“Nunca interrumpas a tu enemigo mientras
está cometiendo un error” (Napoleón)
Cuando con el tiempo se pueda analizar con
objetividad el fenómeno de Podemos, el resumen de todo será, como se pudo
desperdiciar en tan poco tiempo tan inmenso caudal de ilusiones y esperanzas.
Podemos capitalizó el desorden transversal
de las calles del 15M y lo ordenó y organizó de tal forma que en tiempo récord el “partido de la
gente”, se transformó en un partido más de la “casta”.
Sin nada nuevo que ofrecer y perdido en
estériles propuestas que no llegan a ninguna concreción real, el partido de los
Círculos simplemente es un partido que vive por y para la propaganda, pero para
una propaganda vacía que empieza a sonar a mentira.
Qué el Partido Popular es un partido
carcomido y podrido por la corrupción es algo evidente, pero si se quiere ser
realmente efectivo en el ataque, no basta con
la simple crítica, es necesario a través del propio ejemplo y con
propuestas concretas mostrar que otra forma de hacer política es posible.
La moción de censura que plantea
Podemos desde el principio estaba mal
concebida y en ningún momento ha contado con la seriedad necesaria para poner
realmente en peligro al gobierno del PP
Se ha apostado por el simple postureo de
acaparar titulares en los medios de comunicación, más que por mostrar a la
ciudadanía la seriedad de una propuesta política que pretende cambiar las
cosas, sobre la base de cambiar la realidad de las personas.
Que Pablo Iglesias y su novia asuman todo
el protagonismo este martes, deja muy a las claras que esta moción de censura es
un acto de simple exaltación personal sin constituir realmente un frente
político capaz de inquietar el actual estado de cosas.
Un candidato alternativo de consenso y no
vinculado directamente con el partido, el acuerdo con otros partidos, asumiendo
que no era necesario ser el protagonista principal de la moción, hubieran
permitido verdaderamente poner contra las cuerdas al gobierno pues sobran
elementos para una censura así presentada; todos los que le faltan a la que se
ha presentado.
Me temo que difícilmente Podemos y Pablo Iglesias van a salir indemnes de esta
fallida moción de censura pues lo que antes eran vino y rosas para los morados, hoy empieza a ser severa indiferencia.
Uno puede ponerse delante de un movimiento
durante un tiempo pero si de verdad quiere dirigirlo, debe ser capaz no solo de
ir delante sino también de marcar la dirección conforme al sentir general.
Podemos se puso a la cabeza de la
indignación y levantó sus banderas, pero me temo que ahora el camino de Podemos
va por un dado y el de la indignación por otro.
El martes veré con atención lo que sucede
en el Congreso de los Diputados pues no se me escapa que el futuro político de
Pablo Iglesias, se juega en aparte este 13 de junio.
Hay personas a las que su ego y su propia
vanidad llevan a la perdición de una exposición pública sin necesidad y sin ningún beneficio ni para ellos ni para la sociedad a la
que dicen servir.
La corrupción quedará en un segundo plano,
mientras, perdidos todos en los fuegos de artificio parlamentarios, nos
preocupamos de lo que dicen unos y otros para proceder a una votación que
ganará arrolladoramente el gobierno.
La Corte podemita me temo que ha sobrestimado su capacidad y puede que haya mandado al “amado líder” en
lugar de a la sublime cumbre de una montaña,
a la caldera de un volcán a punto de entrar en erupción.

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