domingo, 17 de mayo de 2020

Reflexiones políticas más allá del estado de alarma


“Pero es una experiencia eterna que todo hombre que tiene poder se inclina a abusar del mismo; él va hasta que encuentra límites… Para que no se pueda abusar del poder hace falta que, por la disposición de las cosas, el poder detenga al poder” (Montesquieu)

Cada 15 días desde que se declaró el estado de alarma veo con impotencia, indignación y vergüenza como el parlamento convalida con servil displicencia los decretos que prolongan la esclavitud de todos los ciudadanos.
En anteriores escritos he defendido que realmente no nos encontramos ante un estado de alarma sino realmente ante un estado de excepción encubierto, que no limita nuestros derechos sino que directamente los anula.
Siempre he pensado que el camino del totalitarismo una vez que se inicia es francamente difícil de parar y cuando las mieles del poder absoluto se paladean, los gobernantes son ya proyectos de tiranos.
Que el gobierno con menor respaldo parlamentario de la democracia sea también el que más poder haya acumulado nunca nos muestra que las circunstancias pueden hacer de lo improbable, posible, y de lo excepcional, normal.
Ayer sábado, en su semanal “aló presidente”, Pedro Sánchez  anunció que no contento con seguir prolongando el cuestionado decreto de estado de alarma, lo iba a prorrogar en lugar de 15 días, un mes más. Lo peor de todo es que no tengo ninguna esperanza en que el parlamento en un arranque de dignidad impida este nuevo golpe totalitario.
Contando que el periodo de sesiones parlamentario termina en junio, con la prórroga de un mes de la alarma, el gobierno se asegura escapar del control del parlamento hasta septiembre.
Si a esto sumamos que los tribunales de justicia están cerrados o en el mejor de los casos al mínimo de funcionalidad, vemos que en España ahora mismo el gobierno concentra un poder absoluto y de facto incontrolable, al carecer de cualquier contrapeso.
Uno de los padres de la Constitución Americana, Madison, decía: “173 déspotas serían sin duda tan opresores como uno solo, y si alguien lo duda, que se fije en la República de Venecia. Tampoco nos vale el que los hayamos elegido nosotros mismos. Un déspota electivo no es el gobierno por el que luchamos; sino uno que no solamente se funde en principios libres, sino que sus poderes estuvieron divididos y el equilibrados.”
Después de más de 40 años la Constitución del 78 se muestra como un texto sumamente imperfecto y desgastado; pero ahora mismo es lo único que nos separa de la instauración de un estado totalitario. 
Mi ideal político dista mucho de estar conforme con la constitución; pero cuando la libertad está amenazada no nos queda otro remedio que atrincherarnos en los últimos baluartes de la libertad y hoy la Carta Magna de 1978 es nuestra última línea de defensa.
Últimamente se están dando muestras de descontento popular en las calles ante la situación que vivimos, pero yo que siempre estaré del lado del pueblo y la libertad, pienso que son aún movimientos tan  prematuros como contraproducentes.
Que algún partido como VOX decida ponerse delante de un movimiento que en gran parte no le pertenece, es políticamente comprensible; pero el partido que se infectó el 8M  en su propio acto político, está a la mediocre altura de la partitocracia reinante.
Quien quiera sacar rédito político de la indignación general,  no habrá entendido nada si no comprende que los cambios que se avecinan, van más allá del simple turnismo en el poder.
Es verdad que existe la amenaza de que el gobierno intente desde el poder propiciar un cambio de régimen, pero su inutilidad en la gestión de la crisis sanitaria y en la económica, tarde o temprano lo llevaran a la caída.
El PSOE y UP lo han fiado todo a la agitación y propaganda al mejor estilo de Goebbels, pero eso no es suficiente cuando estamos ante un desastre de esta magnitud.
Y es que precisamente, el que nos hayan vendido una “happy pandemia”, nos puede volver a llevar al desastre; ya que la gente no tiene conciencia del peligro que aún nos acecha.
Por el historial político que presenta Pedro Sánchez, creo que frente a viento y marea se parapetará en Moncloa y día a día intentará ganar tiempo. En otras ocasiones el “resiste y vencerás” le ha dado grandes réditos al inquilino de Moncloa, pero presiento que en esta ocasión alargar la agonía puede resultar nefasto para sus intereses.
La razón es que a la actual idiosincrasia política, les interesa ir a elecciones cuanto antes, aunque ello implique cambio de color político en el gobierno. Al establishment le interesa que no haya grandes alteraciones, y nada mejor para ellos que el PP sustituya al PSOE.
Pero la realidad es que a Pedro Sánchez solo le interesa él mismo y por lo tanto, al estilo de Luis XV, dirá eso de: “Après moi, le déluge” (Después de mí, el diluvio). No solo puede aniquilar al PSOE, que relativamente hasta podría ser bueno de cara a la futura reconstrucción de la socialdemocracia, sino que se puede llevar por delante el sistema del 78 pero en un sentido completamente diferente al que él pudo pretender.
Y es que cuando termine el confinamiento todo habrá cambiado, aunque aparentemente nada lo haya hecho.
La historia nos enseñó que la crisis del 2008, una suave brisa frente al huracán actual, alumbro un movimiento popular, el 15M. Este movimiento preocupo a los poderes constituidos, hasta que finalmente prostituido en sus principios esenciales, degeneró en un partido que en nada representaba sus ideales: Podemos. Este es el ejemplo de como un movimiento popular y transversal puede caer en manos de arribistas y sectarios a poco que estos de organicen; lección que debe ser aprendida para el futuro…
Que va a surgir un nuevo movimiento de indignación popular, es cuestión de tiempo, como se desarrolle, queda completamente abierto.  Por ello, ahora mismo es imposible hacer predicciones sobre el futuro, pues aún el principal actor político que va a mediatizarlo todo, no ha comparecido ante nosotros.
Veo las actuales encuestas y no puedo más que sonreír, pues quien no vea que aunque la superficie está aún calmada, todo debajo de ella es diferente.
Sirvan estas últimas líneas para mirar un poco hacia el futuro con algo de optimismo, ver que en toda gran crisis hay una gran oportunidad.
Aún nos queda caminar mucho por el desierto hasta llegar a la tierra prometida, pero frente al dolor y el sufrimiento es necesario el alivio de la esperanza.
Eso es precisamente lo que está destrozando a este gobierno, que nos ha prometido sangre, sudor y lágrimas y ninguna esperanza.
Hoy las instituciones caen bajo el peso de una democracia amordazada, bajo el peso de unos partidos carcomidos por la corrupción y el nepotismo, pero aun así la llama de la libertad está en muchos de los ciudadanos de este país.
Aún no ha llegado la hora en que los hombres honestos, podrán servir impunemente a su patria. Los defensores de la libertad serán siempre proscritos mientras domine el panorama político está horda de mediocres sin principios.


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