domingo, 29 de noviembre de 2020

Reflexiones de un ilustrado en tiempos de pandemia

 

“Ilustración significa el abandono por parte del hombre de una minoría de edad cuyo responsable es él mismo.”(Immanuel Kant)

Debo reconocer que cuanto más avanzamos en el tiempo de Covid-19 más desaliento impregna mi alma. Durante este tiempo he intentado con sinceridad escribir sobre la realidad política que sufre España, e incluso he intentado ser optimista sobre la máxima de que toda crisis representa una oportunidad.

Pero hoy navego entre la melancolía, la desesperanza y la indignación; desearía que el mundo se parara para poder bajarme y retirarme a un lugar recóndito sin más compañía que la de los pájaros. Me encantaría seguir la consigna de Voltaire: cultivar un huerto y vivir en él y de él.

Un gobierno indigno, una oposición igual de indigna y una sociedad anestesiada no proporcionan un firme asidero sobre el que confiar en el futuro.

Y es que esta pandemia ha desvertebrado completamente la sociedad, nos ha recluido en las cómodas celdas de nuestras casas mientras esa ventana al mundo llamada televisión nos vende un mundo artificial e inexistente, donde los muertos son números y la tragedia que vivimos frías cifras en mapas de colores.

Lo peor del Covid-19 es que no solo está matando a nuestra gente, no solo está enfermando nuestros cuerpos, sino que también ha aniquilado nuestra libertad de pensar, hacer y desear.

El gobierno central, y las taifas autonómicas en una acalorada carrera por ordenar nuestras vidas, por salvarnos de nosotros mismos, por ser nuestros guardianes, nos ponen normas y más normas, muchas de ellas inútiles frente al virus, e incluso en algunos casos contraproducente.

Pero en este tiempo es peligroso pensar, y más aún decir lo que se piensa. Estos días estoy disfrutando de la lectura de los “Escritos Políticos” de Thomas Jefferson y resulta lamentable que cosas dichas por un hombre del siglo XVIII resulten ahora revolucionarias:

“La observancia estricta de las leyes escritas es, sin duda, uno de los deberes fundamentales de un buen ciudadano, pero no el más fundamental. Las leyes de la necesidad, de la autopreservación y la salvación de nuestro país cuando está en peligro son de rango superior. Perder nuestro país por una adhesión escrupulosa a la ley escrita equivaldría a perder la ley, y con ella, la vida, la libertad, la propiedad y a todos aquellos que la disfrutan con nosotros, sacrificando absurdamente el fin a los medios”

Escribir cosas así es hoy igual de revolucionario que en 1774, ahora no tenemos un tribunal de la Inquisición, pero tenemos una “comisión de la verdad” al servicio del gobierno.

Al calor del estado de Alarma, nuestras libertades están muriendo, mientras una innoble casta política de todo color y pelaje vive en su mundo cómodo y apacible en el interior del parlamento.  

Decía Kant: “Tras entontecer primero a su rebaño e impedir cuidadosamente que esas mansas criaturas se atrevan a dar un solo paso fuera de las andaderas donde han sido confinados, les muestran luego el peligro que les acecha cuando intentan caminar solos por su cuenta y riesgo. Mas ese peligro no es ciertamente tan enorme, puesto que finalmente aprenderían a caminar bien después de dar unos cuantos tropezones; pero el ejemplo de un simple tropieza basta para intimidar y suele servir como escarmiento para volver a intentarlo de nuevo”

Mi natural optimismo se ve ahora tornado en realista pesimismo pues no hay nada que se pueda oponer a la casta política que nos gobierna y parasita las instituciones.

La educación que es el pilar fundamental de una sociedad democrática hace años que agoniza y algo está realmente mal cuando la educación de los padres ha sido mejor que la de los hijos.

La Ley Celaá es el último y degenerado resultado de un proceso al que todos los gobiernos desde 1985 han ayudado.

Así las cosas, poco nos queda hacer a los que aún nos consideramos con una cierta cultura e ilustración, pues clamar en el desierto libera el espíritu y la conciencia  pero realmente resulta una frustrante pérdida de tiempo.

El rebaño está bien apacentado y aunque algunas ovejas van a morir de enfermedad y de hambre, el miedo a caminar solos es aún mayor.

La opinión pública que es la más poderosa garantía contra el despotismo no solo no está anestesiada sino que está enterrada  bajo toneladas de manipulación de uno u otro signo.

Si la Ilustración llevó a la revolución, nuestro mundo tenebroso e iletrado solo nos puede conducir a la tiranía.

Corren muy malos tiempos para la lírica, la libertad y el pensamiento. Quizás la mejor forma de vivir estos tiempos sin volverse loco sea convertirse en oveja y disfrutar de la verdad oficial sin volver a preguntarse nada más.

Pedro Sánchez es un gran gobernante que nos está salvando admirablemente de  la mayor pandemia que ha asolado el mundo. Pablo Iglesias y sus inamovibles principios hacen que nadie sufra penurias económicas pues todo el mundo que lo necesita tiene ayuda.

Por el otro lado, tenemos la suerte de tener la decidida oposición de  Vox y Abascal reencarnación de las virtudes españolas y heredero del legado imperial de los Tercios de Flandes y del emperador Carlos V; Pablo Casado ayuda en todo lo posible a que el país vaya bien y con su oposición constructiva…

Así uno se puede ir a dormir tranquilo, pues está en las mejores manos posibles y en 3 días todos nuestros problemas serán resueltos por estos ilustres personajes y sus diligentes y nutridos equipos de asesores.

Sinceramente empiezo a creer que los libros son un mal que hay que erradicar del mundo, pues una vez que aprendes a pensar y las ideas son tus amigas, las ovejas y el pasto dejan de ser interesantes.

Y es que en el mundo de twitter el más iletrado da opiniones con más energía que el más versado experto en el tema.

Cualquiera habla de política replicando las más de las veces eslóganes de algún personajillo pelota del partido de turno; eso sí, en su vida a leído un solo libro sobre política; Rousseau, Montesquieu, Voltaire, Locke, Ralls, Mill…, le suenan a marca de ropa o a colonia.

Podrá entender el lector de este artículo el desánimo que me aflige y que me anima por ahora en refugiarme en el silencio; quizás la esperanza es un pájaro que canta justo antes del amanecer, pero ahora la noche aún es muy oscura y las únicas luces que se ven son las de las hogueras de la intolerancia y la mentira.

Quizás nos toque cultivar un huerto y vivir en él y de él….

domingo, 8 de noviembre de 2020

Más allá de Trump


 “Cuando la tiranía se derrumba procuremos no darle tiempo para que se levante” (M. Robespierre)



 He seguido con sumo interés y noches en vela las elecciones en EEUU y debo reconocer que de tantas cosas que tengo que decir, me resulta complicado decir alguna.

Tengo una sensación agridulce pues aunque parece que Biden finalmente va a ganar las elecciones, el peligro del trumpismo dista mucho de haber terminado y en poco tiempo, si no se cambian las cosas, volverá con energías renovadas.

Si alguien como Trump disfruta de tal apoyo popular en la primera democracia del mundo, que podemos esperar los que vivimos en sistemas democráticos débiles y sumamente imperfectos…

Hoy más que nunca siento como las tinieblas del fanatismo, la ignorancia y la intolerancia caminan sin control, como la política se ha trasformado en un campo de batalla donde el que no piensa igual que uno es un hereje y un enemigo.

El éxito de Trump radica en eso, en lograr una adhesión inquebrantable en su persona, demonizar a sus enemigos y llevar a sus seguidores a una guerra sin cuartel contra los que no piensan igual. No trata de convencer a nadie con argumentos, que no tiene, se trata de exaltar en ellos las más bajas pasiones y lograr ser mayoría para aplastar la oposición.

Y es que esta “nueva política” es muy antigua, pero por los resultados que se observan, muy eficaz. Con todos los problemas que acechan a la sociedad es fácil encontrar algunos graves y después, sin el límite de la verdad y la virtud, dar soluciones falsas pero sumamente simples.

Y es que el manual de propaganda de Goebbels sigue hoy estando en plena validez, con frases como estas:

“Miente, miente, miente que algo quedará, cuanto más grande sea la mentira más ente la creerá”  o “Una mentira mil veces repetida… se transforma en verdad”

Hoy Trump dice que ha ganado, y lo repetirá mil veces, no será verdad en las urnas pero para miles de sus seguidores si, imaginemos el nivel de frustración que creará en ellos. Y es que cuando se juega sin reglas, todo vale; cuando los ciudadanos se trasforman en medios para las aspiraciones de poder, todo vale; cuando no se tiene respeto por la democracia y sus instituciones más en la medida que no son útiles; todo vale.

Estos días estoy enfrascado en la lectura de Montesquieu pero he releído algunos pasajes del actual manual de uso para la realidad política. Cualquiera que quiera entender nuestro tiempo debe leer una y mil veces “1984” de George Orwell, donde se encuentra pasajes terribles pero tan certeros…

“Sabemos que nadie toma el poder con la intención de renunciar a él. El poder no es un medio, sino un fin. Nadie instaura una dictadura para salvaguardar una revolución, sino que la revolución se hace para instaurar una dictadura. El objetivo de las persecuciones son las persecuciones. El de la tortura, la tortura. Y el del poder, el poder.”

Ahí tenemos la clave de todo, del trumpismo y de todos sus movimientos afines. Yo que solo intento ver la realidad desde la honestidad de la opinión, no oculto tampoco que como los extremos se tocan, a los movimientos de izquierda radical les es igualmente de aplicación esta frase. Como vengo señalando en mis escritos, nada más parecido a VOX que Podemos.  

Hoy en EEUU se ve con claridad como el sistema democrático a duras penas se mantiene y todo porque cuando la misma esencia de la democracia se pierde, el formalismo institucional tarde o temprano termina colapsando.

Toca en este análisis volver a Montesquieu cuando señala:

“Cuando Sila quiso restituirle la libertad,  Roma se mostró incapaz de recibirla. Sólo le quedaba un exiguo resto de virtud y como tuvo cada vez menos, en vez de despertar después de César, Tiberio, Cayo, Claudio, Nerón o Domiciano, fue siempre más esclava. Todos los golpes se los asestaron a los tiranos, ninguno a la tiranía”

El triunfo de Biden será solo un pasajero contratiempo para Trump mientras no se ataque de verdad la locura antidemocrática y sectaria del trumpismo.

La gran duda es si Biden, los demócratas y la parte civilizada del partido republico  podrán reinstaurar la normalidad, devolver a la república los principios de los padres fundadores cambiar su actual condición de “enemigos políticos” a la propiamente democrática de “rivales políticos”.  

Pese a los discursos alentadores del presidente electo, en los próximos 4 años tocará pasar de las Musas al teatro y asestar un golpe certero a la esencia de la autocracia trumpista; en este mundo nada es negro ni nada es blanco, pues vivimos en una paleta infinita de grises.

Trump será verdaderamente derrotado cuando el trumpismo sea un movimiento marginal, cuando la mentira y la mala educación conviertan al que la ejerce en un paria social y no en un orgulloso patriota, entonces estaremos andando por el buen camino.

Mi más sincero miedo es el ver tiempos funestos para la libertad, tiempos de intolerancia y banderas vacías y rancias.

Volviendo a España, parece que los enemigos de la libertad están por igual en el gobierno y la oposición. En el gobierno creando comités que sirvan de germen a futuros “ministerios de la Verdad”, en la oposición, los de Vox clamando contra la dictadura social-comunista, con la intención de declarar la nacional-católica al más genuino estilo franquista.

Nuestro entramado institucional es infinitamente más débil que el americano, y un Trump en España si alcanza el poder ya no lo soltará. El poder que ahora mismo acumula Pedro Sánchez es superior al que tiene Trump en EEUU, pues allí tienen una verdadera separación de poderes, mientras que en España salvo el fantasmagórico poder de los partidos, el poder del presidente y más con el estado de alarma, es casi propio de un país totalitario.

Me siento huérfano clamando en el desierto mis pensamientos, pues contrario a la política del actual gobierno, soy aún más contrario a la oposición de la extrema derecha. Puede ser que los que amamos la libertad, la justicia y la virtud estemos condenados a ser proscritos por todos, y solo tener la satisfacción de ser fieles a nosotros y a nuestra conciencia.

En otro escrito, quizás en varios, tengo pensado hablar sobre “principios de moral política” para poder aclarar la idea de virtud política, que hoy suena tan raro, pero que es la esencia misma de la democracia.

Se habla mucho de “El espíritu de las leyes” para señalar lo importante de la separación de poderes, pero poco se habla de lo también esencial del libro: la virtud política.

“Los políticos griegos, que vivían bajo el gobierno popular, no encontraban otra fuerza capaz de sostenerles que la de la virtud. Los de hoy no nos hablan más que de manufacturas, comercio, finanzas, riqueza o del mismo lujo.”

domingo, 25 de octubre de 2020

La epidemia liberticida


“Quien renuncia a su libertad por seguridad, no merece ni libertad ni seguridad” (Benjamin Franklin)


 Hoy seguramente el gobierno declare el estado de alarma y con él, la coartada para triturar una vez más nuestros derechos y libertades.

La excusa es muy simple, contener la expansión incontrolada del Covid-19 que está asolando nuestro país de forma terrible; pero, ¿el toque de queda además de a nuestra libertad afecta al Covid-19?

¿Es el Covid trasnochador?, ¿el virus respeta las leyes?, ¿es monárquico o republicano?, ¿es de Vox o más bien social-comunista?...

Y es que realmente se nos está vendiendo una falsa dicotomía, una verdad falsa que ayudada del miedo permite hacer y deshacer a nuestros politicastros sin límite y lo que es peor, sin responsabilidad.

No seré yo quien niegue la idea jacobina de que en tiempos excepcionales hay que tomar medidas excepcionales, pero siempre siguiendo el respeto a la ley y al derecho, porque en el momento que el poder se hace arbitrario hemos abierto la puerta al despotismo.

En otro post analice la razón por la cual para ordenar el confinamiento de marzo no era suficiente  con la declaración del estado de alarma, sino haber declarado el estado de excepción; es en esta situación jurídica donde efectivamente se faculta al poder público a suspender derechos fundamentales.

El toque de queda que se nos va a imponer, al ser una limitación de nuestros derechos fundamentales, solo sería admisible y posible con la declaración del estado de excepción.

Pero poco a poco la ley está siendo vulnerada por quienes deben hacerla cumplir, y como ya lograron hacernos comulgar con el confinamiento mediante el estado de alarma, ahora tienen el camino expedito para hacerlo con el toque de queda.

El gobierno puede declarar el estado de alarma por 15 días y luego si quiere su prórroga necesita la aprobación del Congreso; para el estado de excepción el gobierno debe solicitar autorización previa al Congreso y estará sometido a una serie de controles de los que se carece en el estado de alarma; dejo al lector que considere que declaración resulta más sencilla al gobierno.

Vuelvo a recalcar si el estado de alarma tiene menos controles y necesita menos requisitos es precisamente porque en ningún caso puede afectar a derechos fundamentales; pero en estos tiempos, el fin justifica todos los medios y la mentira es verdad rebelada.

Decía Montesquieu: “La corrupción de cada gobierno empieza casi siempre por la de los principios”

Realmente si nuestra Constitución y las leyes están en entredicho junto con todo el sistema partidocrático es porque no respetan ya ninguno de los principios sobre los que se crearon.

No quiero perderme en sutilezas jurídicas que muchas veces confunden más que aclaran, toca atacar la esencia misma de la mentira, la falsa dicotomía entre leyes restrictivas de derechos y seguridad sanitaria.

Desde que se inició la epidemia hemos podido disfrutar de un gran número de anuncios, medidas y normativa; y todo ello confluye en la situación actual de descontrol absoluto.

La respuesta fácil es decir que este rebrote no es responsabilidad española, que Europa entera sufre esta nueva oleada, pero esto es la versión actualizada del castellano dicho: “Mal de muchos, consuelo de tontos”

Es la triste realidad que se están tomando medidas que conculcan nuestros derechos pero sin ningún criterio y con franco desprecio de la legalidad.

Se nos dice que es necesario un toque de queda de 22:00h a 6:00h, como si el Covid fuera de esas horas no fuera contagioso. Se nos dice que no salgamos de casa mientras miles de niños acuden diariamente a las escuelas donde el contacto social el inevitable.

Si es peligroso tomar una cerveza en la barra de un bar, no lo es menos ir a clase y pasar 6 horas encerrado en un aula las más de las veces mal ventilada. Se nos dice que evitemos el contacto social mientras se condena a miles de personas a usar el transporte público masificado para ir al trabajo.

Y es que el Covid ha demostrado que en cuanto se le presenta una oportunidad la aprovecha; no podemos ser permisivos pero con medidas sanitarias, no restrictivas de derechos.

Yo estoy dispuesto a renunciar a mis derechos pero por un tiempo corto y determinado, pero no renunciar todo el tiempo a mis derechos sin ninguna utilidad.

Ahora se decreta un toque de queda, mañana un confinamiento; ponemos paños calientes mientras que cada satrapía autonómica toma medidas diferentes sino contradictorias con las de las otras. El cesar Pedro Sánchez toca la lira mientras ardemos en la epidemia y nuestros hospitales colapsan; pero en estado de alarma es una buena coartada para decirnos que hace cuánto puede para que el fuego purifique Roma.

Comparto la idea de que tenemos por delante tiempos muy duros, pues aquel que no sabe a dónde va, puede terminar en cualquier parte.

Nos están quitando las libertades pero ello no nos va a salvar de la miseria ni de la epidemia, todo lo contrario, nos hundirá más y más en el fango.

Y es que no toda medida contra el Covid tiene que pasar por atacar los derechos fundamentales, aunque para los políticos es lo que resulta más fácil.

Como vengo señalando en mis escritos, careciendo de dirigentes con un mínimo de capacidad, solo nos queda el “salvase quien pueda” de las propias repúblicas independientes de nuestras casas.

Lamento que la temporada otoño-invierno que tenemos por delante tenga tintes de tragedia griega; pero como buen ilustrado sueño con que la temporada primavera-verano nos traiga una vacuna y el nacimiento de una nueva ola, pero esta ya no de virus, sino de grandes cambios políticos sobre la bandera de la libertad, la igualdad, la justicia y la virtud.

miércoles, 14 de octubre de 2020

España, gris oscuro casi negro



“Una sociedad en la que no está asegurada la garantía de los derechos ni determinada la separación de poderes, carece de Constitución.”(Art.16, Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano 1789)

 

Debo reconocer que últimamente siento una enorme pereza a la hora de escribir sobre la situación que vive este país que aún llamamos España.

El fanatismo, la intolerancia y el odio campan libremente por esta sociedad enferma que al miedo de un virus, une el miedo a la incertidumbre de no saber hacia dónde vamos.

Un país serio en tiempos de peligro une sus fuerzas, sus dirigentes y todos sus ciudadanos tratan de ayudar en la medida de sus fuerzas a salvar la situación y salir victoriosos de la crisis; aquí en lugar de achicar agua parece que el deporte nacional es hacer más agujeros.

Hay tantos temas que tratar que necesitaría todo un tratado para poder expresar mi opinión sobre los mismos, pero como no quiero aburrir al amable lector me voy a centrar en la crisis política e institucional que vivimos.

¿Cómo hemos llegado a tener una casta política tan deleznable?, ¿cómo nuestros gobernantes y representantes políticos han logrado alcanzar tal grado de ignorancia, incompetencia, chabacanería y zafiedad? Puede que después de grandes estudios y en tiempos lejanos alguien pueda llegar a darnos una explicación.

Nuestra clase dirigente salvo momentos muy puntuales de nuestra historia, nunca ha sido especialmente brillante, pero para nuestra desgracia, ahora que estamos inmersos en una de las mayores crisis sanitarias, políticas, sociales y económicas de la historia; nuestros dirigentes son especialmente mediocres e inútiles.

Mirar los actuales líderes políticos y como son capaces, en tiempos como los actuales, de seguir viviendo en su propio mundo preocupados de mezquindades sin ser capaces de mirar más allá de su ombligo, lleva realmente a la desesperanza y a la indignación.

Pedro Sánchez sin principios ni ideales se dedica a disfrutar del poder por el poder mismo, y en su fatal arrogancia no tiene problemas en abusar de su poder para satisfacer su propio ego.

Cuando algo o alguien se oponen a su voluntad, no tiene problema en hacer lo necesario para derribar a cualquier precio el obstáculo, y eso cuando hablamos de un presidente del gobierno es muy peligroso.

Si desde hace mucho vengo señalando que el sistema constitucional de 1978 hace aguas por todos los lados, anuncios como los de ayer proponiendo cambios legislativos para terminar definitivamente con la independencia del poder judicial, son nuevas vías de agua que aceleran el hundimiento general que vivimos.

No es aceptable ni democrático que si necesito un acuerdo para renovar un órgano del Estado, en este caso el Consejo General del Poder Judicial, y ese acuerdo no llega, en lugar de seguir negociando o denunciando el filibusterismo de una lamentable oposición, me dedico a cambiar las reglas para no necesitar ese acuerdo. Es como si en medio de un partido de futbol como no logro salir del empate, decido que mis jugadores puedan usar también las manos.

En democracia no todo vale, y cuando uno cree que las instituciones están a su servicio y no él al servicio de las instituciones el camino de lo peor está abierto.

Desde hace mucho vengo denunciando que nuestra constitución necesitaba una reforma radical para realmente establecer en este país un entramado institucional con separación de poderes.

Pero nadie se preocupa de reformar las instituciones y volver a vigorizar la democracia y terminar con la pestilente dictadura de la partidocracia; es más fácil abrazar el sectarismo de una facción política y lanzarse con todo el odio del que se sea capaz contra el enemigo político.

En España ya no hay adversarios políticos, solo enemigos, solo hay social-comunistas, fascistas, y todo tipo de “istas” que por supuesto, por el bien del país deberían, ser eliminados en opinión de la facción contraria.

Solo hay algo más parecido a un dirigentes de Podemos, un dirigente de VOX, nada más parecido a un alto cargo del PP, un alto cargo del PSOE.

Y es que en España ningún hombre de mérito tiene la más mínima posibilidad de tener alguna responsabilidad en política, siempre es preferible un mediocre a una persona de éxito sobre la que la envidia nacional ejerza su censura.

Escribió J. S. Mill en sus Consideraciones sobre el gobierno representativo, esta terrible pero acertada reflexión: “Los españoles persiguieron a todos sus grandes hombres, amargaron sus vidas y en general lograron muy pronto poder coto a sus éxitos”

En este país sería puramente una quimera soñar con alguno de los planteamientos que en este mismo libro señala como: “Por lo tanto, al ser el primer elemento del buen gobierno la virtud e inteligencia de los seres humanos que integran la comunidad, el punto de excelencia más importante que puede poseer cualquier forma de gobierno es promover la virtud e inteligencia del pueblo mismo.”

Así las cosas, seguiremos andando en círculos si no aprendemos que de la crisis actual solo se puede salir mediante una reforma en los planteamientos y las ideas.

La Revolución no debe ni puede ser sobre planteamientos del siglo XX, porque al final al comunismo no le para el fascismo, ni al fascismo el comunismo, ellos mismos se retroalimentan; al final es la tolerancia y la razón sobre la defensa de una democracia militante la que nos puede salvar del abismo.

No soy nada optimista sobre a donde nos conduce la situación actual, pues el encono, cabreo y odio que veo en nuestra sociedad son el combustible necesario para las soluciones milagro de los “ismos”.

No se puede salvar una democracia cuando ya no hay espíritu democrático, cuando el odio sustituye a la tolerancia.

Hoy, muchos de los que defienden al Rey y a la constitución de palabra, no tendrían problema en prescindir de ellos una vez alcanzados sus objetivos de poder. Otros, enfangados en causas judiciales y políticas delirantes, agitan la bandera de una República que lejos de ser una democracia, solo podría satisfacer sus deseos de control y poder sociales.

Decía el inmortal Montesquieu, al que todos quieren enterrar, en su Del Espíritu de las Leyes: “Cuando Sila quiso devolver la libertad a Roma ésta ya no pudo recibirla porque no le quedaba más que un débil resto de virtud; y como cada vez tenía menos, en lugar de despertar después de César, Tiberio, Cayo, Claudio, Nerón o Domiciano, se fue haciendo cada día más esclava: todos los golpes recayeron sobre los tiranos, ninguno sobre la tiranía.”

Dos caminos se abren sobre nosotros y sobre el país, el de la confrontación fratricida al que tanto gusto tenemos los españoles, o el de la revolución social y política por encima de banderías políticas.

El sistema se hunde, y sus líderes y élites siguen en su pequeño mundo disfrutando del champagne y de las comodidades; nuestros políticos no cambiaran nada más que sus sillas pues eso es lo que les importa; quítate tú, que me pongo yo.

Uno no tiene más derechos que aquellos que ha sabido defender, nadie va a venir a salvar España, solo podemos salvarla los españoles, pero para eso debemos unirnos y no seguir enfrentándonos, pues eso solo sirve a los mismos, a los que viven bien y no quieren que cambie nada.

sábado, 8 de agosto de 2020

España necesita una República

 

 “No tengo miedo a un ejército de leones dirigidos por una oveja; tengo miedo de un ejército de ovejas dirigidos por un león” (Alejandro Magno)

Tiempos convulsos los que vive España, en los que las crisis se acumulan, y donde las incapacidades de unos políticos mediocres y un sistema decadente se evidencian con mayor fuerza.

Como vengo diciendo en muchos de mis escritos, a la crisis sanitaria la acompañan la crisis económica y una también colosal crisis institucional. Pero sería un error separa la crisis de la monarquía de la crisis general del sistema; porque no se trata de sustituir la forma de Estado sino se trata de reformar el Estado y establecer una verdadera democracia donde el pueblo vuelva a tener capacidad de decisión y sea el verdadero depositario de la voluntad general de la nación.

Yo suscribo las palabras de Robespierre cuando señala: “Soy republicano, y lo declaro: quiero defender los principios de igualdad y el desarrollo de los derechos sagrados que la Constitución garantiza al pueblo contra los peligrosos sistemas de los intrigantes que la ven sólo como un instrumento de su ambición. Y prefiero con mucho ver una asamblea popular de ciudadanos libres y respetados con un rey, que un pueblo esclavo y sometido bajo la espada de un senado aristocrático y de un dictador”

Y es que en la ignorancia general donde se desarrolla la política actual no se debaten ya ideas, sino solo supercherías y fantasiosas mentiras.

El problema de la monarquía no es la huida de un viejo rey senil y corrupto, su problema radica en ser el mascarón de proa de una oligarquía partidocrática que desde 1978 se ha negado a toda evolución hacia una democracia plena.

Y es que no seré yo quien se lance como una hiena rabiosa contra Don Juan Carlos I, pues sería de necios no reconocer el fundamental papel histórico que tiene a la hora de pasar pacíficamente de una dictadura a un sistema de libertades. Pero el Rey como los políticos que se han ido sucediendo en el poder, se dejaron acunar por abulia de la complacencia antes de propiciar cambios modernizadores.

Y es que España hubiera necesitado una segunda transición para adecuar el sistema del 78 a la realidad de una democracia plena; pues realmente los políticos de 1978 llegaron hasta donde podían llegar, solo se les puede tener admiración y respeto.

Estos días miro con estupefacción como el pensamiento se amordaza con sectarios eslóganes que unos y otros se tiran a la cara.

Por todo lo que he señalado no voy a defender ya una monarquía que no representa la democracia sino una partidocracia donde los ciudadanos somos simples rehenes de los partidos políticos.

Pero mi defensa de la república toma como adversarios también a quienes pretenden el establecimiento de una república sectaria donde solo unos tengan derecho a detentar el poder y donde el pensamiento único sea una declaración de intenciones.

Resulta curioso que aquellos que pretenden la disgregación de la España declaren su adhesión a la República como si esté sistema fuera la garantía de sus privilegios y como si la república no fuera la mejor garantía de la defensa de las libertades, la patria y la nación.

Y es que nada es más contrario a los nacionalismos periféricos y excluyentes que el concepto de ciudadanía y de derechos iguales para todos que defiende la república. En una monarquía pueden permitirse privilegios, en una república nunca.

Los mejores servidores de la monarquía son aquellos que se empeñan en ganar guerras civiles perdidas y que enarbolan banderas del pasado que rememoran fracasos. Nada hace más daño a la III República Española que la constante mirada a la II República; y es que una forma de Estado debe unir, no desunir, debe integrar no separar, debe permitir que todos con independencia de sus ideas puedan desarrollarse en ella.

Tengo en proyecto escribir una serie de escritos sobre la Republica que debería establecerse en España, pero en esencia comparto los planteamientos del añorado Antonio García-Trevijano en su obra “Teoría Pura de la República”; en esencia se trata de reforzar el sistema de libertades, terminar con la partidocracia  y constituir un sistema con una verdadera separación de poderes.

El movimiento por la República Constitucional es aún muy incipiente pero es el verdadero camino para tener verdaderamente una República de todos y para todos. Pues las propuestas republicanas que vienen de la izquierda no son propuestas que el 80% de la población pueda asumir, y si queremos tener un sistema político estable el consenso debe ser general por parte de la ciudadanía; las imposiciones terminan llevando al desastre.

Aún hay mucha gente que defiende la monarquía por miedo al caos o a los sectarios de la izquierda radical; pero les señalo que el peor servicio que pueden hacer a España es permanecer en el inmovilismo de un sistema que se cae a trozos, de un sistema fosilizado que no da más de sí.

Señalo al lector para su reflexión unas palabras de Adam Smith: “En tiempos de descontento público, facción y desorden, una persona sabia puede estar dispuesta a pensar que algún cambio es necesario en esa constitución o forma de gobernó que en su condición actual es claramente incapaz de mantener la tranquilidad pública. Esos casos son los que a menudo requieren quizá el máximo ejercicio de sabiduría política para determinar cuándo un verdadero patriota debe apoyar y procurar restablecer el viejo sistema y cuándo debe ceder ante el más atrevido espíritu de innovador. “

En mi escrito me declaro partidario del espíritu innovador pues el tiempo de reformas del viejo sistema ya pasó y cercenado el camino de la evolución solo nos queda el de la revolución en forma de establecimiento de un periodo constituyente.

Nada beneficia más a nos nacionalismos periféricos y disgrega más el espíritu nacional que está monarquía moribunda apoyada en una constitución fosilizada que en su artículo 57 menciona que es hereditaria en un rey corrupto y exiliado: “1. La Corona de España es hereditaria en los sucesores de S.M. Don Juan Carlos I de Borbón…”

Vivimos en la época de la ignorancia donde los asuntos no se debaten ni razonan, donde las ideas simplemente se tiran a la cara del adversario; pero sin escuchar ni se aprende, ni se evoluciona.

Queda aún tiempo antes que la idea de la República Constitucional pueda llegar a la gran masa de un pueblo aborregado; pero la luz de la razón y la libertad terminaran disipando las tinieblas del sectarismo y la superstición.

Termino haciendo referencia a la frase con la que abro esté artículo, pues al final no importa tanto el número de leones, mientras que las ovejas decidan seguirlos; por eso los grandes cambios no han sido nunca iniciativa de la masa, sino de minorías formadas y convencidas capaces de enseñar que detrás de la colina de los cambios, hay verdes prados.

miércoles, 29 de julio de 2020

VOX y su moción de censura Podemita


“Nunca interrumpas a tu enemigo mientras está cometiendo un error” (Napoleón)





Hoy VOX ha anunciado que en septiembre presentará una moción de censura, al escuchar el anuncio mi mente ha regresado al pasado y recordado cuando Podemos anunció una moción de censura contra el entonces gobierno de señor Rajoy.
Resulta curioso que dos partidos en principio antagónicos tengan una ejecutoria política tan parecida pero si reflexionamos un  poco realmente son dos caras de una misma y casposa moneda. Desde hace mucho vengo señalando que el principal activo político de VOX es Podemos y el de Podemos, VOX; uno y otro se necesitan porque mutuamente se generan.
Si el lector tiene curiosidad y pincha el enlace, verá que mis argumentaciones sobre aquella moción de censura a mayor gloria del líder podemita valen para esta nueva moción de censura de VOX.
Es lo malo de ser coherente con las propias ideas y siguiendo a Voltaire, expresar los propios pensamientos sin importar lo que en el momento marca la “opinión públicada”
Realmente, la historia parlamentaria nos señala que toda moción que se anuncia con meses de antelación simplemente es un simple fuego de artificio sin más importancia que la de un duelo a florete donde todo el pescado está vendido, y donde los medios de comunicación como si de un partido de futbol se tratará, jalean a su equipo.
Como en España tenemos tan pocos problemas, nuestra casta política vuelve a mirarse el ombligo, mientras nuestro país camina hacia el abismo.
Nada apuntala más al gobierno de Pedro Sánchez que la moción de censura de VOX; si un asesor monclovita hubiera pedido un deseo para septiembre, este deseo no hubiera sido otro que esta moción de censura anunciada por los de Abascal.
No soy yo sospechoso de apoyar a este gobierno de inútiles al que no he escatimado críticas al igual que a sus socios parlamentarios, pero cuando uno mira a la oposición, no puede más que decir asombro, cuando otros dicen miedo.
Y es que la “nueva política” es lo peor de la vieja, y los que vienen a regenerar el sistema son los primeros en hundirse en la podredumbre del mismo.
Podemos es la oscura traición del 15M y pagará cara esa traición, pues con  su caída quedará destrozada la izquierda más radical para el próximo lustro; ojala le acompañe el PSOE y de esa forma pueda nacer un verdadero partido nacional de izquierdas, sin complejos y verdaderamente dispuesto a regenerar este sistema que hoy huele a cieno.
En la Derecha la división hace que sus mayorías siempre sean precarias y sin poder contar con el apoyo de los nacionalistas, PP y VOX son candidatos a una oposición eterna, donde las voces altisonantes solo sean manifestación de la impotencia.
Como decía Adam Smith: “La vehemencia del partido que rehúsa todo paliativo, toda templanza, toda razonable adaptación, al exigir demasiado con frecuencia no obtiene nada, y las molestias y dificultades que con un poco de moderación podrían haber sido eliminadas y aliviadas, quedan ya sin esperanza de remedio”
Se puede estar en contra de todo un rato y en ciertas circunstancias un rato más, pero si uno siempre está contra el mundo, el mundo termina aplastándote.
Y es que en ocasiones la crítica de VOX al gobierno es acertada, pero entre medias cuela un montón de disparates nacional-católicos que huelen desde lejos a la naftalina más rancia de franquismo.
A los “ismos” no se los puede combatir con sus mismas armas aunque sean de signo contrario, hay que combatirlos con la razón, la virtud  y la inteligencia.
No tengo miedo a la soledad del librepensador, porque entre otras cosas, por salud mental quiero durante un tiempo alejarme de los telediarios, las noticias y todo el ruido político que al final nos aparta de nuestro propio ser y de las cosas relevantes de la vida.
La política es importante y como ciudadanos es nuestra obligación luchar por el bien común, pero hay momentos en los que lo mejor es retirarse a la montaña, reflexionar en la calma y no desperdiciar energías que quizás en el futuro sea necesario usar.
Tardaremos más o menos, pero España necesita una revolución y la revolución llegará; entonces será nuestra obligación entrar en la lucha. Por ahora resulta más útil leer “Las Confesiones” de Rousseau que ver el debate parlamentario sobre una moción de censura que tendrá tintes de esperpento y donde nada cambiará.
Las mociones de censura que de verdad cambian gobiernos son las que no se anuncian y se presentan casi a escondidas, la experiencia nos dice que estás son las que de verdad quedan en la historia.
Realmente con esta moción de censura,  VOX ha terminado su proceso de podemización, de forma que salvo que sus dirigentes tienen pinta de ducharse todos los días, su manera de hacer política es mimética a la de Podemos. Quizás Abascal esté pensando también en comprarse una casita en Galapagar y así completar el dislate.
Lo más triste de todo es constatar lo solos y abandonados que estamos los ciudadanos, gobernados por una casta política infame y unas instituciones carcomidas hasta los cimientos.
Yo siempre defendí la reforma del sistema actual, ahora ya soy decididamente un antisistema, un ciudadano expulsado de la política que como muchos otros, un día pedirá explicaciones.
Tarde o temprano después de tanto miedo, sufrimiento y desolación las calles se llenaran de ciudadanos libres de todo color político, que como uno solo volverán a gritar: ¡Basta Ya!
Por mucho que nos quieran separar, el COVID-19, la miseria y la desesperación no son de izquierdas ni de derechas, nos afectan a todos; no caigamos en la trampa de la casta política que consiste en lanzar a unos ciudadanos contra otros.
Esa es la esencia de mi crítica, el hacer ver al lector que mientras nos perdemos en el humo de los radicalismos, nuestros problemas son más y más grandes.
Ya no se trata de que el próximo gobierno de coalición sea de PP y VOX, se trata de que el próximo gobierno verdaderamente se preocupe por el pueblo y sus problemas.
No se trata de llevar la bandera en la mascarilla o en la ropa, o ponerla en el balcón, simple postureo que alienta VOX, se trata de que los ciudadanos volvamos a sentir nuestra bandera en el corazón; ese sentimiento no tiene matiz.

miércoles, 8 de julio de 2020

Podemos: Sexo, lujuria y poder


“El acto de goce es una pasión que, lo acepto, somete a ella todas las otras, pero que las reúne al mismo tiempo”(el marqués de Sade)



Lo que está pasando en Podemos con el affaire Dina Bousselham roza los límites del esperpento y muestra bien a las claras la calidad moral de sus protagonistas, empezando por el gran líder.
Y es que Pablo Iglesias que empezó dando clases de moral política, ha terminado siendo el ejemplo de inmoralidad y de cómo las palabras contradicen a los hechos.
Finalmente el líder de Podemos ha mostrado, bien a las claras, la pasta de que está hecho, demostrando que no es ejemplo de nada; demostrando como la falta de principios conduce a una persona y a los que la rodean a la profunda sima de las pasiones desmedidas.
El otro días leyendo un libro de filosofía de Roberto R. Aramayo titulado: “Kant: Entre la moral y la política”, encontré un párrafo demoledor respecto a Pablo Iglesias y que me permito compartir con el lector. Dice:
“Se diría que la filosofía y las humanidades han quedado reducidas a un  mero adorno, al que los políticos acuden para barnizar sus actuaciones. Así, por ejemplo, en España el secretario general de Podemos, un partido presuntamente de izquierdas que quiso institucionalizar el movimiento del 15M, se permite recomendar la lectura de un desconocido texto kantiano: la Ética de la razón pura. Este profesor de ciencia política cuya carrera universitaria jamás despegó revela con ello ser otro moralista político que pretende hacerse pasar por un político moral. En su haber queda el haber dinamitado a la izquierda española en lugar de dinamizarla, según las expectativas generadas por Podemos, un partido en donde la disidencia y el pensar de otro modo se castigan como imperdonables ofensas hacia el indiscutible líder presuntamente carismático.”
Y es que se pueden decir las cosas más alto, pero no más claro, pues la farsa del gran líder se está empezando a terminar, y de presunto político moral está pasando a mostrarse como el político inmoral que es.
Lejos de Kant, la filosofía que está aplicando este individuo se encuentra en el marqués de Sade. Y es que nadie como el divino marqués supo bucear en las más oscuras profundidades del alma humana para mostrarnos aquello que sabemos que existe pero que nadie admite conocer.
Yo soy contrario a la idea moderna de que vida pública y vida privada son esferas diferentes, pues aunque lo pudieran ser, su interacción es enorme. Como los antiguos creo que la virtud pública nace de la virtud privada, y que no se puede ser una mala persona y un buen representante político.
Si el nivel de nuestros representantes políticos es tan poco ejemplar es en parte porque el sistema de selección de los mismos produce una selección inversa, es decir que al contrario de lo señalado por Darwin no llegan a los altos cargos los mejores ni los más virtuosos, sino los mediocres y los más inmorales, aquellos que no dudan en usar la mentida el engaño y el nepotismo para alcanzar sus fines particulares.
Actualmente cualquier persona de principios y moral intachable es imposible que forme parte en un órgano directivo en un partido político  con representación parlamentaria, simplemente la conjura de los mediocres de su partido actuaría para terminar con él dado el peligro que representa. Y es que nada inquieta más a un vividor de la política que una persona independiente y de principios que no lo debe nada a nadie y es capaz de decir lo que piensa.
Como bien señala Aramayo, lo triste es que el partido que se presumía heredero del 15M y que proponía una nueva política, ha terminado no solo imitando sino superando en sectarismo, falta de democracia y vicios a los viejos partidos.
La democracia interna en Podemos se resume en la obediencia ciega al líder y a su corte. Por su fuera poco, el ego del supremo líder le lleva a un ansia desmedida por satisfacer su ansia de poder, dinero y sexo. Y es que en lugar de tener poder para servir con él a los ciudadanos y ser su primer servidor, disfruta de usar ese poder en satisfacer sus intereses privados por encima de cualquier obstáculo. Si la prensa dice algo que le incomoda, ataca a la prensa, pues en su mente todo lo que es  contrario a su voluntad debe ser destruido.
Hay un dicho castellano que hubiera hecho bien en aplicar a sus cuitas de alcoba: “Donde tengas la olla no metas la polla”
Y es que al final, no se sabe muy bien si podemos es un partido político o un harén turco.
Así pues, el supremo líder más que seguidor de Lenin se muestra seguidor de Sade, proponiendo “azotar hasta sangrar” a una conocida presentadora.
La ministra de igualdad es pues ejemplo del más rancio machismo, del más rancio “ascenso horizontal”, que ya en tiempos de Luis XV aplicaba madame de Pompadour.
No me avergüenza señalar que he leído gran parte de la obra de Sade y que su lectura me ha servido para calibrar lo que se oculta tras el poder, lo que muchas veces mueve al opresor contra el oprimido. Y es que Sade más que dinámicas sexuales, nos muestra que la satisfacción egoísta, que el uso de las personas como objetos, nacen de un ego desmedido al que acompaña poder.
No hay mayor droga en el mundo que la que proporciona el poder, y sobre ella todas las demás pasiones pueden desatarse si quien detenta el poder no tiene una fuerte formación moral. En Grecia y Roma lo que más se valoraba en un político era la rectitud moral, el ser capaz de aplicar principios a la acción política sobre la base del bien común.
Solo un político al que las palabras acompañan a los hechos puede tener el respeto del pueblo en una verdadera república. Así, decir que vivir el chalets aleja a los representantes del pueblo y luego irse a un chalet, muestra la absoluta falta de principios de quien sin obligación, se congratula en caer en contradicciones.
El affaire Dina Bousselham es el último capítulo de una historia donde se entremezclan relaciones sentimentales, política y sexo; y todo ello con un alcance público y legal.
Y es que cuando uno juega a aprendiz de brujo, cuando uno se siente por encima del bien y del mal, se pierden los límites de la realidad; estamos hablando de las actuaciones inmorales (incluso puede que ilegales) de todo un vicepresidente del gobierno de España.
Si de verdad queremos que una verdadera izquierda nazca en este país, una izquierda que defienda la patria, la libertad, la igualdad, la justicia y la virtud; Podemos debe desaparecer hasta convertirse en un partido insignificante.
Solo espero que esta época de crisis, tanto sanitaria, económica como política, alumbre un tiempo nuevo en el que la política recupere su prestigio sobre la base de unos políticos dignos en los que podamos valorar la virtud y no sus mentiras.


domingo, 17 de mayo de 2020

Reflexiones políticas más allá del estado de alarma


“Pero es una experiencia eterna que todo hombre que tiene poder se inclina a abusar del mismo; él va hasta que encuentra límites… Para que no se pueda abusar del poder hace falta que, por la disposición de las cosas, el poder detenga al poder” (Montesquieu)

Cada 15 días desde que se declaró el estado de alarma veo con impotencia, indignación y vergüenza como el parlamento convalida con servil displicencia los decretos que prolongan la esclavitud de todos los ciudadanos.
En anteriores escritos he defendido que realmente no nos encontramos ante un estado de alarma sino realmente ante un estado de excepción encubierto, que no limita nuestros derechos sino que directamente los anula.
Siempre he pensado que el camino del totalitarismo una vez que se inicia es francamente difícil de parar y cuando las mieles del poder absoluto se paladean, los gobernantes son ya proyectos de tiranos.
Que el gobierno con menor respaldo parlamentario de la democracia sea también el que más poder haya acumulado nunca nos muestra que las circunstancias pueden hacer de lo improbable, posible, y de lo excepcional, normal.
Ayer sábado, en su semanal “aló presidente”, Pedro Sánchez  anunció que no contento con seguir prolongando el cuestionado decreto de estado de alarma, lo iba a prorrogar en lugar de 15 días, un mes más. Lo peor de todo es que no tengo ninguna esperanza en que el parlamento en un arranque de dignidad impida este nuevo golpe totalitario.
Contando que el periodo de sesiones parlamentario termina en junio, con la prórroga de un mes de la alarma, el gobierno se asegura escapar del control del parlamento hasta septiembre.
Si a esto sumamos que los tribunales de justicia están cerrados o en el mejor de los casos al mínimo de funcionalidad, vemos que en España ahora mismo el gobierno concentra un poder absoluto y de facto incontrolable, al carecer de cualquier contrapeso.
Uno de los padres de la Constitución Americana, Madison, decía: “173 déspotas serían sin duda tan opresores como uno solo, y si alguien lo duda, que se fije en la República de Venecia. Tampoco nos vale el que los hayamos elegido nosotros mismos. Un déspota electivo no es el gobierno por el que luchamos; sino uno que no solamente se funde en principios libres, sino que sus poderes estuvieron divididos y el equilibrados.”
Después de más de 40 años la Constitución del 78 se muestra como un texto sumamente imperfecto y desgastado; pero ahora mismo es lo único que nos separa de la instauración de un estado totalitario. 
Mi ideal político dista mucho de estar conforme con la constitución; pero cuando la libertad está amenazada no nos queda otro remedio que atrincherarnos en los últimos baluartes de la libertad y hoy la Carta Magna de 1978 es nuestra última línea de defensa.
Últimamente se están dando muestras de descontento popular en las calles ante la situación que vivimos, pero yo que siempre estaré del lado del pueblo y la libertad, pienso que son aún movimientos tan  prematuros como contraproducentes.
Que algún partido como VOX decida ponerse delante de un movimiento que en gran parte no le pertenece, es políticamente comprensible; pero el partido que se infectó el 8M  en su propio acto político, está a la mediocre altura de la partitocracia reinante.
Quien quiera sacar rédito político de la indignación general,  no habrá entendido nada si no comprende que los cambios que se avecinan, van más allá del simple turnismo en el poder.
Es verdad que existe la amenaza de que el gobierno intente desde el poder propiciar un cambio de régimen, pero su inutilidad en la gestión de la crisis sanitaria y en la económica, tarde o temprano lo llevaran a la caída.
El PSOE y UP lo han fiado todo a la agitación y propaganda al mejor estilo de Goebbels, pero eso no es suficiente cuando estamos ante un desastre de esta magnitud.
Y es que precisamente, el que nos hayan vendido una “happy pandemia”, nos puede volver a llevar al desastre; ya que la gente no tiene conciencia del peligro que aún nos acecha.
Por el historial político que presenta Pedro Sánchez, creo que frente a viento y marea se parapetará en Moncloa y día a día intentará ganar tiempo. En otras ocasiones el “resiste y vencerás” le ha dado grandes réditos al inquilino de Moncloa, pero presiento que en esta ocasión alargar la agonía puede resultar nefasto para sus intereses.
La razón es que a la actual idiosincrasia política, les interesa ir a elecciones cuanto antes, aunque ello implique cambio de color político en el gobierno. Al establishment le interesa que no haya grandes alteraciones, y nada mejor para ellos que el PP sustituya al PSOE.
Pero la realidad es que a Pedro Sánchez solo le interesa él mismo y por lo tanto, al estilo de Luis XV, dirá eso de: “Après moi, le déluge” (Después de mí, el diluvio). No solo puede aniquilar al PSOE, que relativamente hasta podría ser bueno de cara a la futura reconstrucción de la socialdemocracia, sino que se puede llevar por delante el sistema del 78 pero en un sentido completamente diferente al que él pudo pretender.
Y es que cuando termine el confinamiento todo habrá cambiado, aunque aparentemente nada lo haya hecho.
La historia nos enseñó que la crisis del 2008, una suave brisa frente al huracán actual, alumbro un movimiento popular, el 15M. Este movimiento preocupo a los poderes constituidos, hasta que finalmente prostituido en sus principios esenciales, degeneró en un partido que en nada representaba sus ideales: Podemos. Este es el ejemplo de como un movimiento popular y transversal puede caer en manos de arribistas y sectarios a poco que estos de organicen; lección que debe ser aprendida para el futuro…
Que va a surgir un nuevo movimiento de indignación popular, es cuestión de tiempo, como se desarrolle, queda completamente abierto.  Por ello, ahora mismo es imposible hacer predicciones sobre el futuro, pues aún el principal actor político que va a mediatizarlo todo, no ha comparecido ante nosotros.
Veo las actuales encuestas y no puedo más que sonreír, pues quien no vea que aunque la superficie está aún calmada, todo debajo de ella es diferente.
Sirvan estas últimas líneas para mirar un poco hacia el futuro con algo de optimismo, ver que en toda gran crisis hay una gran oportunidad.
Aún nos queda caminar mucho por el desierto hasta llegar a la tierra prometida, pero frente al dolor y el sufrimiento es necesario el alivio de la esperanza.
Eso es precisamente lo que está destrozando a este gobierno, que nos ha prometido sangre, sudor y lágrimas y ninguna esperanza.
Hoy las instituciones caen bajo el peso de una democracia amordazada, bajo el peso de unos partidos carcomidos por la corrupción y el nepotismo, pero aun así la llama de la libertad está en muchos de los ciudadanos de este país.
Aún no ha llegado la hora en que los hombres honestos, podrán servir impunemente a su patria. Los defensores de la libertad serán siempre proscritos mientras domine el panorama político está horda de mediocres sin principios.


domingo, 19 de abril de 2020

Gobierno, libertad y coronavirus.





“Ningún viento será favorable para quién no sabe a qué puerto se encamina” (Séneca)





Estos días de confinamiento no dejo de mirar con honda preocupación y amargura como las cifras de muertos e infectados siguen en niveles intolerables, mientras los medios de comunicación y el gobierno miran indignamente para otro lado.
Y en que detrás de cada muerto hay una tragedia y personas que necesitan consuelo y apoyo. Pero es más “correcto” sacar a una ancianita de 83 años que ha salido de la UVI. ¿Cuántos de nuestros mayores salen todos
los días en cajas de roble en la más absoluta soledad hacia la incineradora? ¿Cuántos han muerto en la soledad de una habitación en una residencia de ancianos convertida en campo de exterminio por el coronavirus?
El gobierno y sus medios de propaganda están tratándonos como una sociedad de menores de edad a la que es mejor ocultar la realidad. Lo peor de todo, es que si lo permitimos, seremos cómplices de una tragedia que roza el genocidio.
No puedo ser condescendiente con un gobierno que considero totalmente ineficaz y que en lugar de dar soluciones a la crisis con medidas eficaces se preocupa solamente por la manipulación mediática.
Y es que al principio, cuando tomaron las primeras medidas tarde y mal, nos vendieron que ellos solo hicieron lo mismo que los demás gobiernos; pero los datos son aplastantes, y la situación de por ejemplo Portugal y Grecia, no es ni por asomo la nuestra.
Nuestros dirigentes enfrentaron la pandemia sin ninguna previsión y además tarde,  con lo que la infección alcanzo unos niveles casi incontrolables.
El confinamiento ha logrado contener y estabilizar la situación pero después de 35 días, el gobierno en su incapacidad ha seguido sin asumir medidas eficaces de cara a poder enfrentar el final de las medidas extraordinarias de secuestro social.
Seguimos dejando que nuestros sanitarios se enfrenten a la enfermedad con equipos deficientes, lo que ha llevado a una tasa de contagios completamente inasumible entre ellos. Menos aplausos infantiloides y más ayuda real, pues los gestos no salvan vidas y los medios sí.
Nos dicen que se están haciendo miles de test pero salvo casos concretos como la ministra de igualdad que ya lleva 3, mucha gente ni los ha visto ni los verá.
Lo terrible de la situación es que hace 35 días cuando nos encerraron en casa, no estábamos preparados para lo que se nos venía encima, pero hoy seguimos estando sin capacidad de enfrentar con solvencia la situación.
Otros países ya miran el final del confinamiento, mientras que nosotros seguimos improvisando, con el peligro de que cuando volvamos a la calle todo vuelva a empezar.
Nos hablan de que el gobierno está preparado para enfrentar también la crisis económica y la crisis social que darán continuación a la sanitaria; pero después de esta gestión, ¿qué esperanza podemos tener de que no se hunda todo?
Un país que vive del turismo y de la restauración está completamente indefenso ante las consecuencias de la pandemia, pues el miedo a viajar es su consecuencia natural. Nuestra económica tardará sangre, sudor y lágrimas en recuperar una sombra de lo que teníamos en febrero; y más que nunca se necesita una política económica sería y bien dirigida, lejos del derroche inútil y la propaganda insensata con que el gobierno piensa enfrentarla.
Como socialdemócrata que soy, comparto la idea de que el Estado debe ayudar a aquellos que lo necesitan y nadie puede quedar desasistido en la situación que estamos viviendo; pero el dar ayudas y subsidios no puede ni debe ser una medida de política económica permanente. En situaciones excepcionales hay que tomar medidas excepcionales, pero nunca lo excepcional puede ser permanente.
Si algún día se establece una renta garantizada debe nacer “ex novo” con su propia justificación y nunca como consecuencia de la excepcionalidad actual.
En el plano jurídico, la excepcionalidad que justifica el gobierno, como la económica, parece que ha venido para quedarse. Siento que nuestra libertad está en peligro ya que aprovechando la declaración del estado de alarma, el gobierno ha sobrepasado abiertamente sus atribuciones.
Y es que de facto vivimos en un estado de excepción no declarado pero sin las garantías del mismo; nuestros derechos no están limitados, están suspendidos, sin ley que lo justifique.
Grandes leguleyos nos venden la constitucionalidad de las medidas, pero nada está claro y tarde o temprano los tribunales deberán pronunciarse al respecto.
Según el diccionario:
Limitar: Fijar los límites de algo que tiene varias posibilidades, como derechos, atribuciones, jurisdicción, etc; normalmente, supones una restricción de estos límites.
Suprimir: Hacer cesar, hacer desaparecer.

El artículo 19 de nuestra constitución señala: “Los españoles tienen derecho a elegir libremente su residencia y a circular por el territorio nacional”
Estar confinado en casa es más parecido a una detención domiciliaria que una limitación de mi derecho. Mi derecho a circular libremente no está limitado, está suprimido, y solo con la declaración del estado de excepción podría justificarse sin duda alguna la legalidad del confinamiento.
Por otro lado, el gobierno está decidido también a terminar de facto con el derecho constitucional reconocido en el artículo 20 que reconoce y protege el derecho “A expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción”
Establecer una censura abierta es muy complicado en una democracia, aunque sea tan imperfecta como la nuestra. Pero un gobierno con poderes amplios puede fácilmente encontrar caminos para imponer la autocensura a los medios de comunicación; pues quien tiene el BOE y los presupuestos tiene un inmenso poder de coacción.
En nuestro país las televisiones son concesiones del gobierno, y en la situación actual, el pan de la publicidad institucional y las ayudas son el más cierto seguro de la complacencia televisiva con el poder.
Por suerte, en la actualidad aún ahí ámbitos de libertad aunque menos eficaces y que llegan a mucha menos gente. En la radio la domesticación aún no es total y en las redes sociales e internet la indignación bulle.
Es por eso que bajo el pretexto del “bulo”, como un caballo de Troya, el gobierno quiere controlar aquello que le resulta incómodo. No voy a defender a quienes se inventan noticias falsas pero entre ellos, ¿quién nos dice que no está también el gobierno?
Y es que cuando un poder se arroga el derecho a la verdad, estamos caminando por el peligroso camino de la tiranía.
Muy acertadamente decía Voltaire: “Nunca debéis olvidar que corresponde a la opinión pública juzgar a los hombres que gobiernan y no a éstos dominar y crear la opinión pública”
Muchos peligros se ciernen sobre nosotros y el mundo que dejamos atrás, quizás haya desaparecido para siempre, pero mientras podamos debemos defender la libertad y nuestros derechos, la esencia misma de la democracia y de la persona.
No podremos honrar mejor a nuestros miles de compatriotas muertos que defendiendo su dignidad, que es también defender la nuestra.