“Cuando la tiranía se derrumba procuremos no darle tiempo para que se levante” (M. Robespierre)
Tengo
una sensación agridulce pues aunque parece que Biden finalmente va a ganar las
elecciones, el peligro del trumpismo dista mucho de haber terminado y en poco
tiempo, si no se cambian las cosas, volverá con energías renovadas.
Si
alguien como Trump disfruta de tal apoyo popular en la primera democracia del
mundo, que podemos esperar los que vivimos en sistemas democráticos débiles y
sumamente imperfectos…
Hoy
más que nunca siento como las tinieblas del fanatismo, la ignorancia y la
intolerancia caminan sin control, como la política se ha trasformado en un
campo de batalla donde el que no piensa igual que uno es un hereje y un
enemigo.
El
éxito de Trump radica en eso, en lograr una adhesión inquebrantable en su
persona, demonizar a sus enemigos y llevar a sus seguidores a una guerra sin
cuartel contra los que no piensan igual. No trata de convencer a nadie con
argumentos, que no tiene, se trata de exaltar en ellos las más bajas pasiones y
lograr ser mayoría para aplastar la oposición.
Y
es que esta “nueva política” es muy antigua, pero por los resultados que se
observan, muy eficaz. Con todos los problemas que acechan a la sociedad es fácil
encontrar algunos graves y después, sin el límite de la verdad y la virtud, dar
soluciones falsas pero sumamente simples.
Y
es que el manual de propaganda de Goebbels sigue hoy estando en plena validez,
con frases como estas:
“Miente,
miente, miente que algo quedará, cuanto más grande sea la mentira más ente la
creerá” o “Una mentira mil veces repetida… se
transforma en verdad”
Hoy
Trump dice que ha ganado, y lo repetirá mil veces, no será verdad en las urnas
pero para miles de sus seguidores si, imaginemos el nivel de frustración que creará
en ellos. Y es que cuando se juega sin reglas, todo vale; cuando los ciudadanos
se trasforman en medios para las aspiraciones de poder, todo vale; cuando no se
tiene respeto por la democracia y sus instituciones más en la medida que no son
útiles; todo vale.
Estos
días estoy enfrascado en la lectura de Montesquieu pero he releído algunos
pasajes del actual manual de uso para la realidad política. Cualquiera que
quiera entender nuestro tiempo debe leer una y mil veces “1984” de George
Orwell, donde se encuentra pasajes terribles pero tan certeros…
“Sabemos
que nadie toma el poder con la intención de renunciar a él. El poder no es un
medio, sino un fin. Nadie instaura una dictadura para salvaguardar una revolución,
sino que la revolución se hace para instaurar una dictadura. El objetivo de las
persecuciones son las persecuciones. El de la tortura, la tortura. Y el del
poder, el poder.”
Ahí
tenemos la clave de todo, del trumpismo y de todos sus movimientos afines. Yo
que solo intento ver la realidad desde la honestidad de la opinión, no oculto tampoco
que como los extremos se tocan, a los movimientos de izquierda radical les es
igualmente de aplicación esta frase. Como vengo señalando en mis escritos, nada
más parecido a VOX que Podemos.
Hoy
en EEUU se ve con claridad como el sistema democrático a duras penas se
mantiene y todo porque cuando la misma esencia de la democracia se pierde, el
formalismo institucional tarde o temprano termina colapsando.
Toca
en este análisis volver a Montesquieu cuando señala:
“Cuando
Sila quiso restituirle la libertad, Roma
se mostró incapaz de recibirla. Sólo le quedaba un exiguo resto de virtud y
como tuvo cada vez menos, en vez de despertar después de César, Tiberio, Cayo,
Claudio, Nerón o Domiciano, fue siempre más esclava. Todos los golpes se los
asestaron a los tiranos, ninguno a la tiranía”
El
triunfo de Biden será solo un pasajero contratiempo para Trump mientras no se
ataque de verdad la locura antidemocrática y sectaria del trumpismo.
La
gran duda es si Biden, los demócratas y la parte civilizada del partido
republico podrán reinstaurar la
normalidad, devolver a la república los principios de los padres fundadores cambiar
su actual condición de “enemigos políticos” a la propiamente democrática de “rivales
políticos”.
Pese
a los discursos alentadores del presidente electo, en los próximos 4 años
tocará pasar de las Musas al teatro y asestar un golpe certero a la esencia de
la autocracia trumpista; en este mundo nada es negro ni nada es blanco, pues vivimos
en una paleta infinita de grises.
Trump
será verdaderamente derrotado cuando el trumpismo sea un movimiento marginal,
cuando la mentira y la mala educación conviertan al que la ejerce en un paria
social y no en un orgulloso patriota, entonces estaremos andando por el buen
camino.
Mi
más sincero miedo es el ver tiempos funestos para la libertad, tiempos de
intolerancia y banderas vacías y rancias.
Volviendo
a España, parece que los enemigos de la libertad están por igual en el gobierno
y la oposición. En el gobierno creando comités que sirvan de germen a futuros “ministerios
de la Verdad”, en la oposición, los de Vox clamando contra la dictadura
social-comunista, con la intención de declarar la nacional-católica al más
genuino estilo franquista.
Nuestro
entramado institucional es infinitamente más débil que el americano, y un Trump
en España si alcanza el poder ya no lo soltará. El poder que ahora mismo
acumula Pedro Sánchez es superior al que tiene Trump en EEUU, pues allí tienen
una verdadera separación de poderes, mientras que en España salvo el
fantasmagórico poder de los partidos, el poder del presidente y más con el
estado de alarma, es casi propio de un país totalitario.
Me
siento huérfano clamando en el desierto mis pensamientos, pues contrario a la
política del actual gobierno, soy aún más contrario a la oposición de la
extrema derecha. Puede ser que los que amamos la libertad, la justicia y la
virtud estemos condenados a ser proscritos por todos, y solo tener la satisfacción
de ser fieles a nosotros y a nuestra conciencia.
En
otro escrito, quizás en varios, tengo pensado hablar sobre “principios de moral
política” para poder aclarar la idea de virtud política, que hoy suena tan
raro, pero que es la esencia misma de la democracia.
Se
habla mucho de “El espíritu de las leyes” para señalar lo importante de la
separación de poderes, pero poco se habla de lo también esencial del libro: la
virtud política.
“Los
políticos griegos, que vivían bajo el gobierno popular, no encontraban otra
fuerza capaz de sostenerles que la de la virtud. Los de hoy no nos hablan más
que de manufacturas, comercio, finanzas, riqueza o del mismo lujo.”

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