lunes, 30 de marzo de 2020

Reflexiones en tiempos del Coronavirus


“Toda realidad ignorada prepara su venganza” (Ortega y Gasset)

Por mucho que el hombre pretenda controlar su destino, siempre esté nos reserva sorpresas para demostrarnos que somos seres contingentes y sumamente frágiles.
En estos días podemos comprobar la verdad de la Teoría del Caos y de su célebre “efecto mariposa”. En este caso, un virus infecto a un humano en una remota ciudad China y ahora miles de personas por todo el planeta se verán contagiadas mientras que otras morirán.
En estos días de cuarentena tengo la extraña sensación de estar viviendo una ensoñación, una sensación de irrealidad como si estuviera dentro de un extraño sueño.
Pero la realidad es que estamos ante una epidemia de proporciones planetarias que marcará un antes y un después en la historia contemporánea.
Pero llegados a este momento en el que las sombras lo cubren todo, nos toca mirar hacia un mañana que necesariamente será muy distinto. La España que dejamos el 8 de marzo de 2020 debemos asumir que nunca volverá, empezando por el coste que vamos a pagar ahora por las 2 semanas de mundo irreal que un gobierno irresponsable nos hizo disfrutar teniendo ya en ciernes la tragedia.
Y es que el dicho de más vale prevenir que curar en este caso es de total aplicación; las medidas que tomadas en febrero hubieran podido salvar infinidad de vidas y habernos preparado convenientemente para la que se nos venía encima, son ahora sueños en una pesadilla de la que saldremos con mucho dolor, sufrimiento y lágrimas.
Con más de 800 muertos diarios es complicado poder ver más allá del día a día, pero es obligación de la reflexión tratar de traspasar las negras cortinas del presente para intentar ver lo que se esconde tras ellas.
Vivimos tiempos de crisis, pero siempre he creído que dentro de toda crisis hay una esperanza de cambio a mejor.
Ahora estamos iniciando la larga y cruel travesía del desierto en la que lamentablemente muchos perderán hasta la vida; pero será en su recuerdo, y también en la desesperación de la pérdida del bienestar material donde los firmes de corazón deben empezar a poner los cimientos del nuevo mundo que se conformará en el futuro.
Y es que en la propia esencia de la crisis está la debilidad de un mundo que con todo su esplendor debe encerrarse en casa y sacrificar sus sacrosantas finanzas para salvar la vida.
Un virus nacido en un mercado infecto de China está dinamitando lo que hasta ahora era considerado como inamovible, demostrando tanto la vulnerabilidad humana como la estulticia de la mayor parte de la casta dirigente mundial.
En España, la falta de previsión y la incapacidad de un gobierno puramente propagandístico y sectario nos ha llevado a la actual situación en muchos aspectos desesperada.
Nuestro personal sanitario, auténticos héroes en esta guerra, está luchando con medios escasos y a costa de su propia salud con un enemigo terrible que día tras día muestra su cara invisible en las cifras de muertos e infectados.
Pero no hay sistema sanitario en el mundo, ni tampoco recursos suficientes para poder contener esta tragedia; hemos dejado vía libre al enemigo durante semanas, en nuestros parques, en nuestras casas, en nuestras escuelas, en las oficinas, y en todos los actos públicos que el gobierno permitió con el fin de disfrutar de su momento de gloria en las manifestaciones feministas.
No, el machismo no mata más que el coronavirus, pero la idiocia ideológica sí.
Perdido en batallas ideológicas el gobierno desperdició un tiempo precioso para hacer frente a la tragedia; buscando enemigos en el género masculino se dejó al verdadero enemigo libertad para infectar y a la postre libertad para matar.
Yo he nacido y me he criado en un mundo de igualdad, donde hombre y mujer son iguales en derechos y obligaciones. Pero igual que defenderé siempre a una mujer frente a cualquier injusticia y discriminación; nunca pediré perdón por ser hombre e igualmente defenderé los derechos de todo ciudadano, con independencia de su sexo.
Pero era necesario hacer un aquelarre feminazi, era necesario no tomar ninguna previsión hasta pasado el 8 de marzo y permitir las manifestaciones que a la postre se mostrarían como infestaciones.
Y es que por permitir las manifestaciones, se permitió que todo siguiera como si nada, futbol, transporte público, actos políticos…
Es verdad que dada la tragedia diaria será conveniente esperar el momento de pedir cuentas al gobierno, pero cada día se está demostrando que a su incapacidad de previsión le está siguiendo también la incapacidad de gestión.
Se ha decretado un Estado de Alarma que da al gobierno un poder comparable al de los tiempos de la dictadura del general Franco; y ese inmenso poder se manifiesta en medidas pigmeas e inconexas que dan la sensación de obedecer no a un plan bien establecido sino a la más pura imprevisión, cuando no ocurrencia.
Cuando el capitán de un barco en plena tormenta, pierde el control del mismo y muestra que es incapaz de hacer frente a la situación, es obligación tanto del propio capitán como de la tripulación es establecer un nuevo mando capaz de enfrentar el temporal para sobrevivir.
Pedro Sánchez es ahora un Neville Chamberlain, debe enfrentar una guerra que le supera por imprevisión e incapacidad; en estos instantes oscuros España necesita un Winston Churchill capaz al menos de aunar esfuerzos en la tragedia.
Llegará el momento de pedir responsabilidades, un tiempo en ajustar cuentas con nuestra casta dirigente, de todo pelaje y color político, pero ahora hay que salvar la situación, salvar vidas, salvar de este naufragio todo lo que nos pueda servir de cara a la reconstrucción.
Nuestro mundo ha desaparecido, el que debe nacer en el futuro aún no ha llegado, pero en este presente, en esta tremenda tormenta está el germen de algo nuevo.
Quiero en mis últimas palabras rendir mis respetos a los muertos y a sus familiares, debemos consolarnos en que han compartido nuestra vida y siempre vivirán en nuestros corazones.
“La noche es siempre más oscura justo antes del amanecer.”


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