“La palabra político significa, originariamente, ciudadano,
mientras que hoy, merced a nuestra perversidad, viene a significar embaucador
de los ciudadanos. Habría que devolverle su auténtica significación” (Voltaire)
Después de mucho tiempo me asomo al papel en blanco
para hilvanar algunas ideas sobre las elecciones que tenemos este fin de semana.
Hace ya mucho tiempo que vengo reflexionando sobre
la terrible decadencia social y política que vive España pero pleno de mi
congénito optimismo ilustrado, pensé que
de la “crisis catalana” podía salir algo bueno; hoy creo que los independentistas en sus ensoñaciones, han abierto las
puestas del averno.
El resultado electoral que marquen las urnas este
28 de abril de 2019 será terrible sea cual sea, al menos para alguien que aún
conserva la confianza en que la democracia no es solo una entelequia.
Y es que la democracia suele morir en manos de la
democracia. Cuando las instituciones que
en teoría defienden los intereses generales, los derechos de los ciudadanos y
los principios de justicia, libertad, igualdad y virtud, solo se defienden a sí
mismas y a su propia casta de privilegiados; el camino de los “salva patrias”
de toda ideología y condición esta expedito.
España viaja camino de los extremos gracias a que
desde hace años su política sigue el inconsecuente principio de “acción/reacción”. Frente al excluyente nacionalismo independentista, en lugar de un patriotismo constitucional y
ciudadano, sobre las bases de la igualdad y la lucha contra los privilegios
territoriales, ha aparecido un nacionalismo español con la peligrosa base de la
sinrazón del sentimentalismo más zafio y casposo, propio de la posguerra.
Frente a una izquierda perdida en melifluas causas
que rozan el delirio e incluso pervierten el lenguaje de todos y todas,
imponiendo una insoportable dictadura de lo “políticamente correcto”; surge una
derecha que con incienso y caspa nos trae otra dictadura en forma de moral
neocatecumenal donde las leyes solo pueden estar al servicio de sus creencias.
Me niego a participar del mundo que va a salir de
la lucha cainita entre lo malo y lo peor, entre el voto del miedo y el voto
forofo.
Siempre pensé como Rousseau que la voluntad general
es la voluntad del bien común, que con independencia de las propias ideas la
idea del bien general debe ser la luz que ilumine la política y a los
políticos.
Pero poco queda por salvar cuando el “adversario
político”, se convierte en el “enemigo”, cuando se desprecia profundamente al
oponente y se está dispuesto a pagar cualquier precio por destruirlo.
Si gana el PSOE no tengo dudas que pactará con los
independentistas, si gana el PP o suma lo suficiente, pactará con VOX. ¿Por qué
tengo que elegir entre lo malo y lo peor?
Quizás los pensamientos que comparto con el lector sean
delirios de un ciudadano de un mundo ilustrado que ya no existe, condenado por
ello en política al ostracismo y al mundo de los libros.
Puede que leer sobre política, sobre ideas, sobre
sistemas sea una muestra intolerable de espíritu independiente; cada vez que
veo un mitin lleno de gente fanatizada y forofa, coreando burradas a su líder,
pienso que quizás el lema de la ilustración: “Todo para el pueblo, pero sin el
pueblo” no era del todo falso.
La democracia de masas tal y como la entendemos
está en una crisis que va más allá de España, pues afecta sin duda a todos los países
occidentales; como brillantemente señalo Ortega y Gasset, vivimos en estos
inicios del siglo XXI una nueva “rebelión de las masas”, donde todo el mundo se cree
con derecho a todo.
He pasado mucho tiempo leyendo a los grandes
clásicos de las ideas políticas, desde Hobbes a Rousseau, de Voltaire a
Montesquieu, de Locke a Mill, de Marx a Schmitt… y ahora en el conocimiento
encuentro la profunda infelicidad de comprobar que en realidad la política es
un lodazal de mentiras, engaños e intereses.
Hoy me pierdo en fúnebres reflexiones porque en la oscuridad que me rodea, la única luz que veo en el túnel es la del tren que
viene contra nosotros.
En esta jornada de reflexión viene a mi mente la
frase de J.J. Rousseau: “El pueblo inglés
cree ser libre, pero se equivoca; sólo lo es durante la elección de los
miembros del parlamento; una vez elegidos, se convierte en esclavo, no es nada.
En los breves momentos de libertad, el uso que de ella hace merece que la
pierda.”
Hoy sábado 27 y mañana domingo 28 hasta las 20:00h
el pueblo español será libre; después seremos esclavos de unos políticos que por
lograr el poder serán capaces, como Fausto, de pactar con el mismísimo diablo
para alcanzarlo.
Mañana haciendo un ejercicio de responsabilidad he
decidido ir a votar, aunque entiendo y comprendo a quien decida no hacerlo.
Llegados a este punto miro hacia atrás y veo con
tristeza como el sueño del 15M ha terminado trayendo los monstruos de VOX,
gracias a la traición de Podemos.
De la historia he aprendido que los cambios
sociales y políticos no se producen de un día para otro, se gestan durante años
y decenios, es su expresión lo que se puede manifestar en un breve espacio de
tiempo.
La Republica Romana no se derrumbó en un unos meses por la presencia de
Cesar, la República ya estaba muerta; por eso la muerte de Cesar no la
resucitó como inocentemente pensaron Bruto y los demás conspiradores.
La Revolución Francesa no nace de la nada un 14 de
julio de 1789, años de filosofía ilustrada, economía en decadencia y despotismo
nobiliario fueron la causa de un efecto.
Mañana un partido como VOX entrará en el
parlamento, como hace cuatro años lo hizo Podemos, no será la causa de la
“nueva política”, será el efecto de años de decadencia de un sistema que hace
aguas por todos los lados y de un malestar ciudadano que no ha encontrado
cauces para expresarse.
Soy un demócrata y como Voltaire: “Aunque odie sus
opiniones, daría mi vida por el derecho que tiene a expresarlas”. Esa es la
diferencia entre quien cree en la en la libertad y la democracia y quien no;
que el primero es capaz de respetar a aquellos que sabes que no te respetan a
ti.
El fanatismo y la ignorancia hay que
combatirlos desde la autoridad moral y solo en último término desde la fuerza.
Las tinieblas no se combaten desde las tinieblas y
si no queremos terminar todos ciegos, es necesario que alguien mantenga la
tenue luz de una vela encendida.
La política es demasiado importante para dejarla en
manos de políticos, y aún sueño que llegará un día en que ciudadanos de bien
puedan alcanzar cargos públicos sin necesidad de vender su alma al mediocre
líder de su partido.
Aquí terminan mis reflexiones en el día en que por
una vez todos recuperamos el status de “ciudadanos” (es decir participes de la
soberanía), aunque como dice Rousseau, mañana volvamos a la nada.
