viernes, 14 de junio de 2013

Reflexiones sobre la próxima Revolución Española.

"Hay opresión contra el cuerpo social cuando uno solo de sus miembros es oprimido. Hay opresión contra cada miembro cuando el cuerpo social es oprimido: cuando el gobierno oprime al pueblo, la insurrección del pueblo entero y de cada una de sus porciones es el más santo de los deberes; cuando la garantía social falta a un ciudadano, forma parte del derecho natural que éste se defienda por sí mismo. En uno u otro caso, sujetar a formas legales la resistencia a la opresión es el último refinamiento de la tiranía"  ( M. Robespierre)

Cuando veo la terrible crisis que nos asola a los ciudadanos de este país y como aquellos que deberían actuar para poder superarla se limitan a defender sus privilegios veo el necesario camino que tenemos por delante si de verdad queremos tener un futuro.
Durante mucho tiempo consideré que el régimen nacido de la transición tendría dos conclusiones naturales, o la evolución que lo llevaría a transformarse en una verdadera democracia o ser consumido por el fuego de un cambio radical.
Llegados al punto actual ya solo es posible un camino, y aunque ignoro cuándo, cómo y dónde, el fin natural al que mi generación se va ha enfrentar es el de atravesar las tormentas de un proceso revolucionario.
Siempre me a apasionado la historia de la Revolución Francesa y por considerarme yo mismo un revolucionario, lamento los dolores y sufrimientos que el pueblo va a tener que soportar para lograr una verdadera libertad política que le lleve a la prosperidad. Que nadie se engañe, el pueblo como sujeto histórico suele ser un gigante dormido, aclamado y despreciado por igual, aunque las pocas veces que despierta y se erige en protagonista, no hay fuerza capaz de controlarlo ni de apaciguarlo.
Una revolución busca dignidad, pero nunca es digna, y la violencia y los excesos forman parte de su naturaleza como el rayo de la tormenta; se encuentran en ella los más altos ideales, pero en su reverso no es difícil encontrar también las más bajas pasiones.
Así las cosas, siento una extraña mezcla de odio y de pena por nuestra actual “casta política”, que con ciega arrogancia se tapa los oídos ante el clamor y el sufrimiento del pueblo; por negarse a renunciar a sus privilegios los perderán todos.
Otro de mis planteamientos es que si bien las revoluciones nacen en unos pocos días, su gestación tarda años mientras se van fraguando los nuevos ideales que sustituirán a los antiguos. Todo permanece igual mientras el miedo al cambio es mayor que el deseo de ese mismo cambio, ese seria el tiempo que la reforma política debería aprovechar para actualizarse conforme las nuevas ideas,y permitir la evolución pacífica del sistema. Normalmente el paradigma de este concepto de evolución política lo encontramos en el pragmático pueblo inglés (salvo en un breve periodo del SXVII).
En este aspecto, me gusta el razonamiento del filósofo escocés Adam Smith cuando señala: “Se requiere quizá el máximo ejercicio de sabiduría política para determinar cuándo un verdadero patriota debe apoyar y procurar restablecer el viejo sistema y cuándo debe ceder ante el más atrevido pero a menudo peligroso espíritu innovador”
En España los únicos que tienen fundadas razones para mantener el “viejo sistema” son los representantes de las castas oligárquicas de políticos y banqueros, mientras, todos los demás ciudadanos, sometidos a un sistema político corrupto y condenados a la indigencia material, somo tenemos la posibilidad mirar al “espíritu innovador” para cambiar las cosas.
En los actuales partidos políticos hay gente buena, valiosa y con valores, pero son la excepción que confirma la regla de la general de miseria moral que adorna a lo que y denomino “casta política”. Lamentablemente, los “buenos” y los “malos” serán juzgados por igual el día que el monstruo despierte, pues la justicia del pueblo no tiene nada que ver con la justicia moral ni natural, y no se pueden pedir sutilizas a los que durante tanto tiempo han vivido en la prisión del engaño y la mentira.
Cuando un sistema como el que vivimos en España esta corrupto hasta sus mismísimas entrañas no hay sitio para componendas ni medias tintas; solo se puede aspirar, cueste lo que cueste, al verdadero establecimiento del gobierno del pueblo, para el pueblo y por el pueblo por los medios que resulten necesarios.
Se debe configurar un verdadera democracia, donde los ciudadanos elijan de verdad a sus mandatarios, donde los mandatarios solo tengan por finalidad el interés de sus electores, donde se respete la dignidad del hombre, donde los derechos del ciudadano no solo sean palabras muertas escritas en libros sino realidades gravadas en el corazón de los hombres...
Basta leer el artículo 16 de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789 para ver que más de dos siglos después España carece de constitución: “Una sociedad en la que no está asegurada la garantía de los derechos ni determinada la separación de poderes, carece de Constitución”
¿Dónde esta la separación de poderes en la sacralizada constitución de 1978?. El poder que en este sistema oligárquico acumula el presidente del gobierno es tan inmenso que ni tan siquiera los reyes Godos aspiraban a tanto. El presidente del gobierno normalmente es el jefe del partido que ha ganado las elecciones, con lo cual, controla el legislativo pues en realidad los que van en las listas y son diputados, lo son por obra y gracia suya; uno no muerde a quien le da de comer, y el escaño que se ocupa no depende de los electores, sino del “jefe” que hizo la lista. Se vota lo que manda en jefe y ya se sabe que: "quien se mueve no sale en la foto"
Por otro lado, la intromisión del legislativo-ejecutivo en el judicial es tan evidente que solo ver a un político o banquero en el banquillo de los acusados es noticia, no digamos ya que sufra condena.
Vemos que hay unas leyes para la “aristocracia política y económica” y otra para la plebe; esa madre que es condenada a dos años de cárcel por robar leche para alimentar a sus hijos... ¿es esto justicia?
La Constitución de 1978 no es más que la 10ª Ley Fundamental del Régimen nacido del alzamiento del 18 de julio de 1936, y en ella se consolida el cambio de la “casta franquista” a una “casta de partidos”, manteniendo en lo esencial una congénita desconfianza a la capacidad del pueblo para dirigir su propio destino.
Hago notar que en lo esencial la Ley para la Reforma Política ( la 9ª Ley Fundamental) nacida para pasar de la “Ley a la Ley” como señaló Torcuato Fernandez-Miranda es la esencia de nuestro actual sistema, pues con solo ligerísimos matices nuestras leyes la reproducen.
Valoro mucho la transición española por su paso pacífico de un sistema autoritario a un sistema partitocrático mucho más abierto, pero lo que en aquel tiempo era lo máximo a lograr, era el paso intermedio que en el plazo razonable de unos pocos años debía llevarnos un verdadero sistema democrático. Como nos enseña la historia lamentablemente los que ocupan el poder son poco propicios a perderlo y los partidos políticos que tanto clamaban por la libertad en 1976, hoy son sus verdugos.
Se nos concedieron ciertos derechos con la intención de preservar unos nuevos privilegios en favor de unas nuevas élites. Resulta paradójico que las últimas Cortes franquistas se presenten ante la historia con una dignidad que las actuales no tienen. ¿Alguien de imagina al Senado y al Congreso de los Diputados votando su disolución, mandando a sus 264 senadores y 350 diputados al paro?. Los 531 procuradores franquistas se fueron, me temo que a estos habrá que echarlos.
Es triste ver como el pueblo, pese a la terrible situación que vive, sigue dividido en absurdas banderias políticas que permiten a un sistema político moribundo seguir oprimiéndole. La división ideológica es buena y natural, saludable en toda sociedad democrática, pero actualmente la situación excepcional que vivimos hace que está división fomentada por la “casta” del régimen y sus medios de comunicación, suponga un freno a la respuesta ciudadana que debe terminar con el orden aristocrático que la oprime.
La verdadera división política está entre los opresores y los oprimidos, entre los que pertenecen a la “casta” y disfrutan de sus privilegios y los que sometidos al silencio y a la miseria nos damos en llamar “pueblo”. Resulta clarificadora en este sentido una reflexión de Sieyès que dice: “Ante la evolución de los acontecimientos y de los espíritus, el tercer estado tiene que darse cuenta de que no puede esperar nada salvo de sus luces y de su coraje. La razón y la justicia están de su parte, y tiene que asegurar toda su fuerza. No, ya no es el momento de trabajar por el acuerdo de los partidos. ¿Qué pacto puede establecerse entre la energía del oprimido y la rabia del opresor?”
Ni la izquierda ni la derecha por si solas tienen capacidad de cambiar el orden que el sistema impone, solo haciendo un frente común, el pueblo puede tener una oportunidad de alcanzar una verdadera libertad política que se manifieste en el inicio de un nuevo proceso constituyente.
Cegado el camino de la reforma, el régimen es imposible que se regenere, es la ruptura lo único que puede cambiar las cosas, y al igual que en el siglo XVIII el único país europeo donde se podía dar una revolución era Francia, en este siglo XXI es España la que reúne las condiciones.
Un sistema político por muy deteriorado que esté puede superar una crisis política o moral, igual puede hacer con una crisis económica; pero una crisis política y económica pocos sistemas son capaces de superarla.
Realmente vivimos nuevos tiempos, en los que aún rigen los pensamientos antiguos, pero poco a poco las ideas que hace un año eran imposibles, hoy empiezan a ser generalmente aceptadas, y para que de verdad se produzca un cambio antes de la acción, debe venir la reflexión.
Una revolución no se inicia con 10 millones de ciudadanos en las calles, se trata de reunir quizás solo 3 millones, pero sabiendo lo que quieren conseguir y con el firme propósito de luchar por conseguirlo. El 15 M ejemplifica una acción prematura donde se manifiesta el deseo de cambio pero no se sabe lo que se quiere ni como se quiere.
Ha llegado el momento de mirar al futuro con esperanza, en la idea de que en un momento determinado el pueblo va a despertar de su letargo y con un simple acto recuperara en sus manos su destino, ese que durante los últimos 30 años han secuestrado unos partidos y unas élites indignas.
No todo será entonces color de rosa y muchas tragedias se sucederán, pero hay momentos en que cada persona, cada individuo, debe asumir su responsabilidad consigo mismo y con sus conciudadanos; momentos en los que luchar por los intereses generales esta muy por encima de los riesgos personales que se deben correr.

Termino estas líneas con un abrazo fraternal a todos los que aunque sea en una mínima parte, compartan mis planeamientos pues estoy seguro que en el duro camino que nos queda por delante nos vamos a encontrar. Salud y Fraternidad.

domingo, 14 de abril de 2013

Mi República ideal


 “Un pueblo que no es feliz no tiene patria, no ama nada; y si queréis fundar una república debéis ocuparos de sacar al pueblo de un estado de incertidumbre y de miseria que le corrompe. Si queréis una república, actuad de forma que el pueblo tenga coraje de ser virtuoso. No hay virtudes políticas sin orgullo. No hay orgullo en la miseria. En vano pedís orden. Os corresponde a vosotros producirlo mediante el genio de buenas leyes” (Saint-Just - Discurso sobre las Subsistencias)


Era un niño cuando hojeando un diccionario me topé con una extraña bandera, parecida a la española y con una sugerente franja morada (mi color preferido). Aquel día entendí que hubo un tiempo en que las cosas eran diferentes, incluida la bandera.
Con el paso de los años comprendí que la República era algo más que una bandera y desde entonces no he dejado de amar la idea republicana de ser verdaderamente un ciudadano libre.
Nuestra pantomima de Constitución, que tantas semejanzas tiene con la Leyes Fundamentales del Régimen del General Franco, establece claramente en su artículo 56 :“La persona del Rey es inviolable y no sujeta a responsabilidad”, refrendando que en este país hay un hombre que está por encima de la Ley: Juan Carlos I de Borbón.
Hoy que conmemoramos el advenimiento de la II República Española, quiero escribir unas líneas mirando al futuro para bosquejar “Mi idea de República;” esa idea que a lo largo del tiempo he ido creando íntimamente y que como “idea personal” es tan valida como la de cualquier otro ciudadano. Muchas tertulias, lecturas y debates he tenido y espero que tendré, pues en la confrontación de ideas uno encuentra siempre el camino que lleva al cambio y a la evolución.
A día de hoy así sería mi amada República:

Antes de iniciar la exposición sobre el entramado institucional y territorial que considero en “mi República”, debo exponer tres presupuestos anteriores sobre los que deben fundamentarse.

  1. La república como sistema establece las reglas políticas que rigen en el Estado, por lo tanto deben permitir jugar a todo el mundo. No hay república de derechas ni república de izquierdas, al menos en mi pensamiento político. Si se aceptan las reglas, cualquiera, incluso los que quieran acabar con el sistema, tienen derecho a jugar; eso si, si hay una transgresión de esas reglas, todo el peso de la Ley debe recaer sobre el incumplidor. En este sentido los Derechos Humanos son república.
  2. La república es una forma de Estado que establece medios para solucionar los problemas pero de por si, no soluciona nada. Es muy contraproducente pensar que con el advenimiento de la república los problemas que tenemos se solucionarán casi por arte de magia. Parte del fracaso de la II República nace de las desorbitadas expectativas que se crearon el 14 de abril de 1931 y que posteriormente se convirtieron en frustraciones. Siento desilusionar a algunos pero los “Reyes Magos son los padres” y la república no soluciona por si sola nada, tan solo permite mejorar los mecanismos que deben implementar esas soluciones.
  3. La república es el gobierno del pueblo, para el pueblo y por pueblo, como admirablemente definió el presidente Lincold en un afamado discurso. La república vive por y sobre la base del poder que nace de los ciudadanos. Ser ciudadano en una república exige más esfuerzo que en otro sistema, pues ser titular real de la soberanía exige un cierto grado de compromiso y el primer garante de la libertad, la igualdad y la justicia debe ser uno mismo.

Sobre esos cimientos ya comentados se puede pensar en la organización política que conforma la República. El modelo que voy a exponer, aunque nace de muchos autores, desde Rousseau a Montesquieu, pasando por Paine y los revolucionarios franceses... es heredero sistemático de la interesante “Teoría Pura de la República”.

La idea de partida es que, puesto que la soberanía reside en los ciudadanos, hay que establecer los mecanismos institucionales necesarios para evitar que ese poder pueda ser usurpado.
Hay dos mecanismos para evitar estas usurpaciones, mecanismos que no son antagónicos como alguna vez se ha pensado, sino claramente complementarios.

  1. El control directo de los ciudadanos y los electores respecto a sus representantes y dignatarios mediante la posibilidad siempre abierta de procedimientos de revocación de los mandatos. A la vez que la capacidad del pueblo para tomar sobre si la decisión directa sobre cuestiones de interés y leyes, mediante el referéndum vinculante.

  1. La estricta separación de poderes dentro del Estado, que permita que realmente sirvan de contrapeso unos de otros en favor del bien común y de los ciudadanos.

I ) Sobre el control directo de los ciudadanos y sus representantes.

Ahora me limito a transcribir una parte que considero simplemente perfecta del Discurso que el 10 de mayo de 1793 pronuncio Robespierre en la Asamblea Nacional.

Antes de establecer los diques que deben proteger la libertad pública de los desbordamientos del poder de los magistrados, comencemos por reducir dicho poder a su justo límite.

  1. Una primera regla para alcanzar este objetivo es que la duración de su poder debe ser corta, aplicando especialmente tal principio a aquellos cuya autoridad es más amplia.
  2. Que nadie pueda ejercer al mismo tiempo diversas magistraturas.
  3. Que el poder esté dividido. Es preferible multiplicar el número de funcionarios públicos a depositar en unos pocos una autoridad demasiado terrible
  4. Que legislación y ejecución estén cuidadosamente separadas.
  5. Que las diversas ramas del poder ejecutivo, de acuerdo con la propia naturaleza de los asuntos, estén lo más delimitadas posible y que sean confiados a manos diferentes.

Uno de los mayores vicios de la actual organización es el alcance excesivo de cada uno de los departamentos ministeriales, donde están amontonadas diversas ramas de la administración, por naturaleza sumamente distinta
Un pueblo, cuyos mandatarios no están obligados a rendir cuentes a nadie de su gestión, carece de constitución; puesto que depende de los mandatarios el traicionarlo impunemente o dejar que los otros lo traicionen. Si éste es el sentido que se atribuye al gobierno representativo, confieso que utilizaré todos los anatemas pronunciados contra él por Jean-Jacques Rousseau.
Por lo demás, esta afirmación necesita ser explicada, como muchas otras; pero se trata aquí no de definir el gobierno, sino de constituirlo.
El cualquier estado libre los crímenes públicos de los magistrados deben ser castigados con tanta severidad y con tanta facilidad como los crímenes privados de los ciudadanos: y el poder reprimir los atentados del gobierno debe pertenecer al pueblo soberano.
Sé que el pueblo no puede ser juez en perenne actividad. No lo pretendo, pero tampoco deseo que sus delegados sean déspotas al amparo de las leyes.
Se pueden satisfacer las exigencias que os he propuesto con algunas simples medidas que voy a exponer:

  1. Deseo que todos los funcionarios públicos elegidos por el pueblo puedan ser destituidos según las formas que se establecerán, sobre la única base del derecho imprescriptible que el pueblo tiene para destituir a sus propios mandatarios.
  2. Es natural que el cuerpo encargado de redactar las leyes vigile a aquellos que han sido propuestos para ejecutarlas: los miembros del órgano ejecutivo estarán obligados, pues a rendir cuentas de su gestión al cuerpo legislativo.

En caso de prevaricaciones éste no podrá castigarles –porque no hay que dejarle este medio de apoderarse del poder ejecutivo-- pero los acusará ante un tribunal popular, cuya única función consistirá en juzgar las prevaricaciones de los funcionarios públicos. Los miembros del cuerpo legislativo no podrán ser perseguidos por este tribunal a causa de las opiniones que hayan expresado en las asambleas, sino sólo por hechos positivos de corrupción o de traición de los que puedan ser acusados. Los delitos ordinarios que puedan cometer serán de la jurisdicción de los tribunales ordinarios.
Al término de sus funciones, los miembros del la legislatura y los agentes del ejecutivo o ministros podrán ser citados a juicio solemne por sus electores. El pueblo decidirá solamente “si han conservado o perdido su confianza”. El juicio que declare que han perdido su confianza implicará la imposibilidad de llevar a cabo cualquier función pública.”

Sistema Electoral en la República

Todo lo señalado anteriormente sobre el control de los representantes suena bien pero no pasará de simples declaraciones de intención si no lo acompañamos con un efectivo sistema de elección que permita no solo depositar el voto sino también trasmitir una responsabilidad.
Siempre enumero como principios de la república la igualdad, la libertad, la justicia y la virtud. Este es el campo de la virtud publica como manifestación de la inmensa responsabilidad que asume un mandatario del pueblo para con su cuerpo electoral, tanto con sus electores como con sus detractores. Lamentablemente vemos todos los días como cuanto más infame y corrupto se es, mejor se asciende en el organigrama institucional de nuestra “monarquía parlamentaria”. La monarquía puede permitirse un cierto grado de corrupción, la República ninguno.
Pero aunque la virtud se supone, estamos más tranquilos cuando el ojo de los ciudadanos vigila a sus mandatarios y estos sienten como la espada de la responsabilidad gravita sobre ellos dispuesta a darles un tajo mortal.
El sistema de la partitocracia inevitablemente degenera en corrupción pues con un sistema electoral como el que tenemos, lo electores no eligen nada, tan solo ratifican las decisiones que otros antes han hecho. Elegir es decidir, y con un sistema de listas cerradas y bloqueadas simplemente puedo aceptar la decisión que el “aparato” del apartido ha tomado.
Mañana por la provincia de Valladolid el PSOE presenta un burro ( un burro de verdad, no uno de los muchos burros humanoides que ya presentan de normal) y puede tener el lector la certeza de que ese burro será elegido diputado en el parlamento.
La democracia se basa en los votos, que son expresión de la Voluntad General; bonito principio que compartiría si fuera real. Pero usar este principio para defender el sistema actual es comer mierda sobre la base de que alguna vez fue solomillo. La “Voluntad General” está secuestrada por los comités electorales de los partidos ( sean cuales sean), ellos son los que eligen a los diputados y representantes; después, el votante simplemente ratifica con sus votos esa decisión, matizando como mucho quien se queda con el poder.
Con vuestro sistema votar no es un acto de democracia, simplemente es un acto de sometimiento, decidiendo en el fondo, quien debe ser nuestro tirano durante los siguientes cuatro años.

Últimamente se habla mucho de que con un sistema de listas abiertas más proporcional y con unas circunscripciones más grandes se solucionarían los problemas que vivimos actualmente. Yo creo solo en una muy pequeña parte y finalmente la raíz del problema, que es la vinculación del mandatario con su cuerpo electoral, no se vería en absoluto resuelta.
Durante el movimiento del 15M escuche una propuesta de reforma electoral basada en crear una circunscripción única al parlamento con un sistema de listas abiertas, y entonces pensé que habían logrado proponer un sistema electoral aún peor que el que tenemos.
Las papeletas con este sistema tendrían el tamaño de un periódico con unos 3000 o 4000 nombres de los que habría que elegir 350, una especie de quiniela inmensa sin pleno al quince. Eso sí, para votar habría que ir una hora antes ha poner crucecitas.
Salvo esta locura, es cierto que cualquier sistema electoral mejoraría lo que tenemos, pero si queremos que de verdad haya vinculación entre elector y elegido por encima de la que hay entre el elegido y su partido, no hay duda de que hemos de mirar a las circunscripciones uninominales con sistema mayoritario a doble vuelta ( sistema en vigor en Francia)
El interés de que una minoría este representada proporcionalmente en el parlamento no es suficiente para contrarrestar las ventajas de la vinculación directa entre elector y elegidos y la posibilidad de revocación que ello permite. Por otro lado, la doble vuelta garantiza que los votos no se “pierdan”, pues en la primera vuelta elegimos sin limite lo que oportunamente nos parece, y en segunda vuelta volvemos a elegir pero ya dentro de lo que se ha seleccionado.
No establecería como circunscripción ni la provincia ni la CCAA, pues ambas son inviables desde el punto de vista de la igualdad demográfica y como se verá en el tema territorial, ambas son perfectamente prescindibles.
Como señala Saint-Just en uno de sus discursos, “la división del estado no se encuentra en el territorio, se encuentra en la población. Se establece para el ejercicio de los derechos del pueblo, para el ejercicio y la unidad del gobierno”.
Los distritos electorales simplemente se conformarían con la agrupación de unidades de aproximadamente 100.000 electores; y dependiendo del numero total de electores así seria la composición determinada del parlamento. Conforme a los datos actuales del INE el censo actual es de 34.351.562, con lo cual, la Cámara de Representantes vendría a tener unos 344 diputados.
Si un principio indiscutido es que todos los votos son iguales, ¿por qué actualmente un voto en Soria vale proporcionalmente muchísimo más que uno en Madrid?. Y por comunidades, ¿alguien me garantiza que un voto en la CCAA de la Rioja no terminará valiendo más que uno en la CCAA de Madrid?
Mucho más sencilla sería la elección del Presidente de la República pues como creo que esta debe ser directa y completamente diferenciada de la de la Cámara de Representantes, sería a doble vuelta y en este caso, en circunscripción única.

II) Separación de poderes y entramado institucional

Era un niño cuando Alfonso Guerra señalo que “Montesquieu ha muerto”; ahora entiendo que en una democracia digna de este nombre, alguien que hubiera dicho esta barbaridad nunca más hubiera sido diputado, ni tan siquiera presidente de su comunidad de vecinos. Actualmente este individuo sigue siendo diputado y ha sido hasta hace poco presidente de la Comisión Constitucional del Congreso. Torcuato Fernandez Miranda señalo en la transición: “de la ley a la ley”, se le olvido señalar que de la ley fundamental de Franco a la ley fundamental de Juan Carlos. En común tienen que en ninguna de las dos hay una verdadera separación de poderes... así nos va.

Poder Legislativo

Como he señalado ya en lo comentado sobre la Ley electoral, los diputados son elegidos en sus circunscripciones de forma uninominal. De esta forma es muy fácil establecer mecanismos de revocación de su cargo si en su circunscripción se considera que ha traicionado sus promesas electorales o hace dejación de sus responsabilidades. Bastaría con establecer un número de firmas de los censados para iniciar el procedimiento de revocación que en caso prosperar haría cesar de inmediato al diputado.


Asamblea Nacional o Parlamento

El sistema que propongo es unicameral de forma que solo hay una cámara que representa el poder legislativo: la Asamblea Nacional.
Dado que hay absoluta separación de poderes no es posible pertenecer al poder ejecutivo y al poder legislativo;igual que mientras los diputados tienen libertad absoluta para intervenir y asistir a las sesiones, los ministros y el presidente de la República no tendrían este derecho más que de forma ocasional. Ver un diputado que a la vez es ministro, o incluso Presidente del Gobierno es simplemente una atrocidad desde el punto de vista de una real separación de poderes.
La Asamblea Nacional elegirá un Presidente y un Comité de Legislación. El Comité de Legislación, presidido por el Presidente de la Asamblea, sería el encargado de tramitar las propuestas de ley que tanto los diputados como el gobierno le harían llegar. Hago notar que no existen proposiciones de ley (iniciativa legislativa que se da al gobierno), y que un diputado tiene la misma capacidad de propuesta legislativa que el gobierno. Los proyectos de ley que en el artículo 88 establece nuestra actual constitución, son un ataque más a la separación de poderes.
Por supuesto la figura del “Decreto Ley” quedaría también proscrita.
La Asamblea Nacional tendría capacidad de control sobre la actividad del gobierno y del Presidente.
El Comité de legislación sería también el órgano encargado de publicar y sancionar las Leyes pues ningún otro poder del estado puede arrogarse este derecho.
Sobre los decretos y reglamentos del ejecutivo en cuanto afectaran al desarrollo de las leyes el Comité y la Asamblea tendrían potestades de supervisión y capacidad para declararlos nulos.

Poder Ejecutivo

Hay muchos tipos de República a la hora de determinar como se establece el poder ejecutivo y como la Presidencia de la República. En Alemania e Italia la figura del presidente de la república es poco más que decorativa y no es elegida directamente por los ciudadanos. La constitución de la II República establecía un sistema mixto, en la que el presidente era elegido por un colegio electoral compuesto al 50% por los diputados de cortes y el otro 50% por compromisarios elegidos al efecto.
En estos países la figura más importante es la del presidente del gobierno quien tiene el verdadero poder.
En Francia, aunque el presidente es elegido directamente por el pueblo y tiene amplios poderes existe la figura del presidente del gobierno que es ratificado por la Asamblea Nacional.
Yo considero que siempre que se pueda dentro de un mismo poder es mejor simplificar las cosas y poner figuras decorativas no me parece lo mejor, sobre todo cuando ya tenemos al actual rey y al príncipe para “redecorar nuestra vida.”

Presidente de la República y Gobierno

El presidente de la República lo será también del poder ejecutivo y designará libremente a los miembros del gobierno. No necesitarán los ministros ratificación del parlamento.
Eso no impide que el presidente y los ministros deban responder ante el parlamento de sus actuaciones periódicamente y cuando este los requiera.
Aquellos que nos dicen lo barata que es la monarquía ... en mi República nos ahorramos el cargo del Rey y el del presidente del gobierno.
El presidente es elegido por sistema mayoritario a doble vuelta por circunscripción electoral única; si en primera votación no obtuvo más del 50% de los votos los dos candidatos más votados pasan a la segunda.


Cláusula general de salvaguardada

Por motivos políticos el Parlamento por mayoría absoluta podrá destituir al Presidente de la República; inmediatamente a su vez la Asamblea Nacional quedaría disuelta.
El Presidente podrá disolver el Parlamento pero a su vez, se convocaran elecciones presidenciales.
De esta forma se establece un control total entre los dos poderes sin que por ello haya intromisiones entre los mismos; en las controversias entre poderes cuando estas son insolubles, son los ciudadanos quienes tienen que hablar.

Poder Judicial

Es necesario que el poder judicial sea un poder independiente, pero no es menos cierto que es necesario un eficiente sistema de selección de los miembros que han de formar parte de la judicatura. Si diéramos independencia a los actuales jueces habríamos creado un cuerpo sumamente peligroso para la República.
Un buen sistema de selección en el que primen, tanto los conocimientos jurídicos como los propios del sentido general de justicia haría posible la viabilidad del sistema que propongo.
Los jueces de forma libre e independiente elegirían directamente un Consejo Judicial que se encargaría de la gobernanza de este poder.
Este Consejo elegiría a su Presidente que seria a la vez Presidente del Tribunal Supremo.(de manera similar a la actual pero sin la contaminación partidaria que ahora hay)
Hago notar que en la organización judicial de mi República no hay Tribunal Constitucional, pues los temas de Constitucionalidad de las Leyes, recursos de amparo y las cuestiones de constitucionalidad y temas competenciales, serían tratadas por la Sala Constitucional del Tribunal Supremo.
La selección de los jueces que conforman los distintos tribunales se harían de la forma más objetiva posible atendiendo solo a criterios de mérito y capacidad.
La simple existencia en una Constitución de un Tribunal Constitucional fuera del poder judicial es una distorsión del sistema de separación de poderes, pues al final ese tribunal Constitucional no es más que un “legislador negativo” que reproduce el equilibrio de fuerzas de quien lo nombra.

Poder Constituyente

Este poder no es uno de los clásicos, pero como esta es “Mi República” me puedo permitir crearlo.
Siempre me ha fascinado el artículo 28 de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1793 que señala:
Un pueblo tiene siempre derecho a revisar, reformar y cambiar su Constitución. Una generación no puede someter a sus leyes a las generaciones futuras”

Evidentemente la constitución de la República establecerá unos mecanismos de reforma, que en mi opinión deberían ser bastante flexibles para evitar fosilizaciones como la que actualmente vemos en la Constitución del 78, que blindando un sistema muerto, es imposible llegar a reformarlo ni tan siquiera para enterrarlo.
Pero el Poder Constituyente que aquí señalo se manifiesta en que cada 25 años la Constitución se someterá obligatoriamente a un referéndum para que los ciudadanos decidan si están conformes con ella o no. Si en dicho referéndum gana el “si”, se entiende que la constitución goza del apoyo de la ciudadanía y hasta dentro de 25 años no volverá a darse un nuevo referéndum. Si gana el “no”, se abrirá un periodo de Asamblea Constituyente para el establecimiento de una nueva Constitución.
Esto es independiente a un referéndum de acuerdo con un procedimiento de reforma establecido en la Constitución.
El poder Constituyente es un derecho inherente al pueblo que permite evitar que ciertas élites puedan llegar a apoderarse de la República “ab eternum”.


III) Organización Territorial : República Unitaria

Como buen jacobino, creo que un Estado Unitario es mejor que uno Federal y mucho mejor que uno Confederal.
En España historicamente parece que dentro de las corrientes republicanas la idea de República Federal es la mayoritaria, pero como aquí estoy en “Mi República” voy a seguir mis principios.
Yo soy un “Republicano Unitario”, y por lo tanto la República, siguiendo el principio que he señalado en el sistema electoral, sigue la idea de que: “la división del estado no se encuentra en el territorio, se encuentra en la población. Se establece para el ejercicio de los derechos del pueblo, para el ejercicio y la unidad del gobierno”
Siempre que sale el tema de la supresión de las CCAA sale el tema del centralismo como un consustancial perjuicio a los ciudadanos. Un Estado unitario no tiene necesidad de ser un estado centralizado administrativamente.
Nadie me va ha hacer creer que gracias a las CCAA estoy mejor administrado, los que están mejor son todo el equipo de parásitos que viven de la administración autonómica y también de la provincial. Que cada vez que uno pasa de una CCAA a otra deba pedir una cartilla sanitaria de desplazado es ya muestra del caos “burrocrático” en que vivimos.
Se puede estar divinamente administrado de forma sumamente descentralizada y vivir en un estado unitario, eso si, nada de diputaciones provinciales ni de CCAA.
Solo habría dos niveles territoriales, el municipal y el estatal; por supuesto ningún territorio tendría privilegios fiscales.
Podrían crearse mancomunidades de municipios para administrar servicios municipales comunes a un cierto número de municipios, pero esto son órganos administrativos de gestión. Políticamente se elegirían a nivel municipal concejales y alcaldes, pero estos no se integrarían ya en ningún órgano político.
Si reconocería, al estilo del “Estado Integral” de la II República, el derecho a que los municipios de ciertas regiones pues las provincias ya no existirían, bien determinadas ( Galicia, País Vasco y Cataluña) pudieran constituirse en Regiones, pero en ningún caso estas regiones tendrían asambleas políticas, todo lo más un órgano general de gobierno para asuntos que le fueran propios.


& Pido perdón por el inmenso numero de incorrecciones de todo tipo que tiene el presente texto, pero quería exponer aunque fuera someramente la idea que sobre la República tengo en mi pensamiento. Todo esta puesto con trazo grueso y muchas ideas son susceptibles de ser matizadas y discutidas.
En todo caso, quería hacer mi pequeño homenaje político a la República este 14 de abril, exponiendo mis ideas de cara al futuro republicano que nos espera.
Se necesitaría una vida para tratar minuciosamente todo lo que en 7 páginas he escrito en una tarde, pero estas páginas permiten intuir mi sueño republicano, y con ello estoy satisfecho.

viernes, 1 de marzo de 2013

La política de trincheras


“Cree en aquellos que buscan la verdad, duda de aquellos que la han encontrado”(André Gide)

Pese a la evolución que en los últimos años esta sufriendo el panorama político, no dejo de ver claras evidencias de que aun lo viejo esta muy vivo y lo nuevo aún en pañales.
La política que llamo yo “de trincheras” no es otra que aquella que se basa en la ideología de la consigna y del dogma; atesorando la verdad absoluta, todo lo que se le opone es “herejía”.
Lamentablemente, esta manera doctrinaria de entender las cosas en el campo político infecta a todo el arco ideológico, y tan dogmático puede ser alguien que podríamos denominar de “derechas”, como alguien de “izquierdas”.
El grave problema de las personas dogmáticas radica en su incapacidad para escuchar a los demás y por lo tanto, en su mínima capacidad de evolución moral e ideológica. En la política como en tantas otras cosas de la vida, no se trata de ser poseedor de la “verdad absoluta” sino de ser capaz de, en el dialogo con el otro, comprender su postura sin compartirla.
El día que no crea en la frase de Voltaire: “Odio las convicciones de usted, pero daría mi vida para conservar su derecho a expresarlas”, ese día, me habré unido también a la secta de la verdad absoluta y por lo tanto, dialogar conmigo será ya imposible.
Pero lo anteriormente expresado,  no significa que el “no dogmático” no tenga verdades personales, ni ideas claras, todo lo contrario, puede incluso tenerlas más fuertemente enraizadas y definidas que quien tiene la “verdad absoluta”, y ello porque, mientras estos desprecian a todo y a todos los que no comulgan con su credo, los primeros confrontando constantemente sus ideas las enriquecen y en el debate las fortalecen.
Ser vehemente y apasionado son las cualidades propias de quienes sienten la necesidad de expresar sus propias verdades y convencer a los demás de que en ellas se puede confiar, no como verdades absolutas, sino como verdades relativas que cada uno puede hacer suyas.
Desgraciadamente, pocas veces se puede llegar a un verdadero diálogo entre un dogmático y alguien que no lo es, pues como he señalado, cuando uno tiene la “sabiduría de la verdad absoluta” lo más que puede hacer es adoctrinar al otro y convertirlo a la luz de sus ideas.
Con ello, si el otro defiende también sus principios e ideas, a lo que inevitablemente se llega es a la confrontación, la misma negación del diálogo y de la razón. Las ideas abren así el camino de las pasiones y el hombre retorna a la animalidad en forma de recurso y apelación a la fuerza, sea del tipo que sea.
Uno puede estar seguro que se ha traspasado el campo de las ideas y entrado en el campo de las pasiones cuando entran en juego las descalificaciones personales, pues se deja de atacar lo qué se dice, para atacar a quién lo dice.
Este mecanismo hay veces que funciona y otras que no, pues si se logra degradar con el ataque a la otra persona, inevitablemente también lo que dice queda erosionado, pero si la otra persona logra sobrevivir al ataque personal, el atacante queda descalificado por su comportamiento.
Lo normal es que al final, roto el dialogo, las pasiones se desaten y los insultos y descalificaciones vuelen por ambas partes y con todo enmerdado solo una de las partes permanezca para declararse victoriosa. Victoria pírrica, de la que solo un alma pequeña puede sentirse satisfecha pues, si en el fin encuentra aceptables los medios del ataque personal, la victoria siempre estará en la fuerza y no en el convencimiento.
La política de trincheras esta hecha por los dogmáticos sean del signo político que sean y ante ellos, solo podemos oponernos con la “política del movimiento”. Ser capaces de entender a los demás y en lo posible, siempre que no se alteren en la esencia los principios fundamentales que sostienen nuestras ideas, enriquecernos con ellos.
El tiempo de las trincheras ha terminado, y quien no lo vea, se quedará solo en su fosa a espera de ser enterrado; la gente ya no puede esperar que una de las trincheras logre romper la resistencia de la otra, sino que en unión de elementos de ambas trincheras el “movimiento” sobrepase las trincheras y logré la victoria.
En este planteamiento es en el que creo y por eso,abierto siempre al dialogo, aceptaré todas las aportaciones y debates que se me planteen. Quien no comparte mis ideas, no es pues ni mi enemigo ni mi adversario, eso lo dejo para los 350 actores que hay en el parlamento, es mi interlocutor.

(A lo largo de este texto al hablar de "ideas" me refiero a posturas e ideologías dentro del marco que representan los Derechos Humanos, evidentemente poco se puede hablar con alguien que no respeta la dignidad humana.) 

viernes, 8 de febrero de 2013

REFORMA FISCAL PROGRESIVA.


Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano 1789

Artículo 13.
Siendo necesaria, para sostener la fuerza pública y subvenir a los gastos de administración, una contribución común, ésta debe ser distribuida equitativamente entre los ciudadanos, de acuerdo con sus facultades.

Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano 1793

Artículo 20
No puede establecerse ninguna contribución sino para utilidad general. Todos los ciudadanos tienen derecho a concurrir para fijar contribuciones, a vigilar el empleo de las mismas y a que se de cuenta de dicho empleo.


Referencias en la Constitución Española del 78

Artículo 31.
1. Todos contribuirán al sostenimiento de los gastos públicos de acuerdo con su capacidad económica mediante un sistema tributario justo inspirado en los principios de igualdad y progresividad que, en ningún caso, tendrá alcance confiscatorio.
2. El gasto público realizará una asignación equitativa de los recursos públicos y su programación y ejecución responderán a los criterios de eficiencia y economía.
3. Sólo podrán establecerse prestaciones personales o patrimoniales de carácter público con arreglo a la Ley.

Artículo 133.
1. La potestad originaria para establecer los tributos corresponde exclusivamente al Estado, mediante Ley.
2. Las Comunidades Autónomas y las Corporaciones locales podrán establecer y exigir tributos, de acuerdo con la Constitución y las Leyes.
3. Todo beneficio fiscal que afecte a los tributos del Estado deberá establecerse en virtud de Ley.
4. Las administraciones públicas sólo podrán contraer obligaciones financieras y realizar gastos de acuerdo con las Leyes.


Reforma Fiscal Progresiva


Impuestos Directos

Antes de empezar esta pequeña reflexión sobre los impuestos, y dado que en esta ocasión estamos entre las aguas de la Economía y el Derecho, quiero unir a este texto una pequeña reflexión sobre los impuestos que por simple puede sernos muy útil.

El ingreso privado de las personas proviene en última instancia de tres fuentes: renta, beneficio y salario. Todo impuesto debe ser finalmente pagado a partir de alguna o algunas de estas tres clases de ingresos.
Cánones de la tributación en general:

  1. Los ciudadanos de cualquier estado deben contribuir al sostenimiento del gobierno en la medida de lo posible en proporción a sus respectivas capacidades; es decir, en proporción al ingreso del que disfrutan.
  2. El ingreso que cada individuo debe pagar debe ser cierto y no arbitrario. El momento del pago, la forma del mismo, la cantidad a pagar, todos deben resultar medianamente claros para el contribuyente y para cualquier otra persona.
  3. Todos los impuestos deben ser recaudados en el momento y la forma que probablemente resulten más convenientes para el contribuyente y para cualquier otra persona.
  4. Todos los impuestos deben estar diseñados para extraer de los bolsillos de los contribuyentes o para impedir que entre en ellos la menor suma posible más allá de los que ingresaron en el tesoro público del estado. (Evitar que el dinero se pierda por el camino) “

(Adam Smith - La Riqueza de las Naciones)


Resulta curioso que en el plano legal parezca que desde la caída del “ancien regime” la progresividad de los impuestos sea, en teoría, un principio incontestable mientras en la práctica vemos su total proscripción.
Nuestro sistema impositivo no es progresivo, y si lo es mínimamente solo lo es en las “rentas del trabajo” . Reitero una frase de Adam Smith que me parece sumamente importante en este análisis: “El ingreso privado de las personas proviene en última instancia de tres fuentes: renta, beneficio y salario. Todo impuesto debe ser finalmente pagado a partir de alguna o algunas de estas tres clases de ingresos.”
Esta es la gran debilidad del sistema sobre el que se asientan todas las demás falacias que vivimos, los impuestos no pueden ni deben recaer solo sobre los salarios. ¿Y los beneficios empresariales?. ¿Y las rentas del capital?.
Al final solo están controlados los impuestos en la parte de los asalariados, pero toda la rigurosidad en los salarios, es flexibilidad en las otras dos clases de ingresos que benefician a una minoría “aristocrática” que en la realidad NO paga impuestos.
Yo creo que más que subir el tipo máximo del IRPF, que podría ser oportuno, el quid de las cuestión está en que de verdad, las “rentas” y los “beneficios” paguen impuestos.
La reforma Fiscal es necesaria y tienen un gran margen de maniobra desde el punto de vista que yo señalo; rentas y beneficios.
Como en el “ancien regime” el sistema fiscal se basa en cobrar impuestos a los que menos tienen y en dejar exentos de pagarlos a los que son ricos.
El ejemplo más sangrante es que, después de tantas subidas de impuestos como hemos sufrido, las SICAV mantienen una tributación del 1%.

Las Sociedades de Inversión de Capital Variable (SICAV) son conocidas por ser el vehículo de inversión preferida de las grandes fortunas y las familias más poderosas de España. A diferencia del resto de sociedades, tributan por sus beneficios un 1%, frente al 25% que pagan las pequeñas y medianas empresas o el 30% de las grandes. Esta discriminación fiscal ha dado lugar a varias iniciativas legislativas con los diferentes gobiernos para que se subiera la fiscalidad. Pero todos, los del PP y los PSOE, han hecho caso omiso a esa petición. Y el actual de Mariano Rajoy va a seguir la misma vía”. (Noticia: El Pais 26 de Diciembre de 2012)

¿Cómo se puede permitir que un mileurista tribute mucho más que una sociedad de inversión de grandes fortunas?. Nos llevamos las manos a la cabeza cuando la historia nos muestra como era el sistema fiscal del SXVIII donde los únicos que pagaban impuestos eran los pobres del “Tercer Estado” , pero hoy, en la España de 2013 en la práctica “la casta política” y la “casta financiera y dineraria” están exentos de pagar impuestos.
Solo con que los ricos y las empresas pagarán los impuestos directos sobre “beneficios y rentas” los ingresos tributarios se verían sustancialmente aumentados y se podría empezar a ayudar de manera eficaz a los que menos tienen.
La agresión fiscal que esta sufriendo la clase trabajadora es de todo punto de vista intolerable, pues todo el esfuerzo fiscal recae, en lo que se refiere a impuestos,directos, sobre el “salario”.
Por otro lado, si bien pagar impuestos es una obligación para todo “buen ciudadano”, todo vestigio moral de esta obligación desaparece cuando los ejemplos nos hablan de que son precisamente los que más dinero tienen los primeros que se escapan de pagarlos.
La ejemplaridad que fomenta el gobierno es precisamente la contraria, como ha demostrado últimamente con la llamada “amnistía fiscal” , cuya moraleja viene a decir: defrauda que después por un módico importe, quedarás limpio de polvo y paja.
Es indudable que a la crisis política y económica se ha unido una gravísima crisis moral que sobre todo afecta a la “casta política” en su gran conjunto.

Impuestos Indirectos

Hasta aquí he hablado de los impuestos directos, pues es en este tipo de impuestos donde se puede aplicar la “progresividad” que tan solemnemente declara nuestra constitución.
Los impuestos indirectos ya no discriminan el volumen de la renta de cada uno sino sobre todo, gravan ciegamente el consumo. Por ejemplo, un millonario y un indigente pagan lo mismo por la barra de pan.
En el impuesto del IVA( el paradigma de impuesto indirecto), se hacen algunas distinciones sobre los vienes de consumo que gravan aplicándose diferentes tipos conforme se consideran o no vienes de “primera necesidad”.
Tras la última subida del IVA, podemos señalar que toda esta distinción casi a desaparecido y el afán recaudatorio, una vez más , recae sobre los que menos tienen.
Por otro lado el ataque a la cultura con un 21% de IVA, más que un tema fiscal es un tema político, pues se trata de acallar toda conciencia crítica que la sociedad pueda albergar o desarrollar.
Es el sentido común el que dicta que los bienes de lujo ( pero los de verdad) tiene que estar gravados con un impuesto alto, pero todo bien de primera necesidad, debe estar casi exento del mismo.
Estos impuestos por otro lado, cuando no se discrimina y se hacen generales, al subirse dañan mucho a la economía, al retraer el consumo. No es raro que subiendo este tipo de impuestos, la recaudación en lugar de aumentar disminuya.
Tengo claro que la apetencia por estos impuestos radica en lo fácil que resulta su recaudación, como pasaba con el impuesto directo sobre los salarios, donde escaparse de los “recaudadores” es muy difícil.


Referencia a la Reforma Constitucional del Artículo 135

Artículo 135.

1. Todas las Administraciones Públicas adecuarán sus actuaciones al principio de estabilidad presupuestaria.
2. El Estado y las Comunidades Autónomas no podrán incurrir en un déficit estructural que supere los márgenes establecidos, en su caso, por la Unión Europea para sus Estados Miembros.
Una Ley Orgánica fijará el déficit estructural máximo permitido al Estado y a las Comunidades Autónomas, en relación con su producto interior bruto. Las Entidades Locales deberán presentar equilibrio presupuestario.
3. El Estado y las Comunidades Autónomas habrán de estar autorizados por ley para emitir deuda pública o contraer crédito.
Los créditos para satisfacer los intereses y el capital de la deuda pública de las Administraciones se entenderán siempre incluidos en el estado de gastos de sus presupuestos y su pago gozará de prioridad absoluta. Estos créditos no podrán ser objeto de enmienda o modificación, mientras se ajusten a las condiciones de la ley de emisión.
El volumen de deuda pública del conjunto de las Administraciones Públicas en relación con el producto interior bruto del Estado no podrá superar el valor de referencia establecido en el Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea.
4. Los límites de déficit estructural y de volumen de deuda pública sólo podrán superarse en caso de catástrofes naturales, recesión económica o situaciones de emergencia extraordinaria que escapen al control del Estado y perjudiquen considerablemente la situación financiera o la sostenibilidad económica o social del Estado, apreciadas por la mayoría absoluta de los miembros del Congreso de los Diputados.
5. Una Ley Orgánica desarrollará los principios a que se refiere este artículo, así como la participación, en los procedimientos respectivos, de los órganos de coordinación institucional entre las Administraciones Públicas en materia de política fiscal y financiera. En todo caso, regulará:
  1. La distribución de los límites de déficit y de deuda entre las distintas Administraciones Públicas, los supuestos excepcionales de superación de los mismos y la forma y plazo de corrección de las desviaciones que sobre uno y otro pudieran producirse.
  2. La metodología y el procedimiento para el cálculo del déficit estructural.
  3. La responsabilidad de cada Administración Pública en caso de incumplimiento de los objetivos de estabilidad presupuestaria.
6. Las Comunidades Autónomas, de acuerdo con sus respectivos Estatutos y dentro de los límites a que se refiere este artículo, adoptarán las disposiciones que procedan para la aplicación efectiva del principio de estabilidad en sus normas y decisiones presupuestarias.


En Septiembre de 2011 se perpetró en España por parte del PPSOE una vileza de inmensas proporciones al reformarse de manera secreta la Constitución. Si me refiero a ello es por tratarse precisamente de un tema económico.
Para que el lector pueda comparar, frente al actual artículo reformado con el que encabezo este apartado, voy a poner al original

Artículo 135 (redacción original 1978)

  1. El Gobierno habrá de estar autorizado por ley para emitir Deuda Pública o contraer crédito.
  2. Los créditos para satisfacer el pago de intereses y capital de Deuda Pública del Estado se entenderán siempre incluidos en el estado de gastos de los presupuestos y no podrán ser objeto de enmienda o modificación, mientras se ajusten a las condiciones de la ley de emisión

Este artículo directamente no hace referencia a la fiscalidad pero pone sobre todos los ciudadanos una terrible amenaza y limita la independencia que todo gobierno y todo parlamento debe tener a la hora de aplicar la política que considere oportuna.
Si una Constitución debe ser una norma que establezca las normas generales del juego, este artículo rompe toda imparcialidad y la significa políticamente.
En resumidas cuentas lo que nos señala el artículo es que lo importante es la estabilidad presupuestaria y pagar la deuda... si sobra algo de dinero ya se puede pensar en los ciudadanos.
Los ciudadanos pagamos impuestos, pero la prioridad absoluta de los ingresos del Estado no es otra que pagar los intereses de una deuda cuanto menos contraída dudosamente; y el establecer constitucionalmente el principio de “estabilidad presupuestaria” es declarar anti-constitucional y anti-sistema a todo aquel que no este conforme con este principio.
Los impuestos deben estar destinados al bienestar de los ciudadanos y a mantener los servicios públicos, NO a hacer ricos a los especuladores y a los “mercados”.  

martes, 22 de enero de 2013

Breve consideración política sobre la Renta Mínima


¿Cuál es el primer objetivo de la sociedad? Es mantener los derechos imprescriptibles del hombre.¿Cuál es el primero de esos derechos?. El derecho a la existencia. (M. Robespierre)

Declaración de los derechos del Hombre y del Ciudadano 1793

Artículo 21.
Los socorros públicos son una deuda sagrada. La sociedad debe velar por la subsistencia de los ciudadanos desgraciados, sea procurándoles un trabajo, sea asegurando los medios de existencia de quienes no estén en condiciones de trabajar.

Declaración Universal de los Derechos Humanos, 10 de diciembre de 1948

Artículo 3 .
Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona.

Constitución española 1931

Artículo 46.
La República asegurará a todo trabajador las condiciones necesarias de una existencia digna. (...)

Constitución española de 1978

Artículo15.
Todos tienen derecho a la vida y a la integridad física y moral,(...)


Artículo 41.
Los poderes públicos mantendrán un régimen publico de Seguridad Social para todos los ciudadanos, que garantice la asistencia y prestaciones sociales suficientes ante situaciones de necesidad, especialmente en caso de desempleo.
La asistencia y prestaciones complementarias serán libres.



En esta breve reflexión sobre el punto que vamos a tratar el Frente Cívico no voy a meterme en el proceloso campo de la economía, pues en el fondo, la economía por mucho que nos lo quieran vender, no puede ni debe ser otra cosa que un medio de la política.
Si somos tiranizados por los “mercados” es porque realmente los ciudadanos hace mucho que perdimos la soberanía y el poder no es del pueblo sino de una “aristocracia” conformada por las élites económicas y la “casta” política.
El montante de 1000e creo que es lo menos relevante en esta cuestión pues en realidad la “cantidad” creo que debe marcarse dentro de la “renta necesaria para que una persona viva dignamente”. Por eso no veo muy útil entrar si son necesarios 1000e, 900e o 1100. Desde luego los 400e que se conceden ahora como limosna no entran dentro de “dignamente”, y a quien lo defienda, le conmino a vivir con ellos durante un mes.
Así pues, la primera ley social es la que garantiza a todos los miembros de la sociedad los medios para existir. Todos los demás deben estar subordinados a este. Los alimentos y los medios para la subsistencia digna del hombre son tan sagrados como la propia vida.
Empiezo esta pequeña reflexión enunciando un artículo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, 10 de diciembre de 1948 y algunos de la Constitución de 1978, artículos que curiosamente se interpretan de forma deliberadamente parcial.
Yo tampoco había visto clara la conexión entre estos artículos tan constantemente señalados por los “liberales” como sacrosantos, con la renta de ciudadanía que nos proponemos debatir, pero...¿comer y vestirse no entra dentro del derecho a la vida y la integridad física y moral?
Si queremos cambiar, si queremos que la sociedad de verdad logre levantar el velo de opresión al que está sometida es necesario replantear las ideas de esclavos con que nos han educado desde niños.
El derecho a la vida es mucho más que un derecho negativo a no ser asesinado, pues como desgraciadamente estamos viendo todos los días con los suicidios de los “desahuciados”, condenar a la persona a la desesperación de la indigencia es, aunque menos evidente, un asesinato por parte del Estado.
Repudiamos la pena de muerte, e invocamos este artículo para considerarla ilegal y sin embargo sin necesidad de sillas eléctricas ni inyecciones letales condenamos a la desesperación del suicidio a personas inocentes cuyo único delito es haber tenido la mala suerte de perder sus medios de subsistencia.
La minoría que acapara el 80% de la renta nacional nos vende que el Estado no pude hacerse cargo del establecimiento de una renta de ciudadanía de 1000e, pero a la vez ha visto muy acertado arruinar nuestro futuro y el de nuestros hijos y nietos en salvar a una banca corrupta. ¿ Por qué es correcto salvar a unas élites financieras y no a los ciudadanos?
Como decía al principio, no debemos aceptar el falso axioma de que “la política debe de estar al servicio de la economía”; por mucho que lo repitan, esta mentira no puede ser verdad.
Si la política debe de estar al servicio de los ciudadanos, la única conclusión posible es que la economía debe necesariamente estar al servicio de la política. Al menos si consideramos al pueblo como titular de la soberanía.
El artículo 1-2 de la CE declara solemnemente “La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado”
Como tantas y tantas cosas, la CE es un bonito texto de ciencia ficción pues en la realidad, es de la casta política y económica de la que “ emanan los poderes del Estado”
Cuando una parte de la ciudadanía es condenada a la indigencia se está quebrando el principio esencial que debe presidir toda comunidad política que no es otra que la conservación de todos sus miembros.
La renta de ciudadanía no solo es un medio para preservar la vida de los ciudadanos sino el necesario mecanismo para hacer posible la libertad política dentro del Estado. Sin igualdad no hay libertad, y tratar de desligar estos conceptos nos lleva a terribles consecuencias y a la destrucción de una y otra.
No se trata, por tanto, de perseguir una igualdad inalcanzable, sino de establecer un baremo mínimo, realista: que ningún ciudadano sea tan rico como para comprar a otro, ni ninguno tan pobre como para verse obligado a venderse, afirma J.J. Rousseau en el Contrato Social.
En este punto tratamos de que ningún ciudadano sea tan pobre como para venderse (SMI y renta de ciudadanía), y en ello, como vengo señalando desde el principio de esta reflexión, no solo hay motivos económicos sino políticos.
Pido disculpas por no poder extender y desarrollar estas breves reflexiones, pero creo que establecen una línea de justificación política interesante de la “renta de ciudadanía” y del SMI de cara al debate que tendremos.

viernes, 18 de enero de 2013

Prólogo para un nuevo Blog


“Cuando todas las leyes son violadas, cuando el despotismo llega a su colmo, cuando la buena fe y el pudor son pisoteados, el pueblo debe ir a la insurrección. Este momento ha llegado” (M. Robespierre)



Hace muchos años en la ingenuidad de la juventud creí que dentro de nuestro sistema era posible una evolución hacia una mayor democracia; hoy cuando el “régimen partitocrático” se resquebraja considero que es mi obligación retornar a las ideas del pasado, ya no para reformar sino para cambiar.
Ha llegado el momento en el que todos los ciudadanos debemos hacer causa común en la lucha por lograr una verdadera democracia donde la soberanía retorne de verdad a las manos del pueblo. La indiferencia ya solo beneficia a los poderosos que en fraternal abrazo se disponen a defender la ciudadela de sus privilegios. Las medidas que todos los días se anuncian por parte de la “casta” siempre van contra nuestros derechos y nunca contra sus privilegios; ¿hay mayor prueba de la traición que todos los días de perpetra contra los sufridos ciudadanos?
Hace mucho que me convencí de que si España quiere de verdad salir de la crisis necesita de verdad una Revolución. Siempre he considerado muy acertada la famosa frase de Bertolt Brecht que señala: “Las revoluciones se producen en callejones sin salida”.
El problema radica en que a diferencia de otros momentos históricos ahora carecemos de referentes claros que nos muestren el camino que debemos seguir y las metas a alcanzar; el sistema está muerto pero para enterrarlo necesitamos establecer uno nuevo.
En este blog tengo pensado establecer de forma clara mis pensamientos políticos pero siempre sobre una base racional nacida de la apelación a los autores que desde la adolescencia marcaron mis ideas.
Debemos tomar como base las ideas del pasado y actualizarlas al presente; esas ideas que llevan muertas más de 200 años por los intereses de la nueva aristocracia que surgió victoriosa en el SXIX.
Que hoy el pensamiento de J.J. Rousseau, de Thomas Paine, y de los actores de la época de la revolución de 1789 sea “revolucionario” muestra bien a las claras que algo se ha hecho rematadamente mal en estos últimos dos siglos.
La democracia solo se puede reformar con más democracia, pero cuando unos pocos defienden la ciudadela de sus privilegios es necesario el asalto de la misma. La democracia no está en los que viven de ella dentro del fortín sino en los asaltantes, son los derechos del hombre y del ciudadano la bandera que debe guiarnos en nuestra carga.
Quien en nombre de la libertad renuncia a ser lo que tiene que ser, es un suicida en pie. La libertad, como la vida, sólo la merece quien sabe conquistarla todos los días” señala una brillante frase de Goethe.
No es hora ya de quejas, es hora de empezar a actuar, de pensar, de movilizarse y de cambiar las cosas.
Este humilde blog, nace pues como el catalizador en palabras de los pensamientos que a lo largo de los años han ido anidando en mi espíritu; en un tiempo ordinario quizás no hubieran ido a ningún sitio más que como delirios de un soñador, pero hoy es necesario que el pensamiento acompañe a la acción. La indignación es ciega y o va acompañada de las luces de un pensamiento de cambio, o simplemente se perderá en la estéril tormenta de un día.
Este viejo jacobino ha decidido volver a la línea de batalla pues es evidente que: España necesita una Revolución.