“Que los tutores del pueblo deban ser a su
vez menores de edad constituye un absurdo que termina por perpetuar toda suerte
de disparates” (I. Kant)
Muchas personas, incluido yo mismo, vieron
con ilusión y esperanza el nacimiento de Podemos como el partido de la gente
que venia a traer a la política institucional el espíritu abierto y rebelde del
15M.
Tres años después puedo afirmar ya sin
lugar a dudas que las ilusiones perdidas son verdades halladas, y Podemos se ha
transformado en un partido plenamente definido en los roles clásicos de la
extrema izquierda.
¿Dónde han quedado las ideas de transversalidad,
de empoderamiento de la gente, de trabajo para recuperar la dignidad social
mediante la acción política?
Pablo Iglesias ha decidido adoptar la
estrategia de las trincheras, de la guerra burda y sangrienta de atacar a todo
aquello que no comulgue con sus estrechos principios definidos en la
radicalidad neocomunista y anticapitalista.
La pugna interna entre los “moderados” y
los “radicales” ha concluido con la victoria radical defendida desde la cúpula
con el inestimable apoyo de la corriente anticapitalista. El próximo Vistalegre
II será la constatación del fin del espíritu
de unidad social frente al de la ideologización militante. Si Errejón continua
en este proyecto será a costa de tener que abandonar los principios que ahora
defiende o sumergirse en las sombras de quien acepta cumplir ciegamente los
mandatos que se le presentan.
Precisamente porque creo en la gente y en
el cambio, considero que el camino emprendido por Podemos es completamente erróneo
y cavando las trincheras, se está cavando también la sepultura del proyecto.
No siento el futuro fracaso que auguro a Podemos
pues verdaderamente, los dirigentes que tomaron el mando del partido son gente
que invita al terror; yo no les encomendaría ni tan siquiera la presidencia de
mi comunidad de vecinos.
Si lamento que las cosas hayan tomado este
curso tan excluyente es por la gente de bien que con toda su buena voluntad y
sinceras ganas de cambio se unió al proyecto; personas que desde luego merecen
mucho la pena pero cuyas voces claman en una falsa democracia interna cuya
coartada se sostiene en las votaciones informáticas de “inscritos”. En todo
caso les deseo lo mejor.
Yo mismo era un ente informático para esta
organización; cuando me he dado de baja simplemente he tenido que dar a un
botón en una página web, un número que desaparece y que a nadie importa.
Y es que Podemos en su nacimiento tomó
impulso en la red, en un uso magistral de la información y de las redes
sociales; simplemente arrasó a los demás partidos en este ámbito y descolocó
completamente a los medios de comunicación clásicos.
Pero aquella brillante táctica se ha
transformado en una simple saturación propagandística donde se repiten consignas y se ataca a todo
aquel que tiene la desfachatez de pensar de forma diferente; cada día la
división de Trolls al servicio del partido lanza la campaña ordenada por el
generalato podemita, pero también cada día están más desacreditados y por lo
tanto, su impacto es menor.
Como en el libro 1984 repiten su: LA GUERRA
ES PAZ/LA LIBERTAD ES LA ESCLAVITUD/LA IGNORANCIA ES LA FUERZA
Por desgracia para ellos, aún existe una
minoría ilustrada y una mayoría silenciosa a la que cansan todas estas
gilipolleces; ver a Ramón Espinar, el hipócrita líder madrileño, vestido de
Superman no solo atenta contra la inteligencia sino también contra la estética.
Como muy bien decía mi admirado Voltaire: “Los
que consigan hacerme creer en absurdos podrán hacerme cometer atrocidades”
Toda ideología política que se considera
poseedora de la verdad cae en el negro abismo de la intolerancia y el fanatismo
pues si yo conozco la verdad y otros mantienen unas ideas diferentes a las mías,
no puedo concluir otra cosa más que están equivocados.
Así los fanáticos en política no pueden
practicar el diálogo, principio esencial de una democracia parlamentaría, pues solo
pueden entender el pleno sometimiento de los demás a sus principios absolutos.
Yo por el contrario como buen neo-ilustrado
creo como Diderot que la única verdad
absoluta es que la verdad es relativa y por lo tanto en el campo político me
niego a tener enemigos, todo lo más adversarios políticos.
España necesita una reforma institucional
radical, pero el principio esencial del cambio debe sostenerse en la tolerancia
y el diálogo. No basta con instaurar un
orden de igualdad, libertad, justicia y virtud, hay que asegurar que es viable
en el tiempo, pues la imposición solo puede durar lo que dura la fuerza que la
sostiene.
La mayoría del cuerpo político español
reclama cambios profundos y es necesario que en las instituciones se refleje
esta mayoría que en una gran parte vive silente en la abstención; Podemos la despertó
pero no han sabido cumplir con sus expectativas.
Aquel partido que logre volver a poner en
el horizonte la esperanza de un país mejor y más justo, y que sea coherente con
sus palabras y sus acciones, tendrá mucho ganado.
El cambio será de la “ley a la ley” y para
eso necesariamente habrá que hacer parlamentarismo y no simple agitación y
propaganda. El parlamento, nos guste más o menos su composición y
funcionamiento, es la sede de la soberanía nacional y por lo tanto se le debe
un respeto, hacer del mismo un circo simplemente es propio de payasos.
La política se debe hacer en la calle
cuando no se puede hacer en las instituciones, siempre defenderé este principio
y apoyaré a los que a costa de soportar grandes riesgos, luchan contra un
sistema totalitario; pero España con todas sus deficiencias no es un sistema
totalitario y en el parlamento se puede y se debe hacer política, convirtiendo
las inquietudes sociales en leyes.
Yo no quiero que la sociedad civil de mi
país este dividida por trincheras, yo quiero que todos podamos transitar por
los puentes de la libertad y la justicia social sobre los pilares de la
tolerancia y el respeto.
Soy optimista y creo que tarde o temprano surgirán
nuevos proyectos políticos con los que volver a ilusionarse, pueden que fracasen
o tengan éxito pero con independencia del resultado lo importante será saber
que se está actuando conforme a unos principios y unos valores.
¡Adiós Podemos!





