sábado, 17 de julio de 2021

En defensa del Tribunal Constitucional

 

“Es la Constitución lo que quiero defender, la Constitución tal cual es.”           (M. Robespierre)

En espera de conocer en todos sus términos el contenido del fallo del Tribunal Constitucional en que se declara ilegal la declaración del primer Estado de Alarma decretado por el gobierno, me siento obligado a poner mi pluma al servicio de la Constitución, de la libertad y la justicia.

No se pude permanecer callado cuando los que defienden la conculcación de los derechos fundamentales y la autocracia, se permiten atacar a la misma Constitución que legitima su poder.

Y es que lo sucedido sería suficiente para hacer caer el gobierno, pero la muerte de la democracia va unida a la de una opinión pública completamente anestesiada.

Como muy bien señala John Locke en su Segundo Tratado Sobre el Gobierno Civil:

 “Allí donde termina la ley, empieza la tiranía, si la ley es transgredida para daño de alguien. Y cualquiera que, en una posición de autoridad, excede el poder que le ha dado la ley y hace uso de la fuerza que tiene bajo su mando para imponer sobre los súbditos cosas que la ley no permita, cesa en ese momento de ser un magistrado, y, al estar actuando sin autoridad, puede hacérsele frente igual que a cualquier hombre que por la fuerza invade los derechos de otro”

 Se ha usado un estado de alarma para decretar el arresto domiciliario de 40 millones de españoles, cuando como ahora señala el Tribunal de Garantías Constitucionales, solo podía suspenderse el derecho a la libre circulación del artículo 19 de nuestra Constitución con la declaración del estado de excepción.

Este gobierno que se dice socialista y debería declararse abiertamente liberticida ha actuado sin autoridad sobre los ciudadanos, y lo que es aún peor, sobre las instituciones. Sobrepasando los poderes propios del poder ejecutivo convirtió la declaración del estado de alarma en una ley habilitante para con poderes excepcionales fuera del marco legal imponer su voluntad.

Perdone el lector la dureza de mis palabras, pero como ciudadano amante de la libertad, la igualdad, la justicia y la virtud, me siento indignado al ver como mis derechos como ciudadano, han sido violados por quienes deberían habernos defendido.

Pero mi asombro se hace infinito cuando desde el mismo gobierno, los partidos que lo sostienen y todos sus esbirros mediáticos no solo no se avergüenzan de lo que han perpetrado sino que se permiten la desfachatez de criticar al Tribunal Constitucional.

La Ley Orgánica 2/1979, de 3 de octubre, del Tribunal Constitucional señala:

 Artículo primero.

Uno. El Tribunal Constitucional, como intérprete supremo de la Constitución, es independiente de los demás órganos constitucionales y está sometido sólo a la Constitución y a la presente Ley Orgánica.

Dos. Es único en su orden y extiende su jurisdicción a todo el territorio nacional.

Así pues, atacar como se está haciendo al “intérprete supremo de la Constitución” por parte del gobierno, es abiertamente un ataque a los poderes constituidos y a la misma constitución.

Pero antes de seguir, debo poner de manifiesto las dos falacias, una formal y otra material, sobre las que el gobierno y sus apologistas basan su crítica al alto tribunal.

1) El Tribunal Constitucional se encuentra dividido

Es verdad que el Tribunal Constitucional ha dictado sentencia con 6 votos a favor y 5 en contra, pero ello no quita el más mínimo de legitimidad a la sentencia y a la razón jurídica en ella expresada. Cuando tenemos unas normas de funcionamiento “a priori”  aprobadas por una ley orgánica el cumplimiento de la forma lleva a un resultado absoluto. La fuerza de la sentencia es igual esta sea aprobada por 6 a 5 o por 11 a 0.

Resulta muy curioso que el gobierno que impone su pequeña mayoría parlamentaria y pide constantemente el respeto a las  decisiones tomadas en el congreso, cuando ve que un órgano constitucional decide por mayoría vea en ello un signo de deslegitimación.

Solo aceptar las reglas de juego cuando le favorecen a uno es signo de ser un pésimo jugador y de un resultadismo sumamente peligroso.

Que haya magistrados que emitan un voto particular es sano, pues nos permite también conocer la opinión y los fundamentos de esa minoría. En ningún caso esos votos particulares son más validos que la sentencia, como en algunos medios se pretende hacer entender. La sentencia es la expresión de la voluntad del órgano, el voto particular la expresión de la opinión de un individuo; dejo al lector que valore la importancia de cada uno de ellos.

2)  El estado de alarma era necesario y salvo muchas vidas

 Realmente entrar en la necesidad o no del confinamiento de la ciudadanía en marzo de 2020 sería soplar el humo sin ver la llama.

Nuestra constitución permite la suspensión de ciertos derechos y por ello esa supresión puede ser legal si se hace conforme a las normas. Así nuestra Constitución señala:

 Artículo 55.

1. Los derechos reconocidos en los artículos 17, 18, apartados 2 y 3, artículos 19, 20, apartados 1, a) y d), y 5, artículos 21, 28, apartado 2, y artículo 37, apartado 2, podrán ser suspendidos cuando se acuerde la declaración del estado de excepción o de sitio en los términos previstos en la Constitución. Se exceptúa de lo establecido anteriormente el apartado 3 del artículo 17 para el supuesto de declaración de estado de excepción.

 Lo que el TC ha señalado ahora es que el confinamiento que sufrimos no fue una limitación de derechos sino una verdadera suspensión del derecho a la libre circulación reconocido en el artículo  19 CE, y por lo tanto, el instrumento jurídico que se necesitaba era el del estado de excepción.

El miedo muchas veces nos lleva a pensar que todo es válido, que el fin justifica los medios, y aprovechando la situación, el gobierno asumió unos poderes que no le correspondían.

Pero nada hay más peligroso que el utilitarismo y el relativismo aplicado a la política. Lo que diferencia a un demócrata de un totalitario es precisamente que el demócrata en toda situación por más difícil que sea no tomará atajos y cumplirá la ley por muy complicado que sea.  Abraham Lincoln libro una guerra civil desde la democracia, Winston Churchill libro una guerra mundial desde la democracia.

Si asumimos el utilitarismo como único principio sin entender que la democracia es forma y fondo, entonces el camino hacia la dictadura está abierto y lo ciudadanos aunque puedan conservar aún sus derechos ya son esclavos, porque piensan como tal.

Bien lo  resumió Benjamin Franklin con su celebré frase: “Quien renuncia a su libertad por seguridad, no merece ni libertad ni seguridad”

Así pues igual número de vidas y de medidas podían haberse tomado bajo un estado de excepción, salvo que ello hubiera requerido estar sometido al parlamento y haber buscado el consenso. ¡Qué difícil es someterse a la voluntad de los demás cuando uno se cree la reencarnación de Apolo!

Era necesario desmontar estas dos mentiras que tanto gusta repetir a los miembros del gobierno, y a sus voceros. Una mentira por mucho que se repita no pasa a ser verdad.

Si hoy he considerado importante salir en defensa de nuestro Tribunal Constitucional es porque dado el grado de degradación que vive nuestra democracia es necesario apoyar el orden constitucional que aún nos queda, por muy deficiente que este sea.

Yo considero en el plano teórico que es mejor sistema establecer el control de constitucionalidad de las leyes no en un tribunal diferenciado, sino en una sala del tribunal supremo, igual que defiendo un verdadero sistema de separación de poderes conforme a los principios de una República Constitucional.

Pero si defendemos la constitución debemos también defender su aplicación en todos los ámbitos y no solo en el que bendecía a los poderosos, los acaudalados y los enchufados de la partidocracia.

Pedro Sánchez y su actual gobierno están demostrando día a día que no tienen ningún respeto por nuestra democracia ni por nuestra constitución, todo debe plegarse a sus intereses.

No tengo dudas de que este gobierno caerá en cuanto haya elecciones, pero todo el daño hecho quedará como marca indeleble en un sistema cada vez más autoritario.

Algo va muy mal en un país que ha permitido que gente como Zapatero, Rajoy o Pedro Sánchez hayan llegado al poder. Quizás ellos sean el efecto y no la causa de algo que no funciona en nuestro país.

Como decía el General Wellington: “Esperar y ver”

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