“Pereza y cobardía son las causas
merced a las cuales tantos hombres continúan siendo con gusto menores de edad
durante toda su vida, pese a que la Naturaleza los haya liberado hace ya tiempo
de una conducción ajena; y por eso les ha resultado tan fácil a otros el
erigirse en tutores suyos”( I. Kant)
Hoy en día resulta pavoroso
acercarse a los medios de comunicación y comprobar como todo lo señalado por
Ortega y Gasset en su “Rebelión de las Masas” se cumple
con pasmosa exactitud.
El sueño de la razón es en
nuestro tiempo muy profundo, y toca enfrentarse a una tiranía de iletrados donde el que menos sabe, más habla y más presume.
En los tiempos antiguos los
ancianos eran muy respetados ya que se entendía que la vida los había dado
sabiduría y conocimiento; hoy la edad es considerada una enfermedad y cualquier
adolescente de 18 años puede dar lecciones a sus mayores.
En la actualidad resulta curioso
como se acorta la niñez para retrasar la madurez de forma que la mayor parte de
la vida la pasemos en la adolescencia. Hacemos adolescentes prematuros a niños
de 12 años para luego hacer adolescentes eternos a hombres de 35.
En esta edad
de la tecnología todo esta al alcance de nuestro móvil, pero estamos perdiendo
la capacidad de desarrollarnos como personas para hacernos adictos a la
pantalla.
Nuestra
tecnología evoluciona a una velocidad de vértigo mientras nosotros lentamente
empezamos a involucionar.
Infinitas
cosas podría escribir sobre las gilipolleces que todos los días nos venden los
medios de comunicación y se ponen a debate en twitter y las redes sociales.
La democracia
siempre la entendí como el gobierno del pueblo, para el pueblo y por el pueblo;
donde ciudadanos libres, iguales y formados pudieran discutir y decidir su
propio futuro.
Desgraciadamente
es la demagogia la que nos gobierna
sobre la base de una población que prefiere vivir sin pensar, tutelados por
aquellos que gobiernan el contenido de sus pantallas.
Pensar
conforme a un criterio propio se ha convertido en algo peligroso, no aceptar
que la tontería que se ha puesto de moda
es lo que hay que asumir como correcto,
es un acto de intolerable esnobismo aristocrático.
En 1984
escribe Orwell algo que parece escrito para este instante: “Saber y no saber, hallare
consciente de lo que es realmente verdad mientras se dicen mentiras
cuidadosamente elaboradas, sostener simultáneamente dos opiniones sabiendo que
son contradictorias y creer sin embargo en ambas; emplear la lógica contra la
lógica, repudiar la moralidad mientras se recurre a ella…”
Y es que la
filosofía nos ha enseñado que el fundamento de toda moral radica en la
libertad, sin libertad no hay responsabilidad y sin responsabilidad retornamos
al concepto de “minoría de edad”
Lo “políticamente
correcto” aparece como un nuevo catecismo laico que los medios nos enseñan y
que como un escrito revelado hemos de seguir aunque ni lo comprendamos ni
estemos de acuerdo con él.
Repetir como
papagayos palabras ininteligibles como “Astroturfing” aseguran un estatus en
este mundo amoral donde la libertad es sustituida por la obediencia y el “no
pensar”.
Lo peor de
todo es que considero que el hombre nuevo del neomodernismo digital, no tiene ya capacidad para llegar al
“doblepensar” orweliano, y prefiere un “no pensar” más propio del adolescente
eterno que se nos vende.
Esta nueva
ingeniería social para tener éxito necesita como culminación de sus
aspiraciones crear una neolengua capaz de simplificar el pensamiento. En este
sentido se está avanzando a grandes pasos, buen ejemplo lo tenemos en como una “adolescente”
de 18 años en un programa de máxima audiencia es capaz de proscribir una
palabra como “mariconez” de una canción esgrimiendo como único titulo para ello
el sacrosanto catecismo de la “corrección”.
Un simposio de
jóvenes en este mismo programa determinó lo inapropiado que resulta decir: “voy
a arreglarme”.
La rebelión de
las masas esta pues en plena efervescencia y con ello el camino a lo peor hace
mucho que ha quedado abierto.
Y es que la
tiranía de la Masa si bien es cruel, termina siempre en lloros y crujir de
dientes.
Imagine el
lector que monta en un barco y en medio del océano el pasaje decide tomar el
control de la nave. El capitán y la tripulación quedan recluidos en el casino
del barco mientras el pasaje se divierte en el puente de mando y la sala de
máquinas.
No dudo que la
experiencia de los pasajeros en el puente de mando será única, y nunca hubieran
soñado manejar un transatlántico… pero el final del barco está en el fondo del
mar.
La libertad
está necesariamente en que cada ser humano asuma sus responsabilidades y con
ello sus propios principios morales.
La libertad no
es opinar de todo, se entienda o no, es aprender de aquellos que saben más, y
en la humildad del silencio comprender que hay cosas que se desconocen.
En la nueva
época de tecnología en la que nos estamos adentrando la cualidad más importante
para el hombre ya no será el conocimiento, que estará a nuestro alcance en una
pantalla, sino en saber pensar y con ello saber usar la información para no
morir sepultados por ella.
Decía Diderot
que todos los sabios del mundo eran impotentes contra una tontería que se pusiera de moda; hoy la moda la marcan las redes y los medios de comunicación de masas; efectivamente impotentes estamos ante ellos.
Toca
sobrevivir a estos tiempos donde sobran “influencers” y faltan líderes.

