“Obra de tal modo que
uses la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro,
siempre como un fin al mismo tiempo y nunca simplemente como un medio” (I. Kant)
Cada vez que escucho un nuevo caso de agresión sexual en
grupo siento unas sinceras ganas de vomitar. ¿Cómo en una sociedad que se dice
moderna y avanzada pueden darse estos abusos y esta violencia contra las
mujeres de forma tan común?
La violencia contra las mujeres es una terrible plaga que
desde la noche de los tiempos asola a la humanidad y de la que sin excusas, los
hombres somos responsables.
Quizás sea verdad la frase de Voltaire en la que dice: “La civilización no suprime la barbarie, la
perfecciona”
Y es que en nuestro mundo tecnológico unimos a la atrocidad
de un abuso sexual el estigma de gravarlo y hacerlo público para constatación
de la salvajada.
Si algo me llama la atención en casos como los de la “manada”
de San Fermín o el reciente caso de los jugadores de la Arandina, es que los
autores de la agresión son a priori “chicos
normales” lejos de un contexto social conflictivo o traumático. Chicos jóvenes
en plenitud física que se cuidan y que en nada hacen presagiar el espíritu
monstruoso que anida en ellos.
La pregunta inquietante es: ¿Qué lleva a unos hombres
aparentemente “normales” a convertirse en depredadores sexuales?
Un elemento importante a considerar respecto a los ejemplos
que he puesto es el que actúan en “manada”; en grupo da siempre sensación de
seguridad y permita diluir en otros nuestra responsabilidad moral. Con seguridad
si estos sujetos hubieran estado solos no hubieran actuado como lo hicieron,
más por miedo que por voluntad.
Este escrito no pretende poner excusas a los que repugna al
espíritu y ataca la misma esencia moral del ser humano. Pero es necesario
buscar respuestas más allá del hecho concreto, saber en que podrido recodo de
nuestra sociedad se escanden los motivos que impulsan a la violencia contra las
mujeres, en lugar de fomentar la igualdad de géneros y el respeto sagrado entre
ellos.
Siempre he considerado que el feminismo y su admirable lucha
por la igualdad solo podrá alcanzar unos resultados cada vez mejores haciendo a
los hombres, no sus enemigos, sino sus más fieles aliados. Considerar que un
hombre por ser hombre es malo y la mujer por ser mujer es buena, es tan
infantil e ilógico que exige poco debate.
Pero volviendo al asusto que centra este escrito, creo que si
analizamos lo que hay detrás de nuestra luminosa fachada de sociedad avanzada, veremos
horrorizados que es una fábrica de machismo y de discriminación.
Políticamente se nos venden leyes de igualdad, observatorios
de la mujer, campañas publicitarias… pero la realidad nos muestra que algo no
funciona cuando las mujeres asesinadas por violencia machista aumentan año tras
año, como los casos de violencia contra las mujeres y agresiones sexuales no
remiten sino que se incrementan.
¿Cuándo tendremos una Navidad libre de las terribles noticias
de asesinatos de mujeres?
Como bien señalaba Cesaré de Beccaria en su inmortal obra De los delitos y de las penas: “El más seguro, pero más difícil medio de
evitar los delitos es perfeccionar la educación”
Los individuos que últimamente están protagonizando actos de
violencia contra las mujeres, como ya he señalado, son chicos jóvenes que se supone han recibido
una mayor y mejor educación que la de sus padres y abuelos.
Pero tampoco podemos limitarnos a pensar que la educación en
igualdad se limita a al escuela y a los
profesores que en ella enseñan; la primera y más importante educación en
valores la enseñan los padres y las familias.
Si un niño no ve igualdad en casa, ¿alguien piensa que en
colegio se la van a enseñar?
Por su fuera poco es la misma sociedad la que, frente a la
igualdad de género, propugna valores puramente materialistas que llevan
intrínsecamente al machismo más descarado y radical.
Es cierto que las cosas no se pueden cambiar de un día para
otro, las sociedades evolucionan muy lentamente pero no es menos cierto que
cuanto antes empecemos a cambiar, antes llegaremos a nuestro destino.
Antes de hablar de hombres y de mujeres lo principal será
hablar de seres humanos, hablar de que todo ser humano por el simple hecho de
serlo tiene una dignidad y unos derechos.
Hay que cambiar de perspectiva, los hombres y las mujeres, en
cuanto seres biológicos no somos iguales, en cuanto sujetos morales lo somos
radicalmente.
Lo importante de los ojos de una persona no radica en que
sean marrones o verdes, sino en que gracias a ellos podemos ver. La verdadera igualdad se alcanzará el día en
que ser hombre o mujer no nos definas más que nuestro color de ojos.
Desgraciadamente lejos de estas ensoñaciones de futuro ahora
mismo nuestra sociedad esta produciendo monstruos sobre un planteamiento muy
simple y terrible: el triunfo del utilitarismo materialista que justifica todo.
Y es que donde todo se puede comprar y vender, no hay ya
normas morales ni limites posibles a la búsqueda de la satisfacción de nuestros
apetitos.
Qué lejos estamos de la hermosa y plena de significado frase
kantiana: “En el lugar de lo que tiene
un precio puede ser colocado algo equivalente; en cambio, lo que se halla por
encima de todo precio y no se presta a equivalencia alguna, eso posee una
dignidad”
La misma Navidad que estos días estamos viviendo, ha perdido
su más mínimo significado religioso para transformarse en una auténtica orgia
consumista.
Una vez traspasados los límites de la moral y de cualquier
consideración ética, es muy fácil concluir que con dinero se puede comprar
incluso la voluntad de las personas y usarlas como cosas, el salto es ya muy sencillo.
Ya no hay diferencia, por ejemplo, entre comprar una barra de
pan y comprar sexo. Por si fuera poco, nos bombardean de tal manera con publicidad
sexual como reclamo, que terminamos considerando que quizás el sexo es más
necesario que el pan.
Todos los días se nos muestran hombres y mujeres perfectos pero
lejos de serlo, son simples modelos de cartón piedra, fachadas que venden
frivolidad sin ningún contenido. Decididamente estamos en una sociedad que
valora muchísimo más los modelos físicos que los modelos morales, con ello se ahonda
en el principio de “cosificación” del ser humano.
Y cuando un ser humano es una “cosa”, es normal que empiece
sobre esta perversión a considerar que tengo derecho a hacer uso de él o ella
como me plazca.
Chicos que a priori por educación debían estar en las
antípodas del “maté porque era mía” ejecutan por fría determinación asesinatos
atroces.
Así las cosas, se
entiende, la salvaje brutalidad de la “manada”,
cinco animales que fueron a Pamplona a beber, comer y follar. Ninguno pensó en
que mientras agredía a una chica indefensa estaban agrediendo a todo el género
humano, que esa chica además de una vagina y unas tetas era una persona como
ellos a la que estaban haciendo sufrir, tanto física como psicológicamente, por
satisfacer sus instintos mas brutales y primarios.
Como he señalado a lo largo de este escrito, no soy optimista
respecto a las terribles sombras que se esconden tras nuestra sociedad aparentemente
evolucionada. Podemos tener una tecnología
maravillosa pero quienes estamos haciendo uso de ella me temo que somos hombres
de la edad de piedra respecto a principios y valores. Una vez más, el sueño de
la razón está creando muchos monstruos.
Espero que la ley actué de forma rápida y contundente sobre
todos los maltratadores, asesinos y violadores; ahora más que nunca es
necesario que la justicia sea ejemplar, contundente y severa.

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