sábado, 27 de abril de 2019

Reflexiones para una jornada de reflexión y una de votación


“La palabra político significa, originariamente, ciudadano, mientras que hoy, merced a nuestra perversidad, viene a significar embaucador de los ciudadanos. Habría que devolverle su auténtica significación” (Voltaire)

Después de mucho tiempo me asomo al papel en blanco para hilvanar algunas ideas sobre las elecciones que tenemos este fin de semana.
Hace ya mucho tiempo que vengo reflexionando sobre la terrible decadencia social y política que vive España pero pleno de mi congénito optimismo ilustrado, pensé  que de la “crisis catalana” podía salir algo bueno; hoy  creo que los independentistas  en sus ensoñaciones, han abierto las puestas del averno.
El resultado electoral que marquen las urnas este 28 de abril de 2019 será terrible sea cual sea, al menos para alguien que aún conserva la confianza en que la democracia no es solo una entelequia.
Y es que la democracia suele morir en manos de la democracia.  Cuando las instituciones que en teoría defienden los intereses generales, los derechos de los ciudadanos y los principios de justicia, libertad, igualdad y virtud, solo se defienden a sí mismas y a su propia casta de privilegiados; el camino de los “salva patrias” de toda ideología y condición esta expedito.
España viaja camino de los extremos gracias a que desde hace años su política sigue el inconsecuente principio de “acción/reacción”. Frente al excluyente nacionalismo independentista,  en lugar de un patriotismo constitucional y ciudadano, sobre las bases de la igualdad y la lucha contra los privilegios territoriales, ha aparecido un nacionalismo español con la peligrosa base de la sinrazón del sentimentalismo más zafio y casposo, propio de la posguerra.
Frente a una izquierda perdida en melifluas causas que rozan el delirio e incluso pervierten el lenguaje de todos y todas, imponiendo una insoportable dictadura de lo “políticamente correcto”; surge una derecha que con incienso y caspa nos trae otra dictadura en forma de moral neocatecumenal donde las leyes solo pueden estar al servicio de sus creencias.
Me niego a participar del mundo que va a salir de la lucha cainita entre lo malo y lo peor, entre el voto del miedo y el voto forofo.
Siempre pensé como Rousseau que la voluntad general es la voluntad del bien común, que con independencia de las propias ideas la idea del bien general debe ser la luz que ilumine la política y a los políticos.
Pero poco queda por salvar cuando el “adversario político”, se convierte en el “enemigo”, cuando se desprecia profundamente al oponente y se está dispuesto a pagar cualquier precio por destruirlo.
Si gana el PSOE no tengo dudas que pactará con los independentistas, si gana el PP o suma lo suficiente, pactará con VOX. ¿Por qué tengo que elegir entre lo malo y lo peor?
Quizás los pensamientos que comparto con el lector sean delirios de un ciudadano de un mundo ilustrado que ya no existe, condenado por ello en política al ostracismo y al mundo de los libros.
Puede que leer sobre política, sobre ideas, sobre sistemas sea una muestra intolerable de espíritu independiente; cada vez que veo un mitin lleno de gente fanatizada y forofa, coreando burradas a su líder, pienso que quizás el lema de la ilustración: “Todo para el pueblo, pero sin el pueblo” no era del todo falso.
La democracia de masas tal y como la entendemos está en una crisis que va más allá de España, pues afecta sin duda a todos los países occidentales; como brillantemente señalo Ortega y Gasset, vivimos en estos inicios del siglo XXI una nueva “rebelión de las masas”, donde todo el mundo se cree con derecho a todo.
He pasado mucho tiempo leyendo a los grandes clásicos de las ideas políticas, desde Hobbes a Rousseau, de Voltaire a Montesquieu, de Locke a Mill, de Marx a Schmitt… y ahora en el conocimiento encuentro la profunda infelicidad de comprobar que en realidad la política es un lodazal de mentiras, engaños e intereses.
Hoy me pierdo en fúnebres reflexiones porque en la oscuridad que me rodea, la única luz que veo en el túnel es la del tren que viene contra nosotros.
En esta jornada de reflexión viene a mi mente la frase de J.J. Rousseau: “El pueblo inglés cree ser libre, pero se equivoca; sólo lo es durante la elección de los miembros del parlamento; una vez elegidos, se convierte en esclavo, no es nada. En los breves momentos de libertad, el uso que de ella hace merece que la pierda.”
Hoy sábado 27 y mañana domingo 28 hasta las 20:00h el pueblo español será libre; después seremos esclavos de unos políticos que por lograr el poder serán capaces, como Fausto, de pactar con el mismísimo diablo para alcanzarlo.
Mañana haciendo un ejercicio de responsabilidad he decidido ir a votar, aunque entiendo y comprendo a quien decida no hacerlo.
Llegados a este punto miro hacia atrás y veo con tristeza como el sueño del 15M ha terminado trayendo los monstruos de VOX, gracias a la traición de Podemos.
De la historia he aprendido que los cambios sociales y políticos no se producen de un día para otro, se gestan durante años y decenios, es su expresión lo que se puede manifestar en un breve espacio de tiempo.
La Republica Romana no se derrumbó en un unos meses por la presencia de Cesar, la República ya estaba muerta; por eso  la muerte de Cesar no la resucitó como inocentemente pensaron Bruto y los demás conspiradores.
La Revolución Francesa no nace de la nada un 14 de julio de 1789, años de filosofía ilustrada, economía en decadencia y despotismo nobiliario fueron la causa de un efecto.
Mañana un partido como VOX entrará en el parlamento, como hace cuatro años lo hizo Podemos, no será la causa de la “nueva política”, será el efecto de años de decadencia de un sistema que hace aguas por todos los lados y de un malestar ciudadano que no ha encontrado cauces para expresarse.
Soy un demócrata y como Voltaire: “Aunque odie sus opiniones, daría mi vida por el derecho que tiene a expresarlas”. Esa es la diferencia entre quien cree en la en la libertad y la democracia y quien no; que el primero es capaz de respetar a aquellos que sabes que no te respetan a ti.
El fanatismo y la ignorancia hay que combatirlos desde la autoridad moral y solo en último término desde la fuerza.
Las tinieblas no se combaten desde las tinieblas y si no queremos terminar todos ciegos, es necesario que alguien mantenga la tenue luz de una vela encendida.
La política es demasiado importante para dejarla en manos de políticos, y aún sueño que llegará un día en que ciudadanos de bien puedan alcanzar cargos públicos sin necesidad de vender su alma al mediocre líder de su partido.
Aquí terminan mis reflexiones en el día en que por una vez todos recuperamos el status de “ciudadanos” (es decir participes de la soberanía), aunque como dice Rousseau, mañana volvamos a la nada.

lunes, 7 de enero de 2019

2019 y la muerte de la Ilustración



“Ilustración significa el abandono por parte del hombre de una minoría de edad cuyo responsable es el mismo” (Immanuel Kant)




En estos días de descanso he podido dedicar tiempo a la lectura y la reflexión reposada. Los inicios de año son un tiempo nuevo en el que hacer propósitos y tratar de reformar tanto de nuestras conductas como de nuestros pensamientos y  todo aquello que no nos gusta.
En la soledad de la lectura he encontrado inmenso placer y he podido reafirmar muchos de mis planteamientos tanto morales como políticos; por el contrario cada vez que me asomado al mundo, tanto real como digital, solo he sentido una enorme pena y un profundo desasosiego.
Pienso que la verdad de que quien no conoce la historia está condenado a repetirla, vuelve a imponerse sobre los escombros de un mundo que agoniza.
2019 ignoro si será un año bueno o malo, pero lo que si puedo señalar es que representará  para  mí, la muerte de un mundo en el que aunque tenue, aún brillaba la luz de la ilustración.
En política y en nuestra sociedad en general, ciertas personas llevan años tratando de desenterrar el pasado, y definitivamente han logrado desenterrar sus fantasmas. El problema radica en que cuando alguien resucita a uno de los bandos, esa resurrección es la de los dos bandos a la vez.
Hoy más que nunca veo como los fantasmas de la intolerancia, el dogmatismo, la manipulación y el odio están ya entre nosotros.
El hombre con toda su tecnología no deja de ser, como animal gregario, perfectamente previsible más aún cuando abandonando la senda de la razón decide desatar sus instintos y sentimientos.
No hay luz sin oscuridad, no hay día sin noche, no hay masculino sin femenino; la acción genera siempre una reacción en sentido inverso.
Cuando de resultas del 15M nació Podemos, solo era cuestión de tiempo que lo más radical y ultramontano de la derecha se agrupara; y hoy ya tenemos VOX en las instituciones.
Si Podemos hubiera sido el movimiento político transversal con que en sus inicios se disfrazó, hoy Vox posiblemente no sería lo que es; aunque es injusto señalar solo a Podemos como la causa de esta reacción de la extrema derecha. En este sentido es inestimable la acción de los independentistas catalanes que conforme a los principios que he señalado, con su ataque a la unidad nacional de España, han levantado un renovado y en algún caso rancio, nacionalismo español.
Pero, ¿a dónde nos lleva esta escalada de “acción/reacción “? Pues directamente a lo peor.
Cuando los radicalismos se imponen, la moderación se queda muda y termina pereciendo.
Señala de forma brillante Adam Smith:

“En un país enloquecido por las facciones, siempre quedan evidentemente unos pocos, y habitualmente muy pocos, que conservan un juicio no corrompido por la infección generalizada. Rara vez son más que individuos solitarios, desperdigados, sin influencia alguna y excluidos por su propia sinceridad de la confianza de las partes; aunque esas personas pueden ser las más sabias, resultan por ese mismo motivo las más insignificantes de la sociedad. Todas esas gentes son tratadas con desdén y escarnio, y normalmente detestadas por los fanáticos furiosos de ambas partes. Un genuino partidista odia y desprecia la sinceridad, y en verdad no hay vicio que lo descalifique tanto para la actividad partidaria como esa sola virtud. […] En consecuencia, la facción y el fanatismo han sido con diferencia los mayores corruptores de los sentimientos morales.”

Tiempos de radicalismo son tiempos de corrupción moral, de infantilismo y de un completo desprecio por el pensamiento crítico y la dignidad humana.
Esos tiempos son los que ya estamos viviendo y es por eso por lo que a los que amamos la filosofía y pensar libremente estos tiempos nos infundan un profundo temor.
Y es que basta al lector con que se asome a Twitter para ver el nivel de irracionalidad y sectarismo con que cualquier tema se debate sin el menos atisbo de reflexión.
Nadie razona nada, nadie se preocupa de buscar información objetiva sobre los temas, cualquiera puede lanzar sus opiniones sin más límite que el del mal gusto.
De trinchera a trinchera se dispara a cualquier incauto que pretenda ver puntos de encuentro o análisis razonados de los temas.
El lema no es otro que o estas conmigo o estás, contra mí; o eres un podemita perroflauta o un fascista casposo, no hay términos medios.
Cuando un adversario político se transforma en un enemigo, el camino de lo peor queda abierto, pues es cuestión de tiempo el considerar la violencia como un instrumento político más. Con un adversario político se dialoga e incluso se puede llegar a puntos de acuerdo, a un enemigo se le destruye.
Posturas maximalistas son el resultado obligado de esta situación, pues frente al dialogo los radicales siempre primarán la imposición.
No se me escapa que en este post se me acusará de equidistancia,  entre Podemos y Vox  pero me niego a entrar en ninguna trinchera que no sea la mía propia, la de un socialdemócrata comprometido con la libertad, la igualdad, la justicia y la virtud.  
Mi pluma mientras se pueda, siempre estará en la lucha de la libertad y la razón frente al totalitarismo y la imposición. En mi Blog hay entradas contra todo y contra todos siempre desde razonamientos que son fruto de la reflexión y el análisis.
Y es que la batalla que ya se está librando, no solo es política, sino moral y filosófica; aunque el dogmatismo nos aplaste, mientras el sueño ilustrado continúe vivo en un alma libre, la guerra no estará perdida.
¡Qué lejos quedan los sueños kantianos de ilustración y progreso! El “Sapere Aude” (atrévete a saber) ha quedado eclipsado por el infantil  “repite lo que te digan y no pienses” Así, la responsabilidad pasa a otros y yo me siento libre de repetir cualquier cosa sin más reflexión, a la sombra de mi sectaria manada.
Como decía Kant:

“Es tan cómodo ser menor de edad. Basta con tener un libro que supla mi entendimiento, alguien que vele por mi alma y haga las veces de mi conciencia moral, a un médico que me prescriba la dieta, etc., para que yo no tenga que tomarme tales molestias”