“Si esta parte del pueblo intenta disolverse del resto de la nación y separar su territorio, intervendría el soberano para mantener la integridad del dominio" (Saint-Just)
Han pasado dos semanas
desde que escribí mi anterior artículo sobre la situación en Cataluña y desde
entonces las cosas no han ido sino a peor.
Los separatistas
catalanes han tomado ya el irreversible camino de la secesión en una alocada
carrera hacia el abismo.
Por otro lado, un
gobierno de inanes presidido por el inútil y engreído Sr Rajoy se ha dedicado,
lisa y llanamente a no hacer nada, dejando que la rebelión se extienda
libremente por el territorio catalán fuera de todo control por parte del
Estado.
La incapacidad del
ejecutivo español para controlar la situación terminó el pasado 1 de octubre en
el mayor de los fracasos, y aún no ha sido convenientemente explicado.
Cuando ya no había
opciones reales de impedir la votación ilegal del referéndum convocado por la Generalitat,
gracias a la inacción de los Mossos d´Esquadra,
Rajoy y sus secuaces mandaron a la policía y la Guardia Civil a una misión
imposible que requería el uso de una violencia inútil. Las escenas de la
intervención policial como consecuencia, se hicieron virales para beneficio de los
independentistas.
Desde estas líneas
muestro mi apoyo a los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado pues dada la
ratonera a la que sus mandos políticos les enviaron, solo su profesionalidad y
valor evitó desgracias mayores.
En unos días se habla
de que Puigdemon hará la Declaración Unilateral de Independencia (DIU) y en un
último acto, la situación se transformará en tan incontrolable como
imprevisible.
El grave problema por
el que creo que en Cataluña de van a vivir situaciones muy desagradables, parte
de que la política ya no la hacen los políticos sino la calle, y la masa dominada
por un sentimiento ya no atiende a razones.
El gobierno catalán, con
Puigdemon a la cabeza, ya no controla la situación pues es prisionero de sus
palabras, de las CUP y de un millón y medio de catalanes que sienten y creen en
la independencia.
Frente a ellos tenemos
un gobierno cobarde, lleno de leguleyos acomplejados que en su inacción han
dejado huérfanos de liderazgo a los ciudadanos no independentistas de Cataluña
y por extensión, a los del resto de España.
El discurso del Rey,
valiente y decidido, supuso un consuelo momentáneo para una mayoría silenciosa que ante el completo abandono de sus
autoridades se está viendo obligada a organizarse para su propia defensa.
Como en el caso catalán,
en España el gobierno ha perdido la iniciativa política y será en los próximos días
la calle la que también le marque la agenda.
Por lo que he señalado,
creo que hace ya algunos días que hemos
pasado el “punto de no retorno” respecto a lograr evitar que las calles se
incendien, no solo en Cataluña sino por efecto contagio en toda España.
Como tantas veces en
la historia de España, una clase
política inepta e inútil se encuentra dirigiendo el país en el momento más
crítico para su propia conservación; y como tantas veces, será el pueblo quien tome
lamentablemente el protagonismo.
Lo lamento porque
cuando es la gente quien se convierte en protagonista de la política, esto
significa el fracaso del sistema por su incapacidad para dar soluciones
efectivas a los problemas que nunca debieron llegar a la calle.
Así las cosas las
calles en Cataluña están controladas por los independentistas que tras la DIU intentarán
el control efectivo de las mismas, junto con una parte de los Mossos.
Por otro lado, los
catalanes no independentistas junto con el apoyo de parte de la ciudadanía
española imbuida de un renacido patriotismo, ante la situación sin salida que se les
plantea, reaccionará poniendo en cuestión el control de la calle llevando a la
confrontación.
El Estado es el
depositario exclusivo de la violencia legítima, pero en Cataluña en estos
momentos parte del Estado, como lo es la Generalitat, se encuentra en desobediencia
declarada y efectiva, hoy en las calles de Barcelona las leyes españolas y la
Constitución son papel mojado.
Desde ahora cualquier
cosa es posible pues cuando el protagonismo de la historia vuelve al pueblo, son
los sentimientos y no la razón quienes dirigen las acciones.
Por su inacción el
gobierno será el máximo responsable de lo que ocurra en Cataluña más allá de la
culpabilidad en la causa de todo lo que está pasando que por derecho propio la
tiene la Generalitat y el Parlament.
Desgraciadamente como
en 1808, la patria está en peligro y una vez más el pueblo está llamado a
salvarla; ojalá me equivoque y en último momento la cordura se imponga y se
evite el conflicto civil.
Como decía
Robespierre: “¿Qué es la patria sino el país en el que todo ciudadano es partícipe
de la soberanía? Únicamente en un régimen democrático el Estado es verdaderamente
la patria de todos los individuos que lo
componen y puede contar con tantos defensores interesados en su causa, como
ciudadanos haya en su seno”
Yo en estos momentos estoy con las leyes que son el reflejo de la
voluntad general, y hago mío e innegociable el artículo 2 de nuestra Constitución:
“La
Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española,
patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el
derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad
entre todas ellas”
De lo que suceda en
estos días dependerá el futuro de este país durante los próximos años, una
responsabilidad que en la medida de nuestra situación nos corresponde
a todos.

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