
“Ningún viento será favorable para quién no sabe a qué puerto se encamina” (Séneca)
Estos días de confinamiento no dejo de mirar con honda preocupación y amargura como las cifras de muertos e infectados siguen en niveles intolerables, mientras los medios de comunicación y el gobierno miran indignamente para otro lado.
Y
en que detrás de cada muerto hay una tragedia y personas que necesitan consuelo
y apoyo. Pero es más “correcto” sacar a una ancianita de 83 años que ha salido
de la UVI. ¿Cuántos de nuestros mayores salen todos
los días en cajas de roble
en la más absoluta soledad hacia la incineradora? ¿Cuántos han muerto en la
soledad de una habitación en una residencia de ancianos convertida en campo de
exterminio por el coronavirus?
El
gobierno y sus medios de propaganda están tratándonos como una sociedad de
menores de edad a la que es mejor ocultar la realidad. Lo peor de todo, es que
si lo permitimos, seremos cómplices de una tragedia que roza el genocidio.
No
puedo ser condescendiente con un gobierno que considero totalmente ineficaz y que
en lugar de dar soluciones a la crisis con medidas eficaces se preocupa solamente
por la manipulación mediática.
Y
es que al principio, cuando tomaron las primeras medidas tarde y mal, nos vendieron
que ellos solo hicieron lo mismo que los demás gobiernos; pero los datos son aplastantes,
y la situación de por ejemplo Portugal y Grecia, no es ni por asomo la nuestra.
Nuestros
dirigentes enfrentaron la pandemia sin ninguna previsión y además tarde, con lo que la infección alcanzo unos niveles casi
incontrolables.
El
confinamiento ha logrado contener y estabilizar la situación pero después de 35
días, el gobierno en su incapacidad ha seguido sin asumir medidas eficaces de
cara a poder enfrentar el final de las medidas extraordinarias de secuestro
social.
Seguimos
dejando que nuestros sanitarios se enfrenten a la enfermedad con equipos
deficientes, lo que ha llevado a una tasa de contagios completamente inasumible
entre ellos. Menos aplausos infantiloides y más ayuda real, pues los gestos no
salvan vidas y los medios sí.
Nos
dicen que se están haciendo miles de test pero salvo casos concretos como la
ministra de igualdad que ya lleva 3, mucha gente ni los ha visto ni los verá.
Lo
terrible de la situación es que hace 35 días cuando nos encerraron en casa, no estábamos
preparados para lo que se nos venía encima, pero hoy seguimos estando sin
capacidad de enfrentar con solvencia la situación.
Otros
países ya miran el final del confinamiento, mientras que nosotros seguimos
improvisando, con el peligro de que cuando volvamos a la calle todo vuelva a
empezar.
Nos
hablan de que el gobierno está preparado para enfrentar también la crisis
económica y la crisis social que darán continuación a la sanitaria; pero después
de esta gestión, ¿qué esperanza podemos tener de que no se hunda todo?
Un
país que vive del turismo y de la restauración está completamente indefenso
ante las consecuencias de la pandemia, pues el miedo a viajar es su
consecuencia natural. Nuestra económica tardará sangre, sudor y lágrimas en
recuperar una sombra de lo que teníamos en febrero; y más que nunca se necesita
una política económica sería y bien dirigida, lejos del derroche inútil y la
propaganda insensata con que el gobierno piensa enfrentarla.
Como
socialdemócrata que soy, comparto la idea de que el Estado debe ayudar a
aquellos que lo necesitan y nadie puede quedar desasistido en la situación que
estamos viviendo; pero el dar ayudas y subsidios no puede ni debe ser una
medida de política económica permanente. En situaciones excepcionales hay que
tomar medidas excepcionales, pero nunca lo excepcional puede ser permanente.
Si
algún día se establece una renta garantizada debe nacer “ex novo” con su propia
justificación y nunca como consecuencia de la excepcionalidad actual.
En
el plano jurídico, la excepcionalidad que justifica el gobierno, como la económica,
parece que ha venido para quedarse. Siento que nuestra libertad está en peligro
ya que aprovechando la declaración del estado de alarma, el gobierno ha
sobrepasado abiertamente sus atribuciones.
Y
es que de facto vivimos en un estado de excepción no declarado pero sin las garantías
del mismo; nuestros derechos no están limitados, están suspendidos, sin ley que
lo justifique.
Grandes
leguleyos nos venden la constitucionalidad de las medidas, pero nada está claro
y tarde o temprano los tribunales deberán pronunciarse al respecto.
Según
el diccionario:
Limitar: Fijar los
límites de algo que tiene varias posibilidades, como derechos, atribuciones,
jurisdicción, etc; normalmente, supones una restricción de estos límites.
Suprimir: Hacer
cesar, hacer desaparecer.
El
artículo 19 de nuestra constitución
señala: “Los españoles tienen derecho a elegir libremente su residencia y a
circular por el territorio nacional”
Estar
confinado en casa es más parecido a una detención domiciliaria que una
limitación de mi derecho. Mi derecho a circular libremente no está limitado,
está suprimido, y solo con la declaración del estado de excepción podría justificarse
sin duda alguna la legalidad del confinamiento.
Por
otro lado, el gobierno está decidido también a terminar de facto con el derecho
constitucional reconocido en el artículo
20 que reconoce y protege el derecho “A expresar y difundir libremente los
pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier
otro medio de reproducción”
Establecer
una censura abierta es muy complicado en una democracia, aunque sea tan
imperfecta como la nuestra. Pero un gobierno con poderes amplios puede fácilmente
encontrar caminos para imponer la autocensura a los medios de comunicación;
pues quien tiene el BOE y los presupuestos tiene un inmenso poder de coacción.
En
nuestro país las televisiones son concesiones del gobierno, y en la situación actual,
el pan de la publicidad institucional y las ayudas son el más cierto seguro de
la complacencia televisiva con el poder.
Por
suerte, en la actualidad aún ahí ámbitos de libertad aunque menos eficaces y
que llegan a mucha menos gente. En la radio la domesticación aún no es total y
en las redes sociales e internet la indignación bulle.
Es
por eso que bajo el pretexto del “bulo”, como un caballo de Troya, el gobierno
quiere controlar aquello que le resulta incómodo. No voy a defender a quienes
se inventan noticias falsas pero entre ellos, ¿quién nos dice que no está también
el gobierno?
Y
es que cuando un poder se arroga el derecho a la verdad, estamos caminando por
el peligroso camino de la tiranía.
Muy
acertadamente decía Voltaire: “Nunca debéis olvidar que corresponde a la
opinión pública juzgar a los hombres que gobiernan y no a éstos dominar y crear
la opinión pública”
Muchos
peligros se ciernen sobre nosotros y el mundo que dejamos atrás, quizás haya
desaparecido para siempre, pero mientras podamos debemos defender la libertad y
nuestros derechos, la esencia misma de la democracia y de la persona.
No
podremos honrar mejor a nuestros miles de compatriotas muertos que defendiendo
su dignidad, que es también defender la nuestra.
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