sábado, 2 de junio de 2018

En defensa del gobierno Frankenstein



“En todos los gobiernos legítimos, la designación de las personas que han de asumir el mando es una parte tan natural y necesaria como la misma forma de gobierno, y es la que fue originariamente establecida por el pueblo” (John Locke)

Después del triunfo de la moción de censura de Pedro Sánchez que ha derribado al ejecutivo del Partido Popular, no puedo dejar de observar con asombro los ataques inmisericordes que está recibiendo este gobierno neonato de PSOE.
Y es que empiezo a creer que la democracia española esta enferma, dado que en realidad la ciudadanía de este país carece de una cultura  realmente demócrata.
Que parezca aceptable llamar ilegítimo e incluso “golpista” a un gobierno nacido del parlamento conforme a un proceso bien determinado, deja muy a las claras que hay una apreciable parte de la ciudadanía que considera que la ley solo merece obediencia mientras satisface nuestra voluntad y se ajusta a nuestros deseos.
Yo, inequívocamente me he puesto siempre del lado de la Nación frente al ataque de los secesionistas catalanes, y siento un profundo desprecio por  los partidos que los representan y apoyan, incluido también un partido heredero de terroristas como BILDU; pero mientras legalmente estos partidos tengan representación en las Cortes sus votos son tan válidos como los demás.
Que Pedro Sánchez es presidente gracias a los votos de estos partidos separatistas  es evidente, pero estos votos mientras la ley no cambie, son tan legales como los del PP o los de Ciudadanos y por lo tanto entran en el juego de mayorías del parlamento.
No podemos dejar de considerar que el Sr. Rajoy se ha mantenido dos años en el gobierno gracias al PNV y a nadie se le ha ocurrido llamar ilegítimo al gobierno del PP por contar con ese apoyo.
Yo como seguidor de J.J. Rousseau soy más partidario de una democracia más directa y donde los ciudadanos puedan participar de las decisiones públicas más allá de simplemente votar cada cuatro años, pero el sistema parlamentario que tenemos es el que establece nuestra constitución, y mientras no cambie, es el que debemos respetar.
Y es que en una Monarquía parlamentaria como la española, el gobierno no lo elige el pueblo directamente, lo elige el Congreso de los Diputados.
Nosotros elegimos diputados y luego estos designan un gobierno en función de mayorías que se establecen en el parlamento; estás son las reglas y si no nos gustan, habrá que cambiarlas antes de dedicarnos a deslegitimar lo que según estas reglas se establece.
Se señala que la mejor salida a la crisis política que desencadeno la corrupción del Partido Popular en forma de sentencia del caso Gürtel,  hubiera sido la convocatoria de elecciones generales, y puedo coincidir en esta solución, pero el Sr. Rajoy que tenía esta facultad decidió atrincherarse en la Moncloa y esperar que pasará la tormenta…y  esta vez la tormenta se lo ha llevado por delante.
Por ello, es tan legal y legítimo la constitución de un nuevo gobierno nacido de la moción de censura, como el haber ido a elecciones, otra cosa es la opinión que cada cual tenga de lo que sería mejor para España, pero eso es una opinión personal que en nada afecta a la legalidad. Como he señalado anteriormente personalmente en caso de duda ante una crisis,  en una salida igualmente constitucional, yo me inclino por apelar a la ciudadanía pero como se ha demostrado en Cataluña no siempre las urnas solucionan un problema.
Como bien señala Kant, es un deber moral el respeto de la ley y por lo tanto todo lo legal es legitimo; toda ley expresa un deber perfecto que nos obliga a su cumplimiento, nos guste o no. Otra cosa es el derecho que tememos a criticarla y pedir su modificación.
El Sr. Sánchez ha seguido escrupulosamente el procedimiento establecido en nuestra Constitución y conforme al mismo es presidente del gobierno, su nombramiento es legal e irreprochable, discutir esto es discutir la propia legitimidad de nuestra democracia.
No nos podemos llenar la boca con el artículo 2 de nuestra constitución cuando señala: “La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española,  patria común e indivisible de todos los españoles…” y después llamar golpismo a la aplicación del artículo 113 que establece la Moción de Censura.
La coherencia está en defender los mismos principios con independencia de los beneficios o perjuicios que de ellos se derriben, pues lo contrario es oportunismo.
El viernes cuando la moción de censura prosperó, señalé que sentía una extraña mezcla de ilusión e incertidumbre. Sinceramente veía como una necesaria medida de salud pública que el Sr Rajoy saliera de la Moncloa, pero no es menos cierto que un gobierno con tan poco respaldo parlamentario deja muchas dudas sobre su viabilidad, más aún cuando el problema catalán sigue amenazante.
Será el tiempo quien nos diga si el PSOE ha acertado o se ha equivocado con esta moción; yo lo juzgaré por sus acciones y sus medidas después de los 100 días de cortesía que merece todo nuevo gobierno.
Antes de lanzarnos a un debate visceral lleno de prejuicios, aderezados con intereses sesgados y  una opinión publicada maledicente, es mejor seguir el principio del Duque de Wellington: “esperar y ver”
Yo hoy lanzo mi voz en defensa de la ley y del sistema constitucional, y por ello debo de romper una lanza de legitimidad en favor del gobierno del PSOE y de Pedro Sánchez
El PSOE se juega en estos meses su supervivencia política, si falla en esta audaz jugada, la socialdemocracia en España necesariamente deberá reorganizarse en torno a un nuevo partido que sobre los principios de la igualdad, justicia, libertad y virtud, defienda la democracia y la unidad nacional. 
No podemos olvidar que el título completo de la tan mencionada novela de Mary Shelley es: “Frankenstein o el moderno Prometeo.”
Solo el tiempo nos dirá si este va a ser un gobierno Frankenstein o será el gobierno del moderno Prometeo...