sábado, 26 de noviembre de 2016

Adiós Podemos

“Que los tutores del pueblo deban ser a su vez menores de edad constituye un absurdo que termina por perpetuar toda suerte de disparates” (I. Kant)



Muchas personas, incluido yo mismo, vieron con ilusión y esperanza el nacimiento de Podemos como el partido de la gente que venia a traer a la política institucional el espíritu abierto y rebelde del 15M.
Tres años después puedo afirmar ya sin lugar a dudas que las ilusiones perdidas son  verdades halladas, y Podemos se ha transformado en un partido plenamente definido en los roles clásicos de la extrema izquierda.
¿Dónde han quedado las ideas de transversalidad, de empoderamiento de la gente, de trabajo para recuperar la dignidad social mediante la acción política?
Pablo Iglesias ha decidido adoptar la estrategia de las trincheras, de la guerra burda y sangrienta de atacar a todo aquello que no comulgue con sus estrechos principios definidos en la radicalidad neocomunista y anticapitalista.  
La pugna interna entre los “moderados” y los “radicales” ha concluido con la victoria radical defendida desde la cúpula con el inestimable apoyo de la corriente anticapitalista. El próximo Vistalegre II  será la constatación del fin del espíritu de unidad social frente al de la ideologización militante. Si Errejón continua en este proyecto será a costa de tener que abandonar los principios que ahora defiende o sumergirse en las sombras de quien acepta cumplir ciegamente los mandatos que se le presentan.
Precisamente porque creo en la gente y en el cambio, considero que el camino emprendido por Podemos es completamente erróneo y cavando las trincheras, se está cavando también la sepultura del proyecto.
No siento el futuro fracaso que auguro a Podemos pues verdaderamente, los dirigentes que tomaron el mando del partido son gente que invita al terror; yo no les encomendaría ni tan siquiera la presidencia de mi comunidad de vecinos.
Si lamento que las cosas hayan tomado este curso tan excluyente es por la gente de bien que con toda su buena voluntad y sinceras ganas de cambio se unió al proyecto; personas que desde luego merecen mucho la pena pero cuyas voces claman en una falsa democracia interna cuya coartada se sostiene en las votaciones informáticas de “inscritos”. En todo caso les deseo lo mejor.
Yo mismo era un ente informático para esta organización; cuando me he dado de baja simplemente he tenido que dar a un botón en una página web, un número que desaparece y que a nadie importa.
Y es que Podemos en su nacimiento tomó impulso en la red, en un uso magistral de la información y de las redes sociales; simplemente arrasó a los demás partidos en este ámbito y descolocó completamente a los medios de comunicación clásicos.
Pero aquella brillante táctica se ha transformado en una simple saturación propagandística  donde se repiten consignas y se ataca a todo aquel que tiene la desfachatez de pensar de forma diferente; cada día la división de Trolls al servicio del partido lanza la campaña ordenada por el generalato podemita, pero también cada día están más desacreditados y por lo tanto, su impacto es menor.
Como en el libro 1984 repiten su: LA GUERRA ES PAZ/LA LIBERTAD ES LA ESCLAVITUD/LA IGNORANCIA ES LA FUERZA
Por desgracia para ellos, aún existe una minoría ilustrada y una mayoría silenciosa a la que cansan todas estas gilipolleces; ver a Ramón Espinar, el hipócrita líder madrileño, vestido de Superman no solo atenta contra la inteligencia sino también contra la estética.
Como muy bien decía mi admirado Voltaire: “Los que consigan hacerme creer en absurdos podrán hacerme cometer atrocidades”
Toda ideología política que se considera poseedora de la verdad cae en el negro abismo de la intolerancia y el fanatismo pues si yo conozco la verdad y otros mantienen unas ideas diferentes a las mías, no puedo concluir otra cosa más que están equivocados.
Así los fanáticos en política no pueden practicar el diálogo, principio esencial de una democracia parlamentaría, pues solo pueden entender el pleno sometimiento de los demás a sus principios absolutos.
Yo por el contrario como buen neo-ilustrado creo como Diderot  que la única verdad absoluta es que la verdad es relativa y por lo tanto en el campo político me niego a tener enemigos, todo lo más adversarios políticos.
España necesita una reforma institucional radical, pero el principio esencial del cambio debe sostenerse en la tolerancia  y el diálogo. No basta con instaurar un orden de igualdad, libertad, justicia y virtud, hay que asegurar que es viable en el tiempo, pues la imposición solo puede durar lo que dura la fuerza que la sostiene.
La mayoría del cuerpo político español reclama cambios profundos y es necesario que en las instituciones se refleje esta mayoría que en una gran parte vive silente en la abstención; Podemos la despertó pero no han sabido cumplir con sus expectativas.   
Aquel partido que logre volver a poner en el horizonte la esperanza de un país mejor y más justo, y que sea coherente con sus palabras y sus acciones, tendrá mucho ganado.
El cambio será de la “ley a la ley” y para eso necesariamente habrá que hacer parlamentarismo y no simple agitación y propaganda. El parlamento, nos guste más o menos su composición y funcionamiento, es la sede de la soberanía nacional y por lo tanto se le debe un respeto, hacer del mismo un circo simplemente es propio de payasos.
La política se debe hacer en la calle cuando no se puede hacer en las instituciones, siempre defenderé este principio y apoyaré a los que a costa de soportar grandes riesgos, luchan contra un sistema totalitario; pero España con todas sus deficiencias no es un sistema totalitario y en el parlamento se puede y se debe hacer política, convirtiendo las inquietudes sociales en leyes.
Yo no quiero que la sociedad civil de mi país este dividida por trincheras, yo quiero que todos podamos transitar por los puentes de la libertad y la justicia social sobre los pilares de la tolerancia y el respeto.
Soy optimista y creo que tarde o temprano surgirán nuevos proyectos políticos con los que volver a ilusionarse, pueden que fracasen o tengan éxito pero con independencia del resultado lo importante será saber que se está actuando conforme a unos principios y unos valores.

¡Adiós Podemos!

domingo, 6 de noviembre de 2016

Ramón Espinar o principios de una nueva moral política



“En el sistema de la Revolución todo lo inmoral es contrario a la política, todo acto corruptor es contrarrevolucionario” (M. Robespierre)

Dada la situación de degradación moral en la que vive la clase política de nuestro país, el “affaire” sobre el piso de Ramón Espinar no deja de ser una anécdota  pero una anécdota ejemplificadora de lo que la “nueva política” no puede hacer.
Por ahora las informaciones que tenemos no hacen presuponer nada ilegal en la  compra-venta  inmobiliaria que Ramón Espinar realizó; pero como voy a analizar, en el plano moral la situación no parece ser tan inocua.  
Hoy en día en el campo individual cada uno puede y debe tener su propia conciencia moral y ética y poco o nada se pueden entrar a juzgar en este ámbito a los demás. Cosa distinta es la moral política de aquellos que se presentan ante la sociedad como sus líderes y portavoces y cuyo juez no es la propia conciencia moral sino la opinión pública.
La ley marca los principios de justicia y como bien señala Kant se constituyen en obligaciones perfectas al  quedar muy claro que se puede o no hacer conforme a esa legalidad.
Las obligaciones morales son imperfectas desde el momento en que queda en la voluntad del individuo como actuar en el caso concreto,  el imperativo categórico nos marca a priori: “Obra sólo según una máxima tal que puedas querer al mismo tiempo que se torne en ley universal”
En el aspecto privado cada cual puede muy bien amoldar su comportamiento a lo que considere oportuno y libremente el tribunal de su conciencia es el único que ha de juzgarle.
Pero en el campo público el tribunal de la opinión pública tiene su propia competencia a la hora de señalar si las acciones de un político son o no reprobables y conforme a este principio, me atrevo a dar mi opinión sobre el asunto que he comenzado a tratar.
Ramón Espinar  efectivamente hizo  sus negocios inmobiliarios antes de dedicarse a la política y por lo tanto el nivel de exigencia como simple ciudadano solo él lo puede poner, el problema es que su acción política entra en plena contradicción con lo que él hizo y por lo que no se arrepiente.
¿Si no está mal que yo gane algo de dinero vendiendo un piso, por qué lo está que lo hagan los demás?  ¿Si creo que la vivienda es un derecho, por qué hago negocio con ella?
Según el imperativo categórico kantiano, Espinar obró de forma completamente contraria a la máxima que él nos vendió como universal, es decir o fue inmoral entonces  o es inmoral ahora si mantiene  que no hizo nada malo.
En todo caso, su situación como representante público ha quedado ciertamente en entredicho  pues poca confianza puede merecer alguien que dice lo contrario de lo que hace y lo justifica.
Nada reprocharía a Espinar si hubiera defendido la especulación inmobiliaria, pero no se puede ser el paladín de los desheredados, de las personas que sufren y son marginadas haciendo gala de  tan alto grado de hipocresía.
La justificación que lamentablemente se está dando en muchos sitios es aún más terrible porque por salvar a una persona, se está atacando los propios “principios morales” de un movimientos social de cambio. Se dice que lo de Espinar es una minucia y que comparado con lo que han hecho muchos cargos del PP y del PSOE no es nada; una justificación que se resume en el inmoral: “y tú más”
Las cosas o están bien o están mal, con independencia  de lo cuantitativo que supondrá en todo caso un mayor grado de reproche. Yo soy un especulador, lo haga para ganar 200e o lo haga para ganar 2.000.000, otra cosa es el grado de indignidad que lleva unido una u otra cantidad. También puedo ser solo  un especulador o ser especulador  y además un hipócrita.
Si queremos terminar con este sistema putrefacto no nos podemos permitir ninguna debilidad moral, debemos ser inflexibles porque el bien común de la gente que nos apoya así lo exige.
No podemos admitir que se nos aplique la máxima cínica de Voltaire: “Cuando se trata de dinero todos son de la misma religión”
Si para cambiar las cosas necesitamos que nos capitaneen ángeles, busquemos esos ángeles, pero no pervirtamos la pureza de nuestros principios por defender lo que no tiene defensa.
En la nueva política siempre he creído que los principios están por delante de las personas y no al revés, nadie puede estar por encima de ellos, se llame como se llame.

martes, 6 de septiembre de 2016

La nueva política relámpago (Blitzkrieg)


Caballeros, han luchado como leones, y han sido dirigidos como mulas”(Erwin Rommel)

En estos días cuando la actualidad política continua en un inacabable y cansino “día de la marmota” me permito lanzar algunas reflexiones sobre lo que a mi entender será la nueva estrategia política que en no mucho tiempo va a triunfar en el mundo.
Y es que hasta ahora la forma de hacer política y la forma de llegar a la gente no ha sufrido importantes variaciones desde mediados del siglo XX.
Actualmente vivimos una época de transición donde gran parte de la población continua usando los viejos medios de comunicación de masas.
Prensa escrita, televisión y radio son los medios a través de los cuales la información y la opinión llega a muchos hogares y marcan la actualidad y la opinión; en este sentido la vieja política sigue muy viva y evidencia la razón por la que en España los partidos del régimen (PP/PSOE) mantienen una base electoral solida y resistente al cambio.
Está claro que el futuro está en la nuevas herramientas de comunicación social vertebradas entorno a Internet: Facebook, Twitter, Blogs, YouTube… el problema radica en que su tiempo aún no ha llegado y lo que es más importante, se usan con parámetros antiguos.
En el campo de batalla político tenemos pues planteada la batalla de la comunicación sobre la base de un complejo entramada de “armas antiguas” (Tv, Radio, prensa) y de “armas modernas”(Internet)
Es en este aspecto donde he encontrado unos interesantes paralelismos respecto a los medios y tácticas militares que se desarrollaron en la I y II Guerra Mundiales.
Sin ir más lejos la actual situación política de parálisis institucional recuerda mucho a la guerra de trincheras de la I Guerra Mundial y mostraré unos interesantes paralelismos.
Podemos es el ejemplo de un nuevo partido con una nueva estrategia que sin embargo no logró finalmente romper el frente de la política tradicional. Por un lado la incapacidad de su dirección y por otro la vuelta a los caminos ordinarios de hacer política, aún usando magistralmente las nuevas tecnologías, paralizaron su avance hacia el poder.
Pablo Iglesias y los dirigentes de Podemos asombraron a este país al hacer nacer de la nada un movimiento político que por algunos instantes, ha podido realmente llegar a obtener el respaldo mayoritario de la sociedad.
En definitiva, Podemos tenía un brillante Plan Schlieffen para llegar a París en unos pocos meses, contaba también con un ejercito de tropas entusiastas y tácticas y discurso nuevos que en un primer momento sorprendió a los partidos tradicionales desbordando completamente sus líneas defensivas. En las elecciones del 20D el resultado electoral de Podemos muestra que si bien, los partidos del régimen del 78 tenían su hegemonía política seriamente comprometida, también empezaban a mostrar capacidad de reacción. La victoria electoral era aún posible pero había señales serías de agotamiento en el avance podemita.
Y entonces llegó la particular “Batalla del Marne” en la que se puso definitivamente fin al la guerra de movimientos electorales y cuyas consecuencias estos días vivimos en forma de parálisis política.
La “Batalla del Marne” informo al lector que fue una batalla de la I Guerra Mundial que tuvo lugar entre los días 6 a 12 de Septiembre de 1914 en el río Marne a unos pocos kilómetros de París. En esos momentos parecía que los alemanes tenían al alcance de la mano la victoria sobre Francia, pero en torno al citado río el ejercito francés empezó a oponer resistencia a las tropas alemanas que empezaron a dar síntomas de agotamiento.
Es famosa la anécdota de que los taxistas de París se pusieron al servicio del ejercito para llevar soldados de la capital al frente de batalla.
Finalmente, Francia logró contener el avance alemán, París se salvo y con ello se dio inicio a una cruel guerra de trincheras en el frente occidental.
Los resultados electorales del 20D fueron muy mal leídos por el estado mayor de Podemos pensando que París estaba al alcance de unas nuevas elecciones, por eso cometieron el definitivo error de negarse a pactar con el PSOE.
Si Podemos hubiera apoyado al PSOE, todo hubiera sido distinto, porque uno de los pilares del régimen hubiera dejado de ser enemigo para ser un aliado; pero con el furibundo ataque que lanzo Pablo Iglesias en aquel debate de investidura a Pedro Sánchez, el PSOE ya no podía ser un aliado sino el principal enemigo.
La campaña del 26J se vio marcada por el famoso “sorpasso” al PSOE por parte de Unidos Podemos que terminó en un fracaso estrepitoso y constató el fin de la política de movimientos.
La guerra de movimientos solo retorno al frente occidental tres años después y no por nuevas tácticas militares, la carnicería no solo terminó en 1917 sino que se intensificó siendo este el año más mortífero de la guerra. La Gran Guerra termino no por la introducción de nuevas y brillantes tácticas militares sino simplemente porque Alemania colapso en lo material y en lo moral.
Creo que el destino de Podemos será ese, porque en una guerra de desgaste político como en la que nos encontramos, los partidos tradicionales tienen la victoria en sus manos, cada minuto, cada hora, cada día, cada mes, corre en su favor.
Podemos se constituyó como un partido-movimiento, preparado para un avance rápido, pero en el momento en que todo es parálisis política, la propia composición heterogénea del partido será su propia tumba.
Pero lo importante de las ilusiones es que nunca mueren, y cercenado el camino de Podemos, no tengo ninguna duda de que volverá a nacer un nuevo partido-movimiento esta vez con capacidades y tácticas nuevas y eficaces, capaz de derribar las defensas de la vieja política.
Si la Primera Guerra mundial fue el ejemplo de una guerra de trincheras, la II Guerra Mundial asombró al mundo por ser una guerra rápida y de movimientos. La Batalla de Francia es el ejemplo de como se puede aprender de los errores pasados y diseñar tácticas enteramente nuevas que conducen a la victoria de forma rápida y contundente.
Después de 1918 militarmente Francia opto por una cara estrategia defensiva abandonando cualquier innovación táctica y estrategia; el resultado fue la “línea Maginot” un ejemplo a la inutilidad militar.
Alemania tardó muchos años en volver a formar un ejército con capacidades operativas, pero en ese tiempo una nueva oficialidad y nuevos generales crearon una nueva concepción de la guerra y de como usar los nuevos medios militares.
El ejercito Francés en 1940 no era en nada inferior al alemán, y en muchos aspectos podía considerarse superior, donde Alemanía tenía ganada la guerra era en su táctica y estrategia y en la visión militar de sus generales.
En 1940 el ejercito Fránces seguía considerando válidas la normas que le habían dado la victoria en 1918 mientras que Alemania tenía un ejercito y unas tácticas modernas que demostrarían una eficacia asombrosa.
El ejercito alemán por ejemplo, hacía mucho que había considerado como eficaz las grandes agrupaciones de blindados con apoyo de la aviación; el ejercito francés seguía considerando los brindados como elementos de apoyo a la infantería.
Rommel definió la Blitzkrieg: “La guerra relámpago es el arte de concentrar su potencial en un punto, forzando la ruptura, penetrando por ella y asegurando los flancos para proseguir el avance a velocidad vertiginosa hasta la retaguardia del enemigo, antes de que éste hubiera tenido tiempo de reaccionar”
En estos tiempos en los que las trincheras reinan sobre la política española parece una ensoñación hablar de cambios profundos y rápidos, pero tengo el convencimiento de que no tardaremos mucho en ver grandes transformaciones por parte de nuevos protagonistas políticos.
Hoy la política y los medios con que está busca el apoyo de la opinión pública están en plena transformación, hemos visto como es posible cambiar completamente el panorama político de un país en unos cuantos meses si se actúa con nuevas e innovadoras estrategias.
No sé me olvida que el fundamento de la política como decía Rousseau son los principios y la virtud, pero todo esto es inútil si se vive en la periferia del poder.
El bunker de la vieja política ha resistido este primer asalto pero de la ejecutoria de partidos como Podemos, sacamos valiosas enseñanzas de como es factible vencer la antiguas resistencias.
El cambio está en marcha, aunque aún el instrumento del cambio no está ante nuestros ojos, toca pensar de forma distinta, imaginar tácticas y estrategias nuevas, y hacerlas realidad.
El primer paso hacia una nueva realidad es el sueño, debemos soñar que otra política es posible, que otros políticos son necesarios, que las instituciones deben estar al servicio de los ciudadanos, que la corrupción debe ser virtud.
La primera revolución es la moral y la del pensamiento, después tarde o temprano, por los más sorprendentes caminos, la revolución se transformará en realidad.
España se merece esta casta política porque en esté país nos guste o no, el pueblo defiende la corrupción y la inmoralidad, defiende el absolutismo y la podredumbre institucional; pero se puede hacer que la gente deje de mirar la mierda para que levantando la cabeza pueda ver las estrellas.
De la mierda a la inmensidad del universo hay un simple movimiento de cabeza; ese movimiento lo debe provocar lo que aquí he llamado la “política relámpago” y el partido que conforme y ejecute esta nueva táctica política.

domingo, 8 de mayo de 2016

Una falsa confluencia

“No preguntes si estamos plenamente de acuerdo, sino tan solo si marchamos por el mismo camino” (J. W. Goethe)

En pocos días nos será anunciada la ya aclamada confluencia entre Podemos e Izquierda Unida y dada la relevancia del tema, no me resisto a escribir unas líneas sobre mi opinión sobre el asunto.
Precisamente porque soy partidario de una unidad en las fuerzas políticas del cambio, veo el grave error y los peores inconvenientes que este tacticismo confluyente va a ocasionar a los partidos que ahora pactan.
Creo que la confluencia en buena, pero creo que la confluencia que se nos está planteando es horrenda.
Se trata de que unos partidos políticos se unan para hacer unas listas y de esta forma sumar votos sobre una clara base utilitarista más o menos camuflada de principios. Pienso que esto de construir la casa por el tejado tiene muchos riesgos y el resultadismo puede ser un arma de doble filo.
Las prisas no son buenas consejeras  y los acuerdos que ahora se van a materializar, por superficiales, carecen del necesario sustrato capaz de poder mantenerlos en el futuro.
En resumidas cuentas, el pacto que se nos presenta es el necesario para aprovechar al máximo la ley electoral injusta y de esta forma optimizar los resultados; las listas de Izquierda Unida se fusionan con las de Podemos y las Confluencias de forma que en teoría,  se transforma el “voto inútil” en “voto útil” logrando mayor representación.
Así pues, tenemos una unidad programática y unas listas únicas… hasta aquí llegó la confluencia.
El tema del  voto útil/inútil tengo intención de tratarlo en otro escrito, pero mi posición al respecto es que con independencia de los resultados, todo voto es útil con independencia de cualquier resultado.
Incluso asumiendo el punto utilitarista que justifica el acuerdo, no podemos dejar de considerar que en política y en general todos los asuntos relacionados con la conducta humana, 2+2 no son 4. Puede que se sumen votos por un lado pero nadie puede asegurar que por otro no se esfumen; los votos ni se crean ni se destruyen pero pueden terminar en cualquier parte.
Podemos en su corta existencia tiene una ejecutoria de luces y sombras, Izquierda Unida en su largo caminar por la política tiene también sus virtudes y sus defectos; por lo tanto, una confluencia táctica en la que las organizaciones conservan plenamente su idiosincrasia  sumará esas luces pero también muchas sombras.
Otra cosa sería que desde Podemos e IU en unión con otras fuerzas del cambio se construyera un proyecto nuevo sobre una organización nueva; pero no hay ni tiempo ni ganas por parte de unas élites que empiezan a parecerse mucho a las de los llamados partidos de la “casta”.
Siempre me ha gustado de IU la admirable formación política de sus cuadros intermedios y su impresionante capacidad organizativa; por el contrario Podemos, como partido nuevo solo tiene una sólida estructura en sus niveles superiores pues sus cuadros intermedios, formados en un crecimiento rápido y defectuoso, no están a la altura de responsabilidad que ostentan. Mezclar estos elementos sin un proceso constituyente de confluencia es una combinación altamente explosiva; los acuerdos versallescos desde los salones entre Pablo Iglesias y Alberto Garzón pueden sostenerse sobre el papel pero pueden combinar muy mal sobre la realidad social que debe ejecutarlos.
Después del 26 de junio, el sol volverá a salir y los problemas sociales, económicos y políticos estarán ante nosotros,  diputado arriba diputado abajo.
Piense el lector en la siguiente reflexión. Un elector desencantado de Podemos naturalmente sería un potencial votante de IU y un desencantado de IU sería igualmente un potencial votante de Podemos: ¿dónde irá ese votante tras la confluencia proyectada?
Sencillamente en un alto porcentaje a la abstención. Ese votante está claro que apoyaría un partido de confluencia, pero un partido real de confluencia y no la mezcla deforme de dos organizaciones que aparecen juntas pero también claramente diferenciadas.
Una  verdadera confluencia une virtudes y no defectos, la coalición que se nos presenta con fines electoralista suma más defectos que virtudes.
Por mi educación me siento adscrito al idealismo transcendental  y creo que la política necesariamente pasa por el respeto a los principios y a la virtud, con algún toque de necesario pragmatismo es cierto, pero desde luego lejos del utilitarismo carente de alma que se nos pretende vender.
El fin no justifica los medios y no podemos hacer depender nuestras acciones y principios políticos de elementos tan heterónomos como son el resultadismo electoral. Hay que confluir por principios, por encima de egos personales y organigramas partidistas; solo así se puede concurrir ante el electorado con las banderas limpias y la tranquilidad moral de que el resultado será siempre bueno, pues se habrá hecho lo que se debía hacer, sin espacio para el reproche.
Podemos e IU están con esta falsa unión vendiendo su alma al diablo sin tener ni tan siquiera la certeza de que la venta sirva para algo; la obsesión por el sorpasso al PSOE  tiene tintes enfermizos.
Siempre he considerado que en política es más productivo estar a favor de algo y no contra algo; prefiero estar a favor de la paz que estar en contra de la guerra, prefiero estar a favor de la gente que sufre que contra los ricos que disfrutan.  Esto no se puede ni se debe confundir con buenismo, pues hay ocasiones que para defender al que sufre hay que guillotinar al que le oprime.
A todo lo ya mencionado, hay que sumar que en estas elecciones no habrá primarias para confeccionar las listas electorales,  la democracia interna siempre puede ser excepcionada de forma que, si mis principios no te gustan, en un momento los cambio por otros…
Sinceramente considero que estamos perdiendo una oportunidad única de encauzar el cambio social y político que necesita España; me entristece constatar que la “nueva política” en unos pocos meses ha envejecido tanto como para no distinguirse en nada de la “vieja” frente a la que se postulaba. Para este camino no hacían falta estas alforjas.
El espíritu del 15M que estos días conmemoramos vuelve a estar huérfano, veremos quien tiene ahora el valor de adoptarlo.

lunes, 2 de mayo de 2016

Nuevas elecciones y el triunfo de la vieja política

“La política es una casa de putas en la que las pupilas son bastante feas” (Marlene Dietrich)

Si el pasado 20 de diciembre el que suscribe estas palabras acudió a las urnas con la ilusión de  contribuir al final de una mayoría tiránica y al nacimiento de un parlamento plural lleno de caras nuevas y nuevas formas de hacer  y entender la política; el próximo 26 de junio si me acerco  a las urnas lo haré con una sincera sensación de asco.
¿Tanto caminar para esto? ¿Tanto hablar de nueva política y de casta para después mimetizarse con los usos de aquellos a los qué se critica? 
En estas nuevas elecciones, no nos engañemos, ya no hay nuevos ni viejos, eso se ha perdido en estos cuatro meses de lamentable espectáculo;  volvemos a la vieja dicotomía entre izquierda/derecha pero dentro de una ordenada Casta.
A la casta política que viene gobernando durante décadas este país había que derrotarla con un discurso y una ejecutoría intachable, solo con la bandera de la regeneración y la virtud  se podía conformar una nueva mayoría social capaz de enterrar lo viejo y construir con ilusión un nuevo orden de valores y un nuevo modelo institucional.
Yo no voy a luchar por cambiar de amos, me da igual sean hombres o cerdos, yo lucho para que no haya amos, por un sistema de libertad en el que los gobernantes deban rendir cuentas a los gobernados, donde ningún ciudadano pase necesidades y donde se respeten los derechos de todos.
Necesitamos una verdadera revolución social antes de poder acometer la necesaria revolución política; pero la revolución social solo puede nacer del amor por la libertad, la igualdad y la justicia sin la manipulación de ideologías falsamente revolucionarias que huelen a naftalina.
La revolución no radica en destruir al rico sino en dignificar al ciudadano, en hacer que el más humilde obrero pueda sentirse tan satisfecho y feliz como sea capaz en la plenitud de sus derechos sociales y políticos.
No se trata de dar el poder a unos individuos nuevos con ideas viejas, se trata de cambiar el orden institucional para que el poder controle al poder y las ansias de corrupción no puedan realizarse por miedo a la incesante vigilancia del pueblo.
Desgraciadamente hemos visto en los últimos tiempos como algunos líderes se han consolidado como nuevos charlatanes sobre los que no cabe albergar ninguna ilusión. En la política actual considero que faltan líderes y sobran charlatanes.
El 15M ha muerto porque se ha institucionalizado, lo han encapsulado y lo han pervertido poniéndolo bajo el paraguas de banderas excluyentes. El 15M no era en su origen ni de izquierdas ni de derechas, era la manifestación del hartazgo popular respecto a una casta política alejada de toda realidad; el clamor del pueblo en favor de una mayor justicia social y un sistema político más abierto  y democrático.
Pero en las próximas elecciones  ya no nos queda nada nuevo. Tenemos los tradicionales partidos de establiment (PP y PSOE), un partido regeneracionista domesticado (C,s) y un frente de izquierdas clásico del SXIX (Podemos/IU)
¿Tanto nadar para esto? Nihil sub sole novum
Mientras no unamos a la dicotomía pobre/rico la dicotomía virtud/vicio, valores y principios frente a intereses,  inmoralidad y corrupción, estaremos luchando contra una Hidra siempre con nuevas cabezas.
Solo podremos cambiar este país cuando la gente tome conciencia de que hay que dejar de pensar como esclavos para pensar con la libertad de ciudadanos; no se trata de cambiar de amos, se trata de ser libres; no se trata de ser ricos sino de tener lo suficiente para vivir con dignidad. Los bienes materiales son importantes, pero también lo son los morales.
Como decía Adam Ferguson: “No es la manera de alimentarse o en la forma de vestirse que se encuentra el carácter del hombre, sino en las cualidades de la mente”

sábado, 5 de marzo de 2016

Así No Podemos


Doce voces gritaban enfurecidas, y eran todas iguales. No había duda de la transformación ocurrida en las caras de los cerdos. Los animales asombrados, pasaron su mirada del cerdo al hombre, y del hombre al cerdo; y nuevamente, del cerdo al hombre; pero ya era imposible distinguir quién era uno y quien era otro” (Rebelión en la Granja)

Puede que para participar en política se exija un espíritu doctrinario del que carezco por completo, pues como hijo de la ilustración, es en el espíritu crítico en el que radica mi esencia.
Por eso, debo escribir mi opinión sobre lo ocurrido esta semana en el Congreso de los Diputados y la acción política lamentablemente ejercida por Podemos.
Uno puede estar en desacuerdo con una postura política, votar a favor o en contra de la misma e incluso ser agrio en la crítica, pero lo intolerable es hacer de la sede de la soberanía nacional un altavoz de los propios egos.
El pacto PSOE-C,s sin duda tiene muchos puntos cuestionables e incluso inasumibles para Podemos pero es el reflejo de un espíritu de acuerdo del que ha carecido por completo la formación morada.
El día de la traición a la ilusión de la gente, de la traición al espíritu de cambio por parte de Podemos fue aquel en el que el señor Pablo Iglesias, haciendo gala de una arrogancia ególatra de gigantescas proporciones, decidió ser Vicepresidente del gobierno y repartir carteras a diestro y siniestro entre sus amigos.
La humillación al PSOE fue evidente, la primera de las que estaban por llegar y que en el debate de investidura han llegado a su quinta esencia.
¿Dónde esta la defensa de los intereses de la gente humilde maltratada por la crisis y sumida en la desesperación?
Un padre que no tiene que dar de comer a sus hijos, ¿qué coño le importa que Iglesias sea vicepresidente o Errejón ministro del interior?
Ni una propuesta, ni una idea o acción real en favor de los desfavorecidos, solo espectáculo circense ante la opinión pública que ha terminado en un pastiche lamentable.
Mientras, los votos de Podemos sirven para mantener en la poltrona el gobierno liberticida del señor Rajoy y su tribu de hijos pijos cuya única idea es la de detentar el poder por el poder.
Sería interesante que en Podemos hubieran leído reflexiones como la de Adam Smith: “Para dirigir la visión del estadista puede indudablemente ser necesaria una idea general, e incluso doctrinal, sobre la perfección de la política y el derecho. Pero el insistir en aplicar completamente y a pesar de cualquier oposición, todo lo que esa idea parezca exigir, equivale con frecuencia a la mayor de las arrogancias”
Las soflamas guerracivilistas del señor Iglesias pueden ser formalmente apreciables pero preferiría mil veces que hubiera mencionado frases como: “¿Cuál es el primer objetivo de la sociedad? Es mantener los derechos imprescriptibles del hombre. ¿Cuál es el primero de estos derechos? El derecho a la existencia”
Pero de tanto leer “la ética a la razón pura” ha terminado el “líder supremo” considerando que los besos en los labios y los cotilleos sobre la vida amorosa de la señorita Andrea Levy son lo más digno que se puede exponer en la tribuna del Congreso.
La dirección nacional de Podemos está jugando a ser aprendices de brujo y buscando nuevas elecciones están poniendo por delante sus intereses egoístas de los intereses del país. Quizás entenderán algún día que solo defendiendo los intereses de la mayoría se  defienden los intereses propios.
Lo peor de romper todos los puentes con el PSOE es que se han roto sobre la evidencia de que Podemos es un partido radical antisistema sin las caretas socialdemócratas y transversales que en su día electoralistamente se pusieron.
Siempre ha sido un referente para mi el ex fiscal Carlos Jiménez Villarejo, y ayer con su marcha, nacida del desacuerdo con a la dirección, Podemos pierde un referente moral de imposible sustitución.
Podemos ya no viene a cambiar un sistema podrido viene a implantar SU sistema podrido.
¿Dónde esta la democracia interna en el partido que se dice sucesor del 15M? Esta cuestión quizás la trate en otra ocasión, pero las costuras internas de Podemos están completamente descosidas y solo la oligarquía de la Complutense asume el poder absoluto en la organización para hacer y deshacer a gusto.
Novios/as, amigos y familia componen el núcleo clientelar de los defensores del cambio y de los azotes del clientelismo  y la casta.
No se trata de cambiar las personas, se trata de cambiar el sistema. Me da igual que los enchufados en el ayuntamiento en la diputación o el gobierno sean del PP o de Podemos, lo que quiero es que no haya enchufados; y si esto es reaccionario, soy un socialdemócrata reaccionario.
Como decía Robespierre: “Prefiero con mucho ver una asamblea popular de ciudadanos libres y respetados con un rey, que un pueblo esclavo y sometido bajo la espada de un senado aristocrático y de un dictador”
Hay que cambiar, reformar y transformar pero no para cambiar de corruptos sino para establecer un sistema en el que la corrupción sea perseguida y atacada en su origen.
Si soy tan duro con Podemos, lo soy porque mientras del PP no espero nada, de Podemos lo esperaba todo y la traición de la ilusión de la gente humilde,  es sin duda la peor y más imperdonable de las traiciones.
Quizás, como mi admirado Carlos Jiménez Villarejo ya no haya sitio en Podemos para los que creemos en la libertad, la igualdad, la justicia y la virtud.