“Toda realidad ignorada
prepara su venganza” (Ortega y Gasset)
Por
mucho que el hombre pretenda controlar su destino, siempre esté nos reserva
sorpresas para demostrarnos que somos seres contingentes y sumamente frágiles.
En
estos días podemos comprobar la verdad de la Teoría del Caos y de su célebre
“efecto mariposa”. En este caso, un virus infecto a un humano en una remota ciudad
China y ahora miles de personas por todo el planeta se verán contagiadas
mientras que otras morirán.
En
estos días de cuarentena tengo la extraña sensación de estar viviendo una
ensoñación, una sensación de irrealidad como si estuviera dentro de un extraño
sueño.
Pero
la realidad es que estamos ante una epidemia de proporciones planetarias que
marcará un antes y un después en la historia contemporánea.
Pero
llegados a este momento en el que las sombras lo cubren todo, nos toca mirar
hacia un mañana que necesariamente será muy distinto. La España que dejamos el
8 de marzo de 2020 debemos asumir que nunca volverá, empezando por el coste que
vamos a pagar ahora por las 2 semanas de mundo irreal que un gobierno
irresponsable nos hizo disfrutar teniendo ya en ciernes la tragedia.
Y
es que el dicho de más vale prevenir que curar en este caso es de total
aplicación; las medidas que tomadas en febrero hubieran podido salvar infinidad
de vidas y habernos preparado convenientemente para la que se nos venía encima,
son ahora sueños en una pesadilla de la que saldremos con mucho dolor,
sufrimiento y lágrimas.
Con
más de 800 muertos diarios es complicado poder ver más allá del día a día, pero
es obligación de la reflexión tratar de traspasar las negras cortinas del
presente para intentar ver lo que se esconde tras ellas.
Vivimos
tiempos de crisis, pero siempre he creído que dentro de toda crisis hay una
esperanza de cambio a mejor.
Ahora
estamos iniciando la larga y cruel travesía del desierto en la que
lamentablemente muchos perderán hasta la vida; pero será en su recuerdo, y también
en la desesperación de la pérdida del bienestar material donde los firmes de
corazón deben empezar a poner los cimientos del nuevo mundo que se conformará en
el futuro.
Y
es que en la propia esencia de la crisis está la debilidad de un mundo que con
todo su esplendor debe encerrarse en casa y sacrificar sus sacrosantas finanzas
para salvar la vida.
Un
virus nacido en un mercado infecto de China está dinamitando lo que hasta ahora
era considerado como inamovible, demostrando tanto la vulnerabilidad humana
como la estulticia de la mayor parte de la casta dirigente mundial.
En
España, la falta de previsión y la incapacidad de un gobierno puramente propagandístico
y sectario nos ha llevado a la actual situación en muchos aspectos desesperada.
Nuestro
personal sanitario, auténticos héroes en esta guerra, está luchando con medios
escasos y a costa de su propia salud con un enemigo terrible que día tras día
muestra su cara invisible en las cifras de muertos e infectados.
Pero
no hay sistema sanitario en el mundo, ni tampoco recursos suficientes para poder
contener esta tragedia; hemos dejado vía libre al enemigo durante semanas, en
nuestros parques, en nuestras casas, en nuestras escuelas, en las oficinas, y
en todos los actos públicos que el gobierno permitió con el fin de disfrutar de
su momento de gloria en las manifestaciones feministas.
No,
el machismo no mata más que el coronavirus, pero la idiocia ideológica sí.
Perdido
en batallas ideológicas el gobierno desperdició un tiempo precioso para hacer
frente a la tragedia; buscando enemigos en el género masculino se dejó al
verdadero enemigo libertad para infectar y a la postre libertad para matar.
Yo
he nacido y me he criado en un mundo de igualdad, donde hombre y mujer son
iguales en derechos y obligaciones. Pero igual que defenderé siempre a una
mujer frente a cualquier injusticia y discriminación; nunca pediré perdón por
ser hombre e igualmente defenderé los derechos de todo ciudadano, con
independencia de su sexo.
Pero
era necesario hacer un aquelarre feminazi, era necesario no tomar ninguna
previsión hasta pasado el 8 de marzo y permitir las manifestaciones que a la
postre se mostrarían como infestaciones.
Y
es que por permitir las manifestaciones, se permitió que todo siguiera como si
nada, futbol, transporte público, actos políticos…
Es
verdad que dada la tragedia diaria será conveniente esperar el momento de pedir
cuentas al gobierno, pero cada día se está demostrando que a su incapacidad de
previsión le está siguiendo también la incapacidad de gestión.
Se
ha decretado un Estado de Alarma que da al gobierno un poder comparable al de
los tiempos de la dictadura del general Franco; y ese inmenso poder se
manifiesta en medidas pigmeas e inconexas que dan la sensación de obedecer no a
un plan bien establecido sino a la más pura imprevisión, cuando no ocurrencia.
Cuando
el capitán de un barco en plena tormenta, pierde el control del mismo y muestra
que es incapaz de hacer frente a la situación, es obligación tanto del propio capitán
como de la tripulación es establecer un nuevo mando capaz de enfrentar el
temporal para sobrevivir.
Pedro
Sánchez es ahora un Neville Chamberlain, debe enfrentar una guerra que le
supera por imprevisión e incapacidad; en estos instantes oscuros España
necesita un Winston Churchill capaz al menos de aunar esfuerzos en la tragedia.
Llegará
el momento de pedir responsabilidades, un tiempo en ajustar cuentas con nuestra
casta dirigente, de todo pelaje y color político, pero ahora hay que salvar la
situación, salvar vidas, salvar de este naufragio todo lo que nos pueda servir
de cara a la reconstrucción.
Nuestro
mundo ha desaparecido, el que debe nacer en el futuro aún no ha llegado, pero
en este presente, en esta tremenda tormenta está el germen de algo nuevo.
Quiero
en mis últimas palabras rendir mis respetos a los muertos y a sus familiares,
debemos consolarnos en que han compartido nuestra vida y siempre vivirán en
nuestros corazones.
“La
noche es siempre más oscura justo antes del amanecer.”

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