viernes, 3 de enero de 2020

Investidura para la liquidación de un sistema


“Quien no está dispuesto a respetar las leyes y a obedecer al magistrado no es un ciudadano, y quien no aspita a promover, por todos los medios a su alcance, el bienestar del conjunto de sus compatriotas no es ciertamente un buen ciudadano” (Adam Smith)

Mañana el Congreso de los Diputados inicia la sesión de investidura para que Pedro Sánchez sea nombrado Presidente del Gobierno, y dada la importancia que para el futuro puede tener este hecho, me gustaría compartir algunas reflexiones al respecto.
Desde luego la mayoría parlamentaria sobre la que se asienta el nuevo gobierno no invita al optimismo, pero debemos al menos dejar los 100 días de cortesía para poder ya si, ver en la realidad la actuación del mismo.
Es normal que la gente esté alarmada, pero no se puede a priori poner la venda antes de la herida, más en un contexto político tan sumamente hediondo tal cual es el actual.
Podemos mirar con preocupación a los dirigentes del PSOE, Unidas Podemos, ERC y demás componedores de la heterogénea mayoría gubernamental, pero  tampoco tranquiliza ver al otro lado una oposición conformada por PP, VOX y Ciudadanos.
Y es que la degradación a la que han llegado nuestros dirigentes políticos es ya irrecuperable, pues ellos no son la causa, sino el efecto de un sistema perverso que durante 40 años se ha ido degradando sin que nadie le haya puesto remedio.
Veo que estamos en el interior de un túnel en el que la única luz que aparece en el horizonte es la del tren que viene contra nosotros; pero precisamente es ahora cuando más confianza debemos tener en el destino de España y en sus ciudadanos.
Nuestras instituciones están carcomidas y la constitución hace mucho que es un papel con muy poca eficacia práctica, pero es necesario que la enfermedad se desarrolle plenamente para poder empezar a poner remedio. Eso sí, el remedio será doloroso porque perdida la vía de la reforma institucional, nos encaminamos a cambios traumáticos donde frente a los consensos se impondrá el sectarismo.
Pese a las pinceladas oscuras con las que presento la realidad, ello no me impide dejar de ser optimista, pues toda crisis es una oportunidad de mejorar, una oportunidad de aprender del pasado para acometer el futuro.
Oigo muchos exaltados señalar como ilegitimo próximo gobierno, pero eso es un ejemplo más del sectarismo con que se ven ya las cosas; las trincheras en las que unos y otros se disparan sin orden ni concierto.
Y es que “estricto sensu” el Parlamento es el que nombra al presidente y si Pedro Sánchez es designado por el Congreso,  tendrá la misma legitimidad que todos los anteriores presidentes del gobierno. Porque si analizamos las cosas desde la fría razón, vale igual el voto de un diputado de VOX que el de uno de ERC, y conforme a la Constitución los dos son representantes de la soberanía nacional.
Personalmente hace mucho que dejé de creer en el sistema político que tenemos, desde mi clara adhesión a la República como forma de Estado hasta mi total oposición al sistema autonómico en favor de un sistema centralista con desconcentración de competencias.
Pero como soy un ciudadano es mi deber moral respetar las leyes y defender la Constitución; cuando todo se derrumba a nuestro alrededor es necesario más que nunca tener firmes principios morales y la conciencia tranquila.
Si el gobierno traiciona a la Nación o la oposición emprende acciones de insurrección, yo me mantendré siempre del lado de la ley, un lugar peligroso pero donde uno  puede permitirse ser independiente.
Y es que el ver las cosas con las gónadas solo lleva a lo irracional, y lo irracional termina abriendo la puerta a lo bárbaro.
Dice Kant muy acertadamente en su opúsculo ¿Qué es la Ilustración?: “Mediante una revolución acaso se logre derrocar un despotismo personal y la opresión generada por la codicia o la ambición, pero nunca logrará establecer una auténtica reforma del modo de pensar; bien al contrario, tanto los nuevos prejuicios como los antiguos servirán de rienda para esa enorme muchedumbre sin pensamiento alguno.”
Y es que en las actuales circunstancias, con un electorado completamente polarizado, la muchedumbre sin pensamiento tiene el control de la situación aunque paradójicamente nunca tendrá conciencia de ello.
En unos días se constituirá el Gobierno y con él dará comienzo el último acto de una tragicomedia de imprevisible final. Con leer el nombre de los ministros será suficiente para ver hasta qué punto ha llegado la degeneración de la que estoy hablando.
Pero no podemos llamarnos a engaño, el Parlamento y el Gobierno que tenemos es el que nos merecemos; son el reflejo de nuestra sociedad por mucha repugnancia que nos cause su imagen.
Un gran español como fue Goya que también vivió tiempos oscuros, lo dejo expresado con singular patetismo en su gravado: “el sueño de la razón crea monstruos”.
Confío en que algún día podamos despertar de este sueño, y volver a vivir tiempos si no ilustrados, si de ilustración. Hace mucho que concluí que es más sabio aceptar la realidad y adaptarse a ella que luchar contra la corriente para terminar arrastrado por la misma.
En este 2020 que estamos comenzando, creo que vamos a ver cosas sorprendentes y asombrosas en la esfera de lo público, pero por suerte, cada uno de nosotros somos dueños de ajustar las velas de nuestra vida y aprovechar el viento de las oportunidades que siempre es favorable para aquel que sabe a dónde están sus metas e ilusiones.



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