“Pero cuando el nudo social
empieza a aflojarse y el Estado a debilitarse, cuando los intereses
particulares empiezan a adquirir fuerza y las pequeñas sociedades a influir
sobre la grande, el interés común se altera y encuentra oposición.”(J. J.
Rousseau)
Veo con terrible estupor como el
gobierno del PP solo tiene un interés y un principio político: conservar el
poder a cualquier precio.
La verdad es que el señor Rajoy
ha retrotraído la teoría política a los tiempos de Maquiavelo, el poder ya no
es un medio para llevar a la realidad ideas y programas políticos, simplemente
es un fin en si mismo.
La nueva teoría Maquiarajoy solo
tiene un pequeño fallo, y es que en tiempos de Maquiavelo el poder no tenía un
origen popular y no dependía de algo tan molesto y engorroso como son los
procedimientos electorales.
El proceso de decadencia del
sistema del 78 no solo no se ha detenido, sino que con la acción decidida de un
gobierno sin iniciativa política y minoría parlamentaria, cada día se profundiza más.
Yo mismo en el artículo titulado: "En defensa de la Constitución", he defendido que en la actual situación de crisis nacional que vive
España no nos queda otra que postularnos en defensa de la Construcción por más
imperfecta que esta sea.
Con sinceridad debo señalar que
realmente el principal enemigo de la Nación Española no es el movimiento
secesionista que continua desarrollándose en Cataluña, sino el gobierno que se
reúne todos los viernes en Moncloa.
Puigdemont es un amigo de España
si lo comparamos con el Sr Rajoy; cada día, este señor de barba canosa, para
lograr su supervivencia política daña gravemente el interés nacional y a la
sociedad en su conjunto.
Han tenido que pasar 40 años de
turnismo político para que el sistema haya mostrado su total incoherencia en
base a que el bipartidismo sobre que se asentaba, está muy debilitado.
Desde un punto de vista formal la
Constitución señala expresamente en su artículo 1.3 “La forma política del Estado
español es la Monarquía parlamentaria.”, pero la realidad es otra.
En un sistema parlamentario la
centralidad institucional recae en el Parlamento, pero en España esto no es
así; es el Gobierno y más en concreto su Presidente, quien concentra tanto la
iniciativa legislativa como toda la actividad ejecutiva.
Realmente España no es una
“Monarquía parlamentaria” sino una extraña forma de “Monarquía
presidencialista”
El único momento en el que el
parlamento pinta algo es en el de la elección del Presidente del Gobierno, una
vez hecha esta elección, ya no es más
que una comparsa.
Todos los días se demuestra como
un gobierno en minoría es capaz de paralizar la actividad del parlamento
mientras que legisla mediante la opción del Decreto Ley.
Es capaz incluso de ignorar la
obligación constitucional de la aprobación y control parlamentario sobre los
presupuestos llegando a insinuar que es lícito gobernar prorrogándolos dos
veces.
Es lamentable observar como la
teoría de la separación de poderes formulada hace siglos tanto por Locke como
por Montesquieu, es en España pura entelequia. Alfonso Guerra dijo una dolorosa
verdad al señalar que Montesquieu había muerto; yo añadiría que no solo está
muerto, sino que muy bien enterrado.
Todo hubiera sido mejor si
nuestro constituyente hubiera dado en mirar la Declaración del Hombre y del Ciudadano
de 1789 donde en su artículo 16 se señala con claridad: “Una sociedad en la que no está
asegurada la garantía de los derechos ni determinada la separación de poderes,
carece de Constitución”
Así las cosas, en lugar de
avanzar hacia una reforma legal que permita en lo posible corregir las
deficiencias constitucionales, el camino ha sido el inverso, eliminar cualquier
resto de independencia de los demás poderes del Estado frente al ejecutivo.
La reforma judicial no ha
pretendido lograr una mayor independencia de la judicatura sino todo lo
contrario, politizar hasta la nausea su máximo órgano de gobierno: el Consejo
General del Poder Judicial.
Es triste ver como el PP y el
PSOE han estado perfectamente de acuerdo en considerar que la democracia no es más
que un sistema pacífico para repartirse el poder en lugar de un sistema de
limitación del mismo y su pleno sometimiento a la voluntad del pueblo.
Llegados a este punto debemos
señalar la innegable realidad de que los intereses del Gobierno del PP no solo
son indiferentes, sino contrarios, a los intereses de los ciudadanos y a los de
la nación.
Como buen jacobino y ferviente
admirador de Jean Jacques Rousseau no puedo dejar de pensar que la base del
gobierno popular y democrático radica en priorizar el interés general frente a
los intereses individuales o de grupo. Como señala el ginebrino: “Parece
adecuado dividir también la economía pública en popular y tiránica. La primera
es la de todo estado en el que impera unidad de interés y voluntad entre el
pueblo y los jefes; la otra existirá necesariamente allí donde el gobierno y el
pueblo tengan intereses diferentes y, consiguientemente, voluntades opuestas.”
Ya he mencionado que el gobierno
del Sr. Rajoy solo busca su propio interés de casta y aún resulta más
insultante comprobar como para permanecer en él, están comprando con nuestro
dinero voluntades que solo sirven a intereses particulares.
Esta semana el gobierno ha
anunciado con trompetas y timbales acuerdos que en apariencia pudieran parecer
aceptables pero que en realidad son la ruina de todos, incluidos los mismos que
ahora parecen ser los favorecidos.
Subida de sueldo para la
equiparación de Policía y Guardia Civil, subida para los funcionarios del 8%,
ayudas al alquiler para menores de 35 años…
Puede que estas medidas sean de
justicia, pero tomadas por un gobierno sin programa político y sin fuerza para
aprobar unos Presupuestos Generales, con lisa y llanamente la compra de
voluntades.
Estas subidas y subvenciones no
olvidemos que salen del bolsillo de otros ciudadanos que no pertenecen a estos
sectores y que con su dinero ahora pagan sobornos.
Estas subidas para ser de verdad
justas, necesariamente deben formar parte de un plan general de reforma de la
administración sobre la base de terminar con los chiringuitos funcionariales
autonómicos y la legión de personal eventual puesto a dedo por el político de turno.
Dice Rousseau: “Toda
sociedad política se compone de otras sociedades más pequeñas y de diferente
especie, cada una de las cuales posee sus intereses y sus máximas. Pero tales
sociedades, que todos pueden ver por su forma exterior y autorizada, no son las
únicas que existen realmente en el estado: todos los particulares reunidos en
torno a un interés común componen otras tantas sociedades, permanentes o pasajeras,
cuya fuerza, aun siendo menos aparente, no es menos real, y cuyas relaciones,
si se examinan con detenimiento, nos proporcionan el verdadero conocimiento de
las costumbres. Se trata de todas aquellas asociaciones, tácitas o formales,
que tan variadamente modifican las apariencias de la voluntad pública mediante
la influencia de la suya propia. La voluntad de dichas sociedades presenta
siempre dos tipos de relaciones: para sus propios miembros, es una voluntad
general; para la gran sociedad, es una voluntad particular. Con frecuencia es
una voluntad recta bajo el primer aspecto y viciosa bajo el segundo.”
Que los sindicatos de policía y
de funcionarios estén satisfechos por sacar adelante estas mejoras es natural,
defienden su interés; pero, ¿qué podemos pensar de un gobierno que se pliega a
intereses particulares y no defiende el interés general?
Llegados a este punto, animo a
los jubilados a plantear con fuerza su justa lucha por un subida de las
pensiones conforme al IPC; si se organizan estoy seguro que este gobierno
cobarde se lo concederá.
Toda cesión será posible mientras
con ella el gobierno gane tiempo en el disfrute del poder; mientras, el interés
nacional y el de la mayoría de los ciudadanos no organizados será completamente
olvidado.
Incluso desde una óptica política
más liberal, la actuación del gobierno es digna de ser
considerada propia de alta traición. En el Segundo Tratado sobre el Gobierno
Civil, John Locke señala: ”Pues siempre que el poder que se ha
depositado en cualesquiera manos par el gobierno del pueblo y para la
preservación de sus propiedades, es utilizado con otros fines y se emplea para
empobrecer, intimidar o someter a los súbditos a los mandatos abusivos de quien
lo ostenta, se concierte en tiranía, tanto si está en manos de un solo hombre,
como si está en las de muchos.”
Por mucho que nos repitan que la
crisis ha terminado y que la abundancia está con nosotros, la verdad es que
nuestro estado autonómico es insostenible, y no estamos lejos de llegar al
momento en el que deberemos decidir entre mantener la mamandurria de 17 satrapías, o la sanidad, la educación y
unas pensiones dignas.
Ha llegado el momento de pedir de
verdad una reforma institucional para que España se consolide como una
verdadera democracia donde los representantes del pueblo sirvan para algo más
que elegir un Presidente de Gobierno cada cuatro años, con poderes casi
ilimitados.
Piense el lector que a todos nos
va mucho en esta reforma, porque ahora está Rajoy pero mañana podría estarlo
cualquiera…. y con el poder que acumula el Presidente del gobierno cualquier
cosa podría pasar.
Hitler cuando fue elegido
Canciller de la Republica de Weimar tenía menos poder que el que hoy se maneja
en Moncloa. Hitler necesito una Ley Habilitante, al Presidente del Gobierno de
España le bastaría un Decreto Ley.
El gobierno está dividiendo la
sociedad y el interés general de forma que cada sector social o de interés,
quede desconectado de los demás.
Nuestros enemigos no son aquellos
que han logrado sus objetivos, sino el gobierno que fomenta, ampara y protege
la desigualdad para estar en el poder un mes más.
Desde estas líneas pido una
convocatoria electoral para que el gobierno vuelva a ser el gobierno de todos y
no una camarilla corrupta ávida de poder.

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