domingo, 30 de julio de 2017

Venezuela merece libertad

“Los pueblos a quienes no se hace justicia se la toman por sí mismos más pronto que tarde” (Voltaire)

Hoy en Venezuela se vive una jornada vital para el devenir político del país, un momento clave para determinar si aún hay una oportunidad de lograr el fin pacífico de la dictadura o definitivamente la fuerza, debe ser combatida con la fuerza.
Yo en un tiempo he participado en Podemos donde se defiende a ultranza esta dictadura, entonces pensaba que ese partido era una opción de cambio; hoy solo puedo ver con tristeza mi error y ver en el ejemplo venezolano las graves consecuencias que puede acarrear poner en el poder a salva patrias sin escrúpulos ni moral.
Y es que conforme a los parámetros clásicos que definen una democracia; derechos fundamentales reconocidos y garantizados, cumplimiento de las leyes, separación de poderes… Venezuela solo se puede definir ya como una dictadura.
Hoy los venezolanos son llamados por  Maduro a votar representantes a una “Asamblea Nacional Constituyente”, pero en eso pomposo nombre solo hay una simple verdad; el dictador busca volver a legitimar su poder.
La constitución venezolana actual que es precisamente obra de Hugo Chávez, es la que está siendo atacada por Maduro, la última garantía formal de democracia que se opone al tirano.
Es lamentable que personas en España que se denominan “de izquierdas” defiendan este tipo de artimañas políticas de la más grosera ejecutoria que son lo más parecido a como la dictadura Franquista legitimaba sus leyes fundamentales.
En la lucha de la libertad contra la tiranía no se puede ser tibio, y es necesario tomar partido, por ellos yo me declaro abiertamente partidario de la gente que con riesgo de su vida hoy se enfrenta en la calles de Venezuela a los esbirros de Maduro.
Ser progresista significa considerar que quien oprime a una sola nación sea declarado enemigo de todas. Aquellos que hacen la guerra a un pueblo para detener los progresos de la libertad y aniquilar los derechos del hombre deban ser perseguidos por todos, no ya como enemigos ordinarios, sino como  asesinos.
Hoy Venezuela también es mi patria y desde España deseo en estas líneas dar un abrazo fraternal a todos aquellos que en un día tan difícil aún a riesgo de su vida se enfrentan a un régimen tan corrupto como tiránico.
Como señalaba Manuel Azaña: ”La libertad no hace felices a los hombres; los hace, simplemente hombres.”
Los hombres y mujeres de Venezuela en su lucha por la libertad y por la dignidad nos representan a todos los que soñamos con un mundo más justo y libre.
Termino este texto apelando al artículo 35 de la Declaración de los Derechos del Hombre y del ciudadano de 1793 que señala:

“Cuando el gobierno viola los derechos del pueblo, la insurrección es, para el pueblo y para cada una  de sus partes, el más sagrado de sus derechos y el más indispensable de sus deberes”

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