“¡Hay
de vosotros, maestros de la Ley y fariseos hipócritas, que os parecéis a los
sepulcros blanqueados! Por fuera tienen buena apariencia, pero por dentro están
llenos de huesos y toda clase de podredumbre. Así también vosotros: por fuera
os presentáis como hombres religiosos, pero por dentro estáis llenos de
hipocresía y maldad” (Mateo 23, 27-28)
Pensaba iniciar este texto con una frase
volteriana sobre la libertad de expresión pero en este tiempo de cuaresma, de
caridad, oración y abstinencia, he encontrado la mejor definición de HazteOir
en palabras del mismo Jesucristo del que ellos se pretenden seguidores.
En la polémica del autobús homófobo hay que
separar claramente dos ámbitos que aquí aparecen mezclados, por un lado el de
la ley y por otro el de la imposición moral.
En el plano legal, en el que los mandatos
son perfectos pues vienen definidos expresamente por un texto, no nos queda más
remedio que confiar en la justicia y en el criterio que ella nos dé; aunque
siempre podemos hacer nuestra propia interpretación personal de la misma. Nuestra Constitución en su artículo
20, señala:
1. Se reconocen y protegen
los derechos:
a)
A expresar y
difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el
escrito o cualquier otro medio de reproducción
Hasta este punto parece que se impone el
derecho que tienen los de HazteOir a expresar sus opiniones en un autobús
naranja, pero evidentemente la libertad de expresión como la Constitución
señala en ese mismo artículo tiene su límite en:
4. Estas
libertades tienen su límite en el respeto a los derechos reconocidos en este
Título, en los preceptos de las leyes que lo desarrollen y especialmente, en el
derecho al honor, a la intimidad, a la propia imagen y la protección de la juventud y de la infancia.
Está claro que hay una colisión de derechos
y solo un juez podrá determinar si el autobús traspasa los límites de la
libertad de expresión y entra en los del Código Penal, en concreto en su
artículo 510, cuando señala:
1.
Serán castigados con una pena de prisión de uno a cuatro años y multa de seis a
doce meses:
a)
Quienes públicamente fomenten, promuevan o inciten directa o indirectamente al
odio, hostilidad, discriminación o violencia contra un grupo, una parte del
mismo o contra una persona determinada por razón de su pertenencia a aquél, por
motivos racistas, antisemitas u otros referentes a la ideología, religión o
creencias, situación familiar, la pertenencia de sus miembros a una etnia, raza
o nación, su origen nacional, su sexo, orientación o identidad sexual, por
razones de género, enfermedad o discapacidad.
No es mi intención entrar en tecnicismos
jurídicos que corresponderán a los leguleyos que se enfrentarán ante los
tribunales por la cuestión. Yo enuncio la cuestión entorno a los principios de
derecho que el asunto implica y que como leyes, según Kant, son “deberes
perfectos” que todos, en cuanto ciudadanos, estamos obligados a cumplir.
La verdad es que me encantaría que a
HazteOir se le aplicara el 510 y el 510Bis con el agravante de publicidad incluido,
pero la cuestión es verdaderamente compleja.
Por estas cosas nunca en mi vida querría la responsabilidad de ser juez, pues la
objetividad necesaria para juzgar es propia de superhombres.
Mi corazón me pide dar un escarmiento a los
intolerantes ultras de esta asociación, pero la razón me impone el defender
también su derecho a la libertad de expresión.
Entrando en el orden moral, es donde sin
duda puedo condenar y condeno a estos nuevos Fariseos llenos de hipocresía y
maldad, pues en su moral estrecha no tienen sitio ni para la tolerancia ni para
la empatía y menos aún para la caridad cristiana.
Basta que un niño/a se vea dañado por el
autobús para invalidar la legitimidad moral de está campaña.
¿Quiénes son los señores de HazteOir para
tratar de imponer su moral ultracatólica a una sociedad laica?
Si precisamente ellos critican que se trate
de imponer una ideología de género a los niños, muy poca coherencia demuestran
tratando de imponer ellos por su parte su propia ideología moral
judeo-cristiana.
Mientras existan colegios confesionales
ningún católico puede quejarse de que en la escuela se adoctrina a los niños. Yo
he ido a un colegio católico y se muy bien, por propia experiencia, lo que es
adoctrinamiento, para que estos impresentables vengan a dar lecciones de
pretendida “libertad”
Los que con su religión revelada han creado una moral
heterónoma y por lo tanto falsa, no
pueden ahora venir a convertirse en paladines de nada, por mucho que falsos
liberales vengan en su ayuda.
Las máximas morales son “mandatos
imperfectos” y por lo tanto queda en la esfera íntima de la persona su
actuación conforme a los mismos.
Ser homosexual, bisexual, transexual, es
algo que concierne a la intimidad de la persona y por lo tanto nada ni nadie
tiene derecho a inmiscuirse en este ámbito si no es para precisamente servirles
de apoyo. Ese apoyo es precisamente intentar su integración y evitar su
discriminación, por ello cualquier campaña en ese sentido es perfectamente
admisible pues no ataca a la mayoría heterosexual sino defiende a estas
minorías. Yo al contrario que esta asociación creo que hay que defender al
débil y no al fuerte.
Los tiempos de la imposición han terminado
y tenemos que luchar por la libertad, pues solo enseñando en la responsabilidad,
lograremos sacar al hombre de la oscuridad de la superstición y del fanatismo.
Los ultras de HazteOir con su pretendido
ejercicio de la libertad de expresión, aunque no hayan cometido una ilegalidad,
lo que si han hecho con su autobús es faltar al respeto a las niñas que tienen
pene y a los niños que tienen vulva.
Sin duda el mundo iría mucho mejor si
dejáramos de juzgar a los demás por sus condiciones personales, pues todos
somos seres humanos iguales en dignidad y derechos sea cual sea el color
de nuestra piel, religión, sexo o inclinación sexual.
Para terminar dedico a HazteOir una cita
del Evangelio para que la mediten antes de volver a lanzar su veneno contra
algún colectivo que no comulgue con sus estrechas creencias.
“No juzguéis y no seréis juzgados; porque
de la manera que juzguéis seréis juzgados y con la medida con que midáis os
medirán a vosotros. ¿Por qué ves la pelusa en el ojo de tu hermano y no ves la
viga en el tuyo?”(Mateo 7, 1-4)
