“La
pasión de dominar es la más terrible de todas las enfermedades del espíritu
humano” (Voltaire)
Decían los clásicos que la fortuna es
favorable a aquellos a los que quiere perder, y en el caso que voy a tratar no
puedo estar más de acuerdo.
Como he señalado en anteriores post, del congreso de Vistalegre II sale un partido
completamente vertical en el que como Luis XIV, Pablo Iglesias puede decir con
toda propiedad que “Podemos soy yo”
Igual que en el Siglo XVIII, la ilustración
aún no ha llegado a todas las capas sociales, impidiendo un mínimo de criterio a
la hora de comprender el poder y sus terribles mecanismos.
Hoy Podemos, el partido del 15M y las
asambleas, el partido del empoderamiento de la gente y la horizontalidad se
estructura como una monarquía absoluta en
la que no faltan ni cortesanos, ni bufones ni favoritas…
La máxima de Lord Acton: “Power tends to corrupt, and
absolute power corrupts abssolutely “, es sin duda aplicable a cualquier tipo de
organización e ideología mínimamente evolucionada.
Así las cosas, vivimos en tiempos por y
para líderes, sin entender que es en la obediencia a la ley y no a la voluntad
de un hombre donde radica la esencia de la libertad.
Como decía Cicerón, no se trata de elegir
un amo, se trata de no tener amo; en Podemos como en la mayoría de los partidos
e instituciones de este país, nuestra desgracia es que simplemente tenemos la opción
de elegir un amo, pero estamos sometidos mientras tanto a su ciego poder.
Bien vio esto J.J. Rousseau al declarar: “El
pueblo cree ser libre, pero se equivoca; solo lo es durante la elección de los
miembros del parlamento; una vez elegidos, se convierte en esclavo, no es nada”
El filósofo de Ginebra pensó que el
verdadero contrapoder en una democracia era la virtud, pero ese pueblo de
ángeles aún no ha nacido; mientras llega, el más pragmático Montesquieu
siguiendo a Locke vio que la única forma
de controlar el poder es dividirlo y que el mismo poder se controle a si mismo,
esto es la separación de poderes y de instituciones.
Mi ideal es una mezcla de ambas posturas,
es necesario un reino de virtud manteniendo al político bajo la inflexible
mirada de una opinión pública crítica y bien formada, mientras, la división de
poderes funciona con sus pesos y contrapesos contra el poder absoluto que por
naturaleza se acumula y corrompe.
En Podemos no hay nada parecido a una
separación de poderes pues el Judicial (la Comisión de Garantías) el
legislativo (la asamblea ciudadana) y el ejecutivo (el Consejo Ciudadano) quedan
de facto bajo la soberana voluntad del Líder Supremo y su corte de amigos y allegados.
Más que evolución yo hablaría de involución
hacia modelos absolutistas y autoritarios ejemplificados en partidos del SXX
que terminaron llevando al mundo al desastre.
Cicerón vio en la llegada de César el fin
de la República que con todas sus imperfecciones, era un régimen sometido a las
instituciones y a la opinión pública. “¿Qué
importa que Bruto haya matado al tirano? La tiranía sobrevive en los corazones
y la República Romana sólo existe en Bruto”
La Partidocracia y la casta política de
este país han ganado la batalla desde el mismo momento que el movimiento popular
de cambio representado por la revolución popular y transversal del 15M ha
cristalizo en un partido como Podemos.
No es buena táctica mimetizarse con los
vicios de aquello contra lo que se pretende luchar, y hoy Podemos imita punto
por punto los mismos esquemas y principios de los vulgares y decadentes
partidos que asolan este país.
Sabiamente Adam Smith escribió algo que por
evidente, parece que algunos no entienden: “La vehemencia del partido que rehúsa todo
paliativo, toda templanza, toda razonable adaptación, al exigir demasiado con
frecuencia no obtiene nada, y las molestias y dificultades que con un poco de moderación
podrían haber sido eliminadas y aliviadas, quedan ya sin esperanza de remedio”
Quizás sin Podemos, el movimiento popular hubiera
hecho peligrar los privilegios de mucha gente que vive en la abundancia y el
oropel, pero los hilos del Estado son muy poderosos y detonar una bomba antes
de que explote es una buena solución…
Mirando la gestación de Podemos y el
desencanto actual que va ganando más y más adeptos, veo con claridad que el Régimen
ha ganado esta partida y Podemos ya no es una solución de cambio; es un obstáculo
al cambio.
Resulta curioso que mientras Vox es un
partido folclórico que ningún daño electoral hace al PP, la izquierda vive
atomizada, dividida y lo que es peor, sin posibilidad de entendimiento en el
corto y medio plazo.
Sociológicamente existe campo para un partido
populista que arrasé al PP por la derecha, pero toda la maquinaria del poder
trabaja para evitar cualquier sorpresa en este aspecto, mientras funciona a toda
máquina el muy rentable voto del miedo: “¡Qué
vienen los rojos!”
Muchas veces los árboles no nos dejan ver
el bosque y por eso pido al lector que medite mis palabras sin prejuicios y con
la razón por bandera.
España necesita un cambio radical en sus
instituciones, un cambio por, con y para el pueblo, nuestra responsabilidad es
ayudar en ese propósito diciendo la verdad sin pensar en intereses bastardos.
Pablo Iglesias pudo haber sido el líder que
el país necesita pero su perspectiva pequeña le ha convertido en un desagradable
obstáculo para el cambio. Podemos simplemente es un partido vertical con muy
buena gente de base que vota una vez cada 3 años a sus jefes y hace campaña a su favor dando desinteresadamente
su tiempo y su dinero. ¡Qué buenos vasallos si su rey fuera capaz!
Luis XV tuvo infinidad de “maîtresses” que influyeron
grandemente sobre él entre las que destaca Madame de Pompadour que de humilde
condición, llegó a lo más alto del poder. Pero la privanza de la cama no es permanente
y el camino del Rey llego años después hasta Madame du Barry.
El problema de gobernar y actuar conforme a
cortes, amantes y la propia y arbitraria voluntad fue que al final de su
reinado, Luis XV hizo la apocalíptica y acertada predicción: “Après
nous le deluge” (después de mí, el diluvio)
Veremos a donde lleva Pablo Iglesias a
Podemos y a su autoproclamada monarquía absoluta.

