“Los pueblos a quienes no se hace justicia
se la toman por sí mismos más pronto que tarde” (Voltaire)
Hoy en Venezuela se vive una jornada vital
para el devenir político del país, un momento clave para determinar si aún hay
una oportunidad de lograr el fin pacífico de la dictadura o definitivamente la
fuerza, debe ser combatida con la fuerza.
Yo en un tiempo he participado en Podemos donde se defiende a ultranza esta dictadura, entonces pensaba que ese partido era una
opción de cambio; hoy solo puedo ver con tristeza mi error y ver en el ejemplo
venezolano las graves consecuencias que puede acarrear poner en el poder a
salva patrias sin escrúpulos ni moral.
Y es que conforme a los parámetros clásicos
que definen una democracia; derechos fundamentales reconocidos y garantizados,
cumplimiento de las leyes, separación de poderes… Venezuela solo se puede
definir ya como una dictadura.
Hoy los venezolanos son llamados por Maduro a votar representantes a una “Asamblea
Nacional Constituyente”, pero en eso
pomposo nombre solo hay una simple verdad; el dictador busca volver a legitimar su
poder.
La constitución venezolana actual que es
precisamente obra de Hugo Chávez, es la que está siendo atacada por Maduro, la
última garantía formal de democracia que se opone al tirano.
Es lamentable que personas en España que se
denominan “de izquierdas” defiendan este tipo de artimañas políticas de la más
grosera ejecutoria que son lo más parecido a como la dictadura Franquista legitimaba sus leyes fundamentales.
En la lucha de la libertad contra la
tiranía no se puede ser tibio, y es
necesario tomar partido, por ellos yo me declaro abiertamente partidario de la
gente que con riesgo de su vida hoy se enfrenta en la calles de Venezuela a los
esbirros de Maduro.
Ser
progresista significa considerar que quien oprime a una sola nación sea
declarado enemigo de todas. Aquellos que hacen la guerra a un pueblo para detener
los progresos de la libertad y aniquilar los derechos del hombre deban ser
perseguidos por todos, no ya como enemigos ordinarios, sino como asesinos.
Hoy Venezuela también es mi patria y desde
España deseo en estas líneas dar un abrazo fraternal a todos aquellos que en un
día tan difícil aún a riesgo de su vida se enfrentan a un régimen tan corrupto
como tiránico.
Como señalaba Manuel Azaña: ”La libertad no hace felices a los hombres;
los hace, simplemente hombres.”
Los hombres y mujeres de Venezuela en su
lucha por la libertad y por la dignidad nos representan a todos los que soñamos
con un mundo más justo y libre.
Termino este texto apelando al artículo 35
de la Declaración de los Derechos del Hombre y del ciudadano de 1793 que
señala:
“Cuando
el gobierno viola los derechos del pueblo, la insurrección es, para el pueblo y
para cada una de sus partes, el más
sagrado de sus derechos y el más indispensable de sus deberes”

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