sábado, 25 de noviembre de 2017

España necesita una izquierda Jacobina


“Soy republicano, y lo declaro: quiero defender los principios de igualdad y el desarrollo de los derechos sagrados que la Constitución garantiza al pueblo contra los peligrosos sistemas de los intrigantes que la ven sólo como un instrumento de su ambición” (M. Robespierre)



En España han cambiado muchas cosas desde que en septiembre los nacionalistas optaran por desafiar en clara rebeldía el sistema constitucional de 1978.
La opinión pública que debería ser el motor de la opinión de los políticos se ha transformado y ahora está claramente del lado de la Constitución y del derecho; pero aún los políticos, dentro de sus fosilizadas formaciones, creen vivir en los tiempos de las componendas bipartidistas.
En especial, la izquierda, ante los nuevos acontecimientos, se encuentra muy desorientada pues importantes movimientos nacidos en su seno, que hace muy poco pudieron soñar con alcanzar el poder, hoy se están deshaciendo como azucarillos en el café de una renovada opinión pública.
Durante años, he sentido la soledad de la izquierda jacobina silenciada por una izquierda federalista y pactista sin más principios que los de alcanzar el poder siendo amigos y aliados de los nacionalistas periféricos más radicales y excluyentes.
Si el PSOE sucumbió a esta atentación, Podemos se conformo con que la horda de nacionalistas excluyentes quedara abiertamente integrada en su “movimiento” con un solo principio constitutivo: tomar el poder y asaltar los cielos.
Dudo mucho que esta unión se mantenga cuando el único objetivo que les quede a Pablo Iglesias y a su favorita Irene sea el  “asalto de los infiernos”.
Hoy veo con esperanza como después de muchos años hay opciones reales de que se conforme una izquierda nacional fiel a los principios de igualdad, libertad, justicia y virtud, que en lugar de mirar al pasado, asuma sin complejos el presente y se constituya en motor del cambio; pero de un cambio en sentido contrario al que la casta política gobernante nos pretende llevar.
La Constitución no debe ser modificada para dar satisfacción a los desleales nacionalistas, que en pocos años considerarían las cesiones como insuficientes para volver a las declaraciones de independencia, debe ser defendida para que con una nueva legislación de desarrollo, puedan recentralizarse competencias que nunca debieron ser cedidas.
Sanidad, Educación y competencias sociales y tributarias deben volver al orden nacional para asegurar realmente la igualdad de todos los españoles y no las desigualdades territoriales que hoy en día se están consagrando.
Es un hecho natural que cuando un “nicho electoral” queda huérfano, una nueva oportunidad política surge para quien lo ocupe. Hoy el PSOE aún intenta pescar en esta nueva corriente, pero necesariamente sus inclinaciones van por el camino del pactismo y del apaciguamiento, lo que en el medio plazo lo incapacita para poder representar la nueva realidad política que esta surgiendo.
Podemos por naturaleza es incompatible con la nueva situación que afronta la izquierda española, lo que le hace ser un estorbo del pasado reciente. Para la nueva izquierda jacobina el primer objetivo debe ser la destrucción de Podemos y así  poder, con la fuerza y vigor de la unidad, hacer frente a la derecha reaccionaria y traidora, defensora del capital y no de las libertades.
La gran batalla, en la que lo nuevo debe derrotar a lo viejo, no está muy lejana pues los partidos del régimen van camino de aceptar la traición del apaciguamiento y abrir para los nacionalistas una modificación constitucional  para “federalizar” España. Que nadie se llame a engaño, la España Federal que se presenta será asimétrica, y  consagrará la diferencia entre españoles de primera, segunda o tercera dependiendo del peregrino hecho del lugar en el que se nace o vive.
En ese momento dos conceptos políticos que superan la dicotomía izquierda/derecha se van a enfrentar; de esta lucha o saldrá una nueva clase política o quedará consolidada la casta corrupta que actualmente nos dirige.
La izquierda jacobina en la lucha en defensa de la patria, la constitución y la igualdad de todos los españoles, debe ser protagonista y no dejar que nuestras banderas queden en manos de la extrema derecha, casposa y racista, que a la mínima ensalza al dictador Franco como modelo de gobernante.
La democracia la debemos defender los demócratas; la patria, la debemos defender los patriotas, la igualdad y la virtud, los socialistas.
En la lucha por la patria y la democracia debemos estar por lo tanto unidos con quienes compartan estos valores con independencia de su ideología, con excepción de los fascistas sea cual sea su signo.


Es hora de aniquilar el maniqueísmo impostado de lo “políticamente correcto” para unir a los trabajadores de toda clase en la defensa de la justicia y la libertad; en la defensa de una España unida y democrática.