“En el sistema de la Revolución todo lo inmoral es contrario a la política, todo acto corruptor es contrarrevolucionario” (M. Robespierre)
Dada la situación de degradación moral en
la que vive la clase política de nuestro país, el “affaire” sobre el piso de
Ramón Espinar no deja de ser una anécdota pero una anécdota ejemplificadora de lo que la
“nueva política” no puede hacer.
Por ahora las informaciones que tenemos no
hacen presuponer nada ilegal en la compra-venta inmobiliaria que Ramón Espinar realizó; pero
como voy a analizar, en el plano moral la situación no parece ser tan inocua.
Hoy en día en el campo individual cada uno
puede y debe tener su propia conciencia moral y ética y poco o nada se pueden
entrar a juzgar en este ámbito a los demás. Cosa distinta es la moral política de
aquellos que se presentan ante la sociedad como sus líderes y portavoces y cuyo
juez no es la propia conciencia moral sino la opinión pública.
La ley marca los principios de justicia y
como bien señala Kant se constituyen en obligaciones perfectas al quedar muy claro que se puede o no hacer
conforme a esa legalidad.
Las obligaciones morales son imperfectas
desde el momento en que queda en la voluntad del individuo como actuar en el
caso concreto, el imperativo categórico nos
marca a priori: “Obra sólo según una máxima tal que puedas querer al mismo tiempo que
se torne en ley universal”
En el aspecto privado cada cual puede muy
bien amoldar su comportamiento a lo que considere oportuno y libremente el
tribunal de su conciencia es el único que ha de juzgarle.
Pero en el campo público el tribunal de la
opinión pública tiene su propia competencia a la hora de señalar si las acciones
de un político son o no reprobables y conforme a este principio, me atrevo a
dar mi opinión sobre el asunto que he comenzado a tratar.
Ramón Espinar efectivamente hizo sus negocios inmobiliarios antes de dedicarse
a la política y por lo tanto el nivel de exigencia como simple ciudadano solo
él lo puede poner, el problema es que su acción política entra en plena
contradicción con lo que él hizo y por lo que no se arrepiente.
¿Si no está mal que yo gane algo de dinero
vendiendo un piso, por qué lo está que lo hagan los demás? ¿Si creo que la vivienda es un derecho, por qué
hago negocio con ella?
Según el imperativo categórico kantiano,
Espinar obró de forma completamente contraria a la máxima que él nos vendió como
universal, es decir o fue inmoral entonces o es inmoral ahora si mantiene que no hizo nada malo.
En todo caso, su situación como representante
público ha quedado ciertamente en entredicho
pues poca confianza puede merecer alguien que dice lo contrario de lo que
hace y lo justifica.
Nada reprocharía a Espinar si hubiera
defendido la especulación inmobiliaria, pero no se puede ser el paladín de los desheredados,
de las personas que sufren y son marginadas haciendo gala de tan alto grado de hipocresía.
La justificación que lamentablemente se
está dando en muchos sitios es aún más terrible porque por salvar a una persona,
se está atacando los propios “principios morales” de un movimientos social de
cambio. Se dice que lo de Espinar es una minucia y que comparado con lo que han
hecho muchos cargos del PP y del PSOE no es nada; una justificación que se
resume en el inmoral: “y tú más”
Las cosas o están bien o están mal, con
independencia de lo cuantitativo que
supondrá en todo caso un mayor grado de reproche. Yo soy un especulador, lo
haga para ganar 200e o lo haga para ganar 2.000.000, otra cosa es el grado de
indignidad que lleva unido una u otra cantidad. También puedo ser solo un especulador o ser especulador y además un hipócrita.
Si queremos terminar con este sistema
putrefacto no nos podemos permitir ninguna debilidad moral, debemos ser
inflexibles porque el bien común de la gente que nos apoya así lo exige.
No podemos admitir que se nos aplique la
máxima cínica de Voltaire: “Cuando se trata de dinero todos son de la misma
religión”
Si para cambiar las cosas necesitamos que
nos capitaneen ángeles, busquemos esos ángeles, pero no pervirtamos la pureza
de nuestros principios por defender lo que no tiene defensa.
En la nueva política siempre he creído que
los principios están por delante de las personas y no al revés, nadie puede
estar por encima de ellos, se llame como se llame.

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