domingo, 6 de noviembre de 2016

Ramón Espinar o principios de una nueva moral política



“En el sistema de la Revolución todo lo inmoral es contrario a la política, todo acto corruptor es contrarrevolucionario” (M. Robespierre)

Dada la situación de degradación moral en la que vive la clase política de nuestro país, el “affaire” sobre el piso de Ramón Espinar no deja de ser una anécdota  pero una anécdota ejemplificadora de lo que la “nueva política” no puede hacer.
Por ahora las informaciones que tenemos no hacen presuponer nada ilegal en la  compra-venta  inmobiliaria que Ramón Espinar realizó; pero como voy a analizar, en el plano moral la situación no parece ser tan inocua.  
Hoy en día en el campo individual cada uno puede y debe tener su propia conciencia moral y ética y poco o nada se pueden entrar a juzgar en este ámbito a los demás. Cosa distinta es la moral política de aquellos que se presentan ante la sociedad como sus líderes y portavoces y cuyo juez no es la propia conciencia moral sino la opinión pública.
La ley marca los principios de justicia y como bien señala Kant se constituyen en obligaciones perfectas al  quedar muy claro que se puede o no hacer conforme a esa legalidad.
Las obligaciones morales son imperfectas desde el momento en que queda en la voluntad del individuo como actuar en el caso concreto,  el imperativo categórico nos marca a priori: “Obra sólo según una máxima tal que puedas querer al mismo tiempo que se torne en ley universal”
En el aspecto privado cada cual puede muy bien amoldar su comportamiento a lo que considere oportuno y libremente el tribunal de su conciencia es el único que ha de juzgarle.
Pero en el campo público el tribunal de la opinión pública tiene su propia competencia a la hora de señalar si las acciones de un político son o no reprobables y conforme a este principio, me atrevo a dar mi opinión sobre el asunto que he comenzado a tratar.
Ramón Espinar  efectivamente hizo  sus negocios inmobiliarios antes de dedicarse a la política y por lo tanto el nivel de exigencia como simple ciudadano solo él lo puede poner, el problema es que su acción política entra en plena contradicción con lo que él hizo y por lo que no se arrepiente.
¿Si no está mal que yo gane algo de dinero vendiendo un piso, por qué lo está que lo hagan los demás?  ¿Si creo que la vivienda es un derecho, por qué hago negocio con ella?
Según el imperativo categórico kantiano, Espinar obró de forma completamente contraria a la máxima que él nos vendió como universal, es decir o fue inmoral entonces  o es inmoral ahora si mantiene  que no hizo nada malo.
En todo caso, su situación como representante público ha quedado ciertamente en entredicho  pues poca confianza puede merecer alguien que dice lo contrario de lo que hace y lo justifica.
Nada reprocharía a Espinar si hubiera defendido la especulación inmobiliaria, pero no se puede ser el paladín de los desheredados, de las personas que sufren y son marginadas haciendo gala de  tan alto grado de hipocresía.
La justificación que lamentablemente se está dando en muchos sitios es aún más terrible porque por salvar a una persona, se está atacando los propios “principios morales” de un movimientos social de cambio. Se dice que lo de Espinar es una minucia y que comparado con lo que han hecho muchos cargos del PP y del PSOE no es nada; una justificación que se resume en el inmoral: “y tú más”
Las cosas o están bien o están mal, con independencia  de lo cuantitativo que supondrá en todo caso un mayor grado de reproche. Yo soy un especulador, lo haga para ganar 200e o lo haga para ganar 2.000.000, otra cosa es el grado de indignidad que lleva unido una u otra cantidad. También puedo ser solo  un especulador o ser especulador  y además un hipócrita.
Si queremos terminar con este sistema putrefacto no nos podemos permitir ninguna debilidad moral, debemos ser inflexibles porque el bien común de la gente que nos apoya así lo exige.
No podemos admitir que se nos aplique la máxima cínica de Voltaire: “Cuando se trata de dinero todos son de la misma religión”
Si para cambiar las cosas necesitamos que nos capitaneen ángeles, busquemos esos ángeles, pero no pervirtamos la pureza de nuestros principios por defender lo que no tiene defensa.
En la nueva política siempre he creído que los principios están por delante de las personas y no al revés, nadie puede estar por encima de ellos, se llame como se llame.

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