lunes, 1 de mayo de 2017

En el lodazal de la corrupción política española

“Todo en esta vida es susceptible de mejoras. Toda derrota puede ser la precursora de una futura victoria; toda guerra perdida puede convertirse en la causa de un resurgimiento ulterior; toda miseria puede ser el semillero de nuevas energías humanas y toda opresión puede engendrar también las fuerzas impulsoras de un renacimiento moral” (M. Robespierre)


En estos días la ciudadanía ha podido contemplar con una mezcla de estupefacción y asco como se han ido sucediendo los escándalos de corrupción, con especial aplicación en el PP madrileño.
Hace mucho que vengo señalando que las relaciones inmorales e ilegales existentes entre el poder político y el poder económico en este país son ya endémicas y tanto empresarios como políticos, se necesitan mutuamente porque mutuamente se generan.
Ya no me escandaliza la corrupción precisamente porque he comprendido que la corrupción política en nuestro país, no es la causa sino el efecto de un sistema que necesita la corrupción para funcionar. Igual que una bombilla al dar luz produce calor, nuestro sistema político al funcionar produce corrupción; será en interés de todos el conseguir cambiar la vieja e ineficiente bombilla por una nueva que dé más luz y casi no genere calor.
En España, mientras no haya separación de poderes y no se simplifiquen  los cuatro solapados niveles de la administración (municipal, provincial, autonómico y estatal), habrá corrupción y esta seguirá siendo una epidemia en tanto en cuanto la representación política esté secuestrada por los partidos políticos. La palabra partidocracia define a la perfección la oligarquía senatorial que nos gobierna y que dirige al Estado como su propiedad particular.
Puedo decir sin temor a equivocarme que la única diferencia entre lo que está pasando en Madrid y lo que hay en las otras 16 Comunidades Autónomas radica en el nivel de investigación e interés judicial.
En Castilla y León con más de 20 años de gobiernos del PP no hay que ser una eminencia para intuir lo que puede haber debajo de las alfombras. Una red clientelar de este nivel es muy difícil de  poner en evidencia más cuando los medios de comunicación regionales, que viven gracias al poder, son sumisos y están tácitamente controlados. Lo señalado es extrapolable a todas y cada una de las CCAA.
Lo natural en una sociedad madura sería sustituir el sistema político podrido por otro más eficaz y resistente a la corrupción; pero todo sistema clientelar en el que prosperan al calor de poder muchas personas y empresas,  es por naturaleza inmovilista y se defenderá con uñas y dientes de todo cambio.
Mientras el PP chapotea en la pestilente corrupción, el PSOE se limita a una crítica de baja intensidad sabiendo que ellos también tienen aguas corruptas que ocultar.
Respecto a los que en su día se llamarón “partidos nuevos” definitivamente se han mimetizado en el sistema y su aspiración parece no ir más allá de entrar a formar parte de la oligarquía partidocrática para compartir sus privilegios y servir sus intereses.
Ciudadanos en su complicado equilibrio en el centro del tablero político ya no aspira realmente a cambiar el sistema, ni tan siquiera a una reforma sustancial; simplemente busca apuntalar sus ruinas mientras trata de heredar al PP.
Podemos por su parte ha perdido su espíritu transversal y de reforma y después de Vistalegre II, es un típico partido de izquierdas radical que pretende un cambio hacia un sistema socialista  y no hacia una democracia real.
Así las cosas estamos en el mismo punto de partida de desencanto y frustración que generó el 15M pero con la diferencia de que por ahora Podemos impide un movimiento espontaneo en la calle.
Resulta curioso que aquello que en sus inicios dio miedo al sistema, se haya transformado en cómplice del mismo  pues con su desmesurada radicalidad, está ayudando a que nada cambie.
Sabias palabras las de Adam Smith al señalar: “La vehemencia del partido que rehúsa todo paliativo, toda templanza, toda razonable adaptación, al exigir demasiado con frecuencia no obtiene nada, y las molestias y dificultades que con un poco de moderación podrían haber sido eliminadas y aliviadas, quedan ya sin esperanza de remedio”
Yo creo que la acción política debe basarse en la eficaz armonía entre los principios y una ejecutoria bien definida, donde quede de manifiesto que otra forma de hacer política es posible. 
Tras el fracaso de Podemos, en el panorama político español hay un inmenso hueco social y electoral esperando ser ocupado; es solo cuestión de tiempo  el que conozcamos cómo y por quién será ocupado.
Superado el eje: derecha/izquierda,  quien acepte el eje: los de abajo/los  de arriba; habrá devuelto a la actualidad política la idea de que el cambio es posible y que hay posibilidades de un futuro mejor y más justo.
Toca retirarse durante un tiempo, pero en ningún modo con ánimo de derrota sino para tomar impulso de cara a las nuevas ilusiones que están por llegar.
Mientras, siempre nos queda entretenernos con charlotadas al estilo Podemos en forma de show multimedia y ver con tristeza como las ilusiones perdidas son verdades halladas.  

No hay comentarios:

Publicar un comentario