jueves, 28 de diciembre de 2017

Las “manadas” de hombres que no amaban a las mujeres

“Obra de tal modo que uses la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre como un fin al mismo tiempo y nunca simplemente como un medio” (I. Kant)

Cada vez que escucho un nuevo caso de agresión sexual en grupo siento unas sinceras ganas de vomitar. ¿Cómo en una sociedad que se dice moderna y avanzada pueden darse estos abusos y esta violencia contra las mujeres de forma tan común?
La violencia contra las mujeres es una terrible plaga que desde la noche de los tiempos asola a la humanidad y de la que sin excusas, los hombres somos responsables.
Quizás sea verdad la frase de Voltaire en la que dice: “La civilización no suprime la barbarie, la perfecciona”
Y es que en nuestro mundo tecnológico unimos a la atrocidad de un abuso sexual el estigma de gravarlo y hacerlo público para constatación de la salvajada.
Si algo me llama la atención en casos como los de la “manada” de San Fermín o el reciente caso de los jugadores de la Arandina, es que los autores de la agresión son  a priori “chicos normales” lejos de un contexto social conflictivo o traumático. Chicos jóvenes en plenitud física que se cuidan y que en nada hacen presagiar el espíritu monstruoso que anida en ellos.
La pregunta inquietante es: ¿Qué lleva a unos hombres aparentemente “normales” a convertirse en depredadores sexuales?
Un elemento importante a considerar respecto a los ejemplos que he puesto es el que actúan en “manada”; en grupo da siempre sensación de seguridad y permita diluir en otros nuestra responsabilidad moral. Con seguridad si estos sujetos hubieran estado solos no hubieran actuado como lo hicieron, más por miedo que por voluntad.
Este escrito no pretende poner excusas a los que repugna al espíritu y ataca la misma esencia moral del ser humano. Pero es necesario buscar respuestas más allá del hecho concreto, saber en que podrido recodo de nuestra sociedad se escanden los motivos que impulsan a la violencia contra las mujeres, en lugar de fomentar la igualdad de géneros y el respeto sagrado entre ellos.
Siempre he considerado que el feminismo y su admirable lucha por la igualdad solo podrá alcanzar unos resultados cada vez mejores haciendo a los hombres, no sus enemigos, sino sus más fieles aliados. Considerar que un hombre por ser hombre es malo y la mujer por ser mujer es buena, es tan infantil e ilógico que exige poco debate.
Pero volviendo al asusto que centra este escrito, creo que si analizamos lo que hay detrás de nuestra luminosa fachada de sociedad avanzada, veremos horrorizados que es una fábrica de machismo y de discriminación.
Políticamente se nos venden leyes de igualdad, observatorios de la mujer, campañas publicitarias… pero la realidad nos muestra que algo no funciona cuando las mujeres asesinadas por violencia machista aumentan año tras año, como los casos de violencia contra las mujeres y agresiones sexuales no remiten sino que se incrementan.
¿Cuándo tendremos una Navidad libre de las terribles noticias de asesinatos de mujeres?
Como bien señalaba Cesaré de Beccaria en su inmortal obra De los delitos y de las penas: “El más seguro, pero más difícil medio de evitar los delitos es perfeccionar la educación”
Los individuos que últimamente están protagonizando actos de violencia contra las mujeres, como ya he señalado,  son chicos jóvenes que se supone han recibido una mayor y mejor educación que la de sus padres y abuelos.
Pero tampoco podemos limitarnos a pensar que la educación en igualdad se limita a al escuela  y a los profesores que en ella enseñan; la primera y más importante educación en valores la enseñan los padres y las familias.
Si un niño no ve igualdad en casa, ¿alguien piensa que en colegio se la van a enseñar?
Por su fuera poco es la misma sociedad la que, frente a la igualdad de género, propugna valores puramente materialistas que llevan intrínsecamente al machismo más descarado y radical.
Es cierto que las cosas no se pueden cambiar de un día para otro, las sociedades evolucionan muy lentamente pero no es menos cierto que cuanto antes empecemos a cambiar, antes llegaremos a nuestro destino.
Antes de hablar de hombres y de mujeres lo principal será hablar de seres humanos, hablar de que todo ser humano por el simple hecho de serlo tiene una dignidad y unos derechos.
Hay que cambiar de perspectiva, los hombres y las mujeres, en cuanto seres biológicos no somos iguales, en cuanto sujetos morales lo somos radicalmente.
Lo importante de los ojos de una persona no radica en que sean marrones o verdes, sino en que gracias a ellos podemos ver.  La verdadera igualdad se alcanzará el día en que ser hombre o mujer no nos definas más que nuestro color de ojos.
Desgraciadamente lejos de estas ensoñaciones de futuro ahora mismo nuestra sociedad esta produciendo monstruos sobre un planteamiento muy simple y terrible: el triunfo del utilitarismo materialista  que justifica todo.
Y es que donde todo se puede comprar y vender, no hay ya normas morales ni limites posibles a la búsqueda de la satisfacción de nuestros apetitos.
Qué lejos estamos de la hermosa y plena de significado frase kantiana: “En el lugar de lo que tiene un precio puede ser colocado algo equivalente; en cambio, lo que se halla por encima de todo precio y no se presta a equivalencia alguna, eso posee una dignidad”
La misma Navidad que estos días estamos viviendo, ha perdido su más mínimo significado religioso para transformarse en una auténtica orgia consumista.
Una vez traspasados los límites de la moral y de cualquier consideración ética, es muy fácil concluir que con dinero se puede comprar incluso la voluntad de las personas y usarlas  como cosas, el salto es ya muy sencillo.
Ya no hay diferencia, por ejemplo, entre comprar una barra de pan y comprar sexo. Por si fuera poco,  nos bombardean de tal manera con publicidad sexual como reclamo, que terminamos considerando que quizás el sexo es más necesario que el pan.
Todos los días se nos muestran hombres y mujeres perfectos pero lejos de serlo, son simples modelos de cartón piedra, fachadas que venden frivolidad sin ningún contenido. Decididamente estamos en una sociedad que valora muchísimo más los modelos físicos que los modelos morales, con ello se ahonda en el principio de “cosificación” del ser humano.
Y cuando un ser humano es una “cosa”, es normal que empiece sobre esta perversión a considerar que tengo derecho a hacer uso de él o ella como me plazca.
Chicos que a priori por educación debían estar en las antípodas del “maté porque era mía” ejecutan por fría determinación asesinatos atroces.
 Así las cosas, se entiende,  la salvaje brutalidad de la “manada”, cinco animales que fueron a Pamplona a beber, comer y follar. Ninguno pensó en que mientras agredía a una chica indefensa estaban agrediendo a todo el género humano, que esa chica además de una vagina y unas tetas era una persona como ellos a la que estaban haciendo sufrir, tanto física como psicológicamente, por satisfacer sus instintos mas brutales y primarios.  
Como he señalado a lo largo de este escrito, no soy optimista respecto a las terribles sombras que se esconden tras nuestra sociedad aparentemente evolucionada.  Podemos tener una tecnología maravillosa pero quienes estamos haciendo uso de ella me temo que somos hombres de la edad de piedra respecto a principios y valores. Una vez más, el sueño de la razón está creando muchos monstruos.
Espero que la ley actué de forma rápida y contundente sobre todos los maltratadores, asesinos y violadores; ahora más que nunca es necesario que la justicia sea ejemplar, contundente y severa. 

sábado, 9 de diciembre de 2017

En defensa de la Constitución

“No atañe a la Asamblea Legislativa el modificar la Constitución que ha jurado mantener. Cualquier cambio hecho hoy no producirá más efecto que el de poner en estado de alarma a los amigos de la libertad” (M. Robespierre)

El día que se “celebra” la Constitución debemos soportar un montón de declaraciones pueriles por parte de políticos de “todos los colores”, mientras disfrutan del cóctel que les pagamos todos los ciudadanos.
Desde hace mucho tiempo, vengo señalando los terribles agujeros que presenta nuestra constitución y gracias a los cuales,  se han filtrado los dos grandes males que aquejan a nuestra democracia: la corrupción y el secesionismo
Pero si la Constitución presenta boquetes, no es menos cierto que esos boquetes se han ampliado gracias a la casta política que ha gobernado este país desde 1978; con grave riesgo para todo el sistema político democrático.
No nos equivoquemos, las propuestas de reforma que aparecen en lontananza no están destinadas a corregir los fallos del sistema constitucional, estableciendo una verdadera separación de poderes, restableciendo la unidad legislativa básica, reformando el sistema de controles legales, eliminando privilegios políticos…
La reforma que se nos va a proponer significa simplemente legalizar  y primar la deslealtad constitucional, concediendo a nuestros políticos un jardín con 17 satrapías donde la igualdad de los españoles desaparezca para siempre, quedando sus derechos unidos al territorio de la taifa donde viven y no a su condición de ciudadanos.
Dos objetivos  fundamentales debe cumplir una constitución, por un lado, ordenar el poder bajo el principio de separación de poderes, por otro, garantizar a los ciudadanos sus derechos y los mecanismos de defensa de los mismos.
Toca pues entender que con todas sus imperfecciones, nuestra Constitución tal cual es, ha garantizado la unidad nacional, los derechos fundamentales de los españoles y un cierto orden institucional que aunque imperfecto, podía haber llevado a una separación real de poderes si hubiera habido voluntad política.
Hoy esta Constitución ha sufrido un duro ataque en forma de Declaración Unilateral de Independencia (DUI); curiosamente es en estos tiempos convulsos cuando ciertos movimientos mediáticos y sociales han comenzado a agitar la bandera de la “reforma constitucional”
Decía San Ignacio de Loyola: “En tiempos de tribulación no hacer mudanza”
Creo sinceramente que hace muchos años que la Constitución debería hacerse reformado sustancialmente para garantizar y perfeccionar los principios que he señalado, pero si hay un tiempo en que no podemos permitirnos la reforma es este.
En plena tormenta no podemos empezar a reordenar la carga del barco, sino todo lo más, centrarnos en asegurar las velas y salvar a la tripulación.
Aún siendo republicano prefiero mil veces una constitución monárquica que garantice la democracia, la unidad nacional y la libertad  que una constitución republicana,  basada en la ruptura de la soberanía nacional y con ello, del fin de la unidad y de la democracia
Donde los ciudadanos dejan de ser iguales y sus derechos solo dependen del lugar en el que nacieron; el ciudadano ha muerto en favor del siervo.
No es difícil de comprender para una persona de entendimiento medio que hoy mis derechos no nacen de mi vecindad, de ser gallego, extremeño, aragonés o castellano; nacen por el hecho de ser ciudadano y formar parte de soberano que conforma la voluntad general de nación española
Todo hombre por naturaleza, quiere para él y sus seres queridos, vivir en un país próspero donde se le garantice su seguridad y las más altas cotas posibles de libertad, igualdad, justicia y virtud.  
  • Una igualdad que no sea solo “formal” para beneficio de los poderosos y ricos, sino una igualdad de oportunidades donde todo hombre por humilde que sea, tenga garantizados sus derechos incluido el primero de todos ellos: el derecho a una subsistencia digna.
  • Una libertad que no consiste en hacer lo que uno quieres sin límites, sino en poder disfrutar de sus derechos sobre la sagrada y segura premisa: “No hagas a otro lo que no quisieras que te hicieran a ti”. Sin olvidar que la libertad solo puede existir donde la ley se cumple y es respetada.
  • Una  justicia que trate a todos los ciudadanos por igual sea cual sea su rango, que sea completamente independiente de poder político  siendo estrictamente imparcial. Una justicia rápida que no caiga en la injusticia de los interminables procesos y  donde el temor sea para los culpables y no para los inocentes.
  • Una virtud pública que permita a los ciudadanos confiar en la integridad de sus magistrados y en que el bien público se impondrá sobre los mezquinos intereses privados y de clase. Una virtud que lleve al amor por los grandes principios y  donde la palabra dada sea ley, mientras que la mentira lleve al ostracismo.
En estas breves pinceladas señalo como yo no me conformo con simples palabras, sino que quiero y sueño con verlas materializadas en realidades.
No se puede negar que nuestra Constitución es más “formal” que “real”, pero no son las palabras las que deben cambiar las cosas, sino son los hombres quienes las deben transformar en acciones.
Se nos está proponiendo que cambiemos las palabras, que cambiemos el texto constitucional, pero no me inspiran confianza quienes hasta ahora han ignorado las normas que quieren cambiar.
En  medio de la actual crisis territorial cuando a los independentistas se les ha dejado el tiempo y los medio para fortalecerse; en medio de la lucha entre partidos fomentada por la intriga y la corrupción, favorecida por la ignorancia, por el egoísmo y la avidez de una casta política indigna, los buenos ciudadanos necesitan un punto de apoyo y una señal para unirse de nuevo. Yo no conozco ninguno, salvo los símbolos nacionales y la Constitución.
La verdadera reforma que necesitamos no requiere modificaciones en el texto constitucional sino una reforma radical en las normas que lo desarrollan incluida la derogación de las leyes orgánicas de delegación y transferencia que han servido de permanente moneda de cambio entre los nacionalistas y los corruptos gobiernos de España necesitados de mayoría parlamentaria.
Hace unos días hemos visto como el gobierno de España en manos del Partido Popular, el partido más corrupto y traidor a la Constitución que presume defender, dio al País Vasco miles de millones a costa de todos los demás españoles. ¿Es este el patriotismo de la derecha? El uso de los mecanismos del gobierno para satisfacer y atacar al pueblo y la nación que dicen defender.
Sueño con que pronto haya una izquierda jacobina capaz de devolver la dignidad a la patria y a sus ciudadanos.
Nada impide que se hagan reformas sustanciales de las leyes orgánicas más importantes, como la de Poder Judicial para despolitizar la justicia o la Ley Orgánica de Régimen Electoral General  para hacer más proporcional, igualitario y justo el voto de los ciudadanos.
Como señalaba mi apreciado Adam Smith: “Se requiere quizá el máximo ejercicio de sabiduría política para determinar cuándo un verdadero patriota debe apoyar y procurar restablecer el viejo sistema y cuándo debe ceder ante el más atrevido pero a menudo peligroso espíritu innovador”

Después de los sucesos de octubre de 2017 en Cataluña, un nuevo espíritu patriótico ha despertado entre los ciudadanos de toda condición e ideología, un sentimiento de unidad y solidaridad entre españoles.
No podemos dejar que un grupo de políticos cobardes, corruptos e ignorantes traicionen al pueblo por medio de una reforma constitucional ignominiosa que solo satisfaga a los enemigos de España y de la Constitución. 


sábado, 25 de noviembre de 2017

España necesita una izquierda Jacobina


“Soy republicano, y lo declaro: quiero defender los principios de igualdad y el desarrollo de los derechos sagrados que la Constitución garantiza al pueblo contra los peligrosos sistemas de los intrigantes que la ven sólo como un instrumento de su ambición” (M. Robespierre)



En España han cambiado muchas cosas desde que en septiembre los nacionalistas optaran por desafiar en clara rebeldía el sistema constitucional de 1978.
La opinión pública que debería ser el motor de la opinión de los políticos se ha transformado y ahora está claramente del lado de la Constitución y del derecho; pero aún los políticos, dentro de sus fosilizadas formaciones, creen vivir en los tiempos de las componendas bipartidistas.
En especial, la izquierda, ante los nuevos acontecimientos, se encuentra muy desorientada pues importantes movimientos nacidos en su seno, que hace muy poco pudieron soñar con alcanzar el poder, hoy se están deshaciendo como azucarillos en el café de una renovada opinión pública.
Durante años, he sentido la soledad de la izquierda jacobina silenciada por una izquierda federalista y pactista sin más principios que los de alcanzar el poder siendo amigos y aliados de los nacionalistas periféricos más radicales y excluyentes.
Si el PSOE sucumbió a esta atentación, Podemos se conformo con que la horda de nacionalistas excluyentes quedara abiertamente integrada en su “movimiento” con un solo principio constitutivo: tomar el poder y asaltar los cielos.
Dudo mucho que esta unión se mantenga cuando el único objetivo que les quede a Pablo Iglesias y a su favorita Irene sea el  “asalto de los infiernos”.
Hoy veo con esperanza como después de muchos años hay opciones reales de que se conforme una izquierda nacional fiel a los principios de igualdad, libertad, justicia y virtud, que en lugar de mirar al pasado, asuma sin complejos el presente y se constituya en motor del cambio; pero de un cambio en sentido contrario al que la casta política gobernante nos pretende llevar.
La Constitución no debe ser modificada para dar satisfacción a los desleales nacionalistas, que en pocos años considerarían las cesiones como insuficientes para volver a las declaraciones de independencia, debe ser defendida para que con una nueva legislación de desarrollo, puedan recentralizarse competencias que nunca debieron ser cedidas.
Sanidad, Educación y competencias sociales y tributarias deben volver al orden nacional para asegurar realmente la igualdad de todos los españoles y no las desigualdades territoriales que hoy en día se están consagrando.
Es un hecho natural que cuando un “nicho electoral” queda huérfano, una nueva oportunidad política surge para quien lo ocupe. Hoy el PSOE aún intenta pescar en esta nueva corriente, pero necesariamente sus inclinaciones van por el camino del pactismo y del apaciguamiento, lo que en el medio plazo lo incapacita para poder representar la nueva realidad política que esta surgiendo.
Podemos por naturaleza es incompatible con la nueva situación que afronta la izquierda española, lo que le hace ser un estorbo del pasado reciente. Para la nueva izquierda jacobina el primer objetivo debe ser la destrucción de Podemos y así  poder, con la fuerza y vigor de la unidad, hacer frente a la derecha reaccionaria y traidora, defensora del capital y no de las libertades.
La gran batalla, en la que lo nuevo debe derrotar a lo viejo, no está muy lejana pues los partidos del régimen van camino de aceptar la traición del apaciguamiento y abrir para los nacionalistas una modificación constitucional  para “federalizar” España. Que nadie se llame a engaño, la España Federal que se presenta será asimétrica, y  consagrará la diferencia entre españoles de primera, segunda o tercera dependiendo del peregrino hecho del lugar en el que se nace o vive.
En ese momento dos conceptos políticos que superan la dicotomía izquierda/derecha se van a enfrentar; de esta lucha o saldrá una nueva clase política o quedará consolidada la casta corrupta que actualmente nos dirige.
La izquierda jacobina en la lucha en defensa de la patria, la constitución y la igualdad de todos los españoles, debe ser protagonista y no dejar que nuestras banderas queden en manos de la extrema derecha, casposa y racista, que a la mínima ensalza al dictador Franco como modelo de gobernante.
La democracia la debemos defender los demócratas; la patria, la debemos defender los patriotas, la igualdad y la virtud, los socialistas.
En la lucha por la patria y la democracia debemos estar por lo tanto unidos con quienes compartan estos valores con independencia de su ideología, con excepción de los fascistas sea cual sea su signo.


Es hora de aniquilar el maniqueísmo impostado de lo “políticamente correcto” para unir a los trabajadores de toda clase en la defensa de la justicia y la libertad; en la defensa de una España unida y democrática.


sábado, 7 de octubre de 2017

Cataluña camino del enfrentamiento civil




“Si esta parte del pueblo intenta disolverse del resto de la nación y separar su territorio, intervendría el soberano para mantener la integridad del dominio" (Saint-Just)


Han pasado dos semanas desde que escribí mi anterior artículo sobre la situación en Cataluña y desde entonces las cosas no han ido sino a peor.
Los separatistas catalanes han tomado ya el irreversible camino de la secesión en una alocada carrera hacia el abismo.
Por otro lado, un gobierno de inanes presidido por el inútil y engreído Sr Rajoy se ha dedicado, lisa y llanamente a no hacer nada, dejando que la rebelión se extienda libremente por el territorio catalán fuera de todo control por parte del Estado.
La incapacidad del ejecutivo español para controlar la situación terminó el pasado 1 de octubre en el mayor de los fracasos, y aún no ha sido convenientemente explicado.
Cuando ya no había opciones reales de impedir la votación ilegal del referéndum convocado por la Generalitat,  gracias a la inacción de los Mossos d´Esquadra, Rajoy y sus secuaces mandaron a la policía y la Guardia Civil a una misión imposible que requería el uso de una violencia inútil. Las escenas de la intervención policial como consecuencia,  se hicieron virales para beneficio de los independentistas.
Desde estas líneas muestro mi apoyo a los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado pues dada la ratonera a la que sus mandos políticos les enviaron, solo su profesionalidad y valor evitó desgracias mayores.
En unos días se habla de que Puigdemon hará la Declaración Unilateral de Independencia (DIU) y en un último acto, la situación se transformará en tan incontrolable como imprevisible.
El grave problema por el que creo que en Cataluña de van a vivir situaciones muy desagradables, parte de que la política ya no la hacen los políticos sino la calle, y la masa dominada por un sentimiento ya no atiende a razones.
El gobierno catalán, con Puigdemon a la cabeza, ya no controla la situación pues es prisionero de sus palabras, de las CUP y de un millón y medio de catalanes que sienten y creen en la independencia.
Frente a ellos tenemos un gobierno cobarde, lleno de leguleyos acomplejados que en su inacción han dejado huérfanos de liderazgo a los ciudadanos no independentistas de Cataluña y por extensión, a los del resto de España.
El discurso del Rey, valiente y decidido, supuso un consuelo momentáneo para una mayoría silenciosa  que ante el completo abandono de sus autoridades se está viendo obligada a organizarse para su propia defensa.
Como en el caso catalán, en España el gobierno ha perdido la iniciativa política y será en los próximos días la calle la que también le marque la agenda.
Por lo que he señalado,  creo que hace ya algunos días que hemos pasado el “punto de no retorno” respecto a lograr evitar que las calles se incendien, no solo en Cataluña sino por efecto contagio en toda España.
Como tantas veces en la historia de España,  una clase política inepta e inútil se encuentra dirigiendo el país en el momento más crítico para su propia conservación; y como tantas veces, será el pueblo quien tome lamentablemente el protagonismo.
Lo lamento porque cuando es la gente quien se convierte en protagonista de la política, esto significa el fracaso del sistema por su incapacidad para dar soluciones efectivas a los problemas que nunca debieron llegar a la calle.  
Así las cosas las calles en Cataluña están controladas por los independentistas que tras la DIU intentarán el control efectivo de las mismas, junto con una parte de los Mossos.
Por otro lado, los catalanes no independentistas junto con el apoyo de parte de la ciudadanía española imbuida de un renacido patriotismo,  ante la situación sin salida que se les plantea, reaccionará poniendo en cuestión el control de la calle llevando a la confrontación.
El Estado es el depositario exclusivo de la violencia legítima, pero en Cataluña en estos momentos parte del Estado, como lo es la Generalitat, se encuentra en desobediencia declarada y efectiva, hoy en las calles de Barcelona las leyes españolas y la Constitución son papel mojado.
Desde ahora cualquier cosa es posible pues cuando el protagonismo de la historia vuelve al pueblo, son los sentimientos y no la razón quienes dirigen las acciones.
Por su inacción el gobierno será el máximo responsable de lo que ocurra en Cataluña más allá de la culpabilidad en la causa de todo lo que está pasando que por derecho propio la tiene la Generalitat y el Parlament.
Desgraciadamente como en 1808, la patria está en peligro y una vez más el pueblo está llamado a salvarla; ojalá me equivoque y en último momento la cordura se imponga y se evite el conflicto civil.
Como decía Robespierre: “¿Qué es la patria sino el país en el que todo ciudadano es partícipe de la soberanía? Únicamente en un régimen democrático el Estado es verdaderamente la patria de todos los individuos  que lo componen y puede contar con tantos defensores interesados en su causa, como ciudadanos haya en su seno”
Yo en estos momentos  estoy con las leyes que son el reflejo de la voluntad general, y hago mío e innegociable el artículo 2 de nuestra Constitución: “La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas”

De lo que suceda en estos días dependerá el futuro de este país durante los próximos años, una responsabilidad que en la medida de nuestra situación nos corresponde a todos.

sábado, 23 de septiembre de 2017

Cataluña: Game Over



“Frente a ese sentimiento de una Cataluña que no se siente española, existe el otro sentimiento de todos los demás españoles que sienten Cataluña como ingrediente y trozo esencial de España. Sin el sentimiento de los unos es respetable, no lo es menos el de los otros” (Ortega y Gasset)



Con frases como la que abre este texto  en 1932, el filosofo Ortega y Gasset intento acometer el  “problema catalán” en las Cortes Constituyentes de la II República; fracasó y en 1934 la proclamación de independencia de Cataluña asesto un duro golpe al sistema republicano dejándolo indefenso ante el alzamiento de 1936.
Todo terminó en 1939 cuando las tropas Franquistas desfilaron por Barcelona y Cataluña, no solo no ganó la independencia, sino que perdió su autonomía.
Decía Voltaire: “La tierra es un vasto teatro donde la misma tragedia se presenta bajo nombres diferentes”
Una vez más en la historia de España, nos encontramos ante unos acontecimientos transcendentales que marcarán durante muchos años el devenir político nacional.
La locura y la ignorancia se están adueñando de la realidad política, y cualquiera con unos mínimos conocimientos jurídicos, no puede más que sentir vergüenza respecto a los argumentos legales que se están dando por parte de los defensores de la independencia catalana.
De nada sirve señalar que lo que verdaderamente garantiza la libertad es la ley, pues en un sistema democrático la ley es la representación de la voluntad general de todos los ciudadanos y por lo tanto, nosotros mismos por el pacto social estamos obligados por ella.
El respeto a las leyes y más aún a la ley fundamental, la Constitución, es una obligación además de política, moral.
Pero cuando se pone en cuestión la existencia del derecho mismo hacer apelaciones teóricas al fundamento de lo que es el derecho es simple intelectualismo inútil.
Señalar la definición kantiana de que el derecho es el conjunto de condiciones bajo las cuales el arbitrio de uno puede conciliarse con el arbitrio de otro según una ley universal de la libertad, da un toque de erudición que a los que estos días escriben y salen a la calle en defensa del referéndum de Cataluña, les importa más bien un bledo.
El tiempo de la Razón ha muerto, y vivimos en los monstruos de su sueño, donde como Orwell señala: LA GUERRA ES LA PAZ/LA LIBERTAD ES LA ESCLAVITUD/LA IGNORANCIA ES LA FUERZA
Yo, tonto de mí, antes de ponerme a escribir sobre el tema catalán volví a desempolvar mis libros de política, aquellos donde nacen las actuales construcciones teóricas de las instituciones, desde Montesquieu pasando por mi querido Rousseau, por Locke, Kant, Mill, Kelsen, Carl Schmitt, Ortega….
Pero desgraciadamente, llegados  a este punto, es una realidad lo señalado por el ministro de propaganda Nazi, Joseph Goebbels, materializado por los independentistas en todos los medios de comunicación donde hablan: “Miente, miente, miente que algo quedará, cuanto más grande sea la mentira más gente la creerá”
¿Para que sirve exponer principios jurídicos cuando un parlamentario catalán dice sin sonrojarse  que el Parlament es soberano y que en todo caso hay dos legalidades, la del Estado Español y la del Estado Catalán?
Cuando se subvierte e ignora todo un sistema jurídico, los clásicos señalaban que se volvía al estado de naturaleza, una situación que para los independentistas catalanes debe resultar idílica. Un estado donde sus derechos se limitan a hacer lo que sus propias fuerzas te permiten, donde cada individuo es legislador, ejecutor y juez; donde como consecuencia, la inseguridad es total y el mismo derecho a la vida no vale nada.
Por si fuera poco, gente que se considera de izquierdas apoya este disparate, asumiendo que todo vale con tal de lograr atacar al gobierno y al sistema, que los principios son mutables y que el fin justifica cualquier medio.
Yo no soy  marxista, pero he leído a Marx y o soy muy tonto o en el mismo Manifiesto Comunista que el señor Garzón y Pablo Iglesias han dicho leer, se señala de forma inequívoca:
 ”Los obreros no tienen patria. No es posible quitarles lo que no tienen. Puesto que le proletariado aún tiene que conquistar para sí el poder político…
En la medida en que es abolida la explotación de un de una nación por otra.
Con la desaparición de la contradicción de las clases en el seno interno de la nación, desaparece la posición hostil de las naciones entre sí”
Marx señala en su párrafo final:
“Las clases dominantes pueden temblar ante una revolución comunista. Los proletarios no tienen otra cosa que perder en ella que sus cadenas. Tienen un  mundo que ganar. ¡Proletarios de todos los países, uníos!”
Podemos no solo se pone en contra de la ley sino que por atacar el sistema, se pone del lado de los nacionalistas catalanes, destruyendo cualquier principio social que hubieran pretendido enarbolar.
La situación va más allá de un simple referéndum, es un ataque a la Constitución y al sujeto soberano que la aprobó, la soberanía nacional que reside en el pueblo español.
Yo me declaro de izquierdas, pero de una izquierda nacional que busca la igualdad de los ciudadanos y no la desigualdad de los territorios.
Como bien señalaba Robespierre: “¿Qué es la patria sino el país en el que todo ciudadano es participe de la soberanía? Únicamente en un régimen democrático el Estado es verdaderamente la patria de todos los individuos que lo componen y puede contar con tantos defensores interesados en su causa, como ciudadanos haya en su seno”. 
El problema al que nos enfrentamos es gravísimo no tanto por el ataque del separatismo catalán a la unidad sino por el lamentable estado en que se encuentran las instituciones  nacionales sumidas en su gran mayoría en la corrupción y el descrédito.
“La Constitución se sostiene con la bondad de las costumbres con el conocimiento y el profundo sentido de los sagrados derechos del hombre”, dice Rousseau y en España ese sostén no existe.
El gobierno del Partido Popular y del Sr Rajoy representa la corrupción y la defensa de los derechos de una oligarquía financiera que lleva décadas gobernando este país en la sombra y saqueando sus riquezas.
El uso legítimo de la fuerza que requiere la situación de rebelión en Cataluña, será siempre miedoso y acomplejado porque  la autoridad moral del gobierno que debe ordenarlo no existe.
No hay que olvidar que una institución que no tiene ya la decisión de defender por todos los medios su estabilidad, ha claudicado prácticamente. Toda indecisión es una señal visible de ruina interior que debe ser seguida, tarde o temprano por el colapso externo.
En España ya no hay españoles, pues los complejos del pacto que nos llevo desde la Leyes Fundamentales del Régimen Franquista a la Constitución del 78 han llevado a las autoridades a poner acentos al patriotismo cuando el patriotismo no puede ni debe tener acentos en un país sano.
Los Franceses son tan republicanos como patriotas y por eso no son fascistas, simplemente defienden una admirable tradición jacobina que llevo a los ciudadanos a ser libres e iguales.
Señala Montesquieu: “Que los que llamo virtud en la república es el amor a la patria, es decir, el amor a la igualdad. No se trata de una virtud moral no tampoco de una virtud cristiana, sino de la virtud política”
Es muy triste ver estos días la soledad de España;  la soledad de nuestra madre patria en la que sus  propios hijos se avergüenzan de ella.
La patria no es el suelo, es la comunidad de afectos, que hace que, combatiendo por la salud o la libertad de quien le es querido, la patria se encuentra defendida, decía el revolucionario Saint-Just
España, una vez más en su historia, se encuentra ante una crisis de colosales proporciones justo cuando una clase dirigente indigna y corrupta la gobierna; pero tengo la confianza de que los ciudadanos que ahora se refugian en el silencio de la frustración, responderán con valor y coraje cuando el “2 de mayo” que está por venir así se lo exija.
El gobierno de Rajoy junto con el PSOE y Ciudadanos intentarán mantener su régimen corrupto y por ello pactaran con los independentistas catalanes la más deshonrosa de las paces; el régimen y sus partidos ganaran tiempo, pero su traición no quedará impune.
Podemos en su traición a la izquierda y al 15M en su ansia de poder logrará regresar a la marginalidad de donde, visto lo visto, nunca debió salir. 
Hoy los españoles estamos solos pero tengo la esperanza de que lograremos evitar que esta crisis sea el principio de una tragedia y si lo sea de un nuevo renacimiento. 
Para concluir este texto vienen a mi recuerdo las últimas frases del discurso que Manuel Azaña pronunció en Barcelona el 18 de julio de 1938:
“No es verdad eso de que no hay mal que por bien no venga, pero del dolor sufrido procuraremos sacar, como es lógico, el mejor bien posible. Pero cuando los años pasen, las generaciones vengan y la antorcha pase a otras manos y  se vuelvan a enfrentar las pasiones de unos y otros. Pensad en los muertos  que reposan en la madre tierra ya sin ideal, y que nos envían destellos de su luz, de la que la Patria daba a todos sus hijos: paz, piedad y perdón"

domingo, 30 de julio de 2017

Venezuela merece libertad

“Los pueblos a quienes no se hace justicia se la toman por sí mismos más pronto que tarde” (Voltaire)

Hoy en Venezuela se vive una jornada vital para el devenir político del país, un momento clave para determinar si aún hay una oportunidad de lograr el fin pacífico de la dictadura o definitivamente la fuerza, debe ser combatida con la fuerza.
Yo en un tiempo he participado en Podemos donde se defiende a ultranza esta dictadura, entonces pensaba que ese partido era una opción de cambio; hoy solo puedo ver con tristeza mi error y ver en el ejemplo venezolano las graves consecuencias que puede acarrear poner en el poder a salva patrias sin escrúpulos ni moral.
Y es que conforme a los parámetros clásicos que definen una democracia; derechos fundamentales reconocidos y garantizados, cumplimiento de las leyes, separación de poderes… Venezuela solo se puede definir ya como una dictadura.
Hoy los venezolanos son llamados por  Maduro a votar representantes a una “Asamblea Nacional Constituyente”, pero en eso pomposo nombre solo hay una simple verdad; el dictador busca volver a legitimar su poder.
La constitución venezolana actual que es precisamente obra de Hugo Chávez, es la que está siendo atacada por Maduro, la última garantía formal de democracia que se opone al tirano.
Es lamentable que personas en España que se denominan “de izquierdas” defiendan este tipo de artimañas políticas de la más grosera ejecutoria que son lo más parecido a como la dictadura Franquista legitimaba sus leyes fundamentales.
En la lucha de la libertad contra la tiranía no se puede ser tibio, y es necesario tomar partido, por ellos yo me declaro abiertamente partidario de la gente que con riesgo de su vida hoy se enfrenta en la calles de Venezuela a los esbirros de Maduro.
Ser progresista significa considerar que quien oprime a una sola nación sea declarado enemigo de todas. Aquellos que hacen la guerra a un pueblo para detener los progresos de la libertad y aniquilar los derechos del hombre deban ser perseguidos por todos, no ya como enemigos ordinarios, sino como  asesinos.
Hoy Venezuela también es mi patria y desde España deseo en estas líneas dar un abrazo fraternal a todos aquellos que en un día tan difícil aún a riesgo de su vida se enfrentan a un régimen tan corrupto como tiránico.
Como señalaba Manuel Azaña: ”La libertad no hace felices a los hombres; los hace, simplemente hombres.”
Los hombres y mujeres de Venezuela en su lucha por la libertad y por la dignidad nos representan a todos los que soñamos con un mundo más justo y libre.
Termino este texto apelando al artículo 35 de la Declaración de los Derechos del Hombre y del ciudadano de 1793 que señala:

“Cuando el gobierno viola los derechos del pueblo, la insurrección es, para el pueblo y para cada una  de sus partes, el más sagrado de sus derechos y el más indispensable de sus deberes”

domingo, 25 de junio de 2017

Sobre la Gestación Subrogada

“En el lugar de lo que tiene un precio puede ser colocado algo equivalente; en cambio, lo que se halla por encima de todo precio y no se presta a equivalencia alguna, eso posee una dignidad”(Immanuel Kant)


Esta semana se discute en el parlamento la polémica propuesta de Ciudadanos sobre la regulación de la “gestación subrogada”, o sin tanto eufemismo políticamente correcto, lo que el común de los mortales llamamos: “vientres de alquiler”
No voy a entrar a hablar sobre la regulación concreta que se presenta a las Cortes porque en si mismo, la sola propuesta es ya una enorme aberración tanto moral como jurídica.
En el campo moral toca recordar el imperativo categórico kantiano en su segunda formulación: “Obra de tal modo que uses la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre al mismo tiempo como un fin y nunca como un medio”   
Con independencia de las creencias y convicciones morales que cada uno tenga, la sola idea de normalizar como algo normal y moralmente saludable los “vientres de alquiler” no deja de ser problemático.
Solo desde el punto de vista del Utilitarismo más radical, podríamos concluir que convertir a una mujer en una incubadora para una pareja u otra persona, no resulta reprobable.
En todo caso, el ámbito moral no resulta definitorio para una oposición a esta medida dado que la moral por naturaleza es autónoma y por lo tanto, legisladora respecto al individuo y no respecto a la colectividad.
En este sentido, si no se está conforme con esta legislación, nada impide al individuo no participar de ella dado que no se nos impone como una norma de obligación.
Pero lo señalado en el campo de la moral ya nos avisa de lo que es completamente reprochable  en el campo del Derecho.
Y es que el admitir que una mujer pueda durante un tiempo alquilar su útero en favor de unos terceros, gestando una nueva vida, es muy complejo y afecta tanto a los derechos fundamentales de la gestante como a los del nasciturus.
Y es que frente al supuesto derecho a ser padres aparece el derecho fundamental a la dignidad tanto de la “madre de alquiler” como del niño.
Tantos siglos luchando en favor de la dignidad de las personas para que unos supuestos reformadores, supuestamente “liberales”, intenten consolidar un retroceso jurídico equiparable al del restablecimiento de la servidumbre personal.
Y es que necesariamente para admitir la plenitud en derecho del “vientre de alquiler” tenemos que desempolvar el reaccionario concepto de derecho personal de carácter real, propio de la sociedad estamental y contrario a los principios de igualdad y libertad, a toda constitución moderna y por supuesto a los derechos humanos.
Un derecho real es el que tiene una persona sobre una cosa, por ejemplo el derecho de propiedad es de este tipo.
Un derecho personal de carácter real se definiría como el derecho del hombre de tener a una persona exterior a él como lo suyo.
¿Estamos dispuestos a que en el año 2017 se establezca un tipo de derecho de la misma clase que el que justificaba  la servidumbre personal antes de 1789?
Sobre lo que supone el “vientre de alquiler”, en cuanto derecho  personal de carácter real respecto a una mujer, hay que señalar que en este acto la mujer que alquila  su útero se convierte a sí misma en cosa, lo cual contradice el derecho de la humanidad en su propia persona, es decir, su dignidad.
Por otro lado, la adquisición temporal del útero de la mujer es a la vez adquisición temporal de la persona entera, porque esta es una unidad absoluta.
Por tanto, siguiendo la doctrina del derecho nos encontramos que la gestación subrogada  en cuanto derecho personal de carácter real es contraria a la dignidad y a los derechos fundamentales que rigen en todo Estado Democrático y de Derecho.
En este sentido nuestra constitución en relación con los Derechos y Deberes fundamentales, confirma en su artículo 10.1: “La dignidad de la persona, los derechos inviolables que le son inherentes….”
Así pues, desde un punto de vista jurídico-filosófico  podemos reprobar que nuestro parlamento decida establecer en una ley la regulación de los “vientres de alquiler” pues es en sí mismo, un inmenso retroceso de dudosa legalidad constitucional.
Esta medida de Ciudadanos que con apariencia “buenista” se nos presenta, es sin duda un serio ataque a la dignidad de las mujeres y lo que es más terrible, rompe la necesaria búsqueda legal de la igualdad; pues los “hombres gestantes” no existen.
¿Quiénes serán los principales ejercientes de este derecho? Basta ver un poco la actualidad del famoseo para observar como son  los hombres los primeros “arrendatarios uterinos”, pues como es normal, uno alquila lo que no tiene.
Quedaría ahora analizar los derechos del nasciturus y las complicaciones legales que después de su nacimiento se suscitan; pero precisamente, es este aspecto en el que ha incidido más el informe que ha emitido el Comité de Bioética encargado de valorar este asunto.
Pido disculpas si el presente texto es algo farragoso, pero en temas tan controvertidos y complejos, prefiero sacrificar algo de claridad en favor del rigor expositivo.
Termino pues como empecé,  declarando mi total oposición a la regulación de la gestación subrogada que esta semana Ciudadanos somete al parlamento bajo una falsa apariencia de modernidad y que nos retrotrae al derecho medieval.  

domingo, 11 de junio de 2017

Una Moción de Censura de postureo

“Nunca interrumpas a tu enemigo mientras está cometiendo un error” (Napoleón)


Cuando con el tiempo se pueda analizar con objetividad el fenómeno de Podemos, el resumen de todo será, como se pudo desperdiciar en tan poco tiempo tan inmenso caudal de ilusiones y esperanzas.
Podemos capitalizó el desorden transversal de las calles del 15M y lo ordenó y organizó de tal forma  que en tiempo récord el “partido de la gente”, se transformó en un partido más de la “casta”.
Sin nada nuevo que ofrecer y perdido en estériles propuestas que no llegan a ninguna concreción real, el partido de los Círculos simplemente es un partido que vive por y para la propaganda, pero para una propaganda vacía que empieza a sonar a mentira.
Qué el Partido Popular es un partido carcomido y podrido por la corrupción es algo evidente, pero si se quiere ser realmente efectivo en el ataque, no basta con  la simple crítica, es necesario a través del propio ejemplo y con propuestas concretas mostrar que otra forma de hacer política es posible.
La moción de censura que plantea Podemos desde el principio estaba mal concebida y en ningún momento ha contado con la seriedad necesaria para poner realmente en peligro al gobierno del PP
Se ha apostado por el simple postureo de acaparar titulares en los medios de comunicación, más que por mostrar a la ciudadanía la seriedad de una propuesta política que pretende cambiar las cosas, sobre la base de cambiar la realidad de las personas.
Que Pablo Iglesias y su novia asuman todo el protagonismo este martes, deja muy a las claras que esta moción de censura es un acto de simple exaltación personal sin constituir realmente un frente político capaz de inquietar el actual estado de cosas. 
Un candidato alternativo de consenso y no vinculado directamente con el partido, el acuerdo con otros partidos, asumiendo que no era necesario ser el protagonista principal de la moción, hubieran permitido verdaderamente poner contra las cuerdas al gobierno pues sobran elementos para una censura así presentada; todos los que le faltan a la que se ha presentado.
Me temo que difícilmente Podemos y  Pablo Iglesias van a salir indemnes de esta fallida moción de censura pues lo que antes eran vino y rosas para los morados, hoy empieza a ser severa indiferencia.
Uno puede ponerse delante de un movimiento durante un tiempo pero si de verdad quiere dirigirlo, debe ser capaz no solo de ir delante sino también de marcar la dirección conforme al sentir general.
Podemos se puso a la cabeza de la indignación y levantó sus banderas, pero me temo que ahora el camino de Podemos va por un dado y el de la indignación por otro.
El martes veré con atención lo que sucede en el Congreso de los Diputados pues no se me escapa que el futuro político de Pablo Iglesias, se juega en aparte este 13 de junio.
Hay personas a las que su ego y su propia vanidad llevan a la perdición de una exposición pública sin necesidad y sin ningún beneficio ni para ellos ni para la sociedad a la que dicen servir.
La corrupción quedará en un segundo plano, mientras, perdidos todos en los fuegos de artificio parlamentarios, nos preocupamos de lo que dicen unos y otros para proceder a una votación que ganará arrolladoramente el gobierno.
La Corte podemita  me temo que ha sobrestimado su capacidad  y puede que haya mandado al “amado líder” en lugar de a la sublime cumbre de una montaña,  a la caldera de un volcán a punto de entrar en erupción.  

lunes, 1 de mayo de 2017

En el lodazal de la corrupción política española

“Todo en esta vida es susceptible de mejoras. Toda derrota puede ser la precursora de una futura victoria; toda guerra perdida puede convertirse en la causa de un resurgimiento ulterior; toda miseria puede ser el semillero de nuevas energías humanas y toda opresión puede engendrar también las fuerzas impulsoras de un renacimiento moral” (M. Robespierre)


En estos días la ciudadanía ha podido contemplar con una mezcla de estupefacción y asco como se han ido sucediendo los escándalos de corrupción, con especial aplicación en el PP madrileño.
Hace mucho que vengo señalando que las relaciones inmorales e ilegales existentes entre el poder político y el poder económico en este país son ya endémicas y tanto empresarios como políticos, se necesitan mutuamente porque mutuamente se generan.
Ya no me escandaliza la corrupción precisamente porque he comprendido que la corrupción política en nuestro país, no es la causa sino el efecto de un sistema que necesita la corrupción para funcionar. Igual que una bombilla al dar luz produce calor, nuestro sistema político al funcionar produce corrupción; será en interés de todos el conseguir cambiar la vieja e ineficiente bombilla por una nueva que dé más luz y casi no genere calor.
En España, mientras no haya separación de poderes y no se simplifiquen  los cuatro solapados niveles de la administración (municipal, provincial, autonómico y estatal), habrá corrupción y esta seguirá siendo una epidemia en tanto en cuanto la representación política esté secuestrada por los partidos políticos. La palabra partidocracia define a la perfección la oligarquía senatorial que nos gobierna y que dirige al Estado como su propiedad particular.
Puedo decir sin temor a equivocarme que la única diferencia entre lo que está pasando en Madrid y lo que hay en las otras 16 Comunidades Autónomas radica en el nivel de investigación e interés judicial.
En Castilla y León con más de 20 años de gobiernos del PP no hay que ser una eminencia para intuir lo que puede haber debajo de las alfombras. Una red clientelar de este nivel es muy difícil de  poner en evidencia más cuando los medios de comunicación regionales, que viven gracias al poder, son sumisos y están tácitamente controlados. Lo señalado es extrapolable a todas y cada una de las CCAA.
Lo natural en una sociedad madura sería sustituir el sistema político podrido por otro más eficaz y resistente a la corrupción; pero todo sistema clientelar en el que prosperan al calor de poder muchas personas y empresas,  es por naturaleza inmovilista y se defenderá con uñas y dientes de todo cambio.
Mientras el PP chapotea en la pestilente corrupción, el PSOE se limita a una crítica de baja intensidad sabiendo que ellos también tienen aguas corruptas que ocultar.
Respecto a los que en su día se llamarón “partidos nuevos” definitivamente se han mimetizado en el sistema y su aspiración parece no ir más allá de entrar a formar parte de la oligarquía partidocrática para compartir sus privilegios y servir sus intereses.
Ciudadanos en su complicado equilibrio en el centro del tablero político ya no aspira realmente a cambiar el sistema, ni tan siquiera a una reforma sustancial; simplemente busca apuntalar sus ruinas mientras trata de heredar al PP.
Podemos por su parte ha perdido su espíritu transversal y de reforma y después de Vistalegre II, es un típico partido de izquierdas radical que pretende un cambio hacia un sistema socialista  y no hacia una democracia real.
Así las cosas estamos en el mismo punto de partida de desencanto y frustración que generó el 15M pero con la diferencia de que por ahora Podemos impide un movimiento espontaneo en la calle.
Resulta curioso que aquello que en sus inicios dio miedo al sistema, se haya transformado en cómplice del mismo  pues con su desmesurada radicalidad, está ayudando a que nada cambie.
Sabias palabras las de Adam Smith al señalar: “La vehemencia del partido que rehúsa todo paliativo, toda templanza, toda razonable adaptación, al exigir demasiado con frecuencia no obtiene nada, y las molestias y dificultades que con un poco de moderación podrían haber sido eliminadas y aliviadas, quedan ya sin esperanza de remedio”
Yo creo que la acción política debe basarse en la eficaz armonía entre los principios y una ejecutoria bien definida, donde quede de manifiesto que otra forma de hacer política es posible. 
Tras el fracaso de Podemos, en el panorama político español hay un inmenso hueco social y electoral esperando ser ocupado; es solo cuestión de tiempo  el que conozcamos cómo y por quién será ocupado.
Superado el eje: derecha/izquierda,  quien acepte el eje: los de abajo/los  de arriba; habrá devuelto a la actualidad política la idea de que el cambio es posible y que hay posibilidades de un futuro mejor y más justo.
Toca retirarse durante un tiempo, pero en ningún modo con ánimo de derrota sino para tomar impulso de cara a las nuevas ilusiones que están por llegar.
Mientras, siempre nos queda entretenernos con charlotadas al estilo Podemos en forma de show multimedia y ver con tristeza como las ilusiones perdidas son verdades halladas.