“No sólo la virtud es el alma de la democracia, sino que ésta sólo puede existir en este tipo de gobierno” (M. Robespierre)
La opinión pública sigue mirando
con asombro y cada vez con más indignación la concatenación de mentiras,
falsedades y escusas con las que cada mañana nos desayunamos en relación con el
“Master” que la señora Cifuentes tiene y que parece que nunca cursó.
Las mentiras en los currículos de
nuestros políticos son moneda corriente, pues para muchos la función pública es
un trabajo y por lo tanto intentan acomodarse al mismo. Es más, al revés que en
el mundo laboral, el político se hace con títulos, másteres y doctorados una vez tiene un cargo público.
Así pues, lo que estamos viendo
entorno al master de Cifuentes no es más que el ejemplo de lo que sucede
constantemente respecto a nuestra decadente clase política, salvo por que en
esta ocasión el nepotismo y la corrupción están saliendo a borbotones en los
medios de comunicación y llegando a la opinión pública.
La situación de clientelismo y
decadencia moral y docente de nuestra Universidad dará para un próximo post.
Como pequeño apunte hago mía una frase de Ortega y Gasset de su libro “Misión
de la Universidad” que señala: “Una institución en que se finge dar y exigir lo
que no se puede exigir ni dar, es una institución falsa y desmoralizada. Sin
embargo, este principio de la ficción inspira todo los planes y la estructura
de la actual Universidad.”
Pero el “affaire Cifuentes” va
más allá del falseamiento de un curriculum, pone en evidencia la cadena de
corrupción con la que una universidad pública recompensa a un “amigo” político.
Y es que desgraciadamente hemos
mercantilizado el saber en forma de “títulos” y en eso la derecha lleva ventaja
a la izquierda. Si quiero un bien expediente lo compro y listo, pues al final
todo se compra y se vende.
La titulitis que ha llevado a la
perdición a la Sra. Cifuentes es la que asola nuestra sociedad y aniquila el
conocimiento que dice certificar.
¿Cuántas personas hay que se han
sacado el carnet de conducir y no saben conducir? Seguramente el lector tiene
en su entorno algún caso, alguien que tiene el carnet y después de alcanzar el título nunca más condujo.
El proceso que siguió la Sra.
Cifuentes para obtener su “título de Master” es cuanto menos irregular, y aunque
no hubiera sido ilegal (todo apunta que si), ¿alguien puede decirme que
certifica ese título?
No fue a clase, hay serias dudas de que le
evaluaran realmente con un examen o trabajo y sus sobresalientes, sobresalen en
ignominia y vergüenza, tanto a quien los acepto sin merecerlos, como a quien
los concedió como regalo.
Alguien me puede decir como no
sentir indignación cuando, muy campanuda, la presidenta de la Comunidad de Madrid
señala que se “atenta contra su honor”.
Esta señora atenta contra el
honor de todos los ciudadanos que con sus impuestos pagan la universidad
pública para que regale títulos a los “amigos” de los profesores y catedráticos;
atenta contra quienes creemos que lo más importante en el currículum de un político es la dignidad y la integridad
moral, eso que se gana y no se certifica con título oficial.
¿Cuántos políticos tienen un
master en honestidad y servicio a los intereses generales?
La Sra Cifuentes y muchos
dirigentes del PP podrán acumular todos los títulos, másteres y doctorados que quieran,
tanto reales como regalados, pero su curriculum en honestidad es insuficiente y
por lo tanto, no tienen ninguna autoridad para ejercer un cargo público.
Abogados del Estado, Notarios,
Registradores, altos cargos de la administración, poco vale alcanzar estas
capacidades profesionales si se es corrupto por naturaleza, si se sirve a
intereses bastardos en lugar de al interés general, si la integridad moral
sucumbe a la avaricia y al egoísmo.
La Sra Cifuentes no puede ostentar
ni un minuto más su puesto como presidenta de todos los madrileños, pues hay ya
evidencias razonables sobre que esta señora ha mentido al pueblo y usado una
posición de privilegio para acceder a un título que en ningún caso merece y que
degrada a los que lo alcanzaron con su esfuerzo.
Esta señora no esta capacitada
para ser presidenta, su integridad moral está en duda y con ella la virtud que
debe brillar siempre en los ojos de un representante público.
Yo como jacobino sueño con unos
representantes públicos y una política nueva en la que se respeten las
hermosas palabras de Jean Jacques Rousseau: “En nuestro país queremos sustituir el egoísmo
por la moral, el honor por la honradez, las costumbres por los principios, las conveniencias
por los deberes, la tiranía de la moda por el dominio de la razón, el desprecio
de la desgracia por el desprecio del vicio, la insolencia por el orgullo, la
vanidad por la grandeza de ánimo, el amor al dinero por el amor a la gloria, la
buena sociedad por las buenas gentes, la
intriga por el mérito, la presunción por la inteligencia, la apariencia por la
verdad, la pequeñez de los “grandes” por la grandeza del hombre.”
La Sra Cifuentes se está
cubriendo de ignominia y oprobio con su vanidad desmedida y su honor sin
honradez, pero no lo están haciendo
menos quienes se manchan las manos con el cieno de los aplausos.
Cuando un partido político no
solo no extirpa de su seno lo inmoral y corrupto, sino que lo ampara y protege,
muestra al mundo su podredumbre moral. Este fin de semana ver en Sevilla como
el PP hacía de la Sra Cifuentes su heroína en medio de aplausos y encendidas
defensas, es un ejemplo palpable de la miseria moral del partido y de los
dirigentes que ostentan el gobierno de España.
Este país no podrá prosperar hasta
que la democracia verdaderamente sea la forma en la que nos gobernemos.
Por encima de la separación de
poderes y el poder del pueblo, la premisa fundamental para que un sistema
político se pueda considerar democrático radica en la virtud; sin virtud no
puede haber democracia, porque mutuamente se generan.
Por salud pública, Cifuentes debe
dimitir, cada día que pase sin hacerlo, una negra sombra de inmoralidad y
corrupción se extenderá a las instituciones y personas que la amparen y protejan.

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