“La política es una casa de putas en la que las pupilas son bastante
feas” (Marlene Dietrich)
Si el pasado 20 de diciembre el
que suscribe estas palabras acudió a las urnas con la ilusión de contribuir al final de una mayoría tiránica y
al nacimiento de un parlamento plural lleno de caras nuevas y nuevas formas de
hacer y entender la política; el próximo
26 de junio si me acerco a las urnas lo
haré con una sincera sensación de asco.
¿Tanto caminar para esto? ¿Tanto
hablar de nueva política y de casta para después mimetizarse con los usos de
aquellos a los qué se critica?
En estas nuevas elecciones, no
nos engañemos, ya no hay nuevos ni viejos, eso se ha perdido en estos cuatro
meses de lamentable espectáculo;
volvemos a la vieja dicotomía entre izquierda/derecha pero dentro de una
ordenada Casta.
A la casta política que viene
gobernando durante décadas este país había que derrotarla con un discurso y una
ejecutoría intachable, solo con la bandera de la regeneración y la virtud se podía conformar una nueva mayoría social
capaz de enterrar lo viejo y construir con ilusión un nuevo orden de valores y
un nuevo modelo institucional.
Yo no voy a luchar por cambiar de
amos, me da igual sean hombres o cerdos, yo lucho para que no haya amos, por un
sistema de libertad en el que los gobernantes deban rendir cuentas a los
gobernados, donde ningún ciudadano pase necesidades y donde se respeten los
derechos de todos.
Necesitamos una verdadera
revolución social antes de poder acometer la necesaria revolución política;
pero la revolución social solo puede nacer del amor por la libertad, la
igualdad y la justicia sin la manipulación de ideologías falsamente
revolucionarias que huelen a naftalina.
La revolución no radica en
destruir al rico sino en dignificar al ciudadano, en hacer que el más humilde
obrero pueda sentirse tan satisfecho y feliz como sea capaz en la plenitud de
sus derechos sociales y políticos.
No se trata de dar el poder a
unos individuos nuevos con ideas viejas, se trata de cambiar el orden
institucional para que el poder controle al poder y las ansias de corrupción no
puedan realizarse por miedo a la incesante vigilancia del pueblo.
Desgraciadamente hemos visto en
los últimos tiempos como algunos líderes se han consolidado como nuevos
charlatanes sobre los que no cabe albergar ninguna ilusión. En la política
actual considero que faltan líderes y sobran charlatanes.
El 15M ha muerto porque se ha
institucionalizado, lo han encapsulado y lo han pervertido poniéndolo bajo el
paraguas de banderas excluyentes. El 15M no era en su origen ni de izquierdas
ni de derechas, era la manifestación del hartazgo popular respecto a una casta
política alejada de toda realidad; el clamor del pueblo en favor de una mayor
justicia social y un sistema político más abierto y democrático.
Pero en las próximas
elecciones ya no nos queda nada nuevo.
Tenemos los tradicionales partidos de establiment (PP y PSOE), un partido
regeneracionista domesticado (C,s) y un frente de izquierdas clásico del SXIX
(Podemos/IU)
¿Tanto nadar para esto? Nihil sub sole novum
Mientras no unamos a la dicotomía
pobre/rico la dicotomía virtud/vicio, valores y principios frente a
intereses, inmoralidad y corrupción,
estaremos luchando contra una Hidra siempre con nuevas cabezas.
Solo podremos cambiar este país
cuando la gente tome conciencia de que hay que dejar de pensar como esclavos
para pensar con la libertad de ciudadanos; no se trata de cambiar de amos, se
trata de ser libres; no se trata de ser ricos sino de tener lo suficiente para
vivir con dignidad. Los bienes materiales son importantes, pero también lo son
los morales.
Como decía Adam Ferguson: “No es la manera de alimentarse o en la
forma de vestirse que se encuentra el carácter del hombre, sino en las
cualidades de la mente”

La sensación que tengo es de tiempo perdido, porque en enero ya se veía esto venir, a la espera de que alguien sacase un conejo de la chistera; pero resultó que en la chistera lo único que había era mucha caspa.
ResponderEliminarTambién creo que estamos ante una guerra de desgaste, pero ha resultado un desgaste de todos los participantes, no sólo del partido en el Gobierno.