“El respeto que inspira el magistrado depende mucho más del respeto que
él mismo siento hacía las leyes, que no del poder que él usurpa” (M.
Robespierre)
En muchos de mis escritos he señalado con vehemencia las
graves imperfecciones que arrastraba nuestra democracia y de como nuestra clase política en lugar de plantear
su reforma y perfeccionamiento, se aprovecho y disfruto de sus fallos.
Ahora, 40 años después del nacimiento de nuestra actual
constitución creo que nos encontramos definitivamente al borde de un abismo del
que nadie parece querer apartarse y que puede derribar todo lo construido
durante este tiempo.
Si el gobierno del PP ocasionó una grave erosión a la ya
maltrecha salud democrática del país, el
gobierno del Sr. Sánchez me temo que está terminando de dinamitar lo poco que
aún queda en píe del sistema.
Y es que la democracia no es solo el derecho de una mayoría
a gobernar, sino también el sometimiento de esa mayoría a unas reglas y su
limitación respecto a los derechos de los individuos y de las minorías.
Compartiendo mucho de lo señalado por John Locke en su “Segundo
Tratado sobre el Gobierno Civil”, también soy un firme defensor de la
democracia absoluta propugnada por mi admirado J. J. Rousseau.
Desgraciadamente a Rousseau se le cita, pero muy pocos se
han dignado leerle y menos aún entenderle. Se malinterpretan los principios
roussonianos para señalar como ilimitado el derecho de una mayoría a conformar
la voluntad general y legitimar así el sometimiento de los derechos de las
minorías.
Este planteamiento simplemente lleva la semilla de la
dictadura y la opresión pues conformada una mayoría con todos los resortes del
poder en sus manos de forma ilimitada, ¿qué la impedirá perpetuarse eternamente
en el poder cambiando a su antojo las leyes?
Y es que Rousseau a la vez que establece la voluntad general
como expresión del pacto político, no la limita en el aspecto formal como hacen
los liberales, establece un límite fundamental del que nadie habla: el límite
moral.
El legislativo podría hacer lo que la mayoría decida, pero
para Rousseau no haría falta poner los límites que ya Montesquieu estableció
brillantemente, pues poniendo el límite moral, entiende que las libertades estarían
garantizadas.
La diferencia fundamental radica en que Rousseau escribe para
hombres virtuosos, Locke y Montesquieu escriben para hombres viciosos; dejo al
lector la respuesta sobre quien está más conectado con la realidad del hombre.
Así cuando la señorita Adriana Lastra mira con ignorancia a
Rousseau y dice que la soberanía reside en el Congreso y por lo tanto que su
mayoría Frankenstein puede hacer y deshacer a su antojo; yo fiel al ginebrino
le diría que conforme al orden roussoniano, toda la casta política que se
sienta en el hemiciclo llena de mediocres, corruptos e inmorales, no tendría
ningún derecho político ni tan siquiera el del voto.
Cuando se constituyó el nuevo gobierno del PSOE, señalé que
sentía una mezcla de ilusión e incertidumbre que solo el tiempo podría aclarar,
hoy mi mezcla es de decepción y asco.
La caída del gobierno del Sr. Rajoy era necesaria,
imprescindible desde un punto de vista de salud democrática; pero tras los 100
días del Gobierno Sánchez, no veo más
cambio que el de un nuevo inquilino en la Moncloa.
Alcanzar la presidencia del gobierno no es un fin en si
mismo, sino un medio para poder desde los resortes del poder aplicar una política,
unas medidas destinadas a mejorar la calidad de vida de las personas y a
enriquecer la convivencia social y la prosperidad nacional.
Pero con 84 diputados y apoyado en secesionistas, parece que el Sr Sánchez, vive feliz ocupando
el puesto de presidente del gobierno sin hacer frente a los graves problemas
nacionales que nos amenazan.
Se nos prometió una contrarreforma laboral, terminar con el
enchufismo el los altos puestos del Estado, regenerar la salud democrática,
despolitizar la radio y TV públicas…
La reforma laboral está paralizada “sine die”, se cambiaron
los 5000 cargos enchufados del PP en la Administración General, por 5000
enchufados del PSOE, se gobierna a espaldas del parlamento usando y abusando
del Decreto Ley y se fuerzan los procedimientos parlamentarios, se ponen comisarios
políticos al frente de la Radio y televisión públicas…
El “problema catalán” sigue enquistado y habrá que ver hasta
que punto el gobierno está dispuesto a hacer concesiones a los golpistas en
abierta traición a su juramento de defender la Constitución.
La única promesa que si se ha materializado es sacar la
General Franco del Valle de los Caídos, tema que da por si solo para un largo
texto y que aquí, me limito a constatar como uno de los pocos cumplimientos.
Hace 100 días señalaba que le nuevo gobierno del PSOE nacido
del la moción de censura era tan legal como legítimo; hoy perdida la
legitimidad sobre la mentira de las promesas incumplidas pido que unas elecciones
generales concedan una nueva legitimidad de origen. Y es que la soberanía
nacional, no reside en el parlamento sino como dice nuestra constitución: “…reside
en el pueblo español, del que emanan todos los poderes del Estado.”
No quiero alargar el presente texto aunque dejo pendiente
todo el “affaire” sobre el Doctorado del Presidente del Gobierno, que tantas
dudas está generando sobre su autoría, calidad y plagios varios…
Lamentablemente, la casta política que nos gobierna parece
querer suplir su falta de capacidad con títulos aunque sean regalados;
olvidando que no hay mayor título para un ciudadano que el de la dignidad y
coherencia personales.
Para terminar vuelvo a Rousseau: “Los antiguos políticos hablaban
incesantemente de costumbres y de virtud; los nuestros sólo hablan de comercio
y de dinero”
