyaría un partido de
confluencia, pero un partido real de confluencia y no la mezcla deforme de dos
organizaciones que aparecen juntas pero también claramente diferenciadas.
Una verdadera confluencia une virtudes y no
defectos, la coalición que se nos presenta con fines electoralista suma más
defectos que virtudes.
Por mi educación me siento
adscrito al idealismo transcendental y
creo que la política necesariamente pasa por el respeto a los principios y a la
virtud, con algún toque de necesario pragmatismo es cierto, pero desde luego
lejos del utilitarismo carente de alma que se nos pretende vender.
El fin no justifica los medios y
no podemos hacer depender nuestras acciones y principios políticos de elementos
tan heterónomos como son el resultadismo electoral. Hay que confluir por
principios, por encima de egos personales y organigramas partidistas; solo así
se puede concurrir ante el electorado con las banderas limpias y la
tranquilidad moral de que el resultado será siempre bueno, pues se habrá hecho
lo que se debía hacer, sin espacio para el reproche.
Podemos e IU están con esta falsa
unión vendiendo su alma al diablo sin tener ni tan siquiera la certeza de que
la venta sirva para algo; la obsesión por el sorpasso al PSOE tiene tintes enfermizos.
Siempre he considerado que en
política es más productivo estar a favor de algo y no contra algo; prefiero
estar a favor de la paz que estar en contra de la guerra, prefiero estar a
favor de la gente que sufre que contra los ricos que disfrutan. Esto no se puede ni se debe confundir con
buenismo, pues hay ocasiones que para defender al que sufre hay que guillotinar
al que le oprime.
A todo lo ya mencionado, hay que
sumar que en estas elecciones no habrá primarias para confeccionar las listas
electorales, la democracia interna
siempre puede ser excepcionada de forma que, si mis principios no te gustan, en
un momento los cambio por otros…
Sinceramente considero que
estamos perdiendo una oportunidad única de encauzar el cambio social y político
que necesita España; me entristece constatar que la “nueva política” en unos
pocos meses ha envejecido tanto como para no distinguirse en nada de la “vieja”
frente a la que se postulaba. Para este camino no hacían falta estas alforjas.
El espíritu del 15M que estos
días conmemoramos vuelve a estar huérfano, veremos quien tiene ahora el valor
de adoptarlo.

Pasan por mi mente tres reflexiones:
ResponderEliminarPrimera reflexión: aparece todavía más intermediación entre el votante y sus representantes. Si ya quien hace la lista electoral es quien impone a sus votantes los nombres, ahora toda una serie de filigranas políticas aparecen para elaborar "la lista de las listas".
Segunda reflexión: no se puede estar en misa y repicando, aunque las dos cosas se hagan dentro de una iglesia y presumiblemente por alguien de la misma Fe. Podemos, y antes el 15-M (que me corrijan si me equivoco) consideraba a IU incluida dentro de la casta. Podemos bebe de algunas ideas de IU, y si ahora aparecen como " originales " de Podemos precisamente porque IU no pudo o no quiso ponerlas en práctica. Por su parte, que IU se hace a Podemos a ver si sobrevive electoralmente tiene así algo de "llámame perro, y tírame pan".
Tercera reflexión: la estructura del partido se impone al contenido mismo del partido. Las reglas de juego son injustas, pero es el juego que hay; fuera del juego se puede hacer bastante (sindicalismo, asociacionismo) pero no tanto como pasando por el aro de la partitocracia. Quizás es que Podemos es cada vez más IU y menos 15-M