“Ilustración significa el abandono por parte del hombre de una minoría de edad cuyo responsable es él mismo.”(Immanuel Kant)
Debo reconocer que cuanto más avanzamos en el tiempo de Covid-19 más desaliento impregna mi alma. Durante este tiempo he intentado con sinceridad escribir sobre la realidad política que sufre España, e incluso he intentado ser optimista sobre la máxima de que toda crisis representa una oportunidad.
Pero
hoy navego entre la melancolía, la desesperanza y la indignación; desearía que
el mundo se parara para poder bajarme y retirarme a un lugar recóndito sin más compañía
que la de los pájaros. Me encantaría seguir la consigna de Voltaire: cultivar
un huerto y vivir en él y de él.
Un
gobierno indigno, una oposición igual de indigna y una sociedad anestesiada no
proporcionan un firme asidero sobre el que confiar en el futuro.
Y
es que esta pandemia ha desvertebrado completamente la sociedad, nos ha
recluido en las cómodas celdas de nuestras casas mientras esa ventana al mundo llamada
televisión nos vende un mundo artificial e inexistente, donde los muertos son
números y la tragedia que vivimos frías cifras en mapas de colores.
Lo
peor del Covid-19 es que no solo está matando a nuestra gente, no solo está
enfermando nuestros cuerpos, sino que también ha aniquilado nuestra libertad de
pensar, hacer y desear.
El
gobierno central, y las taifas autonómicas en una acalorada carrera por ordenar
nuestras vidas, por salvarnos de nosotros mismos, por ser nuestros guardianes,
nos ponen normas y más normas, muchas de ellas inútiles frente al virus, e incluso
en algunos casos contraproducente.
Pero
en este tiempo es peligroso pensar, y más aún decir lo que se piensa. Estos
días estoy disfrutando de la lectura de los “Escritos Políticos” de Thomas Jefferson y resulta lamentable
que cosas dichas por un hombre del siglo XVIII resulten ahora revolucionarias:
“La observancia estricta de las leyes
escritas es, sin duda, uno de los deberes fundamentales de un buen ciudadano,
pero no el más fundamental. Las leyes de la necesidad, de la autopreservación y
la salvación de nuestro país cuando está en peligro son de rango superior.
Perder nuestro país por una adhesión escrupulosa a la ley escrita equivaldría a
perder la ley, y con ella, la vida, la libertad, la propiedad y a todos
aquellos que la disfrutan con nosotros, sacrificando absurdamente el fin a los
medios”
Escribir
cosas así es hoy igual de revolucionario que en 1774, ahora no tenemos un
tribunal de la Inquisición, pero tenemos una “comisión de la verdad” al
servicio del gobierno.
Al
calor del estado de Alarma, nuestras libertades están muriendo, mientras una innoble
casta política de todo color y pelaje vive en su mundo cómodo y apacible en el
interior del parlamento.
Decía
Kant: “Tras entontecer primero a su rebaño e impedir cuidadosamente que esas
mansas criaturas se atrevan a dar un solo paso fuera de las andaderas donde han
sido confinados, les muestran luego el peligro que les acecha cuando intentan
caminar solos por su cuenta y riesgo. Mas ese peligro no es ciertamente tan
enorme, puesto que finalmente aprenderían a caminar bien después de dar unos
cuantos tropezones; pero el ejemplo de un simple tropieza basta para intimidar
y suele servir como escarmiento para volver a intentarlo de nuevo”
Mi
natural optimismo se ve ahora tornado en realista pesimismo pues no hay nada
que se pueda oponer a la casta política que nos gobierna y parasita las
instituciones.
La
educación que es el pilar fundamental de una sociedad democrática hace años que
agoniza y algo está realmente mal cuando la educación de los padres ha sido mejor
que la de los hijos.
La
Ley Celaá es el último y degenerado resultado de un proceso al que todos los
gobiernos desde 1985 han ayudado.
Así
las cosas, poco nos queda hacer a los que aún nos consideramos con una cierta
cultura e ilustración, pues clamar en el desierto libera el espíritu y la
conciencia pero realmente resulta una
frustrante pérdida de tiempo.
El
rebaño está bien apacentado y aunque algunas ovejas van a morir de enfermedad y
de hambre, el miedo a caminar solos es aún mayor.
La
opinión pública que es la más poderosa garantía contra el despotismo no solo no
está anestesiada sino que está enterrada bajo toneladas de manipulación de uno u otro
signo.
Si
la Ilustración llevó a la revolución, nuestro mundo tenebroso e iletrado solo
nos puede conducir a la tiranía.
Corren
muy malos tiempos para la lírica, la libertad y el pensamiento. Quizás la mejor
forma de vivir estos tiempos sin volverse loco sea convertirse en oveja y
disfrutar de la verdad oficial sin volver a preguntarse nada más.
Pedro
Sánchez es un gran gobernante que nos está salvando admirablemente de la mayor pandemia que ha asolado el mundo.
Pablo Iglesias y sus inamovibles principios hacen que nadie sufra penurias económicas
pues todo el mundo que lo necesita tiene ayuda.
Por
el otro lado, tenemos la suerte de tener la decidida oposición de Vox y Abascal reencarnación de las virtudes
españolas y heredero del legado imperial de los Tercios de Flandes y del
emperador Carlos V; Pablo Casado ayuda en todo lo posible a que el país vaya
bien y con su oposición constructiva…
Así
uno se puede ir a dormir tranquilo, pues está en las mejores manos posibles y
en 3 días todos nuestros problemas serán resueltos por estos ilustres
personajes y sus diligentes y nutridos equipos de asesores.
Sinceramente
empiezo a creer que los libros son un mal que hay que erradicar del mundo, pues
una vez que aprendes a pensar y las ideas son tus amigas, las ovejas y el pasto
dejan de ser interesantes.
Y
es que en el mundo de twitter el más iletrado da opiniones con más energía que
el más versado experto en el tema.
Cualquiera
habla de política replicando las más de las veces eslóganes de algún personajillo
pelota del partido de turno; eso sí, en su vida a leído un solo libro sobre
política; Rousseau, Montesquieu, Voltaire, Locke, Ralls, Mill…, le suenan a
marca de ropa o a colonia.
Podrá
entender el lector de este artículo el desánimo que me aflige y que me anima
por ahora en refugiarme en el silencio; quizás la esperanza es un pájaro que
canta justo antes del amanecer, pero ahora la noche aún es muy oscura y las
únicas luces que se ven son las de las hogueras de la intolerancia y la
mentira.
Quizás
nos toque cultivar un huerto y vivir en él y de él….








