domingo, 12 de febrero de 2017

Podemos y el “espíritu” del 12 de febrero

“El consenso nacional en torno al régimen en el futuro habrá de expresarse en forma de participación. Esta habrá de ser reflexiva, articulada, operativa y crítica. Tal evidencia es la que ha de imprimir a nuestras tareas futuras en el campo de la participación política una nota de imperativo apremio…” (12 de febrero 1974-Arias Navarro)

Hoy 12 de febrero de 2017 se ha clausurado el congreso de Vistalegre II donde el liderazgo de Pablo Iglesias dentro de Podemos ha quedado refrendado mayoritariamente por lo inscritos.
Pocos saben que un 12 de febrero de 1974 un recién designado presidente del Gobierno, Carlos Arias Navarro, daba su primer discurso ante las cortes franquistas  en el que ofrecía la apertura del régimen para una evolución del mismo; a aquello se le llamó el “espíritu” del 12 de febrero y durante meses dio lugar a esperanzas y ríos de tinta en España.
Después, aquel “espíritu” iría perdiendo fuelle hasta que el 24 de junio de 1975 el propio Arias puso el epitafio definitivo a aquel intento de reforma. El franquismo había quedado visto para sentencia. La biología, la cordura política de algunos y la decisión democrática de la mayoría hacía posible después el inicio de la transición. 
En la actualidad la dura lucha por el poder dentro de Podemos ha concluido dando una clara victoria a Pablo Iglesias y su equipo que ahora están ante su particular “espíritu” del 12 de febrero.
Deben volver a unir el partido y dotarle de una verdadera organización institucional dentro de la inclusión de todos en el proyecto; ordenando avanzar sin perjuicios en el cambio social  y perseverar en el camino hacia las trincheras y el radicalismo conforme a sus propuestas victoriosas.
Sinceramente considero que Pablo Iglesias hoy, como en su día lo fue Arias Navarro, será víctima de sus propias palabras pues no está capacitado para llevar a cabo el cambio que el país necesita, con recetas políticas claramente irreales.
Hoy España recuerda al pragmático Adolfo Suarez y su ley para la Reforma Política y no a Arias Navarro y su inoperante “espíritu” del 12 de febrero que fue pereciendo víctima de sus propias contradicciones.
La apuesta de Podemos tras las pasadas elecciones del 20D, fueron el primer ejemplo que como apostar al todo o nada puede llevar a la frustración y con el tiempo a la nada.
En anteriores artículos he señalado como Podemos está dando desde hace meses signos de un claro agotamiento,  mientras busca en las trincheras de la radicalidad  iniciativas políticas que solo la movilidad de la transversalidad social puede dar.
Vistalegre II, como aquellas Cortes del tardofranquismo, aplauden un proyecto político que lleva en su seno el germen del fracaso por la falta de adaptación a la realidad social a la que deben servir.
Arias busco una reforma de corto alcance sobre la base incuestionable de los principios de un régimen que se sostenía en la figura de un senil dictador; hoy Pablo Iglesias busca el cambio social sobre la base incuestionable de un radicalismo de izquierdas que excluye a una mayoría de votantes indignados pero no ideologizados.
En política es muy cierta la máxima de que todo lo que no avanza, retrocede, y las trincheras hieráticas  que propone el nuevo “estado mayor” podemita  conducen al retroceso electoral y lo que es peor, la eterna hegemonía política del Partido Popular. Partido que también participa del “espíritu” del 12 de febrero pero del “original” de Arias; porque el sistema del 78 han decidido que no se toca, con lo cual, el cambio los arrastrará también a ellos como lo hizo con el “Bunker” franquista de Girón y Blas Piñar.
De Vistalegre II nace el mandato de condenar al ostracismo a la Socialdemocracia, pues Pablo Iglesias y su gente, mayoritariamente respaldados, han defendido que es en las esencias de la izquierda más pura y radical donde se debe fraguar el futuro de Podemos.
¿Dónde se refugiará el voto socialdemócrata y progresista? Pienso, que parte de este importante granero de votos puede ir a la abstención o  bien retornar al PSOE, si este es capaz de reconstruirse desde sus actuales cenizas.
Hasta este 12 de febrero, Podemos era dueño de la iniciativa política dentro de la izquierda, con capacidad para ser el partido mayoritario dentro de este espectro ideológico; ahora el PSOE tiene en sus manos coger la bandera de la socialdemocracia que Pablo Iglesias ha decidido arriar.
Las decisiones democráticas deben ser aceptadas y en este artículo no pongo en duda el derecho que asiste a Podemos de decidir el camino político que desea emprender y a sus líderes a ejecutarlo.
Yo vistos los resultados, ratifico mi decisión personal de no seguir un camino que considero erróneo y siguiendo mis principios, buscar en el futuro la ilusión y la esperanza en otros proyectos.

Solo el tiempo nos dirá que planteamientos son los acertados, como hoy, desde una perspectiva histórica, podemos enjuiciar las falsas ilusiones que despertó  en aquel 12 de febrero de 1974 el discurso de Arias Navarro ante los aplausos de las Cortes Franquistas.

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