viernes, 14 de junio de 2013

Reflexiones sobre la próxima Revolución Española.

"Hay opresión contra el cuerpo social cuando uno solo de sus miembros es oprimido. Hay opresión contra cada miembro cuando el cuerpo social es oprimido: cuando el gobierno oprime al pueblo, la insurrección del pueblo entero y de cada una de sus porciones es el más santo de los deberes; cuando la garantía social falta a un ciudadano, forma parte del derecho natural que éste se defienda por sí mismo. En uno u otro caso, sujetar a formas legales la resistencia a la opresión es el último refinamiento de la tiranía"  ( M. Robespierre)

Cuando veo la terrible crisis que nos asola a los ciudadanos de este país y como aquellos que deberían actuar para poder superarla se limitan a defender sus privilegios veo el necesario camino que tenemos por delante si de verdad queremos tener un futuro.
Durante mucho tiempo consideré que el régimen nacido de la transición tendría dos conclusiones naturales, o la evolución que lo llevaría a transformarse en una verdadera democracia o ser consumido por el fuego de un cambio radical.
Llegados al punto actual ya solo es posible un camino, y aunque ignoro cuándo, cómo y dónde, el fin natural al que mi generación se va ha enfrentar es el de atravesar las tormentas de un proceso revolucionario.
Siempre me a apasionado la historia de la Revolución Francesa y por considerarme yo mismo un revolucionario, lamento los dolores y sufrimientos que el pueblo va a tener que soportar para lograr una verdadera libertad política que le lleve a la prosperidad. Que nadie se engañe, el pueblo como sujeto histórico suele ser un gigante dormido, aclamado y despreciado por igual, aunque las pocas veces que despierta y se erige en protagonista, no hay fuerza capaz de controlarlo ni de apaciguarlo.
Una revolución busca dignidad, pero nunca es digna, y la violencia y los excesos forman parte de su naturaleza como el rayo de la tormenta; se encuentran en ella los más altos ideales, pero en su reverso no es difícil encontrar también las más bajas pasiones.
Así las cosas, siento una extraña mezcla de odio y de pena por nuestra actual “casta política”, que con ciega arrogancia se tapa los oídos ante el clamor y el sufrimiento del pueblo; por negarse a renunciar a sus privilegios los perderán todos.
Otro de mis planteamientos es que si bien las revoluciones nacen en unos pocos días, su gestación tarda años mientras se van fraguando los nuevos ideales que sustituirán a los antiguos. Todo permanece igual mientras el miedo al cambio es mayor que el deseo de ese mismo cambio, ese seria el tiempo que la reforma política debería aprovechar para actualizarse conforme las nuevas ideas,y permitir la evolución pacífica del sistema. Normalmente el paradigma de este concepto de evolución política lo encontramos en el pragmático pueblo inglés (salvo en un breve periodo del SXVII).
En este aspecto, me gusta el razonamiento del filósofo escocés Adam Smith cuando señala: “Se requiere quizá el máximo ejercicio de sabiduría política para determinar cuándo un verdadero patriota debe apoyar y procurar restablecer el viejo sistema y cuándo debe ceder ante el más atrevido pero a menudo peligroso espíritu innovador”
En España los únicos que tienen fundadas razones para mantener el “viejo sistema” son los representantes de las castas oligárquicas de políticos y banqueros, mientras, todos los demás ciudadanos, sometidos a un sistema político corrupto y condenados a la indigencia material, somo tenemos la posibilidad mirar al “espíritu innovador” para cambiar las cosas.
En los actuales partidos políticos hay gente buena, valiosa y con valores, pero son la excepción que confirma la regla de la general de miseria moral que adorna a lo que y denomino “casta política”. Lamentablemente, los “buenos” y los “malos” serán juzgados por igual el día que el monstruo despierte, pues la justicia del pueblo no tiene nada que ver con la justicia moral ni natural, y no se pueden pedir sutilizas a los que durante tanto tiempo han vivido en la prisión del engaño y la mentira.
Cuando un sistema como el que vivimos en España esta corrupto hasta sus mismísimas entrañas no hay sitio para componendas ni medias tintas; solo se puede aspirar, cueste lo que cueste, al verdadero establecimiento del gobierno del pueblo, para el pueblo y por el pueblo por los medios que resulten necesarios.
Se debe configurar un verdadera democracia, donde los ciudadanos elijan de verdad a sus mandatarios, donde los mandatarios solo tengan por finalidad el interés de sus electores, donde se respete la dignidad del hombre, donde los derechos del ciudadano no solo sean palabras muertas escritas en libros sino realidades gravadas en el corazón de los hombres...
Basta leer el artículo 16 de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789 para ver que más de dos siglos después España carece de constitución: “Una sociedad en la que no está asegurada la garantía de los derechos ni determinada la separación de poderes, carece de Constitución”
¿Dónde esta la separación de poderes en la sacralizada constitución de 1978?. El poder que en este sistema oligárquico acumula el presidente del gobierno es tan inmenso que ni tan siquiera los reyes Godos aspiraban a tanto. El presidente del gobierno normalmente es el jefe del partido que ha ganado las elecciones, con lo cual, controla el legislativo pues en realidad los que van en las listas y son diputados, lo son por obra y gracia suya; uno no muerde a quien le da de comer, y el escaño que se ocupa no depende de los electores, sino del “jefe” que hizo la lista. Se vota lo que manda en jefe y ya se sabe que: "quien se mueve no sale en la foto"
Por otro lado, la intromisión del legislativo-ejecutivo en el judicial es tan evidente que solo ver a un político o banquero en el banquillo de los acusados es noticia, no digamos ya que sufra condena.
Vemos que hay unas leyes para la “aristocracia política y económica” y otra para la plebe; esa madre que es condenada a dos años de cárcel por robar leche para alimentar a sus hijos... ¿es esto justicia?
La Constitución de 1978 no es más que la 10ª Ley Fundamental del Régimen nacido del alzamiento del 18 de julio de 1936, y en ella se consolida el cambio de la “casta franquista” a una “casta de partidos”, manteniendo en lo esencial una congénita desconfianza a la capacidad del pueblo para dirigir su propio destino.
Hago notar que en lo esencial la Ley para la Reforma Política ( la 9ª Ley Fundamental) nacida para pasar de la “Ley a la Ley” como señaló Torcuato Fernandez-Miranda es la esencia de nuestro actual sistema, pues con solo ligerísimos matices nuestras leyes la reproducen.
Valoro mucho la transición española por su paso pacífico de un sistema autoritario a un sistema partitocrático mucho más abierto, pero lo que en aquel tiempo era lo máximo a lograr, era el paso intermedio que en el plazo razonable de unos pocos años debía llevarnos un verdadero sistema democrático. Como nos enseña la historia lamentablemente los que ocupan el poder son poco propicios a perderlo y los partidos políticos que tanto clamaban por la libertad en 1976, hoy son sus verdugos.
Se nos concedieron ciertos derechos con la intención de preservar unos nuevos privilegios en favor de unas nuevas élites. Resulta paradójico que las últimas Cortes franquistas se presenten ante la historia con una dignidad que las actuales no tienen. ¿Alguien de imagina al Senado y al Congreso de los Diputados votando su disolución, mandando a sus 264 senadores y 350 diputados al paro?. Los 531 procuradores franquistas se fueron, me temo que a estos habrá que echarlos.
Es triste ver como el pueblo, pese a la terrible situación que vive, sigue dividido en absurdas banderias políticas que permiten a un sistema político moribundo seguir oprimiéndole. La división ideológica es buena y natural, saludable en toda sociedad democrática, pero actualmente la situación excepcional que vivimos hace que está división fomentada por la “casta” del régimen y sus medios de comunicación, suponga un freno a la respuesta ciudadana que debe terminar con el orden aristocrático que la oprime.
La verdadera división política está entre los opresores y los oprimidos, entre los que pertenecen a la “casta” y disfrutan de sus privilegios y los que sometidos al silencio y a la miseria nos damos en llamar “pueblo”. Resulta clarificadora en este sentido una reflexión de Sieyès que dice: “Ante la evolución de los acontecimientos y de los espíritus, el tercer estado tiene que darse cuenta de que no puede esperar nada salvo de sus luces y de su coraje. La razón y la justicia están de su parte, y tiene que asegurar toda su fuerza. No, ya no es el momento de trabajar por el acuerdo de los partidos. ¿Qué pacto puede establecerse entre la energía del oprimido y la rabia del opresor?”
Ni la izquierda ni la derecha por si solas tienen capacidad de cambiar el orden que el sistema impone, solo haciendo un frente común, el pueblo puede tener una oportunidad de alcanzar una verdadera libertad política que se manifieste en el inicio de un nuevo proceso constituyente.
Cegado el camino de la reforma, el régimen es imposible que se regenere, es la ruptura lo único que puede cambiar las cosas, y al igual que en el siglo XVIII el único país europeo donde se podía dar una revolución era Francia, en este siglo XXI es España la que reúne las condiciones.
Un sistema político por muy deteriorado que esté puede superar una crisis política o moral, igual puede hacer con una crisis económica; pero una crisis política y económica pocos sistemas son capaces de superarla.
Realmente vivimos nuevos tiempos, en los que aún rigen los pensamientos antiguos, pero poco a poco las ideas que hace un año eran imposibles, hoy empiezan a ser generalmente aceptadas, y para que de verdad se produzca un cambio antes de la acción, debe venir la reflexión.
Una revolución no se inicia con 10 millones de ciudadanos en las calles, se trata de reunir quizás solo 3 millones, pero sabiendo lo que quieren conseguir y con el firme propósito de luchar por conseguirlo. El 15 M ejemplifica una acción prematura donde se manifiesta el deseo de cambio pero no se sabe lo que se quiere ni como se quiere.
Ha llegado el momento de mirar al futuro con esperanza, en la idea de que en un momento determinado el pueblo va a despertar de su letargo y con un simple acto recuperara en sus manos su destino, ese que durante los últimos 30 años han secuestrado unos partidos y unas élites indignas.
No todo será entonces color de rosa y muchas tragedias se sucederán, pero hay momentos en que cada persona, cada individuo, debe asumir su responsabilidad consigo mismo y con sus conciudadanos; momentos en los que luchar por los intereses generales esta muy por encima de los riesgos personales que se deben correr.

Termino estas líneas con un abrazo fraternal a todos los que aunque sea en una mínima parte, compartan mis planeamientos pues estoy seguro que en el duro camino que nos queda por delante nos vamos a encontrar. Salud y Fraternidad.

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