“En todos los gobiernos
legítimos, la designación de las personas que han de asumir el mando es una
parte tan natural y necesaria como la misma forma de gobierno, y es la que fue
originariamente establecida por el pueblo” (John Locke)
Después del triunfo de la moción de censura de Pedro Sánchez
que ha derribado al ejecutivo del Partido Popular, no puedo dejar de observar
con asombro los ataques inmisericordes
que está recibiendo este gobierno neonato de PSOE.
Y es que empiezo a creer que la democracia española esta
enferma, dado que en realidad la ciudadanía de este país carece de una cultura realmente
demócrata.
Que parezca aceptable llamar ilegítimo e incluso “golpista”
a un gobierno nacido del parlamento conforme a un proceso bien determinado, deja muy a las claras que hay una apreciable parte de la ciudadanía que
considera que la ley solo merece obediencia mientras satisface nuestra voluntad
y se ajusta a nuestros deseos.
Yo, inequívocamente me he puesto siempre del lado de la Nación
frente al ataque de los secesionistas catalanes, y siento un profundo desprecio
por los partidos que los representan y
apoyan, incluido también un partido heredero de terroristas como BILDU; pero mientras
legalmente estos partidos tengan representación en las Cortes sus votos son tan
válidos como los demás.
Que Pedro Sánchez es presidente gracias a los votos de estos
partidos separatistas es evidente, pero estos votos
mientras la ley no cambie, son tan legales como los del PP o los de Ciudadanos
y por lo tanto entran en el juego de mayorías del parlamento.
No podemos dejar de considerar que el Sr. Rajoy se ha
mantenido dos años en el gobierno gracias al PNV y a nadie se le ha ocurrido
llamar ilegítimo al gobierno del PP por contar con ese apoyo.
Yo como seguidor de J.J. Rousseau soy más partidario de una
democracia más directa y donde los ciudadanos puedan participar de las
decisiones públicas más allá de simplemente votar cada cuatro años, pero el
sistema parlamentario que tenemos es el que establece nuestra constitución, y
mientras no cambie, es el que debemos respetar.
Y es que en una Monarquía parlamentaria como la española, el
gobierno no lo elige el pueblo directamente, lo elige el Congreso de los Diputados.
Nosotros elegimos diputados y luego estos designan un
gobierno en función de mayorías que se establecen en el parlamento; estás son
las reglas y si no nos gustan, habrá que cambiarlas antes de dedicarnos a
deslegitimar lo que según estas reglas se establece.
Se señala que la mejor salida a la crisis política que
desencadeno la corrupción del Partido Popular en forma de sentencia del caso Gürtel,
hubiera sido la convocatoria de
elecciones generales, y puedo coincidir en esta solución, pero el Sr. Rajoy que
tenía esta facultad decidió atrincherarse en la Moncloa y esperar que pasará la
tormenta…y esta vez la tormenta se lo ha
llevado por delante.
Por ello, es tan legal y legítimo la constitución de un nuevo
gobierno nacido de la moción de censura, como el haber ido a elecciones, otra
cosa es la opinión que cada cual tenga de lo que sería mejor para España, pero
eso es una opinión personal que en nada afecta a la legalidad. Como he señalado anteriormente personalmente en caso de duda ante una crisis, en una salida igualmente constitucional, yo me inclino por apelar a la ciudadanía pero como se ha demostrado en Cataluña no siempre las urnas solucionan un problema.
Como bien señala Kant, es un deber moral el respeto de la ley
y por lo tanto todo lo legal es legitimo; toda ley expresa un deber perfecto que nos
obliga a su cumplimiento, nos guste o no. Otra cosa es el derecho que tememos a
criticarla y pedir su modificación.
El Sr. Sánchez ha seguido escrupulosamente el procedimiento
establecido en nuestra Constitución y conforme al mismo es presidente del
gobierno, su nombramiento es legal e irreprochable, discutir esto es discutir
la propia legitimidad de nuestra democracia.
No nos podemos llenar la boca con el artículo 2 de nuestra
constitución cuando señala: “La
Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los
españoles…” y después llamar
golpismo a la aplicación del artículo 113 que establece la Moción de Censura.
La coherencia está en defender los mismos principios con
independencia de los beneficios o perjuicios que de ellos se derriben, pues lo
contrario es oportunismo.
El viernes cuando la moción de censura prosperó, señalé que
sentía una extraña mezcla de ilusión e incertidumbre. Sinceramente veía como
una necesaria medida de salud pública que el Sr Rajoy saliera de la Moncloa,
pero no es menos cierto que un gobierno con tan poco respaldo parlamentario
deja muchas dudas sobre su viabilidad, más aún cuando el problema catalán sigue
amenazante.
Será el tiempo quien nos diga si el PSOE ha acertado o se ha
equivocado con esta moción; yo lo juzgaré por sus acciones y sus medidas después
de los 100 días de cortesía que merece todo nuevo gobierno.
Antes de lanzarnos a un debate visceral lleno de prejuicios, aderezados
con intereses sesgados y una opinión publicada
maledicente, es mejor seguir el principio del Duque de Wellington: “esperar y
ver”
Yo hoy lanzo mi voz en defensa de la ley y del sistema constitucional, y
por ello debo de romper una lanza de legitimidad en favor del gobierno del
PSOE y de Pedro Sánchez
El PSOE se juega en estos meses su supervivencia política, si falla en esta audaz jugada, la socialdemocracia en España necesariamente deberá reorganizarse en torno a un nuevo partido que sobre los principios de la igualdad, justicia, libertad y virtud, defienda la democracia y la unidad nacional.
No podemos olvidar que el título completo de la tan
mencionada novela de Mary Shelley es: “Frankenstein o el moderno Prometeo.”
Solo el tiempo nos dirá si este va a ser un gobierno
Frankenstein o será el gobierno del moderno Prometeo... 