“Quien no está
dispuesto a respetar las leyes y a obedecer al magistrado no es un ciudadano, y
quien no aspita a promover, por todos los medios a su alcance, el bienestar del
conjunto de sus compatriotas no es ciertamente un buen ciudadano” (Adam Smith)
Mañana el Congreso de
los Diputados inicia la sesión de investidura para que Pedro Sánchez sea
nombrado Presidente del Gobierno, y dada la importancia que para el futuro
puede tener este hecho, me gustaría compartir algunas reflexiones al respecto.
Desde luego la mayoría
parlamentaria sobre la que se asienta el nuevo gobierno no invita al optimismo,
pero debemos al menos dejar los 100 días de cortesía para poder ya si, ver en
la realidad la actuación del mismo.
Es normal que la gente
esté alarmada, pero no se puede a priori poner la venda antes de la herida, más
en un contexto político tan sumamente hediondo tal cual es el actual.
Podemos mirar con
preocupación a los dirigentes del PSOE, Unidas Podemos, ERC y demás
componedores de la heterogénea mayoría gubernamental, pero tampoco tranquiliza ver al otro lado una
oposición conformada por PP, VOX y Ciudadanos.
Y es que la
degradación a la que han llegado nuestros dirigentes políticos es ya
irrecuperable, pues ellos no son la causa, sino el efecto de un sistema
perverso que durante 40 años se ha ido degradando sin que nadie le haya puesto
remedio.
Veo que estamos en el
interior de un túnel en el que la única luz que aparece en el horizonte es la
del tren que viene contra nosotros; pero precisamente es ahora cuando más
confianza debemos tener en el destino de España y en sus ciudadanos.
Nuestras instituciones
están carcomidas y la constitución hace mucho que es un papel con muy poca
eficacia práctica, pero es necesario que la enfermedad se desarrolle plenamente
para poder empezar a poner remedio. Eso sí, el remedio será doloroso porque
perdida la vía de la reforma institucional, nos encaminamos a cambios
traumáticos donde frente a los consensos se impondrá el sectarismo.
Pese a las pinceladas
oscuras con las que presento la realidad, ello no me impide dejar de ser
optimista, pues toda crisis es una oportunidad de mejorar, una oportunidad de
aprender del pasado para acometer el futuro.
Oigo muchos exaltados
señalar como ilegitimo próximo gobierno, pero eso es un ejemplo más del
sectarismo con que se ven ya las cosas; las trincheras en las que unos y otros
se disparan sin orden ni concierto.
Y es que “estricto
sensu” el Parlamento es el que nombra al presidente y si Pedro Sánchez es
designado por el Congreso, tendrá la
misma legitimidad que todos los anteriores presidentes del gobierno. Porque si
analizamos las cosas desde la fría razón, vale igual el voto de un diputado de
VOX que el de uno de ERC, y conforme a la Constitución los dos son
representantes de la soberanía nacional.
Personalmente hace
mucho que dejé de creer en el sistema político que tenemos, desde mi clara
adhesión a la República como forma de Estado hasta mi total oposición al
sistema autonómico en favor de un sistema centralista con desconcentración de
competencias.
Pero como soy un
ciudadano es mi deber moral respetar las leyes y defender la Constitución;
cuando todo se derrumba a nuestro alrededor es necesario más que nunca tener
firmes principios morales y la conciencia tranquila.
Si el gobierno
traiciona a la Nación o la oposición emprende acciones de insurrección, yo me
mantendré siempre del lado de la ley, un lugar peligroso pero donde uno puede permitirse ser independiente.
Y es que el ver las cosas
con las gónadas solo lleva a lo irracional, y lo irracional termina abriendo la
puerta a lo bárbaro.
Dice Kant muy
acertadamente en su opúsculo ¿Qué es la Ilustración?: “Mediante una revolución acaso se logre derrocar un despotismo personal
y la opresión generada por la codicia o la ambición, pero nunca logrará
establecer una auténtica reforma del modo de pensar; bien al contrario, tanto
los nuevos prejuicios como los antiguos servirán de rienda para esa enorme
muchedumbre sin pensamiento alguno.”
Y es que en las
actuales circunstancias, con un electorado completamente polarizado, la
muchedumbre sin pensamiento tiene el control de la situación aunque
paradójicamente nunca tendrá conciencia de ello.
En unos días se
constituirá el Gobierno y con él dará comienzo el último acto de una
tragicomedia de imprevisible final. Con leer el nombre de los ministros será
suficiente para ver hasta qué punto ha llegado la degeneración de la que estoy hablando.
Pero no podemos
llamarnos a engaño, el Parlamento y el Gobierno que tenemos es el que nos
merecemos; son el reflejo de nuestra sociedad por mucha repugnancia que nos cause su imagen.
Un gran español como
fue Goya que también vivió tiempos oscuros, lo dejo expresado con singular
patetismo en su gravado: “el sueño de la razón crea monstruos”.
Confío en que algún
día podamos despertar de este sueño, y volver a vivir tiempos si no ilustrados,
si de ilustración. Hace mucho que concluí
que es más sabio aceptar la realidad y adaptarse a ella que luchar contra la
corriente para terminar arrastrado por la misma.
En este 2020 que
estamos comenzando, creo que vamos a ver cosas sorprendentes y asombrosas en la
esfera de lo público, pero por suerte, cada uno de nosotros somos dueños de
ajustar las velas de nuestra vida y aprovechar el viento de las oportunidades que
siempre es favorable para aquel que sabe a dónde están sus metas e ilusiones.

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