![]() |
Yo
suscribo las palabras de Robespierre cuando señala: “Soy republicano, y lo declaro: quiero defender los principios de
igualdad y el desarrollo de los derechos sagrados que la Constitución garantiza
al pueblo contra los peligrosos sistemas de los intrigantes que la ven sólo
como un instrumento de su ambición. Y prefiero con mucho ver una asamblea
popular de ciudadanos libres y respetados con un rey, que un pueblo esclavo y
sometido bajo la espada de un senado aristocrático y de un dictador”
Y
es que en la ignorancia general donde se desarrolla la política actual no se
debaten ya ideas, sino solo supercherías y fantasiosas mentiras.
El problema de la monarquía no es la huida de un viejo rey senil y corrupto, su problema radica en ser el mascarón de proa de una oligarquía partidocrática que desde 1978 se ha negado a toda evolución hacia una democracia plena.
Y es que no seré yo quien se lance como una hiena rabiosa contra Don Juan Carlos I, pues sería de necios no reconocer el fundamental papel histórico que tiene a la hora de pasar pacíficamente de una dictadura a un sistema de libertades. Pero el Rey como los políticos que se han ido sucediendo en el poder, se dejaron acunar por abulia de la complacencia antes de propiciar cambios modernizadores.
Y
es que España hubiera necesitado una segunda transición para adecuar el sistema
del 78 a la realidad de una democracia plena; pues realmente los políticos de
1978 llegaron hasta donde podían llegar, solo se les puede tener admiración y
respeto.
Estos
días miro con estupefacción como el pensamiento se amordaza con sectarios
eslóganes que unos y otros se tiran a la cara.
Por
todo lo que he señalado no voy a defender ya una monarquía que no representa la
democracia sino una partidocracia donde los ciudadanos somos simples rehenes de
los partidos políticos.
Pero
mi defensa de la república toma como adversarios también a quienes pretenden el
establecimiento de una república sectaria donde solo unos tengan derecho a
detentar el poder y donde el pensamiento único sea una declaración de
intenciones.
Resulta
curioso que aquellos que pretenden la disgregación de la España declaren su
adhesión a la República como si esté sistema fuera la garantía de sus
privilegios y como si la república no fuera la mejor garantía de la defensa de
las libertades, la patria y la nación.
Y
es que nada es más contrario a los nacionalismos periféricos y excluyentes que
el concepto de ciudadanía y de derechos iguales para todos que defiende la república.
En una monarquía pueden permitirse privilegios, en una república nunca.
Los
mejores servidores de la monarquía son aquellos que se empeñan en ganar guerras
civiles perdidas y que enarbolan banderas del pasado que rememoran fracasos.
Nada hace más daño a la III República Española que la constante mirada a la II
República; y es que una forma de Estado debe unir, no desunir, debe integrar no
separar, debe permitir que todos con independencia de sus ideas puedan
desarrollarse en ella.
Tengo
en proyecto escribir una serie de escritos sobre la Republica que debería
establecerse en España, pero en esencia comparto los planteamientos del añorado
Antonio García-Trevijano en su obra “Teoría
Pura de la República”; en esencia se trata de reforzar el sistema de
libertades, terminar con la partidocracia
y constituir un sistema con una verdadera separación de poderes.
El
movimiento por la República Constitucional es aún muy incipiente pero es el
verdadero camino para tener verdaderamente una República de todos y para todos.
Pues las propuestas republicanas que vienen de la izquierda no son propuestas
que el 80% de la población pueda asumir, y si queremos tener un sistema
político estable el consenso debe ser general por parte de la ciudadanía; las
imposiciones terminan llevando al desastre.
Aún
hay mucha gente que defiende la monarquía por miedo al caos o a los sectarios
de la izquierda radical; pero les señalo que el peor servicio que pueden hacer
a España es permanecer en el inmovilismo de un sistema que se cae a trozos, de
un sistema fosilizado que no da más de sí.
Señalo
al lector para su reflexión unas palabras de Adam Smith: “En tiempos de descontento público, facción y desorden, una persona
sabia puede estar dispuesta a pensar que algún cambio es necesario en esa
constitución o forma de gobernó que en su condición actual es claramente
incapaz de mantener la tranquilidad pública. Esos casos son los que a menudo
requieren quizá el máximo ejercicio de sabiduría política para determinar cuándo
un verdadero patriota debe apoyar y procurar restablecer el viejo sistema y
cuándo debe ceder ante el más atrevido espíritu de innovador. “
En
mi escrito me declaro partidario del espíritu innovador pues el tiempo de
reformas del viejo sistema ya pasó y cercenado el camino de la evolución solo
nos queda el de la revolución en forma de establecimiento de un periodo
constituyente.
Nada
beneficia más a nos nacionalismos periféricos y disgrega más el espíritu
nacional que está monarquía moribunda apoyada en una constitución fosilizada
que en su artículo 57 menciona que es hereditaria en un rey corrupto y
exiliado: “1. La Corona de España es
hereditaria en los sucesores de S.M. Don Juan Carlos I de Borbón…”
Vivimos
en la época de la ignorancia donde los asuntos no se debaten ni razonan, donde
las ideas simplemente se tiran a la cara del adversario; pero sin escuchar ni
se aprende, ni se evoluciona.
Queda
aún tiempo antes que la idea de la República Constitucional pueda llegar a la
gran masa de un pueblo aborregado; pero la luz de la razón y la libertad
terminaran disipando las tinieblas del sectarismo y la superstición.
Termino
haciendo referencia a la frase con la que abro esté artículo, pues al final no
importa tanto el número de leones, mientras que las ovejas decidan seguirlos;
por eso los grandes cambios no han sido nunca iniciativa de la masa, sino de
minorías formadas y convencidas capaces de enseñar que detrás de la colina de
los cambios, hay verdes prados.

No hay comentarios:
Publicar un comentario