sábado, 10 de marzo de 2018

La “Monarquía Presidencialista” de Rajoy



“Pero cuando el nudo social empieza a aflojarse y el Estado a debilitarse, cuando los intereses particulares empiezan a adquirir fuerza y las pequeñas sociedades a influir sobre la grande, el interés común se altera y encuentra oposición.”(J. J. Rousseau)

Veo con terrible estupor como el gobierno del PP solo tiene un interés y un principio político: conservar el poder a cualquier precio.
La verdad es que el señor Rajoy ha retrotraído la teoría política a los tiempos de Maquiavelo, el poder ya no es un medio para llevar a la realidad ideas y programas políticos, simplemente es un fin en si mismo.
La nueva teoría Maquiarajoy solo tiene un pequeño fallo, y es que en tiempos de Maquiavelo el poder no tenía un origen popular y no dependía de algo tan molesto y engorroso como son los procedimientos electorales. 
El proceso de decadencia del sistema del 78 no solo no se ha detenido, sino que con la acción decidida de un gobierno sin iniciativa política y minoría parlamentaria,  cada día se profundiza más.
Yo mismo en el artículo titulado: "En defensa de la Constitución", he defendido que en la actual situación de crisis nacional que vive España no nos queda otra que postularnos en defensa de la Construcción por más imperfecta que esta sea.
Con sinceridad debo señalar que realmente el principal enemigo de la Nación Española no es el movimiento secesionista que continua desarrollándose en Cataluña, sino el gobierno que se reúne todos los viernes en Moncloa.
Puigdemont es un amigo de España si lo comparamos con el Sr Rajoy; cada día, este señor de barba canosa, para lograr su supervivencia política daña gravemente el interés nacional y a la sociedad en su conjunto.
Han tenido que pasar 40 años de turnismo político para que el sistema haya mostrado su total incoherencia en base a que el bipartidismo sobre que se asentaba, está muy debilitado.
Desde un punto de vista formal la Constitución señala expresamente en su artículo 1.3 “La forma política del Estado español es la Monarquía parlamentaria.”,  pero la realidad es otra.
En un sistema parlamentario la centralidad institucional recae en el Parlamento, pero en España esto no es así; es el Gobierno y más en concreto su Presidente, quien concentra tanto la iniciativa legislativa como toda la actividad ejecutiva.
Realmente España no es una “Monarquía parlamentaria” sino una extraña forma de “Monarquía presidencialista”
El único momento en el que el parlamento pinta algo es en el de la elección del Presidente del Gobierno, una vez hecha esta elección,  ya no es más que una comparsa.
Todos los días se demuestra como un gobierno en minoría es capaz de paralizar la actividad del parlamento mientras que legisla mediante la opción del Decreto Ley.
Es capaz incluso de ignorar la obligación constitucional de la aprobación y control parlamentario sobre los presupuestos llegando a insinuar que es lícito gobernar prorrogándolos dos veces.
Es lamentable observar como la teoría de la separación de poderes formulada hace siglos tanto por Locke como por Montesquieu, es en España pura entelequia. Alfonso Guerra dijo una dolorosa verdad al señalar que Montesquieu había muerto; yo añadiría que no solo está muerto, sino que muy bien enterrado.
Todo hubiera sido mejor si nuestro constituyente hubiera dado en mirar la Declaración del Hombre y del Ciudadano de 1789 donde en su artículo 16 se señala con claridad: “Una sociedad en la que no está asegurada la garantía de los derechos ni determinada la separación de poderes, carece de Constitución”
Así las cosas, en lugar de avanzar hacia una reforma legal que permita en lo posible corregir las deficiencias constitucionales, el camino ha sido el inverso, eliminar cualquier resto de independencia de los demás poderes del Estado frente al ejecutivo.
La reforma judicial no ha pretendido lograr una mayor independencia de la judicatura sino todo lo contrario, politizar hasta la nausea su máximo órgano de gobierno: el Consejo General del Poder Judicial.
Es triste ver como el PP y el PSOE han estado perfectamente de acuerdo en considerar que la democracia no es más que un sistema pacífico para repartirse el poder en lugar de un sistema de limitación del mismo y su pleno sometimiento a la voluntad del pueblo.
Llegados a este punto debemos señalar la innegable realidad de que los intereses del Gobierno del PP no solo son indiferentes, sino contrarios, a los intereses de los ciudadanos y a los de la nación.
Como buen jacobino y ferviente admirador de Jean Jacques Rousseau no puedo dejar de pensar que la base del gobierno popular y democrático radica en priorizar el interés general frente a los intereses individuales o de grupo. Como señala el ginebrino: “Parece adecuado dividir también la economía pública en popular y tiránica. La primera es la de todo estado en el que impera unidad de interés y voluntad entre el pueblo y los jefes; la otra existirá necesariamente allí donde el gobierno y el pueblo tengan intereses diferentes y, consiguientemente, voluntades opuestas.”
Ya he mencionado que el gobierno del Sr. Rajoy solo busca su propio interés de casta y aún resulta más insultante comprobar como para permanecer en él, están comprando con nuestro dinero voluntades que solo sirven a intereses particulares.
Esta semana el gobierno ha anunciado con trompetas y timbales acuerdos que en apariencia pudieran parecer aceptables pero que en realidad son la ruina de todos, incluidos los mismos que ahora parecen ser los favorecidos.
Subida de sueldo para la equiparación de Policía y Guardia Civil, subida para los funcionarios del 8%, ayudas al alquiler para menores de 35 años…
Puede que estas medidas sean de justicia, pero tomadas por un gobierno sin programa político y sin fuerza para aprobar unos Presupuestos Generales, con lisa y llanamente la compra de voluntades.
Estas subidas y subvenciones no olvidemos que salen del bolsillo de otros ciudadanos que no pertenecen a estos sectores y que con su dinero ahora pagan sobornos.
Estas subidas para ser de verdad justas, necesariamente deben formar parte de un plan general de reforma de la administración sobre la base de terminar con los chiringuitos funcionariales autonómicos y la legión de personal eventual puesto a dedo por el  político de turno. 
Dice Rousseau: “Toda sociedad política se compone de otras sociedades más pequeñas y de diferente especie, cada una de las cuales posee sus intereses y sus máximas. Pero tales sociedades, que todos pueden ver por su forma exterior y autorizada, no son las únicas que existen realmente en el estado: todos los particulares reunidos en torno a un interés común componen otras tantas sociedades, permanentes o pasajeras, cuya fuerza, aun siendo menos aparente, no es menos real, y cuyas relaciones, si se examinan con detenimiento, nos proporcionan el verdadero conocimiento de las costumbres. Se trata de todas aquellas asociaciones, tácitas o formales, que tan variadamente modifican las apariencias de la voluntad pública mediante la influencia de la suya propia. La voluntad de dichas sociedades presenta siempre dos tipos de relaciones: para sus propios miembros, es una voluntad general; para la gran sociedad, es una voluntad particular. Con frecuencia es una voluntad recta bajo el primer aspecto y viciosa bajo el segundo.”
Que los sindicatos de policía y de funcionarios estén satisfechos por sacar adelante estas mejoras es natural, defienden su interés; pero, ¿qué podemos pensar de un gobierno que se pliega a intereses particulares y no defiende el interés general?
Llegados a este punto, animo a los jubilados a plantear con fuerza su justa lucha por un subida de las pensiones conforme al IPC; si se organizan estoy seguro que este gobierno cobarde se lo concederá.
Toda cesión será posible mientras con ella el gobierno gane tiempo en el disfrute del poder; mientras, el interés nacional y el de la mayoría de los ciudadanos no organizados será completamente olvidado.
Incluso desde una óptica política más  liberal,  la actuación del gobierno es digna de ser considerada propia de alta traición. En el Segundo Tratado sobre el Gobierno Civil, John Locke señala: ”Pues siempre que el poder que se ha depositado en cualesquiera manos par el gobierno del pueblo y para la preservación de sus propiedades, es utilizado con otros fines y se emplea para empobrecer, intimidar o someter a los súbditos a los mandatos abusivos de quien lo ostenta, se concierte en tiranía, tanto si está en manos de un solo hombre, como si está en las de muchos.”
Por mucho que nos repitan que la crisis ha terminado y que la abundancia está con nosotros, la verdad es que nuestro estado autonómico es insostenible, y no estamos lejos de llegar al momento en el que deberemos decidir entre mantener la mamandurria de  17 satrapías, o la sanidad, la educación y unas pensiones dignas.
Ha llegado el momento de pedir de verdad una reforma institucional para que España se consolide como una verdadera democracia donde los representantes del pueblo sirvan para algo más que elegir un Presidente de Gobierno cada cuatro años, con poderes casi ilimitados.
Piense el lector que a todos nos va mucho en esta reforma, porque ahora está Rajoy pero mañana podría estarlo cualquiera…. y con el poder que acumula el Presidente del gobierno cualquier cosa podría pasar.
Hitler cuando fue elegido Canciller de la Republica de Weimar tenía menos poder que el que hoy se maneja en Moncloa. Hitler necesito una Ley Habilitante, al Presidente del Gobierno de España le bastaría un Decreto Ley.
El gobierno está dividiendo la sociedad y el interés general de forma que cada sector social o de interés, quede desconectado de los demás.
Nuestros enemigos no son aquellos que han logrado sus objetivos, sino el gobierno que fomenta, ampara y protege la desigualdad para estar en el poder un mes más.
Desde estas líneas pido una convocatoria electoral para que el gobierno vuelva a ser el gobierno de todos y no una camarilla corrupta ávida de poder.

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