domingo, 29 de noviembre de 2020

Reflexiones de un ilustrado en tiempos de pandemia

 

“Ilustración significa el abandono por parte del hombre de una minoría de edad cuyo responsable es él mismo.”(Immanuel Kant)

Debo reconocer que cuanto más avanzamos en el tiempo de Covid-19 más desaliento impregna mi alma. Durante este tiempo he intentado con sinceridad escribir sobre la realidad política que sufre España, e incluso he intentado ser optimista sobre la máxima de que toda crisis representa una oportunidad.

Pero hoy navego entre la melancolía, la desesperanza y la indignación; desearía que el mundo se parara para poder bajarme y retirarme a un lugar recóndito sin más compañía que la de los pájaros. Me encantaría seguir la consigna de Voltaire: cultivar un huerto y vivir en él y de él.

Un gobierno indigno, una oposición igual de indigna y una sociedad anestesiada no proporcionan un firme asidero sobre el que confiar en el futuro.

Y es que esta pandemia ha desvertebrado completamente la sociedad, nos ha recluido en las cómodas celdas de nuestras casas mientras esa ventana al mundo llamada televisión nos vende un mundo artificial e inexistente, donde los muertos son números y la tragedia que vivimos frías cifras en mapas de colores.

Lo peor del Covid-19 es que no solo está matando a nuestra gente, no solo está enfermando nuestros cuerpos, sino que también ha aniquilado nuestra libertad de pensar, hacer y desear.

El gobierno central, y las taifas autonómicas en una acalorada carrera por ordenar nuestras vidas, por salvarnos de nosotros mismos, por ser nuestros guardianes, nos ponen normas y más normas, muchas de ellas inútiles frente al virus, e incluso en algunos casos contraproducente.

Pero en este tiempo es peligroso pensar, y más aún decir lo que se piensa. Estos días estoy disfrutando de la lectura de los “Escritos Políticos” de Thomas Jefferson y resulta lamentable que cosas dichas por un hombre del siglo XVIII resulten ahora revolucionarias:

“La observancia estricta de las leyes escritas es, sin duda, uno de los deberes fundamentales de un buen ciudadano, pero no el más fundamental. Las leyes de la necesidad, de la autopreservación y la salvación de nuestro país cuando está en peligro son de rango superior. Perder nuestro país por una adhesión escrupulosa a la ley escrita equivaldría a perder la ley, y con ella, la vida, la libertad, la propiedad y a todos aquellos que la disfrutan con nosotros, sacrificando absurdamente el fin a los medios”

Escribir cosas así es hoy igual de revolucionario que en 1774, ahora no tenemos un tribunal de la Inquisición, pero tenemos una “comisión de la verdad” al servicio del gobierno.

Al calor del estado de Alarma, nuestras libertades están muriendo, mientras una innoble casta política de todo color y pelaje vive en su mundo cómodo y apacible en el interior del parlamento.  

Decía Kant: “Tras entontecer primero a su rebaño e impedir cuidadosamente que esas mansas criaturas se atrevan a dar un solo paso fuera de las andaderas donde han sido confinados, les muestran luego el peligro que les acecha cuando intentan caminar solos por su cuenta y riesgo. Mas ese peligro no es ciertamente tan enorme, puesto que finalmente aprenderían a caminar bien después de dar unos cuantos tropezones; pero el ejemplo de un simple tropieza basta para intimidar y suele servir como escarmiento para volver a intentarlo de nuevo”

Mi natural optimismo se ve ahora tornado en realista pesimismo pues no hay nada que se pueda oponer a la casta política que nos gobierna y parasita las instituciones.

La educación que es el pilar fundamental de una sociedad democrática hace años que agoniza y algo está realmente mal cuando la educación de los padres ha sido mejor que la de los hijos.

La Ley Celaá es el último y degenerado resultado de un proceso al que todos los gobiernos desde 1985 han ayudado.

Así las cosas, poco nos queda hacer a los que aún nos consideramos con una cierta cultura e ilustración, pues clamar en el desierto libera el espíritu y la conciencia  pero realmente resulta una frustrante pérdida de tiempo.

El rebaño está bien apacentado y aunque algunas ovejas van a morir de enfermedad y de hambre, el miedo a caminar solos es aún mayor.

La opinión pública que es la más poderosa garantía contra el despotismo no solo no está anestesiada sino que está enterrada  bajo toneladas de manipulación de uno u otro signo.

Si la Ilustración llevó a la revolución, nuestro mundo tenebroso e iletrado solo nos puede conducir a la tiranía.

Corren muy malos tiempos para la lírica, la libertad y el pensamiento. Quizás la mejor forma de vivir estos tiempos sin volverse loco sea convertirse en oveja y disfrutar de la verdad oficial sin volver a preguntarse nada más.

Pedro Sánchez es un gran gobernante que nos está salvando admirablemente de  la mayor pandemia que ha asolado el mundo. Pablo Iglesias y sus inamovibles principios hacen que nadie sufra penurias económicas pues todo el mundo que lo necesita tiene ayuda.

Por el otro lado, tenemos la suerte de tener la decidida oposición de  Vox y Abascal reencarnación de las virtudes españolas y heredero del legado imperial de los Tercios de Flandes y del emperador Carlos V; Pablo Casado ayuda en todo lo posible a que el país vaya bien y con su oposición constructiva…

Así uno se puede ir a dormir tranquilo, pues está en las mejores manos posibles y en 3 días todos nuestros problemas serán resueltos por estos ilustres personajes y sus diligentes y nutridos equipos de asesores.

Sinceramente empiezo a creer que los libros son un mal que hay que erradicar del mundo, pues una vez que aprendes a pensar y las ideas son tus amigas, las ovejas y el pasto dejan de ser interesantes.

Y es que en el mundo de twitter el más iletrado da opiniones con más energía que el más versado experto en el tema.

Cualquiera habla de política replicando las más de las veces eslóganes de algún personajillo pelota del partido de turno; eso sí, en su vida a leído un solo libro sobre política; Rousseau, Montesquieu, Voltaire, Locke, Ralls, Mill…, le suenan a marca de ropa o a colonia.

Podrá entender el lector de este artículo el desánimo que me aflige y que me anima por ahora en refugiarme en el silencio; quizás la esperanza es un pájaro que canta justo antes del amanecer, pero ahora la noche aún es muy oscura y las únicas luces que se ven son las de las hogueras de la intolerancia y la mentira.

Quizás nos toque cultivar un huerto y vivir en él y de él….

domingo, 8 de noviembre de 2020

Más allá de Trump


 “Cuando la tiranía se derrumba procuremos no darle tiempo para que se levante” (M. Robespierre)



 He seguido con sumo interés y noches en vela las elecciones en EEUU y debo reconocer que de tantas cosas que tengo que decir, me resulta complicado decir alguna.

Tengo una sensación agridulce pues aunque parece que Biden finalmente va a ganar las elecciones, el peligro del trumpismo dista mucho de haber terminado y en poco tiempo, si no se cambian las cosas, volverá con energías renovadas.

Si alguien como Trump disfruta de tal apoyo popular en la primera democracia del mundo, que podemos esperar los que vivimos en sistemas democráticos débiles y sumamente imperfectos…

Hoy más que nunca siento como las tinieblas del fanatismo, la ignorancia y la intolerancia caminan sin control, como la política se ha trasformado en un campo de batalla donde el que no piensa igual que uno es un hereje y un enemigo.

El éxito de Trump radica en eso, en lograr una adhesión inquebrantable en su persona, demonizar a sus enemigos y llevar a sus seguidores a una guerra sin cuartel contra los que no piensan igual. No trata de convencer a nadie con argumentos, que no tiene, se trata de exaltar en ellos las más bajas pasiones y lograr ser mayoría para aplastar la oposición.

Y es que esta “nueva política” es muy antigua, pero por los resultados que se observan, muy eficaz. Con todos los problemas que acechan a la sociedad es fácil encontrar algunos graves y después, sin el límite de la verdad y la virtud, dar soluciones falsas pero sumamente simples.

Y es que el manual de propaganda de Goebbels sigue hoy estando en plena validez, con frases como estas:

“Miente, miente, miente que algo quedará, cuanto más grande sea la mentira más ente la creerá”  o “Una mentira mil veces repetida… se transforma en verdad”

Hoy Trump dice que ha ganado, y lo repetirá mil veces, no será verdad en las urnas pero para miles de sus seguidores si, imaginemos el nivel de frustración que creará en ellos. Y es que cuando se juega sin reglas, todo vale; cuando los ciudadanos se trasforman en medios para las aspiraciones de poder, todo vale; cuando no se tiene respeto por la democracia y sus instituciones más en la medida que no son útiles; todo vale.

Estos días estoy enfrascado en la lectura de Montesquieu pero he releído algunos pasajes del actual manual de uso para la realidad política. Cualquiera que quiera entender nuestro tiempo debe leer una y mil veces “1984” de George Orwell, donde se encuentra pasajes terribles pero tan certeros…

“Sabemos que nadie toma el poder con la intención de renunciar a él. El poder no es un medio, sino un fin. Nadie instaura una dictadura para salvaguardar una revolución, sino que la revolución se hace para instaurar una dictadura. El objetivo de las persecuciones son las persecuciones. El de la tortura, la tortura. Y el del poder, el poder.”

Ahí tenemos la clave de todo, del trumpismo y de todos sus movimientos afines. Yo que solo intento ver la realidad desde la honestidad de la opinión, no oculto tampoco que como los extremos se tocan, a los movimientos de izquierda radical les es igualmente de aplicación esta frase. Como vengo señalando en mis escritos, nada más parecido a VOX que Podemos.  

Hoy en EEUU se ve con claridad como el sistema democrático a duras penas se mantiene y todo porque cuando la misma esencia de la democracia se pierde, el formalismo institucional tarde o temprano termina colapsando.

Toca en este análisis volver a Montesquieu cuando señala:

“Cuando Sila quiso restituirle la libertad,  Roma se mostró incapaz de recibirla. Sólo le quedaba un exiguo resto de virtud y como tuvo cada vez menos, en vez de despertar después de César, Tiberio, Cayo, Claudio, Nerón o Domiciano, fue siempre más esclava. Todos los golpes se los asestaron a los tiranos, ninguno a la tiranía”

El triunfo de Biden será solo un pasajero contratiempo para Trump mientras no se ataque de verdad la locura antidemocrática y sectaria del trumpismo.

La gran duda es si Biden, los demócratas y la parte civilizada del partido republico  podrán reinstaurar la normalidad, devolver a la república los principios de los padres fundadores cambiar su actual condición de “enemigos políticos” a la propiamente democrática de “rivales políticos”.  

Pese a los discursos alentadores del presidente electo, en los próximos 4 años tocará pasar de las Musas al teatro y asestar un golpe certero a la esencia de la autocracia trumpista; en este mundo nada es negro ni nada es blanco, pues vivimos en una paleta infinita de grises.

Trump será verdaderamente derrotado cuando el trumpismo sea un movimiento marginal, cuando la mentira y la mala educación conviertan al que la ejerce en un paria social y no en un orgulloso patriota, entonces estaremos andando por el buen camino.

Mi más sincero miedo es el ver tiempos funestos para la libertad, tiempos de intolerancia y banderas vacías y rancias.

Volviendo a España, parece que los enemigos de la libertad están por igual en el gobierno y la oposición. En el gobierno creando comités que sirvan de germen a futuros “ministerios de la Verdad”, en la oposición, los de Vox clamando contra la dictadura social-comunista, con la intención de declarar la nacional-católica al más genuino estilo franquista.

Nuestro entramado institucional es infinitamente más débil que el americano, y un Trump en España si alcanza el poder ya no lo soltará. El poder que ahora mismo acumula Pedro Sánchez es superior al que tiene Trump en EEUU, pues allí tienen una verdadera separación de poderes, mientras que en España salvo el fantasmagórico poder de los partidos, el poder del presidente y más con el estado de alarma, es casi propio de un país totalitario.

Me siento huérfano clamando en el desierto mis pensamientos, pues contrario a la política del actual gobierno, soy aún más contrario a la oposición de la extrema derecha. Puede ser que los que amamos la libertad, la justicia y la virtud estemos condenados a ser proscritos por todos, y solo tener la satisfacción de ser fieles a nosotros y a nuestra conciencia.

En otro escrito, quizás en varios, tengo pensado hablar sobre “principios de moral política” para poder aclarar la idea de virtud política, que hoy suena tan raro, pero que es la esencia misma de la democracia.

Se habla mucho de “El espíritu de las leyes” para señalar lo importante de la separación de poderes, pero poco se habla de lo también esencial del libro: la virtud política.

“Los políticos griegos, que vivían bajo el gobierno popular, no encontraban otra fuerza capaz de sostenerles que la de la virtud. Los de hoy no nos hablan más que de manufacturas, comercio, finanzas, riqueza o del mismo lujo.”